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Festejo de abono
Feria de San Miguel

REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del sábado, 25 de septiembre de 2004
Corrida de toros

LAS IMÁGENES DEL FESTEJO

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FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Parladé y un sobrero (1º) de Gerardo Ortega. Flojos todos, sin raza, inválidos.

Diestros: 

Entrada: tres cuartos de plaza.

Crónicas de la prensa:  PortalTaurino, El País, ABC, Diario de Sevilla

LOS PROTAGONISTAS 

Sebastián Castella
"No ha pasado nada. Ha sido una pena porque los toros no me han ayudado nada mientras que yo lo he dado todo por mi parte. Pienso que Sevilla no se me da bien y de momento no he tenido suerte. Esta temporada he tenido cosas muy buenas, triunfos importantísimos pero repito que en la Maestranza no me salen las cosas. Dios quiera que el año que viene pueda tener más fortuna."
Salvador Vega
"La sensación que saco de la tarde es positiva ya que creo que lo bonito va a estar por llegar. No era el debut que pensaba en una plaza como ésta pero los toros no me han servido."
Matías Tejela
"La corrida no me ha servido ha habido uno que medio se ha dejado. De mis dos toros, que es de lo que puedo hablar, el primero lo hemos visto todos, muy parado desde la salida. Y el sexto más o manos igual, añadiendo además que estaba siempre pendiente de donde estaba el torero."

 

Realiza: Emilio Trigo

 


PortalTaurinoMANUEL VIERAOtra vuelta de tuerca para el desánimo

Para empezar, resulta apabullante que el toro, el principal protagonista de esta Fiesta nuestra, se cargue una  ilusionante tarde  y la  convierta en decepción y aburrimiento. Otra más, de las muchas tristemente vivida en la larga temporada. Otra vuelta de tuerca para el desánimo. Y como sucede tantas veces la casta, la necesaria  y siempre imprescindible casta, se ha quedado allá en los pagos ganaderos donde se crían estos bellos animales que, hoy por hoy, sólo lucen presencia y seriedad en sus caras.  Son visto y no visto, dos galopadas y surge de inmediato el derrumbe, la asfixia, el hasta aquí y no más.

Esta fue la estampa de los bien presentados toros de Parladé, incluso el sobrero de Gerardo Ortega, para no desmerecer, demostró en el ruedo idénticas características que los anunciados en  cartel. Toros sin clase, sin raza, mansos, inservibles incluso por su cuidada nobleza para el toreo de hoy. Sólo el segundo propició con su mejor recorrido y embestidas los momentos más bellos y toreros de la tarde.

Faena justa, demasiado justa quizá, muy personal, con algunos momentos de calidad y de una encomiable elegancia  fue la realizada por Salvador Vega a este segundo de la tarde. Faena con la muleta demasiado elevada, aunque de muletazos lentos, ajustados y ligados. Cercanía y distancias, quizás aquí es donde debió estar el equilibrio  para conseguir mayor triunfo. De todas formas  hubo relajo con la diestra y buen trazo en los escasos naturales. Hubo coherencia, una de las cosas que más llama la atención en el toreo del malagueño. Coherencia como sinergia entre la personalidad, el sentimiento y la plástica. Los adornos finales, muy toreros, precedieron a una estocada baja que bastó para terminar con la vida del mejor toro de la tarde.

Vega demostró con el quinto, agotado y parado, ser un torero que merece especial atención. Su capacidad de agradar lo cuenta con nitidez y contundencia con los engaños. Lo contó genuflexo con la capa, y en sueltos muletazos con la derecha hasta que el toro le aguantó. El manso no quiso seguir y en busca del refugio de las tablas se fue. Esta otra mejor estocada le sirvió también para saludar mientras escuchaba otra fuerte ovación.

Lo ya escrito y el  magnifico par de banderillas de Juan José Trujillo  al quinto toro, es lo único para recordar. Porque  ni Sebastián Castella, ni Matías Tejela pudieron lucirse.

El diestro de Beziers no estuvo fino, y aunque el valor es una de sus mejores armas, este no le bastó para convencer.  Castella tuvo que lidiar un sobrero de Gerardo Ortega muy serio, pero sin clase, que nunca se le entregó. No obstante el torero  francés citó casi siempre con la muleta atrás, y aunque trazó muletazos  muy despacios, la emoción nunca se dio. Igual técnica utilizó con el descastado cuarto al que principió faena con dos pases cambiados por la espalda, para después torear con ambas manos sin pizca de emoción. A pesar de la buena estocada lo que hizo no tuvo mayor repercusión.

Matías Tejela no tuvo surte porque no tuvo toros. Desistió pronto del inválido  tercero, y  aunque consiguió algún que otro muletazo despacio y largo con la derecha al sexto, el toro se le paró en los intentos al natural sin conseguir otra cosa que la demostrada voluntad por agradar. Mató bien al tercero y necesitó de pinchazo y estocada para terminar con el sexto.

Y mañana El Cid… que ya es decir.


El País. ANTONIO LORCA¡Socorro!

La afición de Sevilla está perdida. Cualquiera sabe si ese extravío no es más que algo virtual que existe sólo en la imaginación de unos pocos. Al menos, ayer, todo ocurrió bajo mínimos. Se aplaude y se consiente todo: desde un bajonazo a un puyazo infame o un insulso par de banderillas; se admite un novillete como el que salió en segundo lugar, se acepta sin rechistar la insoportable invalidez de la corrida y se tolera la incapacidad manifiesta de los toreros...

Decididamente, la afición sevillana ha desaparecido, y los tendidos los ocupa un público mayoritariamente triunfalista que augura malos presagios para el futuro de la fiesta.

Además, hubo un fracaso absoluto del toro artista. Y los toreros, jóvenes que parecen viejos de vuelta de todo, sin corazón, sin ideas y sin técnica; cómodos, aburridos, pesados, ventajistas, conformistas y anodinos.

La Feria de San Miguel no ha podido comenzar peor. Sin toros, sin toreros y sin afición. ¡Socorro!


Diario de Sevilla.  LUIS NIETOLos 'parladé', un gran tostonazo

Se lidiaron cinco toros con el hierro de Parladé –Juan Pedro Domecq–, en conjunto aceptablemente presentados y de desiguales hechuras. Resultaron descastados en diferentes grados: segundo, a menos; tercero, marmolillo; cuarto, noblón, pero bobalicón; quinto, rajado y a la defensiva y sexto, parado. Como primero bis, un sobrero de Gerardo Ortega, bien presentado y que se rajó pronto.

Los parladé –hierro de Juan Pedro Domecq– fueron la negación del toro bravo y la causa por la que se aburrió el público que acudió a la Maestranza. Los parladé sacaron de sus casillas a los espectadores, a los toreros y hasta al lucero del alba. Porque llegó la noche y todavía había quien blasfemaba en el Templo del toreo por la grandiosa y magnífica corrida...¡Vaya ganado! Supongo que también se aburriría el criador de esas reses descastadas que hicieron las delicias del respetable. El festejo –no hubo nada que celebrar, salvo pequeños detalles, como un par de banderillas– se hizo interminable, insoportable y pesadísimo. En su descastamiento, algunos astados, como el cuarto, se giraban con la desgana de una vaca lechera. Miraban al trapo rojo con el repelús con el que lo haría una vaca suiza ¡Viva la sangre brava!

Con esos mimbres, Sebastián Castella, Salvador Vega y Matías Tejela quedaron prácticamente inéditos. Vega fue quien, con mayor expresión, caló en algunos instantes en un público siempre paciente ante el huracán Parladé, que arrasó el espectáculo.

La tarde comenzó mal, muy mal. El castaño, albardado, que abrió plaza, fue devuelto cuando claudicó. Le sustituyó un sobrero, del hierro de Gerardo Ortega, negro, salpicado, que ni tuvo celo en el capote ni se empleó en varas, para llegar rajado a la muleta. Castella pasó inadvertido en una labor en la que el animal le desarmó en el prólogo, en un doblón. En los medios, el trasteo resultó insulso.

Con el cuarto toro, negro, enmorrillado, largo, con más fachada que contenido, Castella no pasó de discreto. Comenzó con un par de falleros. En las afueras, dibujó una entonada tanda con la diestra. Pero no hubo más...porque tampoco hubo toro. El cornúpeta, tan noble como bobalicón, pasaba como alma en pena y la labor careció de la más mínima emoción.

Salvador Vega hizo su presentación como matador de toros en Sevilla, donde no pudo actuar en la pasada Feria de Abril por cogida. Dejó una grata impresión. Suelto, con ideas, muy expresivo, llegó con facilidad al público. Recibió con buenos lances al segundo, que embestía con la cara alta. En las rayas, apostó fuerte con un toro remiso, con más peligro por el pitón izquierdo. El malagueño sufrió un hachazo a la altura de la axila izquierda, en un pase de pecho con la zurda. Lo más macizo fueron unos muletazos muy hondos y limpios por bajo, con los que cuadró al animal.

El quinto, castaño, altote, se empleó mucho en un primer puyazo del que sangró mucho y por el que acabó rajándose. Vega, que cosechó palmas en un recibo vibrante a la verónica, flexionando las piernas, acabó desesperado cuando en la muleta el astado se vino abajo de inmediato. Con lógica, cortó tras una breve porfía. En banderillas, Juan José Trujillo recibió la mayor ovación de la tarde, acompañada de música, por un notable par de banderillas.

Matías Tejela tampoco tuvo material propicio para el lucimiento. El tercero, un colorado, ojo de perdiz, ya se le quedó parado cuando movía la capa. En las rayas, se justificó como pudo ante el marmolillo.

Y llegó el sexto, con gran parte del público huyendo de la pesadilla. Negro y altote, dio una voltereta tras su salida. Parecía descoordinado y manseó lo suyo en los primeros tercios para pararse en el tramo final. Tejela, en las afueras, pudo sacarle una tanda entonada con la derecha. Con la izquierda, no tuvo ni un pase.

El cierre del espectáculo acabó preso de la negrura de la noche, como preso estuvo de unos astados que tenían la misma sangre brava que una vaca lechera.


ABCFERNANDO CARRASCO. Salvador Vega: «No ha habido opción, pero me voy contento de Sevilla»

Ni una sola vuelta al ruedo y poco para el recuerdo. Ni toros ni toreros ofrecieron, en la primera de la Feria de San Miguel, un espectáculo digno de recordar. Fue desarrollándose la tarde sin más argumento que una faena detrás de otra y con muy poco contenido para saborear.

Por eso, no es de extrañar que los tres toreros, terna joven -con decir que Sebastián Castella abría el cartel se puede uno hacer a la idea de la juventud de los diestros actuantes-, no estuviesen muy satisfechos de lo que había acontecido en el ruedo.

El francés Castella, que como escribíamos abría el cartel, señalaba a la conclusión del festejo que «no ha habido suerte. Mi lote no me ha permitido el triunfo. Viene uno con muchas ganas pero cuando te encuentras con toros así es complicado poder salir adelante».

«Estaba muy ilusionado con esta tarde -afirmó el diestro galo afincado en Sevilla- pero no ha podido ser. Sólo la voluntad pero nada más».

La tarde de ayer rompía la buena racha que lleva Sebastián desde el pasado verano. «Me ha pasado como en la Feria de Abril. No salieron las cosas. Luego, la temporada ha ido a más y he triunfado en plazas muy importantes. Venía muy mentalizado a Sevilla pero, desgraciadamente, todo se ha venido abajo».

Se presentaba en el coso del Baratillo, como matador de toros, el malagueño Salvador Vega. Otro diestro que lleva una temporada realmente encomiable pero que, desgraciadamente, no pudo refrendar su buen hacer en la Maestranza. «No ha habido opción, ésa es la verdad, y aunque lo he intentado en mis dos toros, no han salido las cosas. Es una pena, porque uno viene a por todas, máxime después de no haber podido torear en la Feria de Abril por la cornada de Zaragoza, pero esto es así. Unas veces embisten los toros y otras no. Esta vez ha tocado lo último».

«He hecho todo lo que he podido»

A pesar de todo, Salvador Vega se mostraba satisfecho. «Me voy contento porque he hecho todo lo que estaba en mi mano. Si no he cortado las orejas ha sido porque los toros no lo han permitido. No es el debut que uno sueña en la Maestranza, pero al menos el público ha visto que he hecho todo lo que he podido».

Matías Tejela, tercer espada de la terna, se lamentaba del escaso juego que había dado la corrida y en concreto su lote. «Mi primero no ha tenido nada de clase y por más que me ponía en el sitio, no había nada que hacer. Y el segundo, un toro con un peligro sordo que pasaba pero sabía lo que se dejaba detrás en cada momento. Lo peor es que el esfuerzo no llegaba a los tendidos».