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Festejo de abono
REAL
MAESTRANZA DE
SEVILLA
Tarde del martes, 27 de abril de 2004
Corrida de toros
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Torrestrella
(de distinta presentación y juego, en general faltos de casta.
Algunos anovillados. El 5º fue aplaudido en el arrastre)
Diestros:
- Dávila
Miura (más de media estocada en su sitio, saludos desde el tercio; media
tendida. Silencio)
- Matías
Tejela (dos pinchazos que escupe, media estocada, descabello, aviso, 3
descabellos. Silencio; estocada caída. Oreja)
- José
María Manzanares (estocada en su sitio. Saludos desde el tercio; estocada tendida.
Silencio).
Banderilleros que saludaron: Manuel Rodríguez El Mangui,
de la cuadrilla de JM Manzanares, en el 3º, y José Antonio Barroso, de
la cuadrilla de JM Manzanares, en el 6º),
Presidente: Juan Murillo.
Tiempo: soleado y nublado, con viento.
Entrada: lleno con huecos.
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
El País, El Mundo, ABC, Diario de Sevilla
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LO MEJOR Y LO
PEOR
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Por Ricardo
Ríos. PortalTaurino.com
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Primera de farolillos y lleno en la Maestranza. Prometía la tarde cuando Dávila Miura recibió al primero con una larga cambiada y se estiró después en verónicas. Pronto se
vio que el ganado no iba a dar la talla. La tarde se fue nublando en el cielo y en el ruedo. Pensé, por largos momentos, que lo mejor iba a estar en los abundantes "detalles"
propagandísticos con los que obsequian antes de entrar en la Plaza. Que si una bolsita de patatas, que si un sombrerito de paja, que si un
abanico, que..., ¡hasta un CD!
Tornaba la tarde color grisáceo. Nos aburríamos. De la primera parte del festejo sólo se salvan los dos pares de banderillas de
El Mangui al tercero. Lo mejorcito iba de plata, pero terminó reluciendo el oro del madrileño
Matías Tejela. LO MEJOR aconteció en el quinto. Tejela se había ido al centro del ruedo para brindar la faena. Hubo parte del público que se lo recriminó, por la falta de fuerzas del toro. Pero tomó la muleta con la izquierda y templó una tanda de naturales para ponerla en un lienzo. Luego vinieron otras dos, aunque no de tantisima calidad como la inicial. El público se le entregó. Y como además se lució por bajo antes de rematar la faena con un
estoconazo, se llevó la oreja. Fue sin duda lo mejor.
"Gatillazo"al margen de los clarineros en el segundo de la tarde, impropio de la Maestranza, LO PEOR fue lo de casi siempre: el ganado. Los
torrestrellas defraudaron, ninguno fue capaz de ir tres veces al caballo. Blandenguearon y hasta le llamaron gato desde una solanera protestona con palmas de tango, también impropio del coso baratillero. Lo que ha debido sufrir el buenazo de don Álvaro Domecq Díez, con el mimo que trabaja allá en Medina Sidonia, en "Los
Alburejos". Pero lo que son las cosas: el quinto, protestado en principio, fue muy aplaudido en el arrastre. Aún así el ganado fue lo peor. Feria queda por delante para que cambie esta tendencia.
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Diario
de Sevilla. LUIS
NIETO. Faena precisa
y preciosa de Tejela
Matías Tejela, al que la suerte le dio la espalda
su primera tarde, cuando comenzaba a cuajar al sexto toro, que se lastimó
una mano, se mostró pletórico ayer en una faena precisa y preciosa al
toro quinto, con un gran pitón izquierdo. Precisa porque eligió los
terrenos adecuados, los tercios, para que el viento no le molestase ni el
toro se hiciera fuerte en hipotéticas querencias al abrigo de tablas.
Precisa, por saber jugar precisamente con las condiciones del toro. Y
precisa, en suma, en su extensión. Como todo buen menú, variado y rico,
no hubo empacho. Y preciosa, ¿fue preciosa?...desde luego, y en modo
alguno preciosista. Porque hubo toreo fundamental por encima de riquezas
estéticas, que las hubo. Bordó el torero al natural, el toreo con la
mano izquierda, "la de los billetes", que decían las
tauromaquias añejas. Hubo mucho toreo. Hubo talante y talento repartido a
partes iguales. Lo curioso de todo es que el toro, protestado de salida
por su escaso trapío, sin un gran juego en los primeros tercios, fue
ovacionado en el arrastre. De hecho, cuando el matador brindó la faena al
público, saltaron voces de protesta. Vamos, que el personal se olvidó de
la fachada en cuanto embistió en la muleta y nos trajo a la memoria a
aquel Ojito, también de Torrestrella, en el que la bravura prevaleció
por encima del trapío.
Tejela, todo hay que decirlo, lanceó sin sentimiento. Pero en la muleta
cogió la batuta que movió de principio a fin con mando y soltura. Con la
diestra, primera tanda corta con poder y una segunda más larga, en la que
comenzó a gustarse. Los sonidos de la bella composición llegaron cuando
con la izquierda dibujó cuatro naturales de peso y un pase de pecho muy
largo. El público se entregó y olvidó de lo demás. Y el torero se metió
de lleno en una serie de hasta seis naturales que cerró con un pase de
pecho a pies juntos antológico. Crujió la plaza. Luego, cuatro muletazos
de afuera adentro, con un molinete invertido -el primigenio molinete-
ligado a un cambio de mano y el de pecho fueron pura fantasía. Volvió a
la carga con la diestra y, aunque por ahí le costaba al animal, consiguió
una meritoria tanda de la que salió apurado, resolviendo con un pase de
pecho. Cabeza, nuevamente la cabeza del director que manejó la partitura
con inteligencia. El cierre, genuflexo, por bajo, añadió colorido. En
corto y en la suerte contraria, cobró una estocada hasta la bola, algo
desprendida y ganó una merecida oreja. Una oreja con peso específico.
Con su anterior astado, un manso, que llegó protestón a la franela y que
incluso perdió las manos, el madrileño sacó todo el partido posible en
una buena labor por ambas manos, que emborronó con los aceros.
Eduardo Dávila Miura, aunque se fue de vacío, cumplió. Tuvo el hermoso
detalle de brindar su primera faena a Manuel Roca de Togores que, como los
toreros con casta, ha superado momentos delicados. Una faena que impactó
en su comienzo porque el sevillano, en los medios y dando distancia, ligó
con la diestra una tanda vibrante. En la siguiente, el toro se quedó
corto. Y ya por el lado izquierdo, tardo y parado, Olivo -así se llamaba
este toro negro- dejó de dar aceitunas.
Ante el cuarto, el siempre honesto Dávila, apostó nuevamente fuerte. Con
paso firme se fue a los medios, donde brindó. Y en el mismo platillo, de
largo, con habitual reciedumbre hilvanó cinco derechazos y el de pecho.
Justo cuando llegaba lo más grande, el viento arruinó la obra. Dávila
-es posible que se equivocara- cerró al animal, que se vino abajo.
José María Manzanares ha perdido el componente de empaque que apuntaba
en su etapa novilleril. Continúa con serios problemas ante el toro. En su
primero, que no llegó a romper, estuvo más dispuesto que en su primera
tarde. Pero, como el toro, tampoco rompió el torero. Y ante el sexto se
perdió en una faena vulgar, en la que el astado fue a su aire en muchas
ocasiones. El grito "¡Qué emoción!" fue la sentencia para un
Manzanares que ha pasado en sus dos tardes sin dejar huella alguna.
Está claro que cada día se mide con distinto rasero. Es un mal que se
impone en todas las plazas. El trofeo de Tejela no tiene el mismo peso que
el del día anterior de Jesulín. El menú, rico, rico -como diría Arguiñano-
no tuvo nada que ver con el empacho de pases de otras ocasiones. Y es que
el menú de Tejela fue variado y sabroso.
El País. ANTONIO
LORCA. La importancia de los naturales
Lo que son las cosas. El quinto toro, sin trapío, anovillado e inválido de salida, fue muy protestado por el público. Tanto es así, que cuando Tejela se fue a brindar al respetable se escucharon muchos pitos para hacerle desistir de su intención. Pero brindó, y citó en un pase cambiado por la espalda que acabó con el toro en el suelo. Cuando se adivinaba lo peor, el animal comenzó a galopar y se aficionó a la muleta hasta olvidarse de su manifiesta invalidez. Tardó el torero en encontrar el pitón bueno, el izquierdo, y entonces se fraguó la secuencia más emocionante de la corrida.
Dos naturales largos, con la muleta arrastrando el albero, y un pase de pecho a cámara lenta levantaron una tarde dominada por una elegante frialdad. Otra tanda más de naturales ligados y bellísimos, y otra, muy ceñidos, de toreo auténtico, salpicaron los tendidos de verdadera emoción. Unos garbosos ayudados por bajo con la pierna flexionada pusieron el colofón a unos instantes de calidad artística insuperable.
Los mismos que habían protestado el toro lo aplaudieron en el arrastre. Y todo porque había permitido que el natural hiciera acto de presencia como el toreo más difícil, más importante y más bello.
Algo parecido, aunque de menos consistencia, había ocurrido en el cuarto, cuando Dávila consiguió una tanda de naturales ante un toro inválido que se había derrumbado tres veces durante la faena, lo que permitió que el animal recibiera unas palmas en el arrastre que no merecía.
La verdad es que la corrida de Torrestrella salió con muchas ínfulas y cantó la gallina después de un par de paseos por el ruedo. Inexplicable, pero cierto. Y llegaron sin aliento, agotados, sin vida, a la muleta.
Dávila, muy ortodoxo, dejó detalles de su clase y mantuvo alto su pabellón. Con dos inválidos, Manzanares apuntó la calidad de su escuela paterna, pero tiende a aliviarse con el pico de la muleta, lo que no está nada bien. Matías Tejela toreó, triunfó y se justificó con elegancia ante su blando primero.
PortalTaurino. MANUEL
VIERA. Encomiable toreo de Tejela
Quizá fueron sólo unos momentos, pero sí unos momentos de verdad los que propició Matías Tejela con un toreo acompasado, despacioso y pausado, hilvanando cada pase y dibujando el natural de auténtica emoción. Lo que no es poco para una tarde gris, como el cielo sevillano, por el comportamiento generalizado de los toros de Torrestrella.
Y aunque muchos encontramos en el toreo del madrileño la ocasión para el disfrute, justo es decir que lo hecho se hizo con un torete anovillado impropio de esta plaza.
Más de uno afirmará que la movilidad del toro se basa en las hechuras presentada por tan ridículo animal. Pues muy bien. Pero difícil es que así valoren, en su justa medida, lo que se hace en el ruedo de tan importante plaza.
Lo corrida de Don Álvaro Domecq fue poco seria, noble, con las fuerzas muy justas, y mínima casta. Tuvo calidad en sus embestidas el cuarto, siendo muy bueno para la muleta el quinto.
Y fue con este simulacro de toro, el quinto, con el que Matías Tejela arregló su particular feria. El inicio del trasteo fue pulcro, bien diseñado, y aunque el viento le molestó, el desparpajo con que manejó la muleta y la estructura de la faena le convirtieron en el único protagonista de la tarde. Tejela toreó con enorme sensibilidad con la diestra, pero fue la excelente interpretación del natural la que tuvo inmediata repercusión en los tendidos. Con muleta hecha toreo hondo, el madrileñó, elevó el ajustado, largo y lento pase a la emoción en los tendidos. Encomiable toreo de Tejela que supo firmarlo con la espada.
Con el segundo, noble pero sin fondo, sólo al final de faena logró algún que otro muletazo vibrante y bien trazado que provocó el entusiasmo de algunos.
Nadie duda que Eduardo Dávila Miura quiso nuevamente triunfar, repetir lo ya hecho hace un año. Y bien que lo intentó. Desde la larga cambiada en el tercio al primero, hasta los cites de larga distancia al cuarto. Las cansinas embestidas del noble toro que abrió plaza sólo le sirvieron para vanas probaturas sin lucimiento. Una ligada tanda con la diestra en el inicio de faena fue lo único a destacar.
A la faena del cuarto, un toro pronto y con calidad en las embestidas hasta que se apagó, le faltó continuidad y decisión, y le sobró cantidad sin contenido. Unos naturales ligados sobresalieron del largo metraje.
Muchos no vieron lo que querían ver en el toreo de Manzanares. Es cierto. Su incipiente oficio, quizá, le jugó una mala pasada. Aunque me temo que, en ciertas circunstancias, llamarse como se llama no es una ventaja. Es todo lo contrario: un penoso inconveniente.
Manzanares se va de la feria con un pobre bagaje. Hoy, hasta se le dividieron las opiniones tras la muerte de tercero. Unos bien trazados lances y unos mejor dibujados naturales justificaron la lidia del primero de sus toros. De la intermitente faena al noble y apagado sexto, destacar la buena interpretación del natural. No hubo más.
A la hora del balance final, uno solo se pregunta ¿Dónde están aquellos toros de Torrestrella?
ABC. Zabala
de la Serna. La izquierda de Tejela, oro
molido entre tanta soledad
La izquierda de Matías Tejela navega. La izquierda de Tejela se hace
oro molido entre tanta soledad, se hace agua entre tanta arena de
desierto, fluye como el Guadalquivir al encuentro de Doñana; la izquierda
de Tejela promete un futuro más cuajado, un mañana esperanzador con raíces
en el presente de ayer. A Tejela me agarro y no me suelto, como me aferro
a la poesía de Peralta Revuelta para huir de un panorama mediocre,
grisalla pura... Decíamos ayer que esto se sostiene con alfileres, y al
fin y al cabo la izquierda de Tejela más que un alfiler es un clavo firme
al que habrá que cantar con todos sus merecimientos. Mis compañeros de
ABC Sevilla me dicen: «¡Con qué poco os conformáis!». Y eso que no
vieron la corrida de Torrestrella, en el tipo del toro armónico, bueno el
cuarto y sensacional el quinto, aun protestado en los albores... La Feria
se está yendo con las orejas puestas, con un nivel ganadero alto. ¿Cuántos
toros han salido ya con posibilidades de gloria? Cuadris, juampedros,
jandillas, ventorrillos, núñezdelcuvillo... ¿Cerraremos por falta de
mano de obra? Soñé un día con un cartel que colgaba en una tienda: «Cerrado
por defunción. Perdón por las molestias. Firmado: el difunto». Soñé
ayer con Emilio Muñoz y «Jarabito». Fue la única ocasión que tuve de
obsequiarle al abelmontado trianero de la calle Pureza con todos los
adjetivos que se merecía; fue una tarde en que Muñoz se reencontró con
Belmonte. Había oído en casa aquello de Emilio «Temple» Muñoz, y
también creí verlo, si no lo vi, en una crónica de mi padre en
Pamplona. Emilio me hubiese gustado que hiciese el paseíllo ayer, por
muchos toros que le desvelaran en la madrugada debajo de la almohada;
Emilio es torero. De un tiempo largo a esta parte, me entiendo como con
nadie con los maestros retirados, e intuyo que también me entienden a mí.
Hablo con Chenel, Manolo Vázquez, Curro, Manzanares, Capea, Muñoz, y
sintonizo como con ninguno de los modernos. Me jode ser un viejo con un año
más que la edad de Cristo en la Cruz, retratado sin velos en la lente de
Mel Gibson: ¿por qué acusan a Gibson de abusar de la violencia para
exaltar la Pasión y se indultan las películas del fidelista Oliver Stone
sobre la guerra de Vietnam («Platoon», «Nacido el 4 de julio» o «Tierra
y aire»)? ¿Qué pasó para que todos los toros de Don Álvaro Domecq y Díez
se arrastrasen enteros, salvo el mencionado quinto? ¿Por qué la prensa
ha de jugar ese papel de rescatadores que no nos corresponde ni por asomo?
Lo de Tejela, sus tres series zurdas, aderezadas con alguna trinchera de
lujo, con la embestida embebida en el vuelo de la muleta a rastras,
importante, sin duda. ¿Pero qué faltó para que aquello en lugar de una
fuesen dos? La gente rugió, la gente coreó al alcalaíno (de Alcalá de
Henares) con fuerza, con razones sobradas para romperse, pues los
naturales tuvieron enjundia, como el cierre por bajo, quizá la última
parte de la faena muy metido en tablas, con la derecha irregular... Me
agarro a su izquierda, y también al viento que molestó en los medios. De
todo lo que hay entre la juventud, Tejela es el tipo con mayor proyección.
Cuando se reúna un poquito más con los toros, mejor, ya verá. Muy por
encima del segundo anduvo, el de peor nota; su quite por gaoneras al
primero había dejado sobre el tapete sus cartas credenciales. De nuevo
regresó a Sevilla con esa izquierda que el pasado año fue la llave de
muchas plazas y ferias.
Dávila no tuvo su tarde. No se puede torear tan despegado y
desencuadernado a un toro tan estupendo como el cuarto. No sé quién es
su asesor de imagen. Yo jamás le hubiera recomendado hacer un anuncio en
los periódicos como el que ha hecho: «Para una buena faena, trabaja sin
riesgos. Consejería de Empleo». El que abrió plaza duró poco. Tal vez
con otra distancia...
El noble lote de Manzanares fue de medias tintas. Al final, tal para cual.
A pesar de que quiso quedarse más en la cara y ligar, no se puede torear
con tantas ventajas. Con ese empaque y esos apuntes al natural no basta.

El Mundo.
JAVIER
VILLÁN. Oreja y
toros a la contra
A Matías Tejela el público le rechazó el brindis del quinto toro,
que es, casi, como rechazar una proclamación de amor y de amistad. El público
maestrante le afeó tan generoso gesto, acaso porque percibía que un toro
cuya flojera había sido denunciada por algunos, no era digno de un
brindis. A la postre, fue el mejor toro de una corrida sin brillos y muy
baja de casta, el que permitió a Tejela enderezar una feria que se le había
torcido.
La gente se equivocó con el toro y con Tejela, salvo en la petición
de oreja que fue merecida, aunque sólo fuera por dos tandas de naturales,
el majestuoso remate de faena doblándose por bajo y la estocada eficacísima.
A la hora de matar, la gente pedía a Tejela que cuadrara mejor al
torrestrella y le obligara a juntar las manos y Tejela, a su aire como en
el brindis y sin hacer caso de los consejos, fulminó al animal al primer
viaje. Toro y faena habían bajado mucho por la derecha y Tejela toreó en
exceso despegado, sin embraguetarse nunca, y llevándose el toro por los
confines limítrofes de un lejano horizonte. Pero más despegado torea José
María Manzanares y se le jalearon algunos muletazos al sexto y un pase de
pecho. Bien está, pues, lo que bien acaba. Y esa oreja le permite a
Tejela salir de la Feria de Abril con los estandartes al viento. No
demasiado altos, pero desplegados.
¿Y lo demás? Pues lo demás, casi nada. Lo que me permite, a falta de
grandiosas faenas que describir, hacer alguna reflexión sobre la
hermandad de toros y flamenco. Si toros y flamenco son de parecida sangre
e idénticas raíces, ¿por qué no se ha dedicado en La Maestranza un
silencio, un luto o un crespón a la muerte de La Paquera de Jerez? Pues
acaso porque el vendaval flamenco y el poderío de La Paquera nada tienen
que ver con la mierda de toros que están saliendo en La Maestranza y en
los demás ruedos de Iberia. Tengo que preguntarles por estos enigmas y
contradicciones entre toros y flamenco a Juan Ortiz Ordóñez y a Cristóbal
Aguilar, que acaban de regalarme un libro de primorosa edición, Ronda y
sus cantes, escrito por Ortiz y dibujado por Cristóbal.
He de preguntarles muchas cosas al poeta y al pintor pues, retirados de
los ruedos Curro Romero y Emilio Muñoz, cada vez nos quedan a los tres
menos cosas de toros que discutir. Y he de preguntarles también, ya que
he empezado recordando la muerte anteayer de La Paquera, si es cierto que
El emigrante y otras letras del difunto Juanito Valderrama, estaban
escritas por Niño Ricardo, como dicen exégetas y lenguas de triple filo.
Cuando van doblando, uno a uno, los torrestrellas opacos y deslucidos,
el cielo empieza a ensombrecerse como si fuera un homenaje póstumo a la
genialidad jerezana de La Paquera, la que maldecía los ojos verdes y
dibujaba en la pared siluetas de sombra y arena.
Los toros de Torrestrella van cayendo uno a uno sin que ninguno de los
tres toreros, Dávila, Tejela y Manzanares, hayan logrado a mitad de la
corrida, no digo ya redondear faena, sino apuntar algo más que trazos
aislados y chispazos de torería. Tampoco, salvo lo contado de Tejela,
lograron nada en la segunda parte.
Dávila, serio y pausado en una serie de redondos; Tejela, una
trinchera para rematar una tanda de derecha, un cambio de manos y un pase
por detrás cambiando el viaje en una baldosa y un circular invertido;
Manzanares, planta erguida, esbozos, muletazos sueltos de indudable
plasticidad. Nada más. De momento, después, igual.Mas lo peor son los
toros; lo peor la deslucida corrida de Torrestrella, que es la joya de la
corona de la sangre Domecq del campo andaluz.
Podemos ir al desastre. Y no por culpa de fuerzas extranjerizantes y el
pensamiento ilustrado, tradicionalmente en contra de la fiesta, sino por
las fuerzas disgregadoras y autodestructivas de índole interno. «Lo de
Barcelona» es malo, pero no es lo peor.Conviene tener las cosas claras;
lo peor es la degradación del toro y, en consecuencia, la alteración de
las normas básicas de la lidia. Lo peor es ese toro cuarto que se ha
derrumbado a la salida del caballo. Lo peor es la complacencia en el
declive por parte de públicos y teóricos de la fiesta; tan peor es, que
empieza a alarmar a los propios ideólogos del desastre previsible.
Otros
festejos de la temporada. Carteles, resultados y crónicas
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