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Festejo de abono
REAL
MAESTRANZA DE
SEVILLA
Tarde del miércoles, 21 de abril de 2004
Corrida de toros
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LAS IMÁGENES DEL
FESTEJO
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Más
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FICHA TÉCNICA
Ganadería: Hijos de Celestino Cuadri
(bien presentados, con diferente juego. El 2º fue devuelto por
disfunción motriz. Sobrero de Conde
de la Maza, bueno)
Diestros:
- Jesús
Millán (media estocada, descabello. Silencio; pinchazo, estocada tendida y
caída. Silencio)
- Fernando
Robleño (pinchazo que escupe, media estocada, 2 descabellos, aviso tres
descabellos. Silencio; media estocada caída, tres descabellos.
Silencio y pitos)
- Leandro
Marcos (dos pinchazos, media estocada caída. Vuelta al ruedo; pinchazo,
estocada. Vuelta al ruedo)
Banderilleros que saludaron: Fernando Téllez y Jesús
Arruga, de la cuadrilla de Millán, en el 4º.
Presidente: Francisco Teja.
Tiempo: soleado y frío.
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
El País, El Mundo, ABC, Diario de Sevilla,
TorosComunicación

El Mundo. JAVIER
VILLÁN. Aroma añejo de Leandro Marcos
Pudo Leandro Marcos coronarse con un triunfo importante en La Maestranza de no haber pinchado a los dos toros de Cuadri que más se prestaron para el toreo de verdad. Pero marró con la espada y lo que, en el primero, pudo ser oreja, y muy legítima, se quedó en dudosa vuelta al ruedo que yo no voy a discutir, dados los méritos del vallisoletano: sobriedad y sentido de la colocación.
Algo parecido le ocurrió en su segundo. Después de torear muy bien con la derecha, en dos tandas, y muy largo y muy arrebujado con la izquierda, volvió a pinchar, si bien en esta ocasión faena y toro habían tenido menor intensidad. Deja Leandro Marcos un crédito amplísimo y generoso en La Maestranza, deja un toreo de aromas y clasicismo que, en esta feria de penurias y descalabros, supo a gloria a los buenos aficionados, a los malos y a los regulares; pero, sobre todo, a los buenos.
Otro toro que pareció que iba a disparar la tarde hacia las estrellas fue el cuarto, que derribó en el caballo. Pero se desfondó, mansurrón, en la muleta.
En este cuarto toro tuvo que saludar, y por derecho propio, la cuadrilla de Jesús Millán. También le hubiera gustado saludar a Millán, pero el torero maño no hizo sino repetir su catálogo de insistencias infructuosas con que se había eternizado en su primero. Con algunos toreros me pasa como con la dedicatoria en chino que, de su libro En busca de la libertad, me ha hecho José Kie Tchang Wang: es un dibujo bonito y complicado, pero como está en chino me lo tienen que traducir. Me gustaría que me tradujeran el sentido último y primero de Jesús Millán ante la estatua pétrea que abrió plaza. La piedra no tiene voluntad ni sentimientos y eso era el primero de Cuadri: un ser inanimado.Le sobraban, pues, a Millán gestos que, involuntariamente, suelen acabar en tedio.
Lo único que tenía el segundo era mansedumbre por arrobas: 594 kilos, a 11,5 kilos por arroba, igual a 51 y pico, más o menos como el anterior. La mansedumbre al por menor es llevadera, mas al por mayor es insufrible. A la carne mansa, sin pizca de casta ni temperamento, le pasa como a los perfumes a granel: que exhala olor a viejo y a moho; un olor rancio que repele; repelían ayer algunos toros de Cuadri y su mansedumbre asilvestrada de bueyes de carreta. Otros compensaron estas insuficiencias.
Nunca medraron los bueyes en los páramos de España, escribió un poeta al que la España del 39 le dio prisión y muerte. Estos bueyes pueden medrar en el Rocío, por ejemplo, tirando de las floridas y maravillosas carretas que transportan a romeras retozonas y romeros cachondos. Se devolvió este toro y salió un sobrero del Conde de la Maza, un poco menos pétreo, aunque sólo fuera por lo andarín. Robleño no logró ni un muletazo. Tampoco lo logró en el quinto, un poco menos malo aunque siempre dentro de la estirpe mansa.
Ve uno estos animales, aunque sea en el ruedo, y se los imagina engalanados con arreos y dice, como el poeta de Moguer, cuando veía una carreta: «Ya están ahí las carretas, lo ha dicho la mar y el aire, lo ha dicho el viento y el eco»; la cita es de memoria, así que ustedes disculpen posibles inexactitudes. Poéticas aparte, lo cierto es que Celestino Cuadri dio una de cal y otra de arena. Y que, aunque no cortara orejas, triunfó Leandro Marcos, que bien merecida se tiene otra oportunidad. También es cierto que le tocó la lotería del mejor lote.
PortalTaurino. MANUEL
VIERA. El toreo de Leandro Marcos, un regalo para el
espectador
Y, por fin, hoy se ha visto torear. Pero, ante todo, y por encima de las dos notables faenas de Leandro Marcos, que se presentaba en esta plaza, hay que reconocer que de nuevo la tarde caminaba por parecidos derroteros a las anteriores.
Dos buenos, aunque flojos, toros de Cuadri, el tercero mejor que el sexto, han tapado una corrida con excesivo peso, baja casta y demasiado blanda. El sobrero del Conde de la Maza lidiado en segundo lugar fue tardo y complicado.
El arte siempre se ha debatido entre la contención y la exacerbación. Quizá las faenas más geniales de la historia del toreo han sido aquellas que han sabido no perder capacidad de transmisión, y aunque Leandro Marcos no cuajó de forma definitiva a cada uno de sus toros, sí mantuvo la comunicación constante con los tendidos. Ahí quedan, y guardados están, todos y cada uno de los naturales en plenitud que trazó el vallisoletano enhebrándolos a la caída de la tarde como si de una infinita cola de cometa se tratase. El minucioso encadenamiento que conformaron los sutiles trazos de la muleta de Marcos fluyó como agua de manantial, y precisamente por ello, parecieron tan efímeros como eternos.
Las excelencias de las faenas de Leandro Marcos al tercero y sexto de Cuadri residieron por igual en su contenido como en sus formas auténticas. Conjugar estos dos elementos sin que prime uno sobre otro, es algo poco visto en el toreo actual. Muletazos que emanaron calidad por la asombrosa lentitud, por el empaque, por el ajuste, por la ligazón, y por la rúbrica a las tandas con sentidos cambios de manos, trincherazos de cartel y sensacionales pases de pecho. El doble fallo con la espada imperdonable. De todas formas, admirable toreo ejecutado con suma elegancia y perfecta adecuación plástica. En conjunto, un regalo para el espectador.
Y poco más. Jesús Millán lo intentó sin éxito con la corta y descompuesta embestida del primero. Con el tardo cuarto no lo tuvo demasiado claro y terminó sin emplearse a fondo.
A Fernando Robleño le devolvieron al segundo de Cudri, un rabioso animal desorientado y descoordinado en las embestidas que casi se lo lleva por delante en los intentos de toreo de capa. Tremendo susto para el madrileño del que no se repuso en toda la tarde. El sobrero del Conde de la Maza, complicado y sin humillar, no le permitió el lucimiento. Desconfiado inicio un trasteo de puro trámite. El sexto, feo y destartalado con 644 kilos de peso, complicado y con la cara por las nubes, no le dio opción ni para estar delante. Indeciso lo intentó con brevedad y lo mató muy mal.
TorosComunicación.
Francisco Mateos. Tanta sequía, que unas gotas parecen un manantial
Ni los de Cebada Gago del lunes, ni los Guardiola del martes... ni los Cuadri de este miércoles de preferia levantan una Feria de Abril que se derrumba como un castillo de naipes. Sólo el atisbo de nobleza frustrado por la carencia de fuerzas de tercero y sexto, y la elegancia torera de Leandro Marcos bastó para que la gente rompiera a aplaudir... y es que está todo tan mal, que la gente se conforma con lo más mínimo.
La corrida de Cuadri no fue buena. Toros sin raza en general, parados y con pocas fuerzas. Tercero y sexto, decimos, tuvieron nobleza y siguieron la muleta con calidad, pero la carencia de fuerzas de ambos fue un lastre para que remataran en las faenas.
Jesús Millán sólo pudo muletear al primero de la suelta por el lado derecho, porque por el izquierdo no admitía ni uno el toro de la divisa onubense, revolviéndose con aviesas intenciones. Millán no pudo demostrar su toreo aguerrido con un animal que rehuía el envite de la muleta. Tampoco el maño le atacó ni se decidió a cruzarse con él, a provocarle, sino que pareció más bien torero conformista con el destino. El cuarto se apagó muy pronto, sin gas. Antes, apuntar dos excepcionales pares de banderillas de Jesús Arruga y la valerosa actuación de un monosabio que se jugó el tipo a cuerpo limpio para sujetar del bocado al caballo de picar con el toro embistiendo al peto por el otro lado, después de descabalgar al picador en el puyazo. Una merecida ovación se llevó el anónimo valiente. Millán no pudo hilvanar faena y tampoco en este toro arriesgó el menudo torero, de nuevo pecando de conformismo.
Fernando Robleño naufragó en Sevilla. Sale 'tocado' de esta Feria de Abril. Sin el respaldo de la casa Chopera este año, sorprende que venga a Sevilla a tirar las cartas al ruedo a ver si alguna caía boca arriba. Con el sobrero que hizo segundo de lidia, desrazado, Robleño -despegado y sin seguridad- mostró falta de ambición. Con el basto quinto, un toro alto, grande, badanuedo, zancudo, parado y mirón, Robleño dio peor imagen: inseguro, desconfiado y dejando pasar el tiempo sin atacar.
Y entre tanta sequía que llevamos en este primer tramo muy supuestamente torista y de toreros aguerridos, llega un vallisoletano con aires agitanados para desplegar en el tercer y sexto toro atisbos de un toreo elegante y profundo, templado y caro, que hace levantar una tarde. Y es que esto está tan mal que Leandro Marcos, con tres o cuatro muletazos sentidos y engarzados en el tercero por el pitón derecho del tercero de la tarde y tres naturales profundos y bellísimos en el sexto, dos toros nobles pero con pocas fuerzas, consigue estruendosas ovaciones. Merece la pena ver más veces a este Leandro Marcos por la naturalidad de su toreo y la calidad de sus muletazos. Cayó de pie en su debut maestrante y sólo su repetido fallo a espadas en ambos toros le separó de un triunfo de oreja en cada uno. Teniéndolo tan cerca, un triunfo así no se puede escapar; bueno, no se debe.
El País. ANTONIO
LORCA. Gotas de buen toreo de Leandro Marcos
Un torero de Valladolid que se presentaba en La Maestranza, Leandro Marcos, desgranó gotas de buen toreo, y, por momentos, excelente, en el albero sevillano. Fue una pena que no lograra rematar su faena con la espada, especialmente en el sexto, pero devolvió la alegría a una afición desesperada y doliente de aburrimiento
Marcos tiene planta de torero, de buenas hechuras, de maneras finas y elegantes, con personalidad y nada vulgar. Y esas cualidades llegan rápidamente a los tendidos. Maneja los engaños con suavidad, se coloca en el sitio adecuado, y torea según las normas clásicas.
Aprovechó las pocas embestidas del noble sexto en largos y lentos pases por ambas manos, con el toro embebido en la muleta, e ilusionó a todos. Mató mal y todo quedó en un suspiro.
Pero había dejado su carta de presentación en el tercero, que sólo tenía un problema que el público no quiso ver: que era un inválido total que pasó más tiempo derrumbado que en pie, y es que el toreo hay que hacerlo con un toro.
A pesar de ello, el entusiasmo se desbordó. El director de la banda creyó ver el toreo resucitado cuando Marcos vació por alto las primeras y nobles embestidas y rompió jubiloso a tocar. Marcos dibujó una faena intermitente de pases aislados, templados, largos, inmensos, como un natural, una trincherilla, un pase de la firma y unos ayudados.
A la faena le faltó ligazón, le sobraron pases enganchados y, sobre todo, sobró el entusiasmo desbordado. La imagen del pasodoble torero mientras el toro estaba derrumbado en el albero queda para la historia del absurdo.
Total, que Leandro Marcos tiene clase de la buena, pero le faltaron agallas para rematar su tarde. A veces, es lo que diferencia a los buenos toreros de las figuras.
Pero, al menos, no perdió los papeles, lo que no es poco.
Porque las manos las perdieron todos los toros de Cuadri, inválidos, aunque nobles algunos, y bravo el cuarto. Suspenso sin paliativos para el ganadero onubense.
Los papeles los perdió Fernando Robleño que, sin duda alguna, no tuvo su tarde. Es más, tuvo una tarde muy mala. Primero, se afligió ante el segundo, que fue devuelto por manso ¿? tras golpearse en un burladero y embestir a oleadas. El torero dejó el mal trago a su peón Ángel L. Prados, quien dio una lección de torería. Robleño no se enmendó con el sobrero, manso y soso, y naufragó con un toreo vulgar, propio de un pegapases moderno.
No mejoró en el quinto, un toro que embestía con la cara alta y sin calidad. Cargado de dudas, colocado al hilo del pitón, no dio una a derechas y pasó un mal rato. El público le recriminó su desidia o, quizá, su impericia.
Y volvía el triunfador de la feria del pasado año, Jesús Millán, y decepcionó. Lo que son las cosas: el torero alegre y bravo de 2003 se ha vuelto triste, sin recursos y, sobre todo, muy vulgar. Sus dos oponentes, pero, sobre todo, el bravo y noble cuarto, descubrieron sus muchas carencias. No se puede emocionar toreando despegado y fuera de cacho. Brindó su primero al público para recordar gestas pasadas, pero no estuvo a la altura. Una pena...
ABC. ZAVALA
DE LA SERNA. Leandro Marcos impregna la Maestranza de ilusiones sin final
Leandro Marcos impregnó la Maestranza de ilusiones y buen gusto. Marcos y Cuadri, por fin, nos sacaron de la desidia y la abstracción. Dibujó el flamenco castellano carteles de toros y pinturerías en dos faenas con distinto fondo y un mismo final, la feble espada. De ahí que las ilusiones careciesen de la rúbrica adecuada, del «the end» de película monumental. De Valladolid al cielo, diría su paisano Fernández Román. Pero el cielo se alejó con la tímida acción del estoque.
L.M. le susurró a la suerte, que le escuchó y le contestó con el lote de la seria corrida de Cuadri: «Toma y torea». Y Marcos toreó bonito, hizo cosas bellas ya con el tercero, el más recortado de los hondos cuadris onubenses. El principio fue bueno y rítmico, una danza en la que bordó un par de pases de la firma. Después la faena estuvo salpicada de retazos y momentos. No hubo un conjunto. Un derechazo de riñones encajados, un ayudado cumbre por bajo, un natural inmenso sin continuidad porque el toro, de gran calidad zurda,de escaso poder en sus manos y Marcos lo obligó entonces de más; otro adorno por lo bajini descomunal, un redondo caro y un broche elegante hacia tablas que ponía a tiro la oreja. De haber matado, claro.
Seria corrida de Cuadri
La faena al sexto, voluminoso, descarado y dolorido de una mano, aun con el mismo escaparate, tuvo otro fondo, con el torero de Pucela asentado, creyéndose ya su buen bajío. De entrada, el prólogo ahondó en la belleza del otro, un mismo envoltorio para un toreo más profundo, vaciándose en los pases de pecho. Y además ligó una serie de derechazos de menos a más, con el inconmensurable cierre de un obligado de los que la muleta barre todo el lomo hasta el rabo, y el torero se va con la embestida. La obra parecía tomar el camino de enmacizarse, pero el toro se apagó más de la cuenta y Leandro Marcos halló en su escalada hacia el éxito intermitencias, en su colocación. Bastaba lo hecho, ¡qué bien compone!, el único pasaje zurdo, más corto el viaje, un cambio de mano sensacional, para tocar el cielo, Fernando, desde Valladolid a Sevilla, que son distintos cielos. Y otra vez el precavido volapié, reflejo de lo que usted y yo pensamos. Volvió a dar la vuelta al ruedo tras pinchazo y estocada desprendida, con más fuerza que la anterior.
Otro toro, torazo mejor dicho, fue el cuarto, hermano del premiado el año pasado. Se rompió mucho en el caballo, al margen de que tal vez le sobrasen 40 kilos de sus 644. Derribó con estrépito, volteó al caballo hasta volverlo a poner en pie. Y entonces un monosabio luchó lo indecible por no abandonar al jaco a su destino. Ovación de gala para el rojo salvador, para que luego digan los ecologistas. Jesús Millán sembró la duda de si con otra distancia y otros terrenos más lejanos al tercio el juego de su enemigo, que tomaba bien las telas, hubiese durado más. Dejó muy fría a la parroquia con su atrincheramiento entre las rayas. Téllez estuvo inspirado con los palos, acompañado de ese fenomenal tercero que es Arruga. Millán, que había arrancado su primera faena de rodillas, careció de material, ahora sin ningún pero, con un tardo y brusco cuadri.
Fernando Robleño fue el peor parado. Devuelto el cegato segundo, no le ofreció apenas nada el sobrero del Conde de la Maza, que embestía sin celo y al paso; el quinto cortó ya de fea manera en banderillas y desarrolló un peligro sordo por los dos pitones que Robleño no encajó con el aguerrido talante de otras tardes. Se le trató con dureza, y entiendo las ovaciones a su lote como desproporcionado castigo. Lo cual no excusa su mal uso de los aceros.
Diario de Sevilla.
LUIS
NIETO.
Un tal Leandro perfuma la Maestranza de arte
-¿Cómo dice que se llama?
-Leandro.
-¿Y de apellido?
-Marcos.
-Oiga, ¿y de dónde es?
-De Valladolid.
-Pues parece de aquí.
El espigado, fino, elegante y un punto agitanado en su físico Leandro
Marcos da la vuelta al ruedo al terminar la faena de su primero en la que
no ha cortado las orejas por fallar con la espada. Es un torero
castellano, de personalidad muy acusada, que pinta cuando torea. Clase,
plasticidad, ritmo y buen gusto. Y lo que llamó la atención a la mayoría
del público: un artista con claridad serena para no ahogarse ante las
embestidas encastadas de los cuadris.
De vainilla y oro, como su dulce toreo, Leandro Marcos brindó el la faena
de su debut con el noble tercero. Comenzó sobre la diestra con pura
filigrana. En los tercios, con un empaque fuera de lo común, trazó tres
derechazos con aroma y un pase magnífico de pecho en plena ligazón.
Volvió por ese pitón a dibujar carteles de toros. Pero con la izquierda
crujió aun más la plaza cuando dibujó una serie al natural con un
temple exquisito. Y el respetable se rompió en un natural hondo y lentísimo,
eterno. Lástima que el noble animal perdiera en ese momento las manos. Ya
en corto, pulseó de nuevo con la zurda en pases con mucha torería. Y
continuó en redondo, en cante grande, con la diestra. Faena aderezada con
trincherillas y pases del desprecio y de la firma. Pero el tal Leandro
falló con la espada. Si estaría el público enloquecido, que tras dos
pinchazos y una media le hicieron dar una vuelta al ruedo.
En su otro toro ya se había corrido la voz. Y todo el mundo esperaba a un
tal Leandro como el que espera el maná. Nadie movió un músculo cuando
esbozó unos primeros lances, en los que el toro se lastimó al perder
pie. Con la muleta, el vallisoletano sacó al animal de tablas con unos
pases mandones y estéticos, pura orfebrería. No dio mucho el toro por
ese leve accidente, pero en los tercios volvió perfumar el albero. La
primera tanda con la diestra, con mucho garbo la remató con un pase de
pecho interminable. Más corta fue la siguiente, con la zurda, rematada
con otro pase de pecho monumental. Con el toro ya parado -se le quedaba
debajo-, se adornó con alguna trincherilla también de cartel. El run-run
de que tenía un trofeo conseguido era patente. Y de nuevo, Leandro Marcos
pincha antes de cobrar la estocada definitiva y su premio queda en una
clamorosa vuelta al ruedo.
La corrida de Cuadri, bien presentada, encastada, fue muy interesante en
su conjunto en cuanto al juego y estuvo completada por un sobrero del
conde de la Maza, sin entrega, que se jugó como segundo.
Jesús Millán estuvo dispuesto en el flojo primero, que no repetía. Con
el cuarto, el toro más encastado de la corrida, que salió como un tren,
derribó en varas y embistió sin reservas en la muleta, el aragonés no
encontró ni el terreno oportuno; ni el ritmo ni la distancia adecuadas.
Fernando Robleño, con los dos peores toros, a los que algunos aplaudieron
en sus respectivos arrastres de manera injusta, anduvo como desorientado.
Con el segundo, de escasa entrega, realizó un trasteo insulso. Y ante el
complicado y mirón quinto anduvo a la deriva.
Después de la obra artística que sucedió en el ecuador del festejo, el
tiempo pareció volar pese a las dos horas y media que duró el espectáculo.
Y es que había brillado el arte. Al término, los destellos de los trajes
de luces alumbraban la incipiente noche dentro del templo taurino. Fue
entonces cuando se corrió por los tendidos otra voz:
-Si no falla con la espada... ese tío abre la Puerta del Príncipe. ¡La
madre que lo parió! Cómo torea el tal Leandro.
Y es que el tal Leandro... perfumó la Maestranza de arte.
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