GANADERÍAS DE ANDALUCÍA
Almería
Cádiz
Córdoba
Granada
Huelva
Jaén
Málaga
Sevilla

 

Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del jueves, 22 de abril de 2004
Corrida de toros

LAS IMÁGENES DEL FESTEJO

Más

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Victorino Martín (bien presentados y bien armados. de diferente juego: 1 y 2 mansearon; el 5º, con peligro, pitado en el arrastre; 3º, 4º y último, bravos, enrazados)

Diestros: 

  • Antonio Ferrera (meteysaca, media estocada, pinchazo, dos descabellos. Silencio; media lagartijera -goyetazo-. Silencio pitos)
  • El Cid (estocada entera un poco tendida y caída. Aplausos; estocada tendida y atravesada, aviso, dos descabellos. Silencio y pitos)
  • Luis Vilches (pinchazo hondo, estocada entera. Vuelta al ruedo; estocada pescuecera que le parte la yugular. Saludos de despedida)
Presidente: Antonio Pulido

Crónicas de la prensa:  PortalTaurino, El País, El Mundo, ABC, TorosComunicación, Diario de Sevilla

LOS PROTAGONISTAS 

Antonio Ferrera
"La cosa no ha salido como esperaba. Pienso que la gente ha estado un poco fría conmigo y eso se nota en el ánimo. Los toreros lo percibimos y creo que se me ha medido mucho hoy en la Maestranza. Nosotros tenemos que estar por encima de esas vicisitudes y sobre todo el torero siempre tiene que estar satisfecho con uno mismo."
El Cid
"No me he llevado ninguno. El primero una alimaña de victorino quedándose debajo y el segundo un palurdo, sin clase, sin raza, sin casta, sin embestir... venía siempre andando, nunca metido en la muleta. Menos mal que el lote de Luis se ha dejado y transmitido algo y ha estado muy bien. La pena ha sido la espada que le ha privado de cortar un par de orejas."
Luis Vilches
"He tenido el triunfo en las manos. Ha sido una pena aunque en parte me voy contento porque la corrida era muy importante para mí. Creo que se me ha visto muy firme, y muy consciente de lo que hacía en todo momento. El sexto toro era muy diferente al tercero y lo que tenemos que hacer los toreros que queremos funcionar es precisamente entender los distintos comportamientos."
Realiza: Emilio Trigo

 


El Mundo.
JAVIER VILLÁN

Los victorinos llenaron la plaza y salieron mansos con muchos problemas, aunque alguno fuera toro de oreja. Los victorinos, con gran aparato de pitones y pavor de casta mansa en general, se comieron crudos a Ferrera y a El Cid; a Vilches le pusieron a la brasa, vuelta y vuelta. Salvo esa ligera precaución, que acredita la buena encarnadura torera de Vilches, los victorinos se dieron un atracón de torero, hasta no dejar uno vivo. Bueno, esto es una metáfora porque los diestros Ferrera, El Cid y Vilches, afortunadamente se fueron por su pie al hotel, aunque todavía con el resuello atrincherado en el cuerpo.

Así las cosas, yo creo que la mejor faena del día fue la de Andrés Amorós en la presentación del libro de Crivell, Lorca, Nieto y compañeros mártires, facción de la crítica sevillana, intitulada independiente. Y me consta que a Amorós no le ha echado de comer el alcalde de Sevilla, pues Amorós se volvía inmediatamente a Madrid, en el AVE, a presidir una misa con mucha parafernalia por Miguel de Cervantes. Ni Amorós ni ningún cronista de Madrid, para hablar bien de Sevilla, necesita que le eche de comer el alcalde como sugiere un articulista sevillano. Amorós reflexionó sobre la fugacidad de la belleza de un lance, justo cuando está en la fugacidad de su relevo de la Dirección General de Teatro; una fugacidad que ha durado varios años y que viene a ser algo así como la eternidad de un muletazo bueno en La Maestranza.

Canto de amor a Sevilla, que no es el nerudiano Canto de amor a Stalingrado, pues Amorós es menos político que Neruda y una corrida en La Maestranza no es el cerco de la ciudad martirizada por los nazis. Sonaban a pregón bien hecho las palabras de Amorós por la mañana, sonaban mucho mejor que muchos de los muletazos de Ferrera, El Cid y Vilches por la tarde; pregón torero sin recurrir a tonterías como proclamar a Sevilla «territorio libre de butifarra».

Así pues quedamos en que ninguna de las faenas alcanzó la brillantez de la faena matutina de Amorós; si bien es necesario reconocer que lidiar en los salones de Caja Rural es más fácil que hacerlo en La Maestranza y con victorinos. Dicho sea esto en disculpa de Ferrera, El Cid y Vilches, que fue el más lucido de la tarde.El primer victorino se revolvía a mitad del pase y Ferrera no pudo resolver esa dificultad; o sólo la resolvió a medias, que es peor. Pese a que en dos muletazos se desplazó largo, el toro acabó pegado y buscón.

Mejor fue el cuarto y esa fue la desgracia de Ferrera con el que el público estuvo inmisericorde. Anduvo Ferrera sobrado en banderillas, sobre todo en un par al quiebro, mas no acabó de entender a un victorino que, desde su pelea en el caballo, había cautivado a La Maestranza. Y ya se sabe lo que ocurre cuando la afición toma partido por un toro: bronca al matador.

Algo parecido le ocurrió a El Cid, bien, sin excesos, a la verónica e incapaz con la muleta tanto en el peligroso primero como con el andarín e incierto quinto por el que, un poco injustificadamente, también tomó partido el público. El Cid no halló al destinatario de su brindis, el cual no se perdió nada, y se tiene la sensación de que tampoco encontró el sentido y destino de sus toros. O sea, que un mismo despiste o una misma desconfianza, presidieron labor torera y protocolo.

El que mejor anduvo con estos complicados toros, ya se ha dicho, fue Luis Vilches al que, sin lograr redondear faena, esta tarde debe darle confianza. Desde que se enzarzó en una brega a caraperro con el tercero en los medios, se advirtió su buena disposición para la batalla. Se dobló por bajo, firme y decidido nada más desplegar la muleta y el toro empezó a manifestarse con cierta docilidad de embestida, corta pero docilidad al fin y al cabo.Fueron, acaso, los toros más propicios para el triunfo; los que posibilitaron que Vilches, pese al broche del infame bajonazo exhibiera decisión y firmeza.


PortalTaurinoMANUEL VIERAEl apasionante toreo de Luis Vilches

Alguien dijo que la “la verdad está en la emoción”, y añado, que la verdad es emoción. Emoción con el toro y emoción con el toreo. Cuando ambos son auténticos, todo lo hecho abajo incita a la voluntad de vivir, de sentir, de emocionarse.

La tarde de los victorinos ha estado cargada de sensaciones. La expectación creada con la vuelta a La Maestranza de tan deseados toros se ha visto justificada, a medias, con lo sucedido en el ruedo. Porque aunque hubo toros buenos, el conjunto de la corrida no alcanzó las altas cotas esperadas. Pero, claro, visto lo visto días atrás, los de hoy parecen pura exquisitez del campo bravo. Corrida al uso de la casa, complicada y brava, peligrosa y noble, porque de todo hubo. Yen especial, altas dosis de distintas emociones

Emoción que transmitió Luis Vilches con un toreo, sin duda, apasionante. Todo un repertorio de muletazos fascinantes, magistralmente ejecutados por quien tiene una concepción del toreo basada en la profundidad y el sentimiento. La quietud, el ajuste, la lentitud de largo e infinito trazo, la muleta arrastra… son los aspectos más significativos de una tauromaquia muy clásica y auténtica. Toreo, además, emocionalmente evocador que transmitió distintas sensaciones. Ahí, en el ruedo, están aún fundidos el sentimiento y la verdad, el valor, la técnica y el estilo.

Vilches, se acopló con enorme torería, inteligencia y decisión a la brava y noble embestida del tercero con extraordinarios muletazos con la diestra. El rítmico natural y su ajuste fue un prodigio de verdad. Como fue también fantástica la versión del pase de pecho. Talento del utrerano para una faena maestra al complicado, por encastado, sexto. 

Y cuando parece que tan buen toreo se va a rubricar con la necesaria y obligada estocada, siempre surge el inconveniente que desvanece el sueño, dejando sólo el regusto de lo bien hecho y la rabia por no poder alcanzar el objetivo final. Imperdonable, Luis, imperdonable.

Antonio Ferrera anduvo muy precavido con el manso primero, que embestía a su aire, le buscaba descaradamente y le echaba la cara a la altura del pecho. Y desconfiado y banal con el bravo cuarto. Actuó más que toreó. Ferrera no estuvo bien, ni siquiera en banderillas. Clavó con discreción y sin demasiada espectacularidad. Al final le pitaron. 

El Cid no fue El Cid esta tarde en La Maestranza. Ni con la capa, con la que sólo atisbó la verónica. Buscó sin convicción y no halló su toreo. Difícil lo tuvo con el peligroso segundo. El victorino le buscaba con saña. No hubo manera. Y esta vez… lo mató. Con el complicado quinto nunca se confió. Desistió de inmediato del toreo al natural, y solo un esbozo de muletazos en redondo bastó para concluir después de mala manera con la espada.




Francisco Mateos. TorosComunicación. Canorea: vuelve a traer los 'victorinos' el próximo año

Victorino Martín llenó la Maestranza. No hay otro titular posible. Un jueves de preferia, con un cartel 'flojito', el único tirón para el entradón que ha registrado la Maestranza es el nombre de Victorino; le guste o no a Canorea-Valencia, le guste o no a los maestrantes, que parece que, directa o indirectamente, son los responsables de haber castigado a la afición sevillana privándole en los últimos años de estos toros. Y si la gente viene a ver estos toros, como ha quedado demostrado, el año que viene otra vez. Y cueste lo que cueste, que para eso se han llevado una millonada en los infumables carteles que llevamos hasta ahora, vendiendo a precio de oro lo que en el mercado no llega ni a precio de plata, que nunca jamás en la historia se ha hecho una Feria de Abril para ganar tanto dinero, con un estricto sentido comercial de las leyes librecambistas más arcaicas del libre mercado.

Y es que, además, la 'victorinada' no defraudó. Tampoco ha sido la corrida de la Feria, no. Pero ha hecho sobrados méritos para volver el próximo año por méritos más que sobrados; le guste o no a Canorea-Valencia. Toros encastados, para lo bueno y para lo malo, con alguno como el primero falto de fuerzas, alimañas como el segundo y nobles pero con la emoción y transmisión del toro encastado como tercero y sexto. El resto, todos interesantes.

Antonio Ferrera se va de puntillas. No ha estado bien. La temporada se le vuelve a poner cuesta arriba. Los pares de banderillas que puso en sus toros no pasan de voluntariosos, pero sin especial brillo. Eso sí, el mérito de asomarse a un balcón con dos pitones de vértigo. Su primero blandeó un poco. Se revolvía pronto por sus limitadas fuerzas, cortando el viaje. Ferrera estuvo allí, pero sin arriesgar. Con el cuarto, que tenía faena, no se entendió. No le cogió el sitio y no estuvo bien, sin asentarse.

El Cid lo intentó y se jugó el tipo con la alimaña que se corrió en segundo lugar, que buscaba como un desesperado los muslos calientes del torero. Al quinto, con la cara alta y sin humillar, no lo entendió bien, sin verlo claro. No se decidió, demasiado espeso.

Los doblones de Vilches en el tercio para abrirse de faena con el tercero fueron fundamentales para someter al astado. El toro embistió bien, pero encastado, con transmisión. Al toro había que bajarle mucho la mano y el utrerano sólo lo hizo a intermitencias, por eso la faena tuvo altibajos acusadísimos. La plaza crujía cuando bajaba la mano y desplazaba al toro muy largo, con hondura y verdad, elegancia y poder, pero eso no sucedía siempre. El toro era de triunfo, y Vilches estuvo muy bien... pero le faltó algo más... Con la espada, encima, pinchó en el primer envite. Al sexto sí le bajó más la mano, metió la cintura y toreó elegantemente, solemne, por el pitón derecho, muy largos los muletazos. Al final también hubo una emocionante tanda de naturales, pero la espada la metió en los bajos. Se le fue una tarde de triunfo... y desperdiciar un triunfo en la Maestranza, por una u otra razón, es un lujo que un torero como él no se puede permitir...


El País. ANTONIO LORCAVictorino también fracasó

Se acabaron las corridas toristas y se acumularon los fracasos sonados. Ayer se unió al carro de los perdedores la ganadería de Victorino Martín, que había concitado la atención de los aficionados, y todos salieron decepcionados.

Claro, que fue un fracaso a lo victorino. Quiere esto decir que todavía hay clases. Esos toros no producen lástima aunque no sean bravos; pueden ser, como fueron, descastados, mansurrones, de corta embestida o tobiqueros, pues se revolvían en un palmo de terreno, que es una forma muy fea y peligrosa de buscar el bulto, pero no permiten el más mínimo parpadeo. Es la emoción del peligro, que es parte de esta fiesta, pero no la única. Los toros de Victorino desarrollaron peligro, a veces mucho peligro, y ninguno se caracterizó por su nobleza encastada, que es condición fundamental para el toreo moderno.

No hubo toros de embestida larga, de esos que aran con el hocico el albero; no hubo toros bravos en los caballos. Alguno, como el primero, fue descastado hasta la desesperación; otros, como el lote de El Cid, desarrolló mucho sentido, y otros, noblotes, sin sangre en las venas, que iban y venían con sosería.

Acabó la feria torista, y han sido cuatro tardes para el olvido. Comienza ahora la feria comercial, la de las figuras... Que Dios nos coja confesados... ¿Qué nos deparará el destino? Si los toros supuestamente poderosos y engallados han pasado por Sevilla como un puñado de basura, más vale no pensar en los próximos días y que sea lo que tenga que ser. Está más que demostrado que el cuerpo de los aficionados lo aguanta todo.

Mientras se pasa la última decepción, queda el recuerdo de un torero sevillano, Luis Vilches, que ayer plantó cara a su incierto destino y dijo a todos que quiere ser figura. Aprovechó la única oportunidad de la feria para demostrar que quien quiere, puede. Y quiso asentar las zapatillas en la arena, derrochar valentía, seguridad y firmeza y jugarse el todo por el todo para arrancar muletazos que parecían imposibles. Lo consiguió en su primero, que se paraba en la segunda embestida de cada tanda, pero Vilches se puso muy cerca de los pitones, con las ideas muy claras, y dibujó derechazos largos y templados, y un par de naturales enormes, que emocionaron al respetable, como no podía ser menos. Con la misma actitud se presentó ante el sexto, derecho como una vela, dispuesto a todo, incluso a aguantar un parón de escalofrío, para dejar su impronta de torero serio, con gusto y personalidad. No fueron faenas triunfales, pero quedó claro que Vilches pide paso con todo el derecho que le permite su derroche de pundonor.

No se puede decir lo mismo de sus compañeros de terna. Bien es cierto, y dicho queda, que el lote de El Cid tenía migas, malas ideas y buscaba los tobillos con codicia. Pero el torero estuvo huyendo toda la tarde, y eso no está bien, porque para huir ya estamos todos los demás. Él debe demostrar otra actitud menos frágil y más valerosa. Al noble hay que torearlo tan bien como él sabe, y al peligroso hay que lidiarlo con decencia. Y El Cid dio toda la impresión de estar desbordado por las circunstancias.

La impresión de Ferrera fue, sin embargo, de vulgaridad. Es duro, pero es así. Cada vez dice menos con las banderillas, maneja el capote como una sábana en sus manos, y la muleta pierde toda su sentido porque se coloca mal, se mueve mucho y no dice nada.


ABCZAVALA DE LA SERNA 

Los victorinos que se fueron nunca volverán, como las oscuras golondrinas que su vuelo refrenaban. Los que se fueron con la oreja(s) puesta y los que se fueron en la historia porque no salieron. Me trae al pairo que no fuese la gran victorinada, de las que hacen la memoria taurina, que no se pareciese, ni de lejos, a la del San Isidro último. Pero la historia también la hacen los toreros... Sólo «Playito» -aquél del que aprendimos su nombre- valió por toda la tarde: 506 kilos colocados, 506 kilos coronados por una cabeza seria, 506 kilos de trapío, 506 kilos en potencia brava, 506 kilos para derribar un caballo a base de riñones, 506 kilos templados, para hacerle las cosas por abajo, Ferrera, por abajo, y no rematar 506 muletazos por arriba, de alivio; 506 kilos, ¿quién quiere más?

Luis Vilches debutaba con los victorinos. Debutaba en feria de responsabilidad. Vilches no defraudó. Mas Vilches dio su medida, y quien da lo que tiene no está obligado a más. Vilches se retrató en un vaso de agua, el vasito que pidió antes de matar, después de cumplir sobre la mano derecha, después de una única serie zurda, una, y pedir un trago de agua, después de torear en redondo bien, después de romper al humillado toro hacia adelante en unas dobladas educadoras, y el buchito, hijo, el buchito, en lugar de reventar por naturales al victorino para agarrarle la oreja con fuerza...

El toro mexicano no sólo es virtud

El sexto embistió en plan toro mexicano, lo cual no significa únicamente temple y virtud, sino también una tonalidad de mansedumbre, que el toro mexicano está en mansito, como demostró éste al repucharse en el caballo. Luis Vilches se dobló mucho y muy poderoso y le enjaretó cinco tandas, ¡cinco!, de derechazos antes de coger la izquierda; al toro lo supo esperar ese tiempo requerido en México para deslizarse tras la tela, y le trazó muletazos muy, muy, buenos. Pero, otra vez, una, sola y breve y tardía, aparición del toreo zurdo, con el victorino venido ya a menos, como la faena. Y tras los naturales, creo que dos, a por la espada... Todo se comprende, todo se justifica, menos la falta de ambición, menos echarse fuera para entrar a matar cuando en el puchero no hay garbanzos...

El Cid apechó con el peor lote. Mas a El Cid se le nublaron las ideas cuando había que cuadrar al gazapón e incómodo quinto para pasaportarlo al limbo de los toros malos: con sus años de alternativa no se puede, no se debe, andar como un zombi por la cara de un toro que anda y anda, y no doblarse por bajo y pegarle un par de vueltas. No mereció, ni por asomo, las palmas del arrastre; el segundo, que cambió a peor después de probar el hierro, tampoco merecía más que la muerte. Ya en un quite de Vilches buscó los tobillos, y siguió buscándolos tras la muleta de El Cid, que mira que torea bien, que yo lo he visto, en Castellón por última vez, en Bayona, en Logroño... Lo cual no quita para que me acordase de Ruiz Miguel, que se peleaba con las alimañas a brazo partido, a zapatillazos, a bocados, buscándoles las cosquillas, las costillas, los cuellos, las embestidas... Los tiempos han cambiado, tanto como que ahora los públicos quieren naturales con el victorino tobillero y los toreros entonces pretenden naturales con los toros tobilleros. Y al final ni el público tiene lo que quiere, ni el torero lo que pretende.

Victorino insatisfecho 

Ferrera, antes de desperdiciar a «Playito», muerto, por cierto, de horrible bajonazo, se había esforzado algo más con el que abrió plaza, que no humillaba, que se salió sueltecito del peto, que fue sosón, insípido, la antítesis de un victorino. Y Ferrera fue el polo opuesto, incluso con las banderillas, de sí mismo, del Ferrera que rompió hace un par de temporadas.

Y Victorino, que no debe darse por satisfecho con los muchos flecos mansos que arrastró su corrida, porque sólo los tontos viven eternamente satisfechos, llenó. Y Victorino, que de lila no tiene un pelo, lo sabe, como sabe que los victorinos que se fueron, ésos no volverán...


Diario de Sevilla.  LUIS NIETO

El utrerano Luis Vilches apuntó su buena clase como torero, una clase que ya conocíamos y por la que se ganó a pulso su inclusión en la corrida de Victorino Martín. La duda, en caso de que le tocaran toros potables, cosa que sucedió, era si dentro de su irregularidad en la suerte suprema, mataría de manera eficaz y a la primera. Y falló. Así es que Luis Vilches, con las ideas claras, el corazón caliente y un toreo de calidad, apuntó, pero no disparó.

La corrida de Victorino Martín, bien presentada y escasa en casta, no alcanzó las expectativas esperadas, que se apreciaban con lleno rotundo en los tendidos, donde en tarde soleada se respiró un ambiente a favor de los toros. Se notaba mucha clientela que acudió a la llamada de la marca Victorino y que no discernían entre un toro tobillero, uno manso o uno noble. Y eso se reflejó, en algunos casos, en el veredicto con los toreros.

¿Cómo consiguió el triunfo Luis Vilches en una tarde a medio gas en alegrías? Ante el tercero, uno de los astados con mayor y mejor acometividad y nobleza, que apretó de salida más que unos zapatos nuevos, resolvió bien, sacando al toro a los medios con eficacia bregadora. Apostó fuerte en la muleta. De nuevo, claridad de ideas: en las rayas se dobló con la diestra y dejó al animal como un guante. En las afueras se estiró en buenos derechazos, que arrancaron una gran ovación y a la banda de música a tocar. De nuevo por ese pitón, nacieron pases muy largos. Con la izquierda no se empleó. Vilches, con el éxito en la mano, le faltó más fe a la hora de volcarse. Ahí se jugaba un éxito de campanillas, que quedó en una llamada de atención al precisar de una estocada tras un pinchazo.

En el sexto toro, Vilches no alcanzó la misma dimensión. Toreó bien a la verónica. Lo ahormó en muletazos de tanteo. Y valeroso, se esforzó y agradó en una labor cimentada sólamente por el pitón derecho, con algunas lagunas en colocación.

El Cid, con el peor lote, no tuvo más remedio que contraatacar desde la trinchera porque los balazos de su enemigo, tobillero, silbaban por doquier. 

En el quinto surgió una anécdota. El torero buscó al maestro Paco Camino para dedicarle el brindis, pero el camero no pudo asistir y el de Salteras, tras rastrear con la mirada en el tendido, acabó dejando la montera en tablas. El toro, gazapón y peligroso, no era para dedicatoria. Parte del personal, incomprensiblemente, se puso de parte del astado y se echó encima del torero al dilatarse en la suerte suprema, que concretó con un horrible sartenazo y tres descabellos.

Antonio Ferrera dejó una pobre impresión. Con el mansote que abrió plaza no se acopló en la muleta, lo lanceó de manera acelerada y en banderillas prendió un meritorio par por los adentros. 

El cuarto fue un toro, que tras derribar al picador Victoriano García, apuntó buenas embestidas. El torero extremeño no pareció encontrarse a gusto con la franela y sus muletazos, de abajo arriba, hacían agónico el toreo. El victorino no perdonó y los enganchones fueron constantes.

A la victorinada le faltaron muchas cosas. Y el espectáculo anduvo a medio gas. Sólo Vilches brilló: apuntó, pero no disparó.

Otros festejos de la temporada. Carteles, resultados y crónicas