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Festejo de abono
REAL
MAESTRANZA DE
SEVILLA
Tarde del viernes, 23 de abril de 2004
Corrida de toros
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LAS IMÁGENES DEL
FESTEJO
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Más
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FICHA TÉCNICA
Ganadería: Jandilla
(bien presentados; faltos de fuerza 1º,2º,3º; muy bueno el 4º,
vuelta al ruedo, y 5º, aplaudido en el arrastre)
Diestros:
- César
Rincón (pinchazo sin soltar, estocada en su sitio. Palmas; estocada
tendida. Dos orejas)
- Finito
de Córdoba (pinchazo que escupe, media estocada, descabello. Silencio;
pinchazo que escupe, media estocada, dos descabellos. Saludos desde el
tercio)
- El
Juli (tres pinchazos, aviso, pinchazo, media trasera, descabello.
Silencio; dos pinchazos, estocada. Silencio)
Banderilleros que saludaron: Curro Molina, de la cuadrilla
de Finito de Córdoba, en el 5º, José Antonio Carretero y Emilio
Fernández, ambos de la cuadrilla de El Juli, en el 6º. Con el
capote de brega destacaron Curro Molina, en el 2º, y José Antonio
Carretero, en el 3º.
Presidente: Juan Murillo.
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
El País, El Mundo, TorosComunicación,
ABC, Diario de Sevilla
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LOS PROTAGONISTAS
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César
Rincón
"La vuelta con Sevilla no ha podido ser mejor. Es como un sueño que se ha hecho realidad. Me vestí de torero para disfrutar de mi profesión y no me cabe ninguna duda de que ésta es la mejor expresión de lo mismo. Las distancias, han sido fundamentales, porque si no se la doy al toro la faena no hubiera sido nunca lo que ha sido. Luego la colocación y también la mano siempre muy baja. Ese ha sido el secreto de la faena. El toro venía muy franco y recto pero si al toro le cortabas las distancias no quería. La plaza ha estado impresionante, tenía los pelos de punta cuando remataba y veía a la gente entregada.
La vuelta con Sevilla no ha podido ser mejor. Es como un sueño que se ha hecho realidad. Me vestí de torero para disfrutar de mi profesión y no me cabe ninguna duda de que ésta es la mejor expresión de lo mismo. Las distancias, han sido fundamentales, porque si no se la doy al toro la faena no hubiera sido nunca lo que ha sido. Luego la colocación y también la mano siempre muy baja. Ese ha sido el secreto de la faena. El toro venía muy franco y recto pero si al toro le cortabas las distancias no quería. La plaza ha estado impresionante, tenía los pelos de punta cuando remataba y veía a la gente entregada." |
Finito
de Córdoba
"El primero no he podido hacer prácticamente nada, el toro se defendía, con la cara arriba... A quinto, la he dado muletazos buenos, un
jandilla que quería pero no podía. Ha sido una pena que se apagara y no aguantara más. Lo mejor es que los muletazos buenos que he conseguido los ha visto la Maestranza y me he sentido muy a gusto con el toro.
El primero no he podido hacer prácticamente nada, el toro se defendía, con la cara arriba... A quinto, la he dado muletazos buenos, un
jandilla que quería pero no podía. Ha sido una pena que se apagara y no aguantara más. Lo mejor es que los muletazos buenos que he conseguido los ha visto la Maestranza y me he sentido muy a gusto con el toro." |
El
Juli
"No
ha habido suerte en el sexto no he podido hacer nada. Toda la
plaza ha podido verlo y que a pesar de todo lo he intentado como
se merece la Maestranza. No he puesto banderillas porque no he
visto que los toros tuvieran condiciones y no restarles gas para
la faena de muleta. La faena al primero ha sido importante aunque
tenía que haberlo matado bien. No ha habido suerte en el sexto no
he podido hacer nada. Toda la plaza ha podido verlo y que a pesar
de todo lo he intentado como se merece la Maestranza. No he puesto
banderillas porque no he visto que los toros tuvieran condiciones
y no restarles gas para la faena de muleta. La faena al primero ha
sido importante aunque tenía que haberlo matado bien."
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Diario de Sevilla.
LUIS
NIETO. La Maestranza se rinde ante la verdad de César
Rincón
El César del toreo, Rincón, puso bajo sus pies a
una Maestranza enloquecida, que se volcó con el veterano maestro de
manera incondicional durante la lidia del cuarto, un toro al que le dieron
la vuelta al ruedo por su bravura y nobleza. La emoción se disparó a
raudales y poco importó la colocación de la espada o que el toro no
fuera completo en el tercio de varas. Porque la verdad del torero
colombiano impactó en los corazones de los espectadores, lo mismo que la
música brava de Violinista. Al galope del toro, la quietud del torero. A
la casta del animal, la sangre fría del hombre. Y todo ello en escenas
que se estrellaban en los corazones de las miles de personas que se
sobrecogían en esos golpes enormes de emoción. Ésa fue la grandeza del
triunfo de este César Rincón que nos refrescó sus días de gloria y que
conquistó ayer la Maestranza tras vencer una grave enfermedad que le hizo
retirarse. Un César que volvió a demostrar esa raza que sólo poseen las
máximas figuras y que nos rememoró aquella hazaña de sus cuatro salidas
a hombros en Las Ventas en una misma temporada.
El misterio de ese impacto emocional no tiene otra palabra que la verdad,
una verdad con la que César Rincón se entregó ante ese cuarto toro sin
reserva alguna. Y la maestría de alguien que ha sido emperador en lo suyo
para calibrar que era toro para no acortarle distancias, para cuidarlo en
varas, cosa que hizo con dos puyacitos, y para darle mucho sitio y tiempo
entre tanda y tanda para que se refrescara, lo que le permitió la ligazón.
Así se fue confiando el animal y creciendo, galopando con son y metiendo
la cara con nobleza. Los cites con la muleta, a más de treinta metros,
fueron impresionantes. ¡Qué agallas para aguantar a esa distancia al
toro! ¡Qué corazón! Y no solamente con la muleta, sino cuando a veinte
metros citó como un poste para torear a pies juntos a la verónica con
una serenidad pasmosa. Así no cabe la mentira. Y el público se rindió
incondicionalmente. Después de sus impresionantes lances , el torero, muy
concentrado, abrió la faena con los pies atornillados e inmediatamente se
fue a los medios. Alguien desplegó una bandera de Colombia, en una grada
de sol, premonitoria del éxito. En los medios, con la derecha, citó y
embarcó a un animal que acudía como un rayo. Con la derecha, cuatro
pases y el de pecho hicieron estallar una ovación estruendosa y la banda
del maestro Tejera se arrancó con un pasodoble. Otra vez de largo, larguísimo,
cuatro derechazos y el de pecho en un ladrillo. Continuó tragando el
torero con la izquierda, con el astado bajando su diapasón, en una tanda
en la que metió los riñones en vibrantes naturales, entre los que perdió
pasos. Más en corto, por ese pitón, afloraron naturales sueltos de gran
belleza. Cuando el torero cogió la espada, se notó su valor sereno y su
veteranía. Nada de precipitación, ni mucho menos temblores. La extrajo
con suavidad, sin perderle la cara al toro. En la suerte natural, se
aseguró a media distancia metiendo el brazo. Estocada atravesada, muy
tendida y efectiva. El público pidió mayoritariamente las dos orejas,
que concedió la presidencia. Y también pidió la vuelta al ruedo para el
toro. Cuando lo arrastraban las mulillas, el propio Rincón, que lo
ovacionaba, echó el alto a los mulilleros para que se cumpliera con el
reconocimiento póstumo a un gran toro.
Rincón, en el anterior, realizó un trasteo correcto, sin emoción, con
un toro con nobleza que adoleció de falta de fuerzas.
Finito de Córdoba no dio con la clave de su primero, si es que la tenía,
porque cuando le bajaba la mano, el toro perdía las suyas, y cuando lo
pasaba a media altura, protestaba.
En el quinto, arreado tras la convulsión del éxito de Rincón, el cordobés
derrochó empaque en dos tandas con la diestra; pero el toro se le acabó
pronto por el izquierdo. Los muletazos, algunos arrastrando la muleta,
fueron soberbios. Hubiera cobrado una oreja, si no falla con los aceros.
El Juli también hubiera conseguido un trofeo en su primero. Entendió al
toro, muy justito en todo, principalmente en fuerzas. Dos tandas con la
diestra, de buen trazo, la primera rematada con un buen pase de pecho y la
segunda con uno del desprecio. Palmas... Música... Pero el animal se quedó
corto por el izquierdo y surgieron algunos naturales sueltos de calidad.
Mató mal y sin el habitual y feo salto con el que se tira. En el sexto,
lo intentó, pero no hubo cosecha, pues el toro, encastado, salió
derrotado del tercio de varas.
El espectáculo es de los que hace afición. La emoción se apoderó de la
Maestranza porque hubo verdad en un torero y bravura en un toro.
PortalTaurino. MANUEL
VIERA. Impresionante Rincón
Parecía evidente que cualquier intento de traer a la memoria el auténtico
toreo de Cesar Rincón, se encontraría con el obstáculo que representa
el toro de hoy. Animales inmóviles, desrazados, apagados, que ni siquiera
llegan a los inicios de faena, difícil es que puedan servir para ejecutar
el característico toreo del diestro colombiano.
También la vida avanza sin concesiones. El tiempo perdona en muy contadas
ocasiones. Pero Rincón burló al tiempo en la tarde sevillana. Salió el
toro y apareció el torero.
Con carácter de rancia nostalgia, se ha conmemorado en los tendidos y
gradas, y de que manera, la vuelta de Cesar Rincón a La Maestranza.
Francamente la hemos celebrado admirando la pasión con que ejecuta su
toreo en los medios de la plaza. Impresionante e impagable esfuerzo, el
realizado por el diestro de Bogotá, para esperar impávido el bravo
galope del jandilla desde una distancia de más de treinta metros. Y no
una vez, sino dos, tres, cuatro… y hasta cinco veces se dejo venir la
encastada embestida para parar, templar y mandar, tal y como dictan las
reglas del toreo.
Nadie cultiva como Cesar Rincón el más puro sentimiento de su auténtica
tauromaquia. Los muletazos surgieron lentos, hilvanados, exactos… como
dotado de una sensibilidad indefectible. Sólo un toreo así es capaz de
crear tanta emoción en la plaza. Puedo decir sin exageración que Rincón
toreó arriesgando la vida, jugándose el estar o no estar.
Resulta evidente que Cesar Rincón se divierte toreando. Disfruta en el
ruedo. Y todos los que lo vimos nos divertimos y disfrutamos con él. Y
nos emocionamos con la pureza del largo e infinito muletazo, con la ligazón
del profundo natural, del cite de frente. Nos emocionamos con la bravura
del cuarto jandilla, a pesar de que lo dejaran sin picar para que
conservara intacta su limitada fuerza.
Una admirable faena a la que puso firma con la contundente estocada.
El primero del colombiano, soso y noblón, no transmitió sensación
alguna. Rincón se limitó, sin demasiada convicción, a matarlo con
brevedad.
Juan Serrano Finito de Córdoba le hizo su toreo, basado en el sutil y
lento trazo de su muleta, al quinto, otro bravo toro que permitió también
el lucimiento en banderillas de Curro Molina, extraordinario torero, que
tuvo lo honores del pasodoble tras clavar el tercer par al jandilla.
Finito realizó un trasteo bien trazado, templado y ligado, pero no tan
bien rubricado con la espada. La belleza generalizada de las series con la
diestra y el entusiasmo de los que la vieron, certifican el atractivo de
una faena, que aunque decayó en el toreo al natural, no defraudó a sus
muchos seguidores. Con el descastado segundo estuvo desconfiado y anodino.
Y El Juli, que tuvo la suerte de espaldas en el sorteo, dibujó muy buenos
muletazos al sosote, aunque noble, tercero, pero sin provocar ninguna
emoción. Sólo algún que otro natural a pies juntos, y un cambio de mano
para seguir hilvanando los bien trazados y relajados muletazos calentaron
el ambiente. Y para colmo, la espada esta vez no entró. Con el inválido
sexto no tuvo ninguna opción para el lucimiento.
El País. ANTONIO
LORCA. Triunfo del toreo moderno
César Rincón consiguió un triunfo de clamor en el cuarto toro de la
tarde, al que se le dio la vuelta al ruedo con todo el honor que el premio
supone en esta plaza. Violinista era su nombre, pesaba 546 kilos y
ya forma de la historia de la Maestranza. Ahí es nada. Al igual que su
matador, que reverdeció los viejos laureles de su mejor época, citó de
largo, en el centro del ruedo, desde muy largo, y ligó cuatro tandas, las
dos primeras por el lado derecho, con el toro embebido en la muleta; muy
sentidos los naturales, los últimos a pies juntos y ceñidos, que
desbordaron el entusiasmo en los tendidos.
El toro, muy alegre, se comía literalmente la muleta desde que el
diestro se la mostraba a varias decenas de metros.
Fue un triunfo cabal, legítimo, bien rematado con unos garbosos
ayudados y un espadazo que cayó tendido y bajo. Clamorosa fue la vuelta
la vuelta al ruedo del torero colombiano, al igual que la del toro de
Jandilla.
Por cierto, el toro no fue picado, y se mostró como un inválido para
el que una parte del público pidió su devolución. Es más, salió del
caballo con un pitón totalmente escobillado. Y pujanza no mostró
ninguna.
No es que se le quiera restar méritos a nadie, pero la verdad sólo
tiene un camino. Fue un toro noble, de casta y con recorrido, pero no fue
poderoso, serio y fiero. Un buen toro moderno.
De parecido estilo fue el segundo toro de Finito, de bondad infinita y
dulzura empalagosa, - también con un pitón escobillado- al que el Finito
toreó con elegancia y sentimiento, en una labor que supo a poco, aunque
destacaron algunos larguísimos y hondos derechazos. No fue el Finito
desmayado y artista de antaño, pero dejó el sello de su calidad.
Y a El Juli le tocó otro noble, el tercero, y lo toreo con sobriedad y
suficiencia, de menos a más, pero la faena careció de emoción, porque
su toreo adolece de garra. Lo mejor, una tanda de naturales a pies juntos
que remató, sin enmendarse, con un largo pase de pecho.
Hubo, pues, momentos para la alegría, que no es poco para los momentos
que corren. Pero no hubo conmoción, ese sentimiento de recuerdo
imborrable que sólo se produce cuando se encuentran el toro bravo de
verdad y el artista irrepetible.
Ni Rincón ni Finito quisieron ver a sus primeros oponentes. Puede
parecer extraño, pero así fue. Ambos le dieron de lo lindo a sus toros
en el caballo, y aquéllos, que no eran precisamente Maciste el Coloso,
quedaron derrengados. Uno y otro muy tristes y desanimado; y los dos
hicieron el ridículo a la hora de matar, echándose fuera con todo el
descaro del mundo. El Juli lo intentó en el último, pero el pobre toro
no podía con su alma.
Pero hubo también toreo de siempre, y lo protagonizó, sobre todo,
Curro Molina, de la cuadrilla de Finito, que lidió magistralmente al
tercero -su toreo a una mano fue excelso-, y banderilleó asomándose al
balcón al quinto. Su compañero Juan Montiel manejó el capote son
soltura y autoridad, y José Antonio Carretero, de la cuadrilla de El Juli,
se lució en banderillas.
¡Viva la alegría del toreo moderno! Y que dure. Pero vaya, también,
un recuerdo emocionado para el toro-toro...

El Mundo. JAVIER
VILLÁN. Rincón puro, sobre un 'jandilla' impuro
La armó Rincón. Cortó las dos orejas a un jandilla devaluado y recordó al mejor Rincón de los viejos tiempos. Lo que no recordaba a aquellos toros era el flojísimo jandilla, que Rincón cuidó con mano de seda y que el presidente, contra todo pronóstico, mantuvo en el ruedo.
También cuidó mucho al jandilla el picador, que resolvió el trámite con dos leves picotazos muy aplaudidos por la cátedra y por la clase de tropa de La Maestranza. Unanimidad total con Rincón y con el toro. Salvo alguna voz entusiasta que, en vez de la vuelta al ruedo hubiera preferido el indulto. Dicho esto, enhorabuena por este reencuentro con Rincón al que siempre en La Maestranza las cañas se le habían tornado lanzas, incluida una cornada espeluznante hace años. Si estas dos orejas sirven para recuperar al Rincón valiente, torero y de purísimo trazo en la ejecución de lances y muletazos, ¡arriba los corazones!
Rincón citó de lejos, primero por la derecha y luego por la izquierda, y el toro se arrancaba con la inmensa alegría de su temperamento bravo, mediatizada por la inmensa tristeza de su flojera. El toro, ya en la jurisdicción de la muleta, colocada en su sitio con el temple y la muñeca de Rincón, la perseguía con inocencia y fe. Consumada la serie y rematada, Rincón volvía a dar tiempo y espacio al jandilla para que recuperase las pocas fuerzas que le quedaban y vuelta a empezar: cite largo y el toro embrujado por la muleta de Rincón. La plaza era un hervidero y César Rincón había hecho olvidar la decrepitud del jandilla.
Características similares tenía el quinto, sólo que con un poco más de fuerzas. Y Finito de Córdoba empezó a parecerse a Juan Serrano que es el yo secreto y más auténtico del cordobés, el que le dio gloria y llegó a convertirlo en la luminosa esperanza de la tauromaquia hace unos años. La faena no alcanzó intensidad sublime, mas tuvo elegancia, trazo limpio y esa decorosa limpieza de los toreros artistas cuando se sienten a gusto. Algunos derechazos fueron realmente importantes, pero yo creo que lo mejor fue la ligazón de la faena envuelta en la espléndida plasticidad de Juan Serrano.
En buena lógica esta habría de ser, y lo es, la historia de una corrida de toros inválidos, algunos descastados, y todos nobles, algunos de ellos tan reventados de pitones como de patas, en la que César Rincón vio recompensada su torería eterna con dos orejas. Y como El Juli tuvo el buen gusto de no banderillear a sus toros, tuvimos la suerte de ver a Carretero, uno de los mejores peones del momento, centrado en su eficacia lidiadora por el afán banderillero del matador.
Pero la verdadera suerte y gloria fue ver a Curro Molina, inmenso corriendo el segundo a una mano, y clavando en el otro dos pares monumentales por los que fue obligado a desmonterarse; saludo que podía haber hecho también Juan Montiel, otro excelente peón.Y aquí acabó todo pues el sexto, para desesperación de El Juli y de los juligans, alcanzó cotas de invalidez y falta de casta insuperables; o acaso superables solamente por el primero y segundo con los que Rincón y Finito de Córdoba no pudieron apuntar ni siquiera la débil profecía del triunfo rinconista en el cuarto y del éxito parcial de Juan Serrano en el quinto.
A Julián López le tocó bailar con la más fea, si bien la dócil movilidad del novillo tercero pudo haberle proporcionado un triunfo relativo. La verdad es que en esta tarde de toros, algunos de los cuales arrastraban su indudable calidad sobre un patético esqueleto maltratado, todo hay que mirarlo con mucha relatividad.A El Juli se le despidió con evidentes signos de desaprobación.La armó Rincón. Cortó las dos orejas a un jandilla devaluado y recordó al mejor Rincón de los viejos tiempos. Lo que no recordaba a aquellos toros era el flojísimo jandilla, que Rincón cuidó con mano de seda y que el presidente, contra todo pronóstico, mantuvo en el ruedo.
También cuidó mucho al jandilla el picador, que resolvió el trámite con dos leves picotazos muy aplaudidos por la cátedra y por la clase de tropa de La Maestranza. Unanimidad total con Rincón y con el toro. Salvo alguna voz entusiasta que, en vez de la vuelta al ruedo hubiera preferido el indulto. Dicho esto, enhorabuena por este reencuentro con Rincón al que siempre en La Maestranza las cañas se le habían tornado lanzas, incluida una cornada espeluznante hace años. Si estas dos orejas sirven para recuperar al Rincón valiente, torero y de purísimo trazo en la ejecución de lances y muletazos, ¡arriba los corazones!
Rincón citó de lejos, primero por la derecha y luego por la izquierda, y el toro se arrancaba con la inmensa alegría de su temperamento bravo, mediatizada por la inmensa tristeza de su flojera. El toro, ya en la jurisdicción de la muleta, colocada en su sitio con el temple y la muñeca de Rincón, la perseguía con inocencia y fe. Consumada la serie y rematada, Rincón volvía a dar tiempo y espacio al jandilla para que recuperase las pocas fuerzas que le quedaban y vuelta a empezar: cite largo y el toro embrujado por la muleta de Rincón. La plaza era un hervidero y César Rincón había hecho olvidar la decrepitud del jandilla.
Características similares tenía el quinto, sólo que con un poco más de fuerzas. Y Finito de Córdoba empezó a parecerse a Juan Serrano que es el yo secreto y más auténtico del cordobés, el que le dio gloria y llegó a convertirlo en la luminosa esperanza de la tauromaquia hace unos años. La faena no alcanzó intensidad sublime, mas tuvo elegancia, trazo limpio y esa decorosa limpieza de los toreros artistas cuando se sienten a gusto. Algunos derechazos fueron realmente importantes, pero yo creo que lo mejor fue la ligazón de la faena envuelta en la espléndida plasticidad de Juan Serrano.
En buena lógica esta habría de ser, y lo es, la historia de una corrida de toros inválidos, algunos descastados, y todos nobles, algunos de ellos tan reventados de pitones como de patas, en la que César Rincón vio recompensada su torería eterna con dos orejas. Y como El Juli tuvo el buen gusto de no banderillear a sus toros, tuvimos la suerte de ver a Carretero, uno de los mejores peones del momento, centrado en su eficacia lidiadora por el afán banderillero del matador.
Pero la verdadera suerte y gloria fue ver a Curro Molina, inmenso corriendo el segundo a una mano, y clavando en el otro dos pares monumentales por los que fue obligado a desmonterarse; saludo que podía haber hecho también Juan Montiel, otro excelente peón.Y aquí acabó todo pues el sexto, para desesperación de El Juli y de los juligans, alcanzó cotas de invalidez y falta de casta insuperables; o acaso superables solamente por el primero y segundo con los que Rincón y Finito de Córdoba no pudieron apuntar ni siquiera la débil profecía del triunfo rinconista en el cuarto y del éxito parcial de Juan Serrano en el quinto.
A Julián López le tocó bailar con la más fea, si bien la dócil movilidad del novillo tercero pudo haberle proporcionado un triunfo relativo. La verdad es que en esta tarde de toros, algunos de los cuales arrastraban su indudable calidad sobre un patético esqueleto maltratado, todo hay que mirarlo con mucha relatividad.A El Juli se le despidió con evidentes signos de desaprobación.
ABC. Zavala
de la Serna. El César maduro, el Rincón de siempre
El César maduro, puro Rincón, el maestro de las distancias o de la larga distancia, catapultó la Maestranza ayer a los terrenos de los sueños. El túnel del tiempo, doce años atrás, más uno. Madrid, mayo, 1991... Puerta Grande. Un colombiano con casi una década de alternativa revolucionaba el toreo con el toreo de siempre... Al día siguiente volvía a reventar Las Ventas, como ayer Sevilla. Rincón y su verdad volcaban el panorama, con una diferencia: la edad. Desde entonces nadie lo ha hecho. Ni aquí ni en ningún sitio. ¿Qué joven aspirante a torero se ha ido a los medios, ha citado con veinte metros, el pecho generoso, como la panza de la muleta tersa y adelantada, la pierna atravesada en la vía, las zapatillas ancladas en el albero, quién? César Rincón, cuarenta años, la tez cetrina, el cuerpo recogido, los cabos negros de entonces bordeando las luces doradas de hoy; la salud recuperada, con ciencia y casta, de las transfusiones y la hepatitis de la cornada de Palmira. Rincón hace seis días lo había bordado en un festival en la calle de Alcalá: premonitorio.
Galopó desde su salida el cuarto toro de Jandilla, muy descolgado, con hechuras de embestir y con un son entregado a los vuelos del capote del César, que juntó las zapatillas y cimbreó los brazos hasta la revolera mientras el domecq se desplazaba lejos. Rincón ya lo había visto y lo cuidó y mimó en el caballo, la única y pequeña duda para la vuelta al ruedo posterior en el arrastre. Pelillos a la mar con su remontada posterior. Brindó el maestro bogotano al público y se cerró en el tercio, donde por alto oxigenó aún más al toro. Y luego, desde el mismo platillo, en la boca de riego, o algo más allá, llamó al bravo jandilla, «¡já, toro!». Y a la voz galopó. El torero daba el pecho, la franela roja y plana, los muslos canela y oro; y corrió la mano baja, la tela a rastras, la cintura flexible y los riñones encajados, la ligazón, el compás abierto. Y más de lo mismo en una nueva tanda, en medio de una marejada de oles y palmas que brotaban de las manos que se frotaban los ojos incrédulos: ¿cómo un veterano hacía lo que no hacen los que dividen su edad entre dos? Los naturales en la misma sintonía, libre la muleta de la espada, la muñeca suelta, el empaque ganado con los años que curten y asoleran y un soberano pase de pecho de pitón a rabo; hubo todavía una serie más que arrancó frontal, unidos los pies, y siguió con las piernas entreabiertas, cuando encajó una colada. Y el cierre, un ayudado por arriba y otro por bajo, y a matar. Las dos orejas cayeron por su propio peso; la vuelta al ruedo para «Violinista», también.
El César de Colombia había estado perfecto y pulcro con un jandilla que no transmitía nada, andando en torero lidiador, sin un enganchón, medido en la colocación y en la media distancia.
Después del lío, le tocó el turno a Finito, con otro buen toro (quinto), especialmente por el pitón derecho. Pero, claro, la diferencia de concepto es abismal. Perfilero, ofreciendo siempre la cacha en los cites, toreando más para allá que para acá... La gente le jaleó mucho la largura de los muletazos y su velocidad, supongo. Entre todo resplandeció un ayudado por bajo, un pase de pecho y algún redondo trazado hacia adentro; a izquierdas el toro no quería. Si no pincha le corta la oreja. El suyo anterior careció de los mínimos de casta.
El Juli estuvo muy inteligente con el noble tercero, al que ayudó en un principio dándole sitio para luego forzarle más, hilvanado, templado y a gusto. Por raro que parezca, con el acero encontró hueso cinco veces. Tampoco banderilleó al sexto, que se moría en pie.
Si pasásemos de puntillas por el duelo de toreros de plata que hubo en el ruedo, obviaríamos un punto importantísimo de la preciosa tarde. A Curro Molina le tocaron la música con los palos, Montiel lo bordó con el capote, y viceversa; y también Carretero en su faceta de bregador y de banderillero. Toreros de plata. Toreros.

Francisco
Mateos. TorosComunicación.
Rincón, once años después
Fue un toro de Cuvillo el que le abrió las carnes a Rincón en la Feria de hace más de diez años. Un toro que le hundió su pitón en el muslo derecho al entrar a matar en una dramática escena, chorreando sangre por la taleguilla del torero colombiano. Mientras Rincón volaba en brazos de los toreros camino de la enfermería, el de Cuvillo caía en la arena. Con la urgencia de meterle mano Vila al bravo torero, aquel día de hace más de diez años, con la misma urgencia digo, los banderilleros de la cuadrilla de Rincón le llevaban las dos orejas a la enfermería, las dos orejas de un toro de Cuvillo que llevaba la muerte casi en sus pitones. Y si en aquella tarde Rincón casi se moría con dos orejas en la mano, esta tarde Rincón ha resucitado para la temporada con otras dos orejas en la mano.
Su primero, sosote y sin emoción, no permitió a Rincón nada. El cuarto fue un toro que fue a más. En el caballo apenas se le picó porque no tenía fuelle. Pero en banderillas y en la faena, el toro fue a más, mucho más. Rincón le dio mucha distancia, muchos metros. El toro tenía la virtud de la fijeza y la prontitud al cite. Le ponía la muleta por delante y el toro de Jandilla iba. La emoción se apoderó de todo. César toreó como en el Olimpo del toreo. Lució el toro y se lució él, bajando la mano, alargando las embestidas, siendo muy generoso con el ejemplar de Jandilla. Por la derecha llegaron las mejores tandas. Emoción y vibración en la faena. No falló al entrar a matar y agarró una estocada, algo tendida y atravesada, pero eficiente para el premio de las dos orejas. El toro, también se llevó el premio de la vuelta al ruedo.
Finito de Córdoba no se acopló con el segundo, al que bregó excelentemente Curro Molina. El toro no sirvió y el cordobés optó por la ley del mínimo esfuerzo: "Este no sirve". El que sí sirvió fue el quinto, noble y repitiendo embestidas, al que banderilleó fenomenal Curro Molina y bregó con brillo Juan Montiel. El torero le cogió el aire rápido, muy decidido esta vez, ajustándose y gustándose en los muletazos. Asentado y muy maduro. Cuando tenía una oreja segura en el esportón... la espada, ¡ay!
El Juli no quiso poner banderillas en ninguno de los dos. No pasa nada. A su primero le hizo una faena de menos a más, que es lo bueno, templando y toreando despacio. Los últimos naturales, en un palmo de terreno. Cuando parecía que la oreja estaba ya camino de su pueblo de Velilla de San Antonio, al espada se le cruzó por medio eso, la espada, para pinchar y perder el trofeo. El último, blando de remos, no fue material apto.
Otros
festejos de la temporada. Carteles, resultados y crónicas
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