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Festejo de abono
REAL
MAESTRANZA DE
SEVILLA
Tarde del domingo, 20 de junio de 2004
Corrida de novillos
FICHA TÉCNICA
Ganadería: novillos de Gabriel
Rojas (justos de fuerza)
Diestros:
- Morenito de Aranda (silencio, vuelta al ruedo y aplausos).
- Pedro Carrero (palmas y silencio).
- Curro
Sierra (resultó gravemente herido al entrar a matar a su
primero, sufriendo una cornada de cuarenta centímetros que le afectó
a la femoral).
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
ABC, Diario de Sevilla, El
País
PortalTaurino. MANUEL
VIERA. Curro
Sierra, herido de extrema gravedad
Como una descarga eléctrica nos sacudió la cogida a
Curro Sierra cuando intentaba por segunda vez dar muerte al tercer novillo
de la tarde. Desencajada, asustada, temiendo lo peor, siguió la plaza el
trágico traslado del novillero sevillano a la enfermería mientras la
sangre salía a borbotones de su pierna
y marcaba en el albero el triste recorrido.
La gravísima cornada marcó la tarde. Una tarde atípica, porque
en el ánimo de la gente que acudió a la plaza preocupaba
más lo que podía suceder en tierras portuguesas que lo que pasara
en el ruedo maestrante. Allá, en tierras lusas, hubo decepción. Acá, en
la plaza, conmoción. Y el regusto de una faena llena de frescura y
vitalidad.
Esta forma de torear de Curro Sierra es acaso una de las más
sentidas e interiorizadas de las vistas hasta ahora en este ciclo de
novilladas de abono. El sevillano ha dado esta tarde una lección de
conocimiento, de perfección, y sobre todo de hondura recreándose en el
toreo al natural. Sólo fue una tanda, pero todo un regalo original e
inteligente para los muchos inquietos que se sientan todavía en
los tendidos de una plaza de toros.
Es curioso que un pellizco semejante, en cuanto a esa transmisión
directa de sentimientos, de íntimas sensaciones, es el que se siente ante
las formas sevillanas y puras de Curro Sierra. El trazo del natural es
pura esencia del toreo. Y así lo ha explicado este torero de Coria del Río
que emocionó durante la faena y
conmocionó tras la cogida.
Fue vista y no vista. Ni siquiera el torero supo de su existencia
cuando quiso coger de nuevo muleta y espada. Fue un certero pitonazo a la
altura del triángulo de Scarpa cuando intentaba por segunda vez meter la
espada. No fue cogida aparatosa. Sólo la sangre que
fluía a borbotones daba cuenta inmediata de la gravedad del
percance.
La novillada de Gabriel Rojas, bien presentada aunque descastada y
floja, tuvo alguna que otra complicación para la terna. Sólo el tercero
pareció bueno para la muleta.
Morenito de Aranda, nada pudo hacer con el manso primero, que
buscaba las tablas en descarada huída de los engaños. Con el noble
cuarto tuvo momentos de un interesante trasteo, sobre todo en los adornos
y cambios de mano. Algún que otro muletazo con la diestra y una bien
ligada, aunque corta, tanda al natural, destacó de una faena que no llegó
a remontar. La vuelta al ruedo, quizá, excesiva. En el sexto, que mató
por cogida de Sierra, demostró parecidas características. Sueltos
muletazos con la diestra pero sin
transmisión. Sin el necesario entendimiento con las embestidas del
novillo.
El madrileño Pedro Carrero, tercer debutante esta tarde en La
Maestranza, demostró tener buen gusto en la interpretación del toreo. Al
segundo, un novillo flojo y soso, le pudo trazar buenos y aislados
naturales. Igual con la derecha dibujó muletazos, aunque sin emoción .Al
quinto, quizás el más complicado de la tarde, le pudo en algún que otro
pase con la izquierda. Después, todo quedó en vanos intentos por
agradar.
ABC.
FERNANDO
CARRASCO. Un
cornalón de caballo a Curro Sierra hace planear la tragedia sobre la
Maestranza
Fue un golpe seco. Certero. El pitón entró por la ingle cuando Curro
Sierra dejaba un segundo pinchazo. Ni siquiera salió volteado el chaval.
Pero la taleguilla del vestido blanco y oro se tiñó de sangre en milésimas
de segundo. Al apoyar la pierna derecha un chorro de sangre salió
despedido. Increíble. Horroroso. Todavía el torero de Coria del Río
quería montar la espada y despenar a su astado. No creo que se diese
cuenta de la gravedad de la cornada que llevaba. Ni él ni siquiera las
cuadrillas, que cuando acertaron a ver cómo la taleguilla tornaba el
color en ese rojo espeso, ya se había perdido mucha, pero que mucha
sangre. Fue llevado a la enfermería de manera rápida y contundente. El
rostro de Curro Sierra fue quedándose blanco y medio desfallecía.
Un cornalón de caballo. Una cornada seca y precisa que el de Gabriel
Rojas infirió al buen torero coriano. Planeó la tragedia en el coso del
Baratillo porque no había noticias de dentro de la enfermería y las
caras de los subalternos al acceder al callejón no eran para presagiar
nada bueno. Tanto es así que hasta que no se estaba lidiando el quinto de
la tarde no se supo de la gravedad certera de la cornada, sobre todo
porque el equipo que dirige Ramón Vila tuvo que hacer un esfuerzo
sobrehumano para cortar la hemorragia y luego trasfundir mucha sangre,
toda la que había perdido Curro.
Buen concepto del toreo
Ante de que llegase la cornada, Curro Sierra había sido el más destacado
de esa primera parte de la novillada. Los de Gabriel Rojas salieron
mansotes, aquerenciados y desrazados. Muchos de ellos pensándose las
embestidas. El mejor, aunque yendo y viniendo con ciertas oleadas, el
tercero. Le tomó el pulso desde el principio el chaval que se ha formado
en la Escuela Taurina de Sevilla. Primero en las verónicas de recibo y
luego con la muleta. Había brindado al respetable y desde el inicio de
faena el buen concepto que posee Curro Sierra se hizo patente. Repetía el
de Rojas y el torero le enjaretó dos primeras series diestras con
enjundia. Quizá debió adelantar más la muleta. Pero los remates, con
tricherillas y cambios de manos pintureros, elevaban el nivel. Mucho más
alto al torear al natural, con una serie realmente primorosa, esta vez
adelantando el engaño y rematando detrás de la cadera. Otra más, en
esta ocasión dejando muletazos de uno en uno. Pero había gustado, y
mucho, el torero. Luego vino el primer pinchazo y, en la segunda ocasión,
la tragedia. La vuelta al ruedo de la cuadrilla resultó realmente
emotiva.
Morenito de Aranda, además de rematar al novillo que hirió a Sierra,
lidió el sexto. Se vio al de Aranda de Duero firme y con sitio, pero no
tuvo enemigos. El que abrió plaza se aquerenció en chiqueros enseguida y
no hubo forma humana de hacerlo desistir de esa circunstancia.
Con el cuarto, un novillo tardo y pensándoselo siempre a la hora de tomar
el engaño, Morenito de Aranda se la jugó sin cuento, sacando agua de
donde no la había y estando siempre por encima de su enemigo. Los pases
de pecho resultaron de lo mejor del trasteo y, también, la disposición a
la hora de adelantar la muleta y traerse, cuando quería el astado,
toreado al de Rojas. Estuvo contundente con los aceros y dio la vuelta.
Al sexto, que apretaba un mundo y se acostaba, le tocaba de manera precisa
con la pañosa, pero el astado no era de fiar. Insistió Morenito, que vio
cómo no podía ganar la pelea a las condiciones del burel.
Pedro Carrero, al igual que sus compañeros, se presentaba en el coso del
Baratillo. Tuvo un lote infumable, ya que su primero embestía a
empellones prácticamente. Demasiado violento en sus acometidas. Buen
corte posee el madrileño, pero no lo pudo desarrollar por mor de lo que
comentamos. Mal sin paliativos con los aceros, sobre todo con el
descabello.
El quinto se emplazó nada más salir y Carrero sólo dejó algún detalle
con el capote. Paradote y sin pasar del todo, el de Rojas fue buscando el
refugio de las tablas a medida que transcurría la faena. Insistía el
torero pero se estrellaba una y otra vez. Tampoco anduvo fino con la
espada. Pero la gente ya estaba muy pendiente de la enfermería...
Una cornada muy similar a la de Paquirri
Hasta pasadas las diez y media de la noche no se emitió el parte
facultativo de la cornada a Curro Sierra. Un parte que helaba la sangre de
los que esperaban noticias a la puerta de la enfermería. Un cornalón de
caballo. Dice lo siguiente: «Cornada en el vértice del triángulo de
Scarpa, que rompe la femoral común, rompe la terminal de la ilíaca y el
separador de la bifurcación femoral, con una extensión entre 35 y 40
centímetros, llegando a la pala de la ilíaca aunque no penetra en la
cavidad abdominal. Controlada la hemorragia, el doctor Font, cirujano
cardiovascular, intenta unir las arterias pero posteriormente se opta por
un injerto de la safena, de unos 8 centímetros, en la unión de la
femoral. Pronóstico muy grave.»
El diestro entró en shock a la enfermería y el doctor Vila precisó que,
aunque Curro Sierra perdió mucha sangre, la rápida intervención de los
subalternos, uno de ellos metiendo prácticamente el puño en la herida,
evitó algo mucho peor.
Igualmente, Ramón Vila explicó a los periodistas que la cornada había
sido muy similar a la sufrida por el recordado Francisco Rivera «Paquirri»
en Pozoblanco, en la trágica tarde del 26 de septiembre de 1984, y que
después de las dos cornadas mortales del año 1992 en el coso del
Baratillo -a Manolo Montoliú y Ramón Soto Vargas-, la de Curro Sierra ha
sido la más grave, con diferencia, en los últimos doce años en Sevilla.
Ficha de la novillada
Plaza de toros de la Real Maestranza. Domingo 20 de junio de 2004.
Novillada de abono. Menos de media entrada en tarde calurosa y con rachas
de viento. Novillos de Gabriel Rojas, aceptables de presentación,
mansotes por lo general, sin raza ni casta. Mejor el tercero.
Morenito de Aranda, de purísima y oro. Media estocada (silencio). En el
cuarto, casi entera (vuelta tras leve petición). En el sexto, que mató
por Curro Sierra, estocada (palmas de despedida).
Pedro Carrero, de blanco y oro. Pinchazo, media tendida y trasera y cuatro
descabellos (silencio). En el quinto, tres pinchazos y estocada
(silencio).
Curro Sierra, de blanco y oro. Dos pinchazos, resultando herido de
gravedad al entrar a matar en el segundo intento. Remató al astado
Morenito de Aranda, de estocada y cuatro descabellos (vuelta al ruedo de
la cuadrilla de Curro Sierra).
Diario de Sevilla.
LUIS
NIETO. El
tercer novillo le revienta la femoral a Curro Sierra
Plaza de la Real Maestranza de Sevilla. Domingo 20
de junio de 2004. Media entrada en tarde de temperatura espléndida. Los
tres novilleros debutaron con picadores. Sierra, según el partel
facultativo, recibió "una cornada de 40 centímetros en el vértice
del triángulo de Scarpa. Rompe la arteria femoral común y la terminal de
la iliaca y el separador de la bifurcación de la ilíaca, con una extensión
aproximada de 35-40 centímetros, llegando a la pala de la ilíaca. No
penetra en la cavidad abdominal y se controla la hemorragia. Pronóstico
muy grave".
Un nudo en la garganta. Escalofrío. El cirujano Ramón
Vila salta de su burladero como un espontáneo. Y el público, al unísono,
se levanta como un resorte. Miradas de angustia. Cruje el silencio. Ese
otro silencio que comprime el corazón a la Maestranza. Y algunos
espectadores corren hacia los vomitorios para buscar noticias junto a la
puerta de la enfermería. En el ruedo, un novillo cornicorto y certero
-como suelen ser los novillos cornicortos- le revienta la femoral de la
pierna derecha a Curro Sierra en el segundo envite de la suerte suprema.
Esa boca hambrienta de lobo que es la cornada clava sus dientes y tiñe de
rojo el virginal blanco y oro que viste el debutante, quien se mantiene en
pie tras el seco y horrible derrote. Su banderillero y apoderado Juan
Cubero y el resto de compañeros se abren paso camino del quirófano. Le
llevan en volandas.
Hasta ese momento, fiel reflejo de la dureza y verdad de nuestra Fiesta,
Curro Sierra, un coriano de 17 años que el año pasado ganó el certamen
de novilladas de promoción en la Maestranza y que perdió a su padre en
un accidente de tráfico, había saboreado el triunfo. Demasiados
bajonazos para la ilusión de un chaval que ilusionó al torear con un
personalísimo acento sevillano al tercer novillo de Rojas, el mejor del
encierro, encastadito. Sierra jugó muy bien los brazos en unas
apasionadas verónicas de recibo. Y dibujó una faena de muleta
pespunteada de pinceladas artísticas, como un par de kikirikíes. En el
comienzo perdió la franela en un cambio de mano. Luego, en las rayas,
cuajó una serie con la diestra, rematada con un recorte aflamencado. Lo
mejor lo desgranó en una serie con la izquierda en la que empalmó cuatro
naturales y el de pecho de rango superior. Luego, surgieron otros tres
como unipases. Y no llegó a remontar con la derecha. Faena, por tanto, de
bellas pinceladas artísticas. A la hora de matar, se echó fuera en el
primer envite para señalar un pinchazo. Y en el segundo, sin meter la
muleta abajo, en el hocico, se quedó a merced del novillo, que le metió
el pitón de manera seca y certera. Ni siquiera cayó al suelo. Quedó de
pie. Y de su muslo saltó un chorro de sangre como si saliese de un
surtidor. A partir de ese momento, revuelo entre los hombres de la
cuadrilla, que le llevaron en volandas a la enfermería. Al toro lo remató
Morenito de Aranda, que despachó tres novillos. El tributo de la Fiesta
no perdona.
El festejo se rompió en dos. Y tanto al público, impactado, como a los
toreros, les costó continuar centrados en el espectáculo.
Morenito de Aranda, el más placeado de la terna, no consiguió grandes
cotas. Con el mansísimo que abrió plaza, pólvora mojada, no pudo
disparar. Con el reservón cuarto se mostró firme en una faena encimista,
en la que consiguió los mejores momentos en la primera tanda con la
derecha. Y con el también reservón sexto no pasó de una labor porfiona
y entonada, tras ganar terreno con decisión en el recibo capotero.
El madrileño Pedro Carrero hizo el esfuerzo con su lote, desentonando en
exceso con los aceros. No consiguió hacerse con su primero, mansote, que
lanzaba un tornillazo al final de viaje por el izquierdo y acudía con la
cara alta por el pitón derecho. Con el otro, complicado, tampoco se lució.
En el capote le desarmó. Y voluntarioso, en las afueras, se dio un arrimón
que justificó su actitud.
Cuando la corrida había terminado todavía continuaban las puertas de la
enfermería cerradas a cal y canto. El ulular de una ambulancia puso el
punto y final a la tarde y se abrió la noche, que comenzaba negra, con la
familia del novillero y su cuadrilla en la UCI del hospital Virgen
Macarena.
El País.
Antonio Lorca.
Cogida grave de Curro Sierra
El novillero Curro Sierra resultó herido grave al entrar a matar por
segunda vez a su primer novillo, al que había realizado una faena de buen
sabor torero. El novillero pinchó en su primer intento, volvió a
perfilarse y en el encuentro con el novillo éste lo prendió, le levantó
los pies del suelo, aunque el torero no llegó a perder el equilibrio. Fue
un instante, pero cuando el diestro se separó del animal, la taleguilla
apareció manchada de sangre y se pudo ver cómo ésta brotaba a
borbotones de la ingle. Fue trasladado a la enfermería, donde se apreció
un corte de más de 35 centímetros que le rompía la femoral y parte de
la ilíaca, por lo que fue trasladado a una UCI de un hospital. Sierra se
presentaba en la Maestranza después de haber sido el triunfador de los
festejos para noveles del pasado verano en esta plaza. Y volvió a
demostrar que es un torero con buenos fundamentos artísticos, con valor y
sentido de la colocación. Recibió a su novillo con vistosas verónicas,
y, muleta en mano, se mostró muy dispuesto, seguro y elegante. Tampoco
dejaron mala impresión sus compañeros de terna. Morenito y Carrero se
vieron las caras en primer lugar con sendos novillos acobardados. Morenito
estuvo muy decidido en su segundo, un inválido con el que sólo pudo
mostrar buena voluntad. Mató al primero de Sierra de estocada tendida y
cuatro descabellos y se afanó en el sexto, áspero y deslucido, que
tampoco le permitió lucimiento.
Carrero dejó claro que quiere, pero poco pudo hacer con su lote,
parado y descastado. Muy porfión, arrancó algunos muletazos estimables.
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