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Festejo de abono
REAL
MAESTRANZA DE
SEVILLA
Tarde del domingo, 23 de mayo de 2004
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LAS IMÁGENES DEL
FESTEJO
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Más |
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Novillos de El
Serrano (bien presentados aunque sin rematar, escasos de
fuerza; 1º con peligro, 2º y 5º muy nobles, el 3º descastado, 4º y
6º pitados en el arrastre).
Diestros:
- Armando
López Azuquita. Estocada caída y tendida (saludos desde
el tercio); dos pinchazos, aviso, pinchazo, estocada baja (silencio).
- Salvador
Cortés. Estocada tendida (oreja); estocada en su sitio, rodó
sin puntilla (oreja y fuerte petición de la 2ª).
- Francisco José
Palazón. Dos pinchazos, estocada atravesada (silencio);
pinchazo, media estocada, descabello (silencio).
Banderilleros que saludaron: Curro Robles, Fernando Tellez, Manuel Castellano, Manolo Fuentes y Alcalareño.
Presidente: Gabriel Fernández Rey.
Entrada: media plaza.
Tiempo: soleado, con viento.
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
TorosComunicación,
ABC, Diario de Sevilla, El
Mundo.
 
PortalTaurino. MANUEL
VIERA. Salvador Cortés corta dos orejas y da otra vuelta de
tuerca
Una de las tardes más atractiva de este ciclo de novilladas en La Maestranza, sin duda enfatizada por los muchos seguidores de los dos diestros sevillanos, ha sido la de hoy. Y ha sido estimulante ver ahí abajo, en el ruedo, con ese panorama impreciso y cambiante del toro – novillo – ante la flojedad y la escasa casta, a Salvador Cortés dando su particular vuelta de tuerca buscando y alcanzando otro triunfo.
En esta segunda entrega, el toreo de Salvador Cortés, que sustituía al lesionado Sergio Marín, ha resultado aún más próximo al espectador, quizá, porque ha demostrado sincero interés en transmitir su verdad. Y eso se agradece. Lo suyo, afortunadamente, parece que es una realidad presente, reconocida hoy por una plaza que le aplaudió con fuerza su capacidad de comunicación con muleta y espada. Quizá, también, porque deslizó la tela, templó e hilvanó los lentos muletazos hasta alcanzar la faena deseada.
El toreo al natural de Salvador Cortés al noble, aunque flojo, segundo fue un compendio de largos, acompasados y ajustados muletazos prolongados con ese toque milagroso que detiene y atrapa la embestida para llevarla imantada a la tersa tela. El sevillano realizó una faena de menos a más, combinada con ambas manos, de ajustado, sencillo y delicado trazo, que fue firmada con una contundente estocada que aseguró el trofeo concedido. Al quinto, el mejor de la floja y descastada novillada de El Serrano, le realizó otra interesante faena en el que fondo y forma compitieron de igual manera, aunque le faltó continuidad y remate final. Eso sí, la fenomenal estocada, por sí sola, ya mereció la oreja concedida. Le pidieron dos, pero quizás venga bien recordar que aunque el público siempre tiene razón, hay varias clases de público y hay que satisfacer los gustos de todos. Y muchos quedamos insatisfechos por lo que abajo pasó para otorgar el decisivo premio que llevaba consigo la salida por la deseada Puerta del Príncipe.
Azuquita torea poco, y bien que se le nota. Quiere y no puede. Quiere hacer un toreo de tinte artístico, de pellizco, y sólo se queda en las formas, en el inicio de la puesta en escena. Con el inválido primero no escatimó esfuerzos para agradar. Su mala colocación a punto estuvo de costarle un serio disgusto. La fea voltereta, menos mal, sólo se quedó en el susto. Nada claro lo tuvo con el soso y noble cuarto. Desaprovechó algunas claras embestidas con un toreo exageradamente despegado, demasiada banal. Algún que otro natural a pies juntos, pero sin continuidad, destacó de una labor demasiado superficial.
Francisco José Palazón no ha tenido un afortunado debut en esta plaza. Sus buenas maneras con capa y muleta han sido vistas y no vista. El alicantino quiere hacer un toreo muy ortodoxo, bien colocado, de muleta por delante, con empaque, pero ni el flojo novillo lidiado en tercer lugar, ni el inválido sexto se lo dejaron hacer. Así, al menos, nos lo pareció.
Diario de Sevilla.
LUIS
NIETO. Cortés, a hombros en tarde 'light'
El novillero Salvador Cortés -que entraba como sustituto de Serafín Marín- volvió a puntuar en la Maestranza. Su triunfo lo consiguió con el mejor lote del encierro: un astado flojísimo, pero con calidad y otro de una bondad infinita, que embestía para bordar el toreo. El de Mairena del Aljarafe se quedó a medio camino. Con su primer oponente estuvo mejor que con el otro y aunque salió a hombros, tuvo ante sí la posibilidad de abrir la Puerta del Príncipe. Le faltó un empujón en ese segundo, un empujón que tenía que ver con un mayor asentamiento en su toreo.
La tarde, por su climatología, era de dulce. Los toros de El Serrano fueron de guirlache -por su excesiva blandura- y el público, bendito, aplaudió a rabiar algunos pares de banderillas vulgares y se volvió loco a la hora de solicitar trofeos. Cortés ganó a ley la primera oreja. La otra fue premio excesivo en una tarde light. La Maestranza continúa perdiendo entidad, solera y categoría.
Salvador Cortés pasó desapercibido en el capote al recibir al segundo, de buenas hechuras, al que cuidó en varas. Tras un tercio de banderillas muy accidentado de los peones, realizó una faena, por ambos pitones, que creció en intensidad. Con la diestra dibujó muletazos de buen trazo y muy largos. Y con la izquierda afloraron naturales lentos -lo de mayor enjundia del festejo-, rematados con buenos pases de pecho. El epílogo -ayudados por bajo, trincherilla y uno del desprecio- fue precioso. El volapié, en el que prácticamente tuvo que hacerlo todo el espada, acabó en una estocada certera.
Cortés tuvo en el precioso burraco que hizo quinto a un colaborador pastueño. Novillo de gran bondad y recorrido. El sevillano, tras un susto con el percal, eligió, acertadamente, los terrenos de las afueras, casi los medios, para un comienzo con la diestra a larga distancia, pero desceñido. Por la izquierda, también dio innumerables pases de manera entonada. Pero resultó difícil comprender las razones por las que se movía entre pase y pase; en lugar de atornillar las zapatillas, como le hemos visto en otras ocasiones anteriores para recoger y ligar las embestidas. Un espectador se lo recriminó a gritos desde el tendido "¡Qué lástima de novillo, hijo!". Mató de estocada para ganar otra oreja y el pasaporte para salir a hombros por la puerta de cuadrillas. Pero la oportunidad era para abrir la mítica Puerta del Príncipe.
Azuquita, con un mal lote, no brilló. Lanceó bien al castaño que abrió plaza. Con la muleta porfió con insistencia y valor ante un novillo flojísimo, que desarrolló peligro y apenas tuvo fijeza. En uno de los arranques por sorpresa, la prenda se echó a los lomos al trianero que, con la mejilla izquierda tintada por la sangre del novillo, continuó descalzo en un esforzado trasteo. Con el reservón cuarto se peleó en una labor desigual.
Francisco José Palazón, con un primer oponente bien hecho, que cumplió en varas y acabó reservón, elaboró un trasteo insulso. Se empecinó en lidiar en las rayas, en lugar de sacar al animal a las afueras y darle sitio. Ante el flojísimo sexto, que se rajó de inmediato, apenas logró interesar. Brindó a la torera Ángela -aquella que a mediados del siglo pasado consiguió que el derecho para las mujeres a poder ejercer la profesión- y mató mal, como sucedió en su anterior.
El final fue feliz para Salvador Cortés, aunque es hora de asumir que los cimientos de una Maestranza acrisolada en la exigencia se van resquebrajando a pasos agigantados.
El
Mundo. CARLOS
CRIVELL. Cortés triunfa en una plaza desconocida
Pocos pueden dudar sobre la pérdida de valores en la tauromaquia actual. El toro cada vez es menos toro; los toreros ya no lo parecen; no hay aficionados capaces de mantener el prestigio de una plaza y todo es un aluvión de público que no entiende las razones y fundamentos del toreo.
Así está la Fiesta de los toros y, como normal proyección de este deterioro, algunas plazas de solera acreditada, como la Real Maestranza, ya no se parecen a lo que fueron algún día.
Como todo es capaz de caer aún más bajo de lo ya conocido, la novillada de ayer en la plaza sevillana fue un muestrario completo de lo que nunca debe ser el histórico coso del Baratillo.
No se puede entender que la plaza permanezca impasible ante novillos inválidos, que se permitan puyazos bajos, que se aplaudan pares de banderillas vulgares e incluso que se obligue a saludar a sus autores y que haya júbilo por faenas con pases sin excesiva calidad, para acabar dando orejas de escasa categoría. Todo esto ocurrió en la Maestranza en la tarde de ayer.
La llegada de una multitud de turistas fue decisiva para adulterar el festejo. Los novillos de El Serrano fueron un conjunto sin fuerzas y sin casta. El segundo, de una invalidez extrema, exhibió nobleza. Sólo el quinto repitió embestidas potables. La plaza asistió inmutable al desfile de astados que no deben lidiarse en Sevilla.
La autoridad representada por el presidente no existe. Se limita a cambiar los tercios sin tener el detalle de exigir un novillo válido. Como no hay ninguna protesta, todo vale. Y a la hora de dar orejas, no se estrecha lo más mínimo. El presidente de hoy, Fernández Rey, no quiere ningún problema. Así no se puede presidir en Sevilla y menos defender la integridad del espectáculo taurino.
El festejo de esta tarde fue un cúmulo de atrocidades taurinas. No se picó bien a ningún novillo. Los saludos en banderillas se prodigaron por pares simplemente correctos. La música tocó como si fuera una plaza pueblerina. Los pasodobles comienzan y nunca acaban. Para el buen aficionado fue todo un suplicio insoportable.
Estas observaciones no pueden obviar que Salvador Cortés aprovechó el lote bueno que le cayó en suerte y triunfó. Lo mejor de su actuación fue el toreo con la izquierda de la segunda parte de la faena al primero de su lote, novillo noble pero inválido. La faena fue larga y le costó alcanzar el acoplamiento debido. Ese final y una buena estocada le permitieron pasear la oreja.
La faena del quinto fue de menos entidad. El novillo fue mejor y Salvador Cortés toreó con ganas, aunque su manera de salir de cada pase con un pequeño saltito para citar de nuevo, permisible en ocasiones, no parecía lo mejor, porque el toreo consiste, entre otras muchas cosas, en quedarse en el sitio para ligar. Este detalle y un toque muy violento en el toreo al natural fueron las notas negativas de una labor afanosa y con mucha ilusión por parte del novillero.
Comprendo las ganas de empujarlo de sus partidarios, pero pedir las dos orejas después de una estocada baja es un disparate. Salvador Cortés tiene oficio y demostró ganas; lo de las dos orejas es un exceso y el primero que debe entenderlo es el propio novillero.
De sus compañeros de cartel no hay mucho que contar. El trianero Azuquita resultó volteado por el primero y quedó muy mermado. Ese novillo que abrió plaza no tenía calidad ni raza. Tampoco la tenía el cuarto. Azuquita lo intentó con una res sin fuelle ni casta. No fue posible la brillantez. Se le notó forzado, pero tuvo mala suerte con un lote imposible.
El alicantino Francisco José Palazón toreó bien con el capote. Mejor en el sexto. El primero de su lote era un inválido que el presidente mantuvo en la plaza y perjudicó al torero. No hubo ninguna posibilidad de toreo.
El sexto le permitió una tanda notable con la izquierda. El animal no aguantó más y se acabó la novillada. Fue una pena ver una plaza tan alejada de sus raíces.
ABC.
FERNANDO
CARRASCO.
Salvador Cortés roza la del Príncipe en Sevilla
Se le pidió con fuerza la segunda oreja en el quinto novillo. Fue más con el corazón que con la cabeza. Dos orejas, una en cada uno de sus astados, cortó ayer Salvador Cortés, que se había ganado con justicia el puesto que dejaba vacante Sergio Marín. Y lo aprovechó de verdad. Con garra y tesón, pero también con temple y buen pulso. Manejando los tiempos que pedían sus enemigos y aferrándose al triunfo desde la base de la largura de su toreo. Se vino abajo el quinto y aunque lo tumbó de una gran estocada, la segunda oreja se hubiese antojado excesiva. Puede ser demasiado severo este juicio, pero a la postre no le habría beneficiado al sevillano. Dos orejas ganadas a ley. Va a tener tiempo de salir por la Puerta del Príncipe. Ayer la rozó.

Francisco
Mateos. TorosComunicación.
Salvador Cortés, con dos orejas, a punto de abrir la Puerta del Príncipe
El triunfador fue, siete días después de cortar en Sevilla una oreja, Salvador Cortés, que logró esta vez una de cada novillo si bien se pidieron las dos del quinto con fuerza. Su primera faena se basó en el toreo al natural, logrando muletazos de largo trazo y muy templados, toreando lento para aprovechar la nobleza del utrero pero que no estaba sobrado de fuerzas. Los remates por bajo finales de faena, de brazos desmayados, y un estoconazo hundiendo la empuñadura en rectitud le valió una oreja a ley.
El quinto fue otro buen novillo, aunque se rajó al final. El torero lo entendió perfectamente en una faena maciza y compacta, esta vez basada en el toreo con la derecha. Y es que si se le quiere buscar un ‘pero’ sólo cabría la escasa duda de si al natural podría haber algo más; pero por buscar un ‘pero’, ya digo. Faena redonda, de altísimo nivel, rotunda, cuajada, rematada con otro estoconazo del que salió rodado el toro y que de por sí ya valía una oreja. Se pidieron las dos orejas con mucha fuerza y el presidente concedió una. La segunda oreja le habría valido una Puerta del Príncipe a un joven sevillano que está por abrirse camino y pone todo su empeño, además de tener buenas condiciones, y tal como está el panorama taurino, a todos nos habría venido bien.
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