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Festejo de abono
REAL
MAESTRANZA DE
SEVILLA
Tarde del domingo, 27 de junio de 2004
Corrida de novillos
FICHA TÉCNICA
Ganadería: novillos de
Gerardo
Ortega (flojos, descastados) y un sobrero de Marqués
de Albaserrada (justo de fuerza).
Diestros:
Crónicas de la prensa: Portaltaurino.com,
ABC, Diario de Sevilla, El
País
PortalTaurino. MANUEL
VIERA. Una estocada bien
vale una oreja
¡Vaya tardecita! De calor, claro. De esas, dicen,
que demuestran la afición. Porque afición, y mucha, hay que tener para
soportar y sufrir tan agobiante temperatura en los tendidos y gradas de La
Maestranza.
Del mismo modo que algunos de los que en domingos
anteriores actuaron y causaron decepción, los que hoy lo han hecho han
sido receptivos con las características del novillo y de lugar. Sí,
porque a la novillada de Gerardo Ortega le ha faltado casta y le ha
sobrado nobleza. La flojedad ha sido manifiesta. Y con estas dificultades
del toro de hoy pelearon los tres actuantes.
Quizá, en estos casos no merezca la desesperación quien espera. Y Rafael Ronquillo esperó todo un año para
conseguir esta tarde su objetivo. El sevillano atisbó esperanzas en
pasadas temporadas y en nada después
quedaron. En la vuelta a
Sevilla tenía puestas todas sus ilusiones. Pero como casi siempre sucede
en estos casos, la cita pasó sin dejar huella, y de nuevo vuelta a soñar.
A Ronquillo no se le pueden negar las ganas por conseguir el
triunfo. Lo intentó en los lances de capa y en lo quites, y sobre todo en
el empaque de sus templados y ajustados trazos con la muleta en la diestra
y algún natural bien rematado. El flojo sobrero de Albaserrada se le paró
a mitad de faena. Y el cuarto de Ortega, después de un comienzo
ilusionante con la diestra,
se le apagó tan pronto que fue incapaz de hacerlo pasar en los intentos
de toreo al natural.
Antonio Chacón se ha asomado de nuevo a La
Maestranza con renovadas ilusiones. Su toreo sensible y de claro estilo
sevillano ha quedado demostrado sólo con alguna que otra buena pincelada. El
noble y soso segundo le costaba un mundo acudir al cite de Chacón.
Unos muletazos, templados e hilvanados, consiguió trazarles a lo
largo del fallido intento de torearlo con ambas manos. El quinto, de igual
guisa, sólo le aguantó el prólogo de faena. Después, intentos vanos y
desilusión.
Una estocada bien vale una oreja. Y a punto estuvo de pasearla Gabriel
Picazo tras la fenomenal estocada al tercero. Fue esto lo mejor sucedido
en la tarde y lo hecho por el novillero madrileño, al que le aplaudieron
lo bueno y lo malo, que de todo hubo durante la lidia de sus dos novillos.
No obstante, su buen estilo al dibujar el muletazo es uno de los encantos
de Picazo. Torea largo, despacio, con características pinceladas de toreo
real. Picazo tiene naturalidad, verticalidad, elegancia, y además es un
buen estoqueador. Tiene todo lo necesario para ejecutar un toreo auténtico
y emocionante. Esta tarde, no lo pudo demostrar al completo, y
habrá que verlo con el novillo repetidor y encastado para
comprobar su verdadera dimisión de torero caro. Ninguna de estas
cualidades tuvieron sus dos enemigos. Así, sólo escasos detalles
conformaron la faena al tercero. Con el sexto consiguió lo mejor,
tandas muy despacio, ligadas y bien rematadas con los de pechó. El
natural tuvo calidad extrema, aunque sin la necesaria emoción que
transmite el toro. Faena incompleta premiada con una oreja. Sería por eso
de la estocada recetada al tercero. Ya quedó dicho: tan perfecto espadazo
justifica el trofeo.
ABC.
FERNANDO
CARRASCO. Novillada
de abono en la Real Maestranza: Cuando una estocada valía una oreja
Las tradiciones se suelen conservar en casi todos los órdenes de la
vida. Y en el toreo ha habido siempre muchas que han permanecido desde
tiempos remotos. Aquella frase, sentencia, de «una estocada que valió
una oreja» ha estado vigente entre las gentes del toro y los aficionados.
Tanto los que se sientan en los tendidos como los que ocupan el palco
presidencial.
Ayer, empero, esa máxima, perfectamente aplicable a un chaval madrileño,
Gabriel Picazo, cuando despenó de una estocada de libro, extraordinaria,
perfecta en ejecución y resultado que tiró al astado patas arriba sin
puntilla, se rompió. Bueno, la rompió el señor Teja, presidente, que no
tuvo la sensibidad necesaria para comprobar que el excelente volapié -la
mejor estocada con diferencia de todo lo que llevamos de temporada en el
coso del Baratillo- era merecedora del premio. Una estocada que valía la
oreja. Bueno, pues el único que no se enteró en toda la plaza fue el
presidente. Lo que hace el calor...
Ayunos de fuerza
Porque el calor, precisamente, fue el otro gran protagonista de la jornada
maestrante de ayer. El calor y las nulas fuerzas de los novillos de
Gerardo Ortega. Desesperante era comprobar cómo los astados no
necesitaban prácticamente ser picados. Eso y el no poder con su alma en
el último tercio. Algo de mayor movilidad, no mucha, tuvo el sexto. El
sobrero del Marqués de Albaserrada, en cambio, tuvo son y motor, dejándose,
si bien sin terminar de rematar.
Ante este material, sólo atisbos en los chavales. Rafael Ronquillo y
Antonio Chacón, sevillanos los dos, quisieron un mundo pero poco pudieron
hacer con sus respectivos lotes.
Ronquillo aguantó bien las primeras y contundentes acometidas del sobrero
de Albaserrada, aunque hubo ciertos enganchones que deslucieron. Los
mejores pasajes llegaron en dos tandas al natural, mucho más relajadas y
alargando las embestidas. Pero a la tercera el burel ya se vino abajo y
perdió incluso las manos en dos ocasiones. Ahí acabó todo.
Ante el cuarto, al que recibió con una larga cambiada y toreo a la verónica
a pies juntos, se esforzó por sacar agua donde no había. Muy pocas
fuerzas en el de Ortega, que se quedaba a mitad del muletazo. Imposible
hilvanar una serie ligada. Lo intentó por ambos pitones pero siempre
encontró la misma respuesta por parte de su oponente. Alargó mucho su
quehacer y escuchó un aviso.
El camero Antonio Chacón tampoco pudo decir mucho. Su primero era prácticamente
un muerto en vida con escasísimas fuerzas; un marmolillo al que el hijo
del excelente subalterno del mismo nombre -pendiente desde el callejón en
todo momento- no pudo más que ofrecerle el engaño y desesperarse una y
otra vez. La espada fue un suplicio que arreglaría ante el quinto.
Precisamente ese quinto cabeceó mucho y los buenos comienzos de faena
-con garbo y pinturería, sobre todo un trincherazo- se fueron
difuminando. Algunos detalles sueltos pero nada más.
Gabriel Picazo posee muy buena concepción del toreo aunque se afecta en
demasía y se mira mucho. Tiempo tiene para corregir. Al tercero, con muy
poquitas fuerzas, lo toreó con gusto en ciertos compases de su faena pero
sin acabar de rematar por las condiciones ya descritas. La estocada queda
explicada al comienzo de la crónica.
El sexto se movió algo más y aunque el chaval de San Sebastián de los
Reyes es algo codillero, supo darle sitio y medida, dejando muletazos más
que estimables. Faltó quizá la continuidad. Se llevó una fea voltereta
sin consecuencias. Pero la disposición primó. La oreja compensó el afán
y, sobre todo, el recuerdo de la estocada al que hizo tercero.
Ficha de la corrida
Plaza de toros de la Real Maestranza. Domingo 27 de junio de 2004. Última
novillada de abono de la temporada. Una media entrada en tarde de calor
africano e insoportable. Novillos de Gerardo Ortega, dispares de
presentación, con poca raza y casi nulas fuerzas. Todos se pararon muy
pronto en el tercio final. El primero fue devuelto por inválido y
sustituido por un sobrero del Marqués de Albaserrada, manejable, con son
y motor.
Rafael Ronquillo, de rosa y oro. Más de media estocada (ovación). En el
cuarto, pinchazo, estocada y descabello (silencio tras aviso).
Antonio Chacón, de grana y oro. Cuatro pinchazos y seis descabellos
(silencio tras aviso). En el quinto, estocada contraria y trasera
(silencio).
Gabriel Picazo, de blanco y plata. Estoconazo sin puntilla (vuelta tras
petición de oreja). En el sexto, estocada algo trasera (una oreja).
Saludaron, tras banderillear al segundo y al quinto, José Chacón, Curro
Robles y José Antonio Tavira por partida doble.
Diario de Sevilla.
LUIS
NIETO. Picazo
clava su pica de valor
Llegó, vio y clavó una pica en la Maestranza. Una
pica de valor, por encima de todo. El madrileño Gabriel Picazo, con
seguridad y firmeza, se hizo el dueño del ruedo en una tarde sofocante de
calor. Picazo, además, propinó una estocada que ha sido posiblemente la
mejor de la presente temporada y, sin duda, la de efecto más
determinante. Cortó una oreja a su segundo y la presidencia denegó un
trofeo en su primero tras petición; por lo que estuvo a punto de salir a
hombros. Sus compañeros de cartel, los sevillanos Rafael Ronquillo y
Antonio Chacón no dejaron huella.
Los novillos de Toros de Gerardo Ortega, aceptablemente presentados,
fueron a menos en su comportamiento. Todo ello con matices.
El triunfador, Gabriel Picazo, dejó bien patente su valor sereno ante el
tercer astado, paradito y deslucido. En su tarjeta de visita con el capote
se embraguetó hasta el punto de que estuvo en un tris de que le cogiera.
La faena pecó de intermitencias. Y lo mejor afloró en algunos naturales
muy bien trazados, de buen pulso y limpieza. Entró a matar a ley y enterró
el acero en una estocada contundente, fulminante, que por sí misma era de
premio. Afloraron los pañuelos, pero todo quedó en una merecidísima
vuelta al ruedo.
El sexto, un auténtico toro, con más de media tonelada -515 kilos- no
tuvo un buen comportamiento. Salió con la cara alta y desarmó al
novillero en un derrote. Con la muleta, Picazo se mostró muy seguro,
demostrando oficio y nuevamente valor, junto a brillantes pasajes de buen
toreo. Después de un comienzo en el que primó la estética, en la faena
prevaleció la firmeza del diestro para aguantar y mandar al novillo en
dos tandas en las que embistió rebrincado. Picazo dibujó una serie de
preciosos naturales. Y en otra con la zurda, con el toro reservón, tiró
de él para conseguir pases muy meritorios. En su entrega prácticamente
se dejó coger. Sufrió un varetazo en una pantorrilla y ni se miró. El
torero continuó por el mismo pitón, el izquierdo, en otras dos tandas de
muletazos. De nuevo, no titubeó lo más mínimo para echarse encima del
novillo en la suerte suprema. En esta ocasión le premiaron, de manera
justa, con una oreja.
El resto de la tarde tuvo escaso contenido. Rafael Ronquillo se la vio con
un sobrero de Albaserrada que sustituyó a un titular inválido. El
animal, noble, flojeó. Voló el capote algo acelerado. Y en las afueras
consiguió una faena aseada, en la que no siempre estuvo bien colocado. No
caló en el público.
Al cuarto, flojo y deslucido, Ronquillo lo recibió con una arriesgadísima
larga cambiada de rodillas en las rayas, en la que el novillero debió
sentir los pitones como dos puñales muy cerca de su corazón. De pie, ganó
terreno en verónicas a pies juntos. La labor con la franela, tras un
comienzo prometedor, estuvo salpicada de enganchones.
Antonio Chacón, con el segundo, parado, se mostró porfión, destacando
en una tanda con la derecha. Mató pésimamente.
Con el quinto, un astado reservón, que se quedaba corto por ambos
pitones, estuvo voluntarioso.
La tarde tuvo un nombre: Gabriel Picazo, que recetó una estocada
inolvidable y se mostró seguro y firme en su actuación. Picazo, en su
debut, clavó una pica de valor, y también de buen toreo, en la
Maestranza.
El País.
Antonio Lorca.
Meritorio Ronquillo
Es curioso el caso de Rafael Ronquillo. Debutó con picadores en enero
de 1999, hace ya cinco años y medio. En las últimas tres temporadas sólo
ha participado en una novillada, y se muestra como un torero serio, digno
y a la altura de las circunstancias. Lo suyo, sin duda, es de un mérito
enorme. Nadie diría que está tan poco placeado, porque se le ve
experimentado, conocedor de las suertes y con gusto y torería en la cara
de los novillos. Le faltó, quizá, enfadarse más con su manso y
descastado primero, pero se lució en el toreo al natural y en garbosos
adornos. No pudo rematar su aceptable labor en el cuarto, ante el que
corrió bien la mano con escaso brillo por la falta de codicia del animal.
Pero nadie es perfecto. Tanto tiempo en el paro no le ha convencido de
que el buen toreo exige adelantar la pierna contraria y cargar la suerte.
No lo hizo ni con el capote ni la muleta. Y su buen gusto quedó muy
diluido.
Ronquillo, sin embargo, no es un caso aislado. Sus compañeros de terna
adolecieron del mismo defecto. Chacón es torero animoso, bullidor y tiene
buenas maneras, pero abusa de las ventajas. Es verdad que su primer
novillo, inválido y ayuno de casta sólo le permitió esbozos de
muletazos, pero se ve que no bebe en las fuentes del clasicismo. Más
recorrido tuvo el quinto, pero volvió a citar fuera de cacho y así es
difícil que surja la emoción. A Picazo le ocurrió algo parecido.
Elegante y pinturero, parece más preocupado por las posturas que por el
toreo fundamental. Mató de una gran estocada a su primero y se lució,
con intermitencias, en el sexto.
Otros
festejos de la temporada. Carteles, resultados y crónicas
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