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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 25 de abril de 2004
Corrida de toros

LAS IMÁGENES DEL FESTEJO

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FICHA TÉCNICA

Ganadería:  El Ventorrillo  (bien presentados, bravos y nobles. 4º y 5º aplaudidos en el arrastre. El 6º se lastimó la mano izquierda durante la lidia)

Diestros: 

  • Jesulín de Ubrique (más de media estocada trasera. Palmas; media trasera y atravesada, descabello. Saludos desde el tercio)
  • Sebastián Castella (estocada caída. Saludos desde el tercio; bajonazo. Silencio) 
  • Matías Tejela (estocada entera, perpendicular y trasera. Silencio; pinchazo hondo, descabello. Saludos desde el tercio).
Presidente: Francisco Teja.

Entrada: tres cuartos.

Tiempo: soleado.

Crónicas de la prensa:  PortalTaurino, El País, El Mundo, ABC, Diario de Sevilla

 

LOS PROTAGONISTAS 

Jesulín de Ubrique
"La corrida ha estado entretenida y ha habido de todo: toros con más y con menos problemas, algunos toros con calidad como el sexto, aunque no le he visto el defecto en la pezuña. No sé qué le ha pasado o si es que era un vicio y ha querido echarse. Creo que he estado muy dispuesto toda la tarde, siempre queriendo hacer las cosas bien. Algunas me han salido bien y otras no tan brillantes como uno quiere pero sobre todo con la disposición que he venido y con las ganas de triunfar y siempre apostando y arriesgando. He tenido dos toros diferentes. El burraco bastante complicado siempre pegando tarascazos y ha habido que someterlo y aguantarlo mucho. El segundo toro ha sido bravo pero un poco incómodo para el torero. He estado muy firme con él porque enseñé cómo era y había que estar así. La gente ha estado un poco fría pero eso es bueno, es señal de que a uno le exigen y le esperan."
Sebastián Castella

El diestro francés, contrariado por la reacción del público de la Maestranza en su actuación en el quinto toro, no quiso hacer declaraciones.
Matías Tejela
"
Al sexto toro lo veía con muchas posibilidades para el triunfo y cuando he visto que el toro se me echaba y que no podía con la mano izquierda, me he disgustado muchísimo. No sé exactamente qué le ha pasado, si es que se la roto o se ha lastimado al salir de algún pase de pecho o fue en un ayudado por alto, donde también se resintió el toro. Tengo mucha pena aunque será pasado mañana si Dios quiere cuando pueda triunfar porque he visto que el público ha estado cariñoso conmigo. "

 

Realiza: Emilio Trigo

 

PortalTaurinoMANUEL VIERACalor y bostezos

En el mundo del toro hay una verdad absoluta: no existen más que dos protagonistas, el torero y el toro, y hoy falló lo primero y no tanto lo segundo. Fue por ello, que la calurosa tarde sevillana en La Maestranza se convirtió en dos horas, y menos mal que sólo fueron dos, de agobiante calor y abundantes bostezos.

La corrida de toros es el espectáculo más aburrido que existe en el mundo cuando la vulgaridad impera en el ruedo. Que nadie lo dude. Y hoy, la vulgaridad, de los que, se supone, deberían traer nuevos y refrescantes aires a la Fiesta, predominó por completo en la plaza.

Ganaron los que no vinieron, que fueron muchos, porque la paupérrima entrada que registró la plaza en fechas tan señaladas definía por sí sola el escaso interés que despertaba la anunciada terna. Los que faltaron, disfrutaron del apetecido paseo junto al mar. Los que nos quedamos, sufrimos con los muchos tropiezos que dieron delante de sus toros los afortunados que se vieron anunciados en una tarde de toros en Feria de Abril.

Los toros de El Ventorrillo, bien presentados aunque desiguales, se movieron sin maldad. Acudieron a los engaños con vivacidad, con nobleza, con buen tranco incluso en los cites desde larga distancia. Unos toros -por favor, entiendan más de lo que escribo- para torear. Sólo el tercero, flojo y a la defensiva, y el sexto, un buen toro que se inutilizó una mano a mitad de faena, no fueron de triunfo. 

Jesulín de Ubrique casi no toreó de capa. Algún que otro lance en el saludo al cuarto fue premiado con leves y obligadas palmas. Lo demás vulgar. En el trasteo al primero primó la técnica más que la autenticidad de los muletazos. Algunos tan vanos como banales. Y no hubo más. Al noble y pronto cuarto le dio distancia, e hilvanó alguna que otra tanda bien trazada y ligada. La última con la diestra, por lentitud y largura, la mejor. El natural discontinuo y enganchado bajó los ánimos, incluso los del toro, que se apaga para desdicha del diestro de Ubrique, que dejó marchar a tan buen animal con las orejas intactas camino del desolladero.

Más decepción me causó el joven Castella. El francés desaprovechó, y de que manera, las bravas embestidas del segundo. Principió faena para ilusionar al más incrédulo. Citó desde los medios, y se dejó llegar el galope del buen toro para cambiarle el viaje por la espalda y después seguir con tandas de muletazos con la diestra. En tres ocasiones repitió el cite desde la larga distancia. Cuando el torero de Beziers intentó el natural comienza la intermitencia de una faena con altibajos e inseguridad que nunca llegó a remontar. El bajonazo infame no privó al diestro francés de saludar desde el tercio. Con el quinto, bonito y cuajado, pronto y noble, se le escapó el triunfo soñado. No se por qué extrañas circunstancias no lo entendió, no le encontró la distancia. Interminables tandas de pases más de paja que de trigo. Tan vulgar y pesado se puso que le instaron a terminar.

Matías Tejela tendrá que esperar. No tuvo suerte con el flojo y soso tercero, y se le inutilizó a mediados de faena el sexto, otro buen toro, cuando nos la prometíamos felices. 


Diario de Sevilla.  LUIS NIETOVentorrillo, huracán encastado

Los toros de la ganadería de El Ventorrillo fueron los auténticos protagonistas del festejo. Proceden de Juan Pedro Domecq. Pero se les parecen a los ídem como algunos hijos a sus padres, en nada. Debe ser que ese gran aficionado que es el toledano Francisco Medina les da de comer de otra manera porque estaban cuajados; no como algunos de los ejemplares del ídem, que eran casi novillos. Tampoco en sus embestidas tenían similitud, si los juampedros eran hermanitas de la caridad en busca de las telas y no se tenían en pie, los ventorrillos de Los Yébenes se comían a quien se pusiera delante. Lo mismo, en la tierra árida manchega fortalecen su casta; algo que contrasta con el refinamiento de ese toro artista de Domecq del día anterior, al que entrenan en el tauródromo de Lo Álvaro, en El Castillo de las Guardas.

Pues está claro que en la mayoría de las ocasiones cuando sale el toro encastado, el toreo moderno naufraga. ¿Por qué no le dieron sitio a unos toros con celo, que se comían las telas?... El público sevillano, que afinó ayer lo suyo, acabó volcándose con el encastado encierro de El Ventorrillo, no llegó a convencerse de lo que hizo Jesulín, pitó a Castella en su segundo y se lamentó de la adversidad de Tejela, el más convencido y decidido de la terna, que no pudo cuajar una faena al gran sexto, debido a que el animal se partió una mano al poco de comenzarla el madrileño.

Jesulín no justificó los catorce años de alternativa que cumplirá en septiembre. A ambos toros los mató mal. Quiso hacer las cosas bien con el buen toro que abrió plaza. En los terrenos de los tercios o bien en las afueras basó su labor en la mano derecha, en la que sobraron los enganchones y le faltó poner el alma. Con el cuarto, que metía la cara, transmitía mucho y tuvo un gran pitón derecho, consiguió sentirse por ese lado en la tercera tanda; con la izquierda, con el animal más cortito, se sintió inseguro.

Sebastián Castella, al que se le esperó con buen ambiente, naufragó en lo que era una oportunidad de oro en Sevilla. Con el segundo, bueno, no se acopló en el toreo de capa. El inicio de su faena despertó expectación cuando, en los medios, de largo, engarzó tres pases cambiados por la espalda, rematados con un cambio de mano que ligó al de pecho. Sonó una fuerte ovación y se arrancó la música. Otra tanda con la diestra, asentado, prometía más. Pero todo se diluyó cuando cogió la izquierda y, sin acertar en la colocación, los naturales se ahogaron por sucesivos enganchones.

El quinto toro protagonizó una de las escenas más curiosas de lo que va de feria. Más que como carpintero, como un cirujano preciso, metió la cabeza entre el burladero de matadores y la barrera y sacó las tablas de un limpio y certero pitonazo. La madera estuvo a punto de estamparse en la cabeza de uno de los banderilleros. Con este cirujano, de nombre Barbero, se entendió todavía peor Castella, que planteó su faena en las afueras. Tras una tanda con precaución por cada pitón, le puso la muleta de cerca al astado, que acometía por el derecho como una auténtica máquina de embestir. Mató de una estocada muy desprendida. Y desde el tendido gritaron: "-¡Qué pena de toro!". Un toro que merecía mucho más.

Matías Tejela tuvo la suerte de espaldas. Con el brusco y escarbador tercero, el garbanzo negro del encierro, no pudo lucirse, pero se entregó, matando de una curiosa estocada en dos tiempos -apretando el estoque sin soltar tras haber clavado-. Con el sexto, un gran toro, de nombre Navegante, el madrileño se embarcó en una faena ambiciosa tras cuajar un quite a la verónica. Con la diestra, comenzó de manera sobria con una tanda técnica. Le sobró un recorte de tijerilla en el cierre de la segunda. Y, por fin, lo que no habíamos visto en toda la tarde: un torero que le daba sitio al toro. Con la muleta en la derecha, afloraron cuatro muletazos con mando, largos y limpios, que fueron lo más auténtico y sincero del espectáculo. Y en esas estábamos, cuando el animal, tras salir del pase de pecho se rompió una mano y se rompió lo que iba para el único triunfo de un festejo en el que los toros dieron más que los toreros -léase Jesulín y Castella-. Y es que El Ventorrillo fue un huracán de casta. 


El País. ANTONIO LORCAUn caso de mala suerte

La mala suerte fue de Matías Tejela, a quien le tocó un sexto toro encastado, noble y con recorrido al que estaba toreando primorosamente con la derecha, con elegancia, hondura y torería, y va el animal y se lesiona la mano izquierda. Ahí acabó todo.

Un caso de auténtica mala suerte que te salga un toro así en la Feria de Sevilla, en tarde de ayuno artístico, y se rompa todo en pedazos en cuestión de segundos.

Había brindado al público, consciente de las buenas condiciones de su oponente, y lo recibió con garbosos ayudados que cerró con un largo pase de pecho. Se atisbaba faena importante. La primera tanda con la derecha resultó corta, pero muy sentida, y la trincherilla final llevó la emoción a los tendidos. Después otra tanda, quizá muy rápida, pero enmendada con un cambio de manos perfecto. Se echó la muleta a la izquierda, el toro hizo un extraño y dobló las manos delanteras para sorpresa de todos. Lo levantó el torero, pero el asunto ya no tenía arreglo. Tejela puso cara de desesperación y lo mató como pudo profundamente desconsolado, como no podía ser de otra manera.

Desconsolada quedó, asimismo, la parroquia, que no ganó para tristezas en una tarde extraña. Es verdad que los toros no duraron con alegría en el tercio final, pero la mayoría se dejó torear por un lado y por el otro en faenas largas y pesadas. Extraño, por tanto, que no hubiera triunfos. ¿Por qué no habría triunfos?

Pues no los hubo porque el toreo de hoy consiste en dar pases. Y el toreo con mayúsculas es algo más; es mando, temple, ceñimiento, ligazón y voluntad de pelea. Los toreros de hoy, especialmente los más jóvenes, son frágiles y llevan la lección muy bien aprendida. Tan aprendida que, cuando sale el toro, se les olvida.

Muy desangelado se mostró el propio Tejela en su primero, que embestía con cierta claridad, pero al que no entendió nada.

Castella tiene aroma de buen torero, pero siempre que salga el toro de salón. Se lució en su primero en tres pases cambiados por la espalda y dos tantas de redondos trazados con gusto. Elegante y frío, le faltó mando y temple. Le faltó darle importancia a su labor. El quinto, que no se cansaba de embestir, lo desbordó por completo y su toreo resultó embarullado, movido y destemplado. Muchos pases y no dijo nada, lo cual es grave.

Y a Jesulín se le nota su experiencia y su dominio de la técnica. No despierta la expectación de antaño, y no se le reconoció su labor lidiadora y dominadora ante su primero, un manso, descastado, deslucido y distraído, al que enseñó a embestir y exprimió literalmente lo poco que llevaba dentro. Al cuarto lo toreó con autoridad con la mano derecha, en unas tandas ligadas a las que, quizá, le sobraron precipitación. El toro se apagó por el pitón izquierdo y todo quedó en una ovación.

Cuando las cosas van mal, pueden empeorar. Salió el sexto y se rompió una mano. No me digan que no es mala suerte...La mala suerte fue de Matías Tejela, a quien le tocó un sexto toro encastado, noble y con recorrido al que estaba toreando primorosamente con la derecha, con elegancia, hondura y torería, y va el animal y se lesiona la mano izquierda. Ahí acabó todo.

Un caso de auténtica mala suerte que te salga un toro así en la Feria de Sevilla, en tarde de ayuno artístico, y se rompa todo en pedazos en cuestión de segundos.

Había brindado al público, consciente de las buenas condiciones de su oponente, y lo recibió con garbosos ayudados que cerró con un largo pase de pecho. Se atisbaba faena importante. La primera tanda con la derecha resultó corta, pero muy sentida, y la trincherilla final llevó la emoción a los tendidos. Después otra tanda, quizá muy rápida, pero enmendada con un cambio de manos perfecto. Se echó la muleta a la izquierda, el toro hizo un extraño y dobló las manos delanteras para sorpresa de todos. Lo levantó el torero, pero el asunto ya no tenía arreglo. Tejela puso cara de desesperación y lo mató como pudo profundamente desconsolado, como no podía ser de otra manera.

Desconsolada quedó, asimismo, la parroquia, que no ganó para tristezas en una tarde extraña. Es verdad que los toros no duraron con alegría en el tercio final, pero la mayoría se dejó torear por un lado y por el otro en faenas largas y pesadas. Extraño, por tanto, que no hubiera triunfos. ¿Por qué no habría triunfos?

Pues no los hubo porque el toreo de hoy consiste en dar pases. Y el toreo con mayúsculas es algo más; es mando, temple, ceñimiento, ligazón y voluntad de pelea. Los toreros de hoy, especialmente los más jóvenes, son frágiles y llevan la lección muy bien aprendida. Tan aprendida que, cuando sale el toro, se les olvida.

Muy desangelado se mostró el propio Tejela en su primero, que embestía con cierta claridad, pero al que no entendió nada.

Castella tiene aroma de buen torero, pero siempre que salga el toro de salón. Se lució en su primero en tres pases cambiados por la espalda y dos tantas de redondos trazados con gusto. Elegante y frío, le faltó mando y temple. Le faltó darle importancia a su labor. El quinto, que no se cansaba de embestir, lo desbordó por completo y su toreo resultó embarullado, movido y destemplado. Muchos pases y no dijo nada, lo cual es grave.

Y a Jesulín se le nota su experiencia y su dominio de la técnica. No despierta la expectación de antaño, y no se le reconoció su labor lidiadora y dominadora ante su primero, un manso, descastado, deslucido y distraído, al que enseñó a embestir y exprimió literalmente lo poco que llevaba dentro. Al cuarto lo toreó con autoridad con la mano derecha, en unas tandas ligadas a las que, quizá, le sobraron precipitación. El toro se apagó por el pitón izquierdo y todo quedó en una ovación.

Cuando las cosas van mal, pueden empeorar. Salió el sexto y se rompió una mano. No me digan que no es mala suerte...



El Mundo.
JAVIER VILLÁN

Mala suerte tuvo Matías Tejela, al quebrársele la mano al sexto toro, cuando mejor estaba toreando. Lance desgraciado en una tarde sin brillos, salvo la alegría recental de los toretes de El Ventorrillo. Y cuando esto ocurre, cuando suceden cosas como las que ocurren todas las tardes, carnicería y tiempos muertos, cobra todo su sentido la reforma que Salvador Távora pretende hacer de la corrida. Pero lo que aquí se necesita, más que una reforma, es una revolución. Y si se hiciera esa revolución, ¿qué pasaría con toreros como Jesulín de Ubrique?

Pasaría que, a lo peor, toreros así no podrían vestirse de luces.Y que muchos toros no podrían salir a los ruedos. Távora no pretende abolir la corrida en su estructura actual ni mucho menos invadir el condado de Cataluña. Y si esa reforma no contribuye a desterrar de los ruedos el medio toro y los toreros chapuceros no serviría para nada. Jesulín, ¿qué tal? Mal. El cuarto, codicioso y repetidor, puso al descubierto la vulgaridad de Jesulín de Ubrique. Castella, bien en su primero, luciendo quizás en exceso un torete de embestida pronta que se arrancó desde tablas hasta los medios y que acabó manseando.

Y de esa famosa reforma de Salvador Távora del que usted se proclama escudero, inquiere un aficionado, ¿qué? Pues muy sencillo, querido señor; recojo el espíritu de un célebre verso, aquél que dice «si Garcilaso volviera yo sería su escudero, que buen caballero era» y me declaro escudero de Távora para lo que guste mandar.Aunque yo no sé si, tal como está la fiesta, ésta se merece caballeros y escuderos tan desinteresados.

¿Qué ha pasado con Tejela y el alegre toro de El Ventorrillo, tercero?, pues nada o casi nada. Tejela anda a la búsqueda del propio estilo que pareció más nítido en los orígenes de su carrera de lo que parece ahora. ¿Y qué pasó con Sebastián Castella y el quinto, un inocente y enrazado animal? Pues también nada.Muy mal Sebastián Castella y es preferible no entrar en detalles.

¿En qué consiste la tan traída y llevada reforma de Távora? Explicaré, a la vista de que muy poco hay que explicar de esta corrida, en qué consiste sin aventurar su futuro. En corto y por derecho, rejoneadores en vez de piqueros sanguinarios; ello eliminaría el aspecto más sanguinolento del tercio de varas y le daría al espectáculo, el ritmo escénico con el que Távora, hombre de teatro al fin y al cabo, mira la corrida. No hace mucho Távora le explicó a Pío García Escudero, responsable entonces de los asuntos taurinos de la CAM, el sentido de este recuperado romanticismo. Pío le prometió el oro y el moro, mas al final los peperos de García Escudero cancelaron el oro y se fueron, como Mambrú, a la guerra contra el moro infiel.

Ahora que Zapatero quiere liquidar esa guerra, a ver si la CAM reconsidera la cosa. Mientras tanto, y en vista de que este sexto toro acaba de quebrarse una mano, quebrando con ello el posible triunfo de Tejela, tratemos de responder a la demanda de ese aficionado que me pide sistematice el comando de apoyo a Távora, tanto en la guerrilla catalana como en sus afanes reformadores.

Lo primero es eliminar del templo, no sólo del templo supremo de La Maestranza, a los mercaderes. Y lo segundo fortalecer a Salvador, el de la mítica Cuadra, con una comisión organizadora o reformadora; de ésta podrían formar parte reconocidos miembros de la alegre farándula, baqueteados en esta cosa de los toros y, además, tan buenos entendidos como cómicos. Por ejemplo, Albert Boadella, al que le va la marcha del anticatalanismo etnocéntrico; por ejemplo, Ignacio Amestoy, defensor del legendario Betizu, el toro rojo de los viejos montes de Euskadi; y, por ejemplo Chatono Contreras, por su beligerancia en favor de la ortodoxia popular del toreo.

O Pérez de la Fuente, por su sentido sacro del espectáculo; y un empresario humanista como Cornejo. Y Concha Velasco para que ilumine la sangre con el fulgor de sus ojos. O el Astillero, algunos de cuyos miembros, J. R. Fernández o Mayorga, se apasionan por las corridas. A todos habría que exigirles manifiestos y manifestaciones en favor de la integridad del toro; a fin de cuentas, todos se entrenaron en la calle contra la maldita Guerra de Irak.

 


ABCVICENTE ZABALA El Ventorrillo se lleva las orejas

La tarde se había impregnado de unas tonalidades insípidas. Como el vino que vende Asunción (ni es blanco ni es tinto ni tiene color). No había levantado expectación la corrida, los tres cuartos de entrada lo reflejaban, y al final la razón fue para los que sestearon en casa, para los que prefirieron el Benito Villamarín, para los que acariciaron la arena cálida de las playas de El Puerto de Santa María... El Ventorrillo se llevó las orejas, como un aire templado y enrazadito que no se esperaban unos toreros mecánicos, monocordes, átonos y adocenados. Sucedió a partir del cuarto toro, aunque ya el segundo había apuntado sin disparar, o disparando con pocos y desperdiciados balines, como una escopeta en manos de un imberbe. El conjunto de Paco Medina en presencia era como la variada carta verbal que recita mi amigo Paco en Barviana: «Hay cefalópodos muy ricos, moluscos bivalvos, crustáceos, tortillita de camarones, langostinos de Sanlúcar, gambita de Huelva, cazón en adobo, cazón plancha, arroz marinera, papas con chocos...». Como la memoria de José Luis Suárez-Guanes con las décadas y los sanisidros de los cincuenta y sesenta, o como sus artículos de «Aplausos», un festín de palabras y platos.

La empresa de Sevilla optó en su momento por un torero mediático como Jesulín de Ubrique en lugar de por uno auténtico como Uceda Leal, creyendo que arrastra masas como las ventas del «Hola» o «Diez Minutos». A la postre, ni traen nadie a la plaza ni los que acuden salen con el paladar satisfecho. Jesulín es un técnico inmaculado capaz de tapar los defectos del burraco, alto y altivo primero, con la carita alta, o muletear sin sabor ni gusto a un toro sin trapío, descolgado y noble que le ofrecía con descaro una oreja por el pitón derecho. Pero pocas son las veces en las que Janeiro se reúne con los viajes, por largos que sean. Aunque hilvane muletazos que no dicen, que no hablan ni se escuchan, pases sordomudos. Y eso que en una tanda se lo trajo más hacia adentro, con buen temple, su carta más valiosa. Mató a su lote sin exponer un alamar, fácil, con medias estocadas traseras y desprendidas. Las ambiciones pasaron tiempo ha con los ladrillos de la afamada finca asediada por los «paparazzi».

Sebastián Castella sigue como era o como es. No quiere distancias, a pesar de que las concedió con el alto y zancudo juampedro originario, de cara amable. Le cambió el principio por la espalda de manera espectacular, impertérrito, clavadas las zapatillas en el albero, valentísimo. La Maestranza murmulló ese runrún que antecede a algo. Todavía en la siguiente serie fue generoso en los metros otorgados de primeras, sólo de primeras. Porque él donde se encuentra cómodo es en las distancias cortas. El pupilo de Medina no duró con tal tratamiento. Tal vez tampoco lo hubiera hecho con otra medicación. Queda la duda.

Donde no la hubo fue con el buen quinto, crecido desde banderillas, uno de los toros más serios de cara, más serio en definitiva. Desunió las tablas cercanas al burladero de capotes de salida con un derrote, y sorprendió luego con su venida a más. Castella se dobló con él, ¿ocho veces?, y no se entendió nunca en una faena deslavazada, atacada e impaciente. Sería importante que Francia contase con un torero fuerte en España. De momento, querido Luis Álvarez, sigo en mis trece: su muletazo no es nada. Y además perdió la iniciativa siempre porque se atracó de toro, y las repeticiones se le atragantaron. Su seguridad con la espada se basó en los blandos. Un quite por chicuelinas sí sumó alguna décima a su suspenso.

Tejela se había estrellado con un torito chico, que escarbaba con la cara entre las manos y que superaba con el cuello estirado la altura de la muleta a izquierdas. Su cuadrilla se sobró de capotazos en los dos de su lote, incluso con el sexto, un toro serio y bien construido, claro desde el principio, un tacazo. El prólogo de faena valió por oles y esperanzó; dos series de derechazos, largos y acompasados, extrañaron por su falta de ceñimiento, por su holgura. Cuando ya los tendidos debían estar boca abajo, y no lo estaban, el animal se partió una mano en un absurdo ayudado por alto, tan brusco como otro anterior por bajo. Mala suerte. Pero la mala, como la buena, a veces, también se busca. Seguiremos esperando. Su arranque en Fallas lo merece.La tarde se había impregnado de unas tonalidades insípidas. Como el vino que vende Asunción (ni es blanco ni es tinto ni tiene color). No había levantado expectación la corrida, los tres cuartos de entrada lo reflejaban, y al final la razón fue para los que sestearon en casa, para los que prefirieron el Benito Villamarín, para los que acariciaron la arena cálida de las playas de El Puerto de Santa María... El Ventorrillo se llevó las orejas, como un aire templado y enrazadito que no se esperaban unos toreros mecánicos, monocordes, átonos y adocenados. Sucedió a partir del cuarto toro, aunque ya el segundo había apuntado sin disparar, o disparando con pocos y desperdiciados balines, como una escopeta en manos de un imberbe. El conjunto de Paco Medina en presencia era como la variada carta verbal que recita mi amigo Paco en Barviana: «Hay cefalópodos muy ricos, moluscos bivalvos, crustáceos, tortillita de camarones, langostinos de Sanlúcar, gambita de Huelva, cazón en adobo, cazón plancha, arroz marinera, papas con chocos...». Como la memoria de José Luis Suárez-Guanes con las décadas y los sanisidros de los cincuenta y sesenta, o como sus artículos de «Aplausos», un festín de palabras y platos.

La empresa de Sevilla optó en su momento por un torero mediático como Jesulín de Ubrique en lugar de por uno auténtico como Uceda Leal, creyendo que arrastra masas como las ventas del «Hola» o «Diez Minutos». A la postre, ni traen nadie a la plaza ni los que acuden salen con el paladar satisfecho. Jesulín es un técnico inmaculado capaz de tapar los defectos del burraco, alto y altivo primero, con la carita alta, o muletear sin sabor ni gusto a un toro sin trapío, descolgado y noble que le ofrecía con descaro una oreja por el pitón derecho. Pero pocas son las veces en las que Janeiro se reúne con los viajes, por largos que sean. Aunque hilvane muletazos que no dicen, que no hablan ni se escuchan, pases sordomudos. Y eso que en una tanda se lo trajo más hacia adentro, con buen temple, su carta más valiosa. Mató a su lote sin exponer un alamar, fácil, con medias estocadas traseras y desprendidas. Las ambiciones pasaron tiempo ha con los ladrillos de la afamada finca asediada por los «paparazzi».

Sebastián Castella sigue como era o como es. No quiere distancias, a pesar de que las concedió con el alto y zancudo juampedro originario, de cara amable. Le cambió el principio por la espalda de manera espectacular, impertérrito, clavadas las zapatillas en el albero, valentísimo. La Maestranza murmulló ese runrún que antecede a algo. Todavía en la siguiente serie fue generoso en los metros otorgados de primeras, sólo de primeras. Porque él donde se encuentra cómodo es en las distancias cortas. El pupilo de Medina no duró con tal tratamiento. Tal vez tampoco lo hubiera hecho con otra medicación. Queda la duda.

Donde no la hubo fue con el buen quinto, crecido desde banderillas, uno de los toros más serios de cara, más serio en definitiva. Desunió las tablas cercanas al burladero de capotes de salida con un derrote, y sorprendió luego con su venida a más. Castella se dobló con él, ¿ocho veces?, y no se entendió nunca en una faena deslavazada, atacada e impaciente. Sería importante que Francia contase con un torero fuerte en España. De momento, querido Luis Álvarez, sigo en mis trece: su muletazo no es nada. Y además perdió la iniciativa siempre porque se atracó de toro, y las repeticiones se le atragantaron. Su seguridad con la espada se basó en los blandos. Un quite por chicuelinas sí sumó alguna décima a su suspenso.

Tejela se había estrellado con un torito chico, que escarbaba con la cara entre las manos y que superaba con el cuello estirado la altura de la muleta a izquierdas. Su cuadrilla se sobró de capotazos en los dos de su lote, incluso con el sexto, un toro serio y bien construido, claro desde el principio, un tacazo. El prólogo de faena valió por oles y esperanzó; dos series de derechazos, largos y acompasados, extrañaron por su falta de ceñimiento, por su holgura. Cuando ya los tendidos debían estar boca abajo, y no lo estaban, el animal se partió una mano en un absurdo ayudado por alto, tan brusco como otro anterior por bajo. Mala suerte. Pero la mala, como la buena, a veces, también se busca. Seguiremos esperando. Su arranque en Fallas lo merece.



TorosComunicación. Francisco Mateos. Se fueron con las orejas para el desolladero

Más de uno, más de dos, y quizá hasta más de tres toros se han ido esta tarde con las orejas puestas. O sea, que hoy no digan los toreros que "el toro no sirvió", porque como los toros no saben hablar, pues siempre son ellos quienes tienen la culpa. Cuando hay triunfos, es del torero; y cuando hay fracasos, es por los toros. Pues no, mire usted; esta tarde no, esta tarde los toros -sin ser una corrida de alta nota- han servido para más de lo que los toreros han extraído.

Jesulín de Ubrique se ha llevado el lote más potable. Su primero fue manejable, ciertamente con falta de emoción, pero manejable. Mucho más para un torero de la trayectoria y curriculum de Jesús. Fue una faena técnica, sosa, con muchísimos muletazos, pero que nada dijeron, sin emoción. Toreo espeso y aburrido, fiel reflejo de lo que despectivamente el taurino llama 'pegapases'. No mejoró su imagen en el cuarto, un toro que embistió, también con poca emoción, pero que embistió, tuvo recorrido y humilló. El torero gaditano entró en faena demasiado tarde, tardó una enormidad en medio gustarse y centrarse con él. Mal estuvo el de Ubrique en esta vuelta al ruedo sevillano.

De Sebastián Castella se esperaba mucho más... O simplemente, se esperaba. Y él nada dejó. Al manejable segundo comenzó a enjaretarle una vibrante faena, con tres pases cambiados por la espalda perfectamente engarzados. Después, una tanda de derechazos mandones, emocionantes, pero el toro, de buena condición, se fue desinflando, y lo que es peor, el torero también. Mató de un bajonazo. Al quinto, que se movió y se desplazó, el torero francés le dio muchísimos muletazos, a cual más vulgar y sin emoción. No dijo nada, sólo transmitió frialdad. Mató de estocada caída y fue pitado.

El tercero fue lidiado muy mal. Desrazado y con poca emoción, Matía Tejela no pudo hacer nada. El sexto, que empezaba a dejar ver el buen toreo de Tejela, se lesionó en los inicios de la faena y se estropeó lo que parecía que se presumía como una interesante faena.

Otros festejos de la temporada. Carteles, resultados y crónicas