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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del lunes, 26 de abril de 2004
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Núñez del Cuvillo  (blandos y desrazados; 2º y 3º pitados en el arrastre. El 4º fue aplaudido en el arrastre)

Diestros: 

  • Jesulín de Ubrique (media estocada en su sitio, rueda sin puntilla. Oreja; sartenazo, estocada caída y trasera. Saludos desde el tercio)
  • Javier Conde (pinchazo, estocada baja y atravesada. Silencio; pinchazo sin soltar, pinchazo hondo, descabello. Silencio)
  • Leandro Marcos, que sustituía a Salvador Vega (pinchazo que escupe, estocada caída y tendida, descabello. Silencio; dos pinchazos sin soltar, pinchazo hondo, descabello, aviso, dos descabello. Silencio). 
Banderilleros que saludaron: Óscar Reyes, Andrés Becerra Curricu de Algeciras y Paco Peña, los tres de la cuadrilla de Javier Conde. 
 
Presidente:  Antonio Pulido.

Tiempo: soleado, calor.

Entrada: tres cuartos.

Crónicas de la prensa:  PortalTaurino, El País, El Mundo, ABC, Diario de Sevilla

 

LOS PROTAGONISTAS 

Jesulín de Ubrique
"Me voy contento por la oreja que he cortado en el primer toro. Gracias a Dios he sabido estar delante del animal y conectar con el público. El toro tenía pocas fuerzas y si no le hacía las cosas bien, se me caía, por eso he procurado no darle ningún tirón y torearlo siempre muy templado. Afortunadamente en esta segunda tarde ha podido ser. Y si el segundo toro me llega a durar un poco más estoy seguro de que el triunfo habría sido mayor. Al menos me voy más contento que ayer porque ésta es una plaza de mucha responsabilidad en la que siempre hay que estar a la altura."
Javier Conde
"Ha sido muy difícil y no he podido repetir lo que hice el otro día. Con el primer toro tenía una leve esperanza pero se ha agarrado al suelo y no ha querido ir para delante en ningún momento. Además, el toro siempre sabía dónde estaba yo, no quería pasar nunca. A todo esto se une que el de Núñez del Cuvillo no tenía ninguna fuerza, desde el principio el público lo ha protestado y la faena no ha cogido vuelos. El último toro creo que todo el mundo ha visto que, aparte de lo manso que era, no veía. El gran problema que tenía era que pegaba cornadas y yo me ponía pero había un momento en el que me tenía que quitar porque venía loco, sin atender a la muleta, ni al cuerpo... venía arrollando. Ha sido un toro muy complicado, e incierto con muy mala clase. A pesar de todo me llevo un buen sabor de boca por el respeto con el que ha tratado la gente."
Leandro Marcos
"No he tenido ninguna suerte con el lote, creo que se ha visto que los dos han sido imposibles, ni siquiera para arrimarse y jugarse la vida. Además, ninguno de los dos han tenido fuerza alguna y así lamentablemente no se puede. He querido en esta tarde tan importante en la que tenía otra oportunidad después de mi primera actuación pero me tengo que ir de vacío, esta vez porque no he tenido ninguna opción para el triunfo. La de Cuvillo ha salido con las fuerzas muy justas y muy flojita."

 

Realiza: Emilio Trigo

 

Diario de Sevilla.  LUIS NIETOJesulín, trabajador, gana la partida a 'Currante'

El público no salió toreando tras una corrida en la que Jesulín consiguió por la mínima una oreja en la Maestranza en su segunda comparecencia. Tampoco el personal piropeaba a ninguno de los toros de Núñez del Cuvillo, exentos de poder. ¿Qué sucedió entonces?... Sencillamente, faltó pasión por parte del diestro de Ubrique ante su lote, el mejor del encierro. Fue un triunfo envuelto en una frialdad técnica que contrastó con el calor de la tarde. A Jesulín no se le pide que se inspire por bulerías a lo Conde, ni que cuaje una faena tardobarroca a lo Leandro Marcos; pero sí que envuelva su fría y acertada técnica en un edificio con garra como esa tanda suya con la diestra en la que estiró el brazo con alma o en esa ventana estética que dibujó en un precioso recorte a su segundo, cuando lo llevó al caballo. Porque torear no es solamente construir una carretera larguísima como hizo en su segundo, con decenas y decenas de pases; sino que hay que sentirlos y hasta decirlos. 

Que nadie malinterprete tampoco el despliegue de técnica que hizo ayer Jesulín como el de poderío. Porque el precioso melocotón que abrió plaza hizo honor en dulce y suave embestida a la jugosa fruta. Jesulín se limitó a cuidarlo en el capote y ¡aleluya! en la muleta el diestro lo sacó a los medios y dio distancia. Algo tan inusual en este torero, como de agradecer. La faena, basada en la diestra, fue creciendo a medida que el animal se afianzaba. Cuando puso garra, caló en los tendidos y sonó la música en honor a una faena que se precipitó por el lado izquierdo, al quedarse corto el cornúpeta. Estuvo muy centrado durante toda la lidia y en un día en el que los matadores no hicieron honor a sus títulos, entró en la suerte natural para dejar en lo alto una media de la que rodó el toro. Jesulín, porfión, trabajador, ganó la partida a Currante.

En el cuarto, un jabonero que era un llavero y colaborador como una hermanita de la caridad, Jesulín elevó su diapasón al jugar bien los brazos en unas verónicas en las que ganó terreno y se marcó un par de recortes -con más chispa el primero- a la hora de fijar al toro frente al picador. 

A los sones de España Cañí, la faena cobró altura en su inicio por la derecha. No consiguió enjaretar un par de tandas más en las que hiciera vibrar al público a tope y se perdió en una labor kilométrica, que parecía no tener fin. Muchos, muchísimos pases, la mayoría bien trazados, pero sin el suficiente eco en el público. Para colmo, un sartenazo y un bajonazo echaron por la borda todo su esfuerzo.

Javier Conde y Leandro Marcos, con grandes faenas en su haber en sus primeras comparecencias en esta feria, no lograron nada positivo. Javier Conde no tuvo opción ante su primero, un inválido al que ni picaron y que en el último tramo no se tenía en pie. El malagueño flojeó más en su ánimo ante el quinto, otro ejemplar sin fuerza alguna, al que señalaron con dos picotazos y que, escarbador en muchos momentos, llegó sin clase a la franela. En ambos, muy mal con la espada.

Leandro Marcos, sustituto de Salvador Vega, que se recupera lentamente de la grave cornada que sufrió el pasado viernes en Zaragoza, dejó intactas sus credenciales iniciales. Tuvo un lote pésimo. El tercero se caía al bajarle la mano, se paraba a media altura y se frenaba por arriba. 

Con el descastado sexto, que hizo cosas feas de salida, con mal estilo en el capote y que para colmo adolecía de falta de fuerzas, le faltó viveza lidiadora. El vallisoletano acabó encerrado ante un toro entablerado, con el que pasó las de Caín en los aceros.

A la postre, triunfo de Jesulín, que no arrebató. ¿Es posible que el público no se desbordara por que a su vez le faltó pasión a Jesulín?... El de Ubrique se marcha de la feria con un balance pobre si se tiene en cuenta que contó con cuatro toros más que potables en sus dos tardes. 


PortalTaurinoMANUEL VIERA Los que ayer emocionaron… hoy cansaron

Se cumple, por desgracia en este caso, el refrán que advierte sobre las segundas partes nunca buenas. Refrán que se aplica hoy a las segundas actuaciones de dos de los tres diestros anunciados: Conde y Leandro Marcos, aún con la estela todavía brillando de sus anteriores y exitosas tardes.

Y es que hay toreros, pocos, que como estrellas fugaces pasan una tarde por el ruedo iluminándolo con su toreo distinto y bello, unos; fresco y nuevo, otros. Esta tarde ha sido diferente. Los que ayer emocionaron hoy…cansaron. ¿La culpa? Pues, quizá, del toro. Siempre el toro. 

Y el toro, otra vez, ha marcado la pauta de la corrida. El toro, desrazado pero noble. El toro inválido, pero válido para la lidia. El toro que ilusiona cuando sale, y entristece y decepciona no más acudir al engaño de la capa. Es este el toro de hoy para hacer el toreo de hoy. Fueron estas las características de los toros de Núñez del Cuvillo. Sólo el primero se mantuvo en el ruedo con la calidad de toro bravo. Los que le siguieron, mantuvieron en las alturas la nobleza, pero bajaron sus fuerzas hasta acabar en el fondo de la invalidez.

Los recursos de Jesús Janeiro siguen siendo eficaces. Su depurada técnica y su exquisito temple le llevan a conseguir el objetivo propuesto. Es cierto que Jesulín cumplió con creces su labor minuciosa y paciente hasta conseguir, con el toro que abrió plaza, sueltos y despaciosos muletazos, para luego ir subiendo el tono de la faena y trazar tandas con la diestra, largas, lentas y ligadas, aunque con su característico toreo lineal. Disminuyó al natural la calidad del trasteo, y fue la media estocada de efecto fulminante la que le dio la oreja, no mayoritariamente pedida.

A el cuarto, otro toro de parecido comportamiento pero sin fuerzas, lo toreó, Jesulín, muy despacio con la capa. Percibimos, después, el buen talante del diestro al iniciar un trasteo acompasado, templado, pausado y enlazando cada pase con los de pecho. Mantuvo con verdadera técnica el toro en pie, y cuando todo lo tenía a su favor para una segunda oreja, dos desastrosos espadazos en los bajos dieron al traste con una actuación entonada y respetada por público.

Lo demás no merece ocupar demasiado espacio. Ya lo dije: Conde emocionó a Sevilla, hoy la cansó. El malagueño se puso hasta pesado con el descastado y flojo quinto. A voz en grito le invitaron a coger el estoque y terminar cuanto antes. Con el noble y parado segundo dibujó, desconfiado y sin acabar, algún que otro personal muletazo sin contenido. Y aún menos consiguió en los intentos fugaces de toreo al natural. Mató mal y cabizbajo se fue en busca de su soledad.

Y Leandro Marcos, que también levantó los ánimos y dejó, la tarde de los cuadri, ilusionada y feliz a Sevilla. Hoy, de nuevo en esta plaza por meritos propios sustituyendo al herido Salvador Vega, se marchó también contrariado por su mala suerte. Dos toros, tercero y sexto, nobles y con atisbo de calidad en su embestidas, rodaron como pelotas por el albero sin que el presidente decidiera su devolución. Viejo asunto este que siempre transciende en forma de polémica al protagonismo del palco. Y así una vez, y otra, y otra… ¿y nunca se acaba?

Marcos, lo intentó esperando el milagro, pero se topó con la dura realidad. Y para colmo mató mal.


El País. ANTONIO LORCAJesulín quiere y no puede

Cuando Jesulín tomó la montera en su segundo toro, se dirigió al centro del ruedo y brindó sonriente a la concurrencia no había que ser licenciado para entender que venía a por todas, que quería abrir la Puerta del Príncipe, se supone.

Había cortado una oreja en su primero por una media estocada de efectos fulminantes que levantó a la gente de sus asientos. Bueno, la verdad es que había hecho algo más, pero lo más llamativo fue la muerte del toro. Era el animal un manso que acudió incansable a la muleta del torero, y éste lo toreó en una faena intermitente, mejor por la derecha que por la izquierda, pero sin profundidad, sin levantar pasión alguna. Claro que también hay que decir que Jesulín abusaba del pico y eso está muy feo. En definitiva, el toro tuvo más calidad que su toreo, aunque la media estocada tuvo su mérito.

Pues allá que brindó el segundo, al que había cuidado tanto que ni siquiera permitió que lo picaran, y casi lo agota toreando por alto de manera insulsa. Volvió a insistir con el pico y, además, las tandas eran muy cortas. Y por la izquierda el toro no iba. Total, que aquello resultó insípido, sin garra y sin emoción. Se dispuso a matar y ensartó el estoque en la piel del animal. Un horror.

¿Dónde está la explicación de tamaña incompetencia? Quizá es que Jesulín sólo luce con toros poderosos y su toreo no tiene calidad para destacar ante nobles y bonancibles; quizá es que, sencillamente, es vulgar; quizá es que está muy visto y ya no dice nada. Conclusión: es verdad que lo intentó, pero le tocó el mejor lote y no le sacó partido.

El resto de la corrida fue insufrible. Un fracaso sin paliativos del ganadero. Una prueba más de que algo muy grave ocurre en las dehesas. No eran toros blandos, no. Eran enfermos terminales. Ni hubo tercio de varas ni el más mínimo atisbo de faena posible con esos sucedáneos de toros bravos.

Ni Javier Conde ni Leandro Marcos tuvieron opciones de demostrar nada. El torero malagueño no engaña a nadie. Es frágil y dubitativo cuando no lo ve claro. No le sobra la confianza ni viene dispuesto a exponer un alamar. Si sale el toro, bien, y si no, al hotel. No hubo suerte y, muy despegado y desconfiado, salió del paso como pudo, aunque menos amanerado que en su comparecencia anterior.

Marcos toreó en sustitución del herido Salvador Vega y mantiene intacto su cartel de torero de buen gusto. Su lote fue absolutamente imposible. Ambos toros rodaron por el albero sin rubor, y todo quedó en un derroche de buena voluntad.

Para voluntad la de Jesulín, pero dio toda la impresión de estar de vuelta.



TorosComunicación. Francisco Mateos. Alarmante blandura en los toros de Cuvillo

La empresa Canorea sigue haciendo caja. La sustitución de Leandro Marcos por Vega -merecida, por otra parte- supongo que le ahorraría otro dinerillo. Menudas entradas, a precio de oro, para después ofrecer carteles mediocres; bueno, 'madrileñizados' que le llaman ahora. O 'abiertos', que es lo contrario que carteles 'cerrados', es decir, rematados. Hace no más de 10 años los carteles eran algo así como Curro, Ojeda y Espartaco; Manzanares, Ortega Cano y Capea; Curro, Emilio y Ponce. Ahora, a pesar de la vulgaridad de toreros existentes, la empresa se encarga de no hacer ni uno solo, ni un cartel, con el remate que siempre había hecho gala Diodoro Canorea, para así abaratar el cartel pero asegurando con dos toreros 'interesantes' un entradón. Rentabilidad pura y dura. Ni un cartel rematado, ni uno. Y quizá un día les cuente hasta dónde quieren llegar los recortes de la empresa para seguir aumentando los pingües beneficios que se están embolsando en la Feria más rentable de todos los tiempos.

La autoridad hoy le ahorró también tres sobreros, que son los que deberían haber salido al ruedo por devoluciones de otros tantos tullidos toros de Cuvillo que se quedaron para denigrar aún más la Fiesta en uno de sus templos. Y es que tercero, quinto y sexto debieron ira para corrales, por manifiesta invalidez para la lidia. 

Jesulín le cortó una oreja al primero; una oreja justita. Fue un noble animal, con recorrido y cierta movilidad. Tardó el de Ubrique en centrarse con él y entrar en faena, pero finalmente comenzó a templar y mandar, con suavidad. Tandas buenas que, junto con una media estocada de efectos fulminantes hicieron flamear los pañuelos. 

Javier Conde parece que se vació en su primera actuación maestrante y la segunda corrida le vino de más. Con el soso segundo estuvo por allí, intentando estar en artista a veces, y otras con el pasito atrás... Cosa de la inspiración será... En el quinto, faena deslabazada, sin una unidad, dando muletazos en cualquier sitio, pero sin decir nada con un toro blando.

Leandro Marcos, intuyo, hace un esfuerzo para parecer un artista valiente. Su primero fue un auténtico inválido, sin fuerzas, cayéndose. El sexto, otro toro tullido, inválido, rodando, con el que tampoco pudo hacer nada salvo intentar algo parecido a un arrimón... a un inválido.


ABCZabala de la Serna. Los «alumbraos» y una seria tarde de Jesulín 

El «alumbrao», trasladado de la feria a una persona, bien se podría traducir por «iluminao», y los «iluminaos» abundan. Un «iluminao» no es otra cosa que un tonto engreído, un bobito discrepante que se cree con derecho a tocarte los «costaos» en nombre de su desahogo. Los hay que se arrancan por derecho y los hay que tiran la chinita y esconden la mano. Entre el «iluminao» agazapado y el «iluminao» de choque frontal, en el fondo, existe poca diferencia porque comparten partidismos por toreritos de ballet, sólo que uno se parapeta en un micrófono y en el «algunos» anónimo y el otro abusa de tu educación con un falso «no te molestará que te diga», preludio de un espadazo por los costillares. Como decía Santiago Amón, en España no cabe un tonto más. Pero no hay como sentarse a esperar. No pasa nada.

La verdad es que el brindis por la memoria de Miguel Criado «El Potra» que elevamos ayer, desde Sevilla al cielo, con las buenas gentes de la Casa de Misericordia de Pamplona, su hijo Miguel, su nieto Miguelito -el diminutivo pasa de generación ya- y el maestro Ignacio Álvarez Vara «Barquerito» valió por todo el día y toda la tarde.

La impresión, de entrada, nunca mejor dicho, fue pobre: tres cuartos del aforo en un lunes de farolillos, previo a la fiesta local de hoy, es poca cosa. Y máxime cuando se anunciaban el cautivador Javier Conde y Leandro Marcos, que habían cuajado, según quién, cumbres inenarrables, aunque Marcos con Conde nada tiene que ver. A la postre, a la gente no se le camela con facilidad, y cuando leen que el acabóse se resume en sendos paseos por el irregular anillo maestrante, no tragan. La Fiesta hoy se sostiene con alfileres.

Jesulín de Ubrique se salvó de la quema que produjo la insalvable corrida de Núñez del Cuvillo. Jesulín se aferró al mejor lote con una actuación seria, más arreada que en la jornada anterior, técnica y muy templada. Lo que no se puede esperar a estas alturas son peras del olmo, ni que Jesús Janeiro sea José Tomás. Mas en su aire, en su propia linealidad, bajo el examen que muchos le hacemos con prejuicios contraídos del pasado, destacó con un lote propicio para el triunfo. Imagino que en la época de Luis Miguel nadie le pedía que torease como Pepe Luis, a cuya estatua rindo culto cada vez que paso por delante. A Jesulín ayer poco se le reprocha, salvo que al cuarto, un precioso jabonero sucio, un dechado de bondad y clase, lo matase tan malamente. La faena decayó en el último tramo como el juego del toro.

Suma suavidad

Pero hasta entonces el espigado diestro de Ubrique lo había lanceado a la verónica con suma suavidad, con ese capote que es una manta zamorana, lo había cuidado mucho en el caballo, y lo había toreado en la muleta con inmaculada limpieza, más allá de la corrección de otras veces, con pases de pecho prolongadísimos y algún cambio de mano notabilísimo. Que su estética no es como para que Fernández Román le pegue un jipío, pues no, evidentemente. Pero todo lo que desarrolló lo hizo tratando de gustarse, incluso en algún momento con la izquierda muy, muy, entonado, y lo digo aun a riesgo de que hoy Chenel me reprenda con su sabiduría. Aquí el núñezdelcuvillo dio síntomas de haber entregado su entero ser, y Jesulín insistió una vez con cada mano, ya un tanto reiterativo, ante un público que no le perdonó el bajón y, por supuesto y con razón, los bajonazos.

El toro que abrió plaza fue un tío, el más serio con diferencia de la blanda corrida. Manseó desde su salida, suelto en varas y también en banderillas. Jesulín, muy decidido toda la tarde, se lo sacó a los medios. Para los neófitos: que Jesulín se salga a los medios es como si Zapatero peregrina al Valle de los Caídos. Construyó una faena básicamente diestra, pulcra, ligada y sin casi relieves, más cuantitativa que cualitativa, de muy largos y sobrios muletazos; a izquierdas le faltaba un tranco más a la embestida, siempre noble de cualquier manera. A la quinta serie sonó la música, punto hasta donde el asunto creció. Puso mucho, más que expuso, Jesulín, que lo embebió siempre en las telas. Lo mató por arriba con media efectiva y se embolsó una oreja.

Apenas sobra espacio para hablar de Javier Conde, precavido el hombre con sus flojos enemigos, cuya cumbre residió en un precioso brindis a Curro; Leandro Marcos demostró pundonor con el basto y guasón sexto y un punto de falta de temple con el feble tercero.



El Mundo.
JAVIER VILLÁN
Sobra la suerte de varas

Me preguntaban el otro día para no sé qué encuesta, qué cinco toreros de los que he alcanzado a ver admiraba más.También me preguntaban por cinco flamencos, aunque yo hubiera preferido que demandaran mi opinión sobre el estado actual de la Fiesta. El diagnóstico hubiera sido claro y rotundo: calamitoso.

Los flamencos: el genial Terremoto, Rafael Romero el Gallina, Fernanda de Utrera, Antonio Mairena y Camarón. Los toreros: Rafael Ortega, Antoñete, Paco Camino, Curro Vázquez y César Rincón.La verdad es que no necesité estrujarme demasiado las meninges en busca de la originalidad. Y mira por dónde César Rincón ha hecho hasta el momento lo mejor y más torero de esta Feria de Abril; sin desdeñar por ello la magia de Javier Conde el otro día con el novillejo de Juan Pedro Domecq. Y mira por dónde aquellas excelentes vibraciones, aquel sello que marcó una tarde, no pudo repetirlo el malagueño ayer con dos ruinas de Núñez del Cuvillo. Javier Conde manifestó en su primero insólitas complacencias; un flojísimo toro de Núñez del Cuvillo cuyo destino inmediato debió haber sido la vuelta a los corrales. Pero Javier Conde tenía la voluntad a tope y por el aire volaban, convertidas en vencejos prematuros, las orejas que el otro día se le habían esfumado por la punta del descabello.

Volvió a repetir insistencias y voluntad infructuosa en el otro inválido, el quinto, un bonito jabonero que no tenía ni un pase.Visionario que es, a veces, el torero malagueño debió de ver bandadas de orejas posándose en el tejadillo árabe de La Maestranza, dispuestas a volar a sus manos a los primeros muletazos. Debió de creer Javier Conde que todo el monte era orejas y embestidas, si no, no se explica ese celo en mantener aquellos inválidos en pie, sobre todo la ruina total que era el primero y que en ningún momento había demostrado especiales virtudes.

¿A qué esperamos para abolir de una puñetera vez la suerte de varas? Es preferible la abolición al simulacro. No es que suerte tan capital en el toreo de todos los tiempos se haya devaluado; es que su patética degeneración va camino de la extinción. Todo, en las corridas y en la vida, es consecuencia de algo; nada ocurre porque sí. Y si la suerte de varas es una simulación, es porque los toros también son toros simulados, sucedáneos de toros. A los toros de ayer, si se los hubiera picado como mandan los cánones, se habrían muerto bajo el peto. A alguno, verbi gratia el cuarto, no se le hizo sangre ni para un análisis.

Se cumple cada tarde el trámite de los caballos despojándolo de su sentido más hondo: descubrir la verdadera naturaleza del toro. Mas esta tendencia degenerativa tiene su sentido; un sentido perverso aunque, al fin y al cabo, sentido. Si los toros salen ya picados de chiqueros, por débil naturaleza o por artera mano, ¿para qué picarlos? Vale. El razonamiento es impecable. Mas, para eso, están las novilladas sin picadores. Y, si por jerarquía de escalafón, Jesulín de Ubrique, Javier Conde, Leandro Marcos y todos los matadores en general no quieren volver a las novilladas sin picar, que el presidente obligue a cumplir el Reglamento aunque los toros se queden cadáveres junto al caballo.

Dos bajonazos infames

Y para colmo viene Jesulín y a ese toro sin picar le sacude dos sartenazos, dos bajonazos infames, lo cual no le impidió, eufórico, salir a saludar. Lo de Jesulín son las cuentas del Gran Capitán: picos, palas y azadones. Picos mayormente; pico de la muleta, por supuesto, no pico de cavar. Se dirá que todo, pico, bambas y estaquillador, es muleta. De acuerdo, mas cosa muy distinta es citar con las bambas que citar con el pico, por mucho que esto se alabe como técnica excelsa.

Con todo, justo es reconocerle el temple exhibido en sus dos toros, lo que hizo que se le cayeran menos que a los otros dos.Tampoco Leandro Marcos pudo exhibir los buenos modales del otro día, aunque éstos nunca se pierdan, ni siquiera en los momentos más aciagos. Y aciaga fue toda la tarde para el sevillano, especialmente su peregrinaje en pos del sexto, un manso infame, un verdadero buey.

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