GANADERÍAS DE ANDALUCÍA
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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del  lunes, 19 de abril de 2004
Corrida de toros

LAS IMÁGENES DEL FESTEJO 
Fotografías de Matito

Más

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Cebada Gago  (bien presentados aunque desiguales, faltos de raza, mansos, con genio y con peligro, sobre todo el 6º. El 3º fue devuelto por debilidad manifiesta).

Diestros: 

  • Domingo Valderrama  (bajonazo. Palmas; media, descabello. Aplausos)
  • Pepín Liria  (estocada contraria y tendida. Aplausos; estocada en su sitio. Vuelta al ruedo)
  • Luis Miguel Encabo  (media estocada. Aplausos; dos medias estocadas que escupe, descabello. Ovación)
Presidente: Juan Murillo

Entrada: menos de tres cuartos.

Tiempo: soleado al principio, frío después.

Crónicas de la prensa:  PortalTaurino, El País, El Mundo, ABC, Diario de Sevilla

LOS PROTAGONISTAS 

Domingo Valderrama
"Era un lote imposible y no se podía hacer nada con el. Por citar algo, mi primero le he podido dar la primera tanda, mientras que al último de mi lote ni un pase. Todos teníamos puestas las esperanzas en él, de ahí que le haya plantado la muleta por delante. No tenía prácticamente nada bueno y mira que lo he cuidado, no le he dado ni un lance, el tercio de banderillas lo lidié para estar muy pendiente de la evolución y al final, el toro no ha tenido ni un pase. La desilusión es total porque había venido pensando que la de Cebada Gago tenía garantía."
Pepín Liria
"Los toros no han dado ninguna opción y creo que menos mal que tengo el respeto de la afición. Si no es por ellos me costaría un mundo hacer esos esfuerzos que hago porque cada temporada me lo ponen más difícil y más complicado. Ha valido la pena hacer un tremendo esfuerzo y demostrar una vez más en la Maestranza que tengo que arreglar temporadas en esta feria. Este año sólo he tenido la opción de una sola tarde, con toros muy complicados y creo que me ha compensado jugármela como me la he jugado. La estocada al quinto pienso que ha sido importante, le he atacado por arriba y por derecho porque creía que podía tener premio el esfuerzo que he hecho."
Luis Miguel Encabo
"No era el debut que esperaba pero al menos Sevilla ha visto mi gran disposición”. Así valoraba el Luis Miguel Encabo su actuación en la Maestranza antes de dirigirse camino de la enfermería después de recibir un fuerte varetazo en la rodilla izquierda por el último Cebada de la tarde."

 

Realiza: Emilio Trigo


El País. ANTONIO LORCA¡Antitaurinos!

Que se convenzan los incrédulos y los fundamentalistas: el mal de esta fiesta reside en ella misma. De ella viven y se aprovechan los más furibundos antitaurinos del globo. Que nadie, pues, se rasgue las vestiduras por acuerdos para la galería, porque el verdadero enemigo está dentro.

Si hubiera toros y toreros, bravura y heroicidad, nobleza y arte... Si hubiera emoción, nadie pondría en duda su continuidad.

Pero esta fiesta trucada, esta mascarada, esta pantomima aburrida y desesperante provoca la huida de los aficionados y el enfado del público, y favorece el caldo de cultivo para cualquier iniciativa contra el que, a todas luces, es un espectáculo denigrante y soporífero.

Pero los culpables son los que han acabado con el toro, con su fuerza, su casta y su codicia, y lo han convertido en un enfermo lastimoso que se arrastra por los suelos para vergüenza de su propia historia.

¿Quiénes son los enemigos de la fiesta? ¿Los que firman declaraciones o los que han extinguido el toro bravo? Si algún día la fiesta de los toros desaparece, los únicos y verdaderos culpables serán los taurinos.

El colmo fue lo de ayer. Y la confirmación de que la epidemia se ha extendido por toda la cabaña. El mismo nombre de Cebada daba miedo pronunciarlo hace unos años, y hoy produce sonrojo. Antes, la bandera de la casta y la codicia; hoy, la vergüenza de la invalidez.

¿Qué ha pasado en esa ganadería? ¿Por qué quienes se escandalizan ante acuerdos municipales no se preocupan por averiguar qué ha ocurrido para que el toro serio y bravo de Cebada se haya convertido en una sombra de sí mismo?

Pero es preferible, parece, sentirse encandalizados antes que denunciar las barbaridades que se hacen con el toro.

Así las cosas, con la escoria de Cebada no era posible el triunfo. Y mira que venían dispuestos los tres toreros, pero nada.

Valderrama tenía sólo esta oportunidad y se la recordarán para no volver a ponerlo en los carteles. Lo intentó con torería y una magnífica disposición, pero sus toros, moribundos, le cerraron la llave del éxito.

Liria se estrelló ante el segundo. Dispuesto a todo, embistió literalmente al quinto para arrancarle muletazos que no tenía, y lo mató en todo lo alto.

Y Encabo se presentaba en Sevilla, brindó al público, pero se llevó el peor lote, los dos mansos y con peligro. Esquivó como pudo los hachazos de su primero, y dudó mucho ante el sexto después de lucirse en banderillas.

Seguro que los taurinos culparán a los toros. Pero llegará el día en que todos los llamen por su nombre: ¡Antitaurinos!


PortalTaurinoMANUEL VIERABuenos eran para el matadero

Ignoro, pues, lo que pasará si esto sigue por estos derroteros. Ni siquiera se lo que ha pasado estos años atrás en los campos ganaderos de Medina Sidonia y Jerez, donde pastan los toros de los Herederos de D. José Cebada Gago, porque todo sigue igual, o si me apuran peor. A la manifiesta falta de casta se le une ahora una endeblez preocupante, que le hacen ser unos auténticos bueyes inválidos en el ruedo. La bien presentada corrida de Cebada no ha servido. Ni siquiera para provocar el ¡uy! de la emoción del peligro. Toros parados, rajados, huyendo para tablas… sólo el primero dejó que Domingo Valderrama atisbara con ilusión y ganas su sevillano toreo. Los demás buenos eran para el matadero.

Tentar la suerte, a estas alturas, con semejantes animales traía estas consecuencias, pero era lo que había, y difícil es que ahora haya más. Valderrama no pudo, esta vez, lucir su toreo sevillano. El detalle de lo mínimo, la expresión efímera de del trazo de su muleta, se concentraron en los inicios de un trasteo al descastado primero donde no llegó a aflorar el toreo que merecía la pena ver. El metisaca en los bajos terminó de quitar, si quedaba, alguna ilusión. Con el manso cuarto, no encontró el utrerano ni una sola embestida para el mínimo detalle.

Pepín Liria, como es costumbre en este torero, no escatimó esfuerzos. Tiene en su haber mil batallas en los ruedos. Su lucha por ocupar un puesto digno en el escalafón es constante. No desfallece en su empeño. A chiqueros se fue a quitarse el miedo, y después a la dura porfía con el parado segundo. Pero fue con el manso quinto, con el que Liria fue Liria. Se enfadó, gritó, peleó y le robó muletazos en las tablas cercanas a chiqueros con rabia, coraje y un valor desmedido hasta alcanzar la faena deseada. Un trasteo épico. Un ejemplo de entrega, que supo rubricar con contundente estocada. La justa vuelta al ruedo fue el premio a su incansable lucha.

El madrileño Luis Miguel Encabo se presentó en esta plaza sin alcanzar el triunfo deseado. Ni siquiera ha lucido en los tercios de banderillas. Le aplaudieron con fuerza tras parear al sexto, quizá por la espectacularidad al realizar la suerte, pero no por la ejecución. Clavó a toro pasado, y sólo en el tercer par destacó con más claridad. En el trasteo al tercero no hubo acople con la embestida incierta del toro que más se movió. Tuvo demasiada desconfianza, tanta, que le hizo desistir muy pronto del toreo al natural. Con el sexto, el más complicado, se enfadó con excesivas precauciones.


Diario de Sevilla.  LUIS NIETO El guerrero de Cehegín mantiene su orgullo torero intacto

El guerrero de Cehegín, herido por las empresas -que apenas cuentan con él-, continúa en la lucha con su orgullo intacto. En la Maestranza, donde en numerosas ocasiones le han negado los honores de trofeos merecidos, mantuvo intacto su crédito. Garantía de torero honrado, valeroso, cabal. Que nadie olvide que este tipo de toreros son necesarios para la Fiesta. De hecho, ¿cuántos están dispuestos a anunciarse con los temibles cebadagagos?...No todo es el pinguí. Hay también que valorar a los fajadores, a esos toreros que se pasan por la faja los buidos pitones de toros imposibles, como los que lidió ayer el murciano. Con el corazón por delante, con esfuerzo, el guerrero de Cehegín demostró que a pesar de los desaires del destino todavía mantiene a flote su orgullo torero.

Pepín Liria se la jugó de principio a fin. Al segundo, un toro que no se entregó, lo recibió con una larga de rodillas a portagayola, que fue de infarto. El toro corrió hacia él como un tráiler y cuando metió la cabeza en busca del engaño, sus afilados cuchillos pasaron a escasos centímetros de su pecho. Liria no se arredró y cumplió en una faena correcta ante un toro sin entrega alguna.

En el epílogo llegaron los instantes más emotivos de la corrida. Liria se empleó a fondo, junto a tablas, en tendidos de sol, con un manso que se quedaba corto unas veces y cortaba en la mayoría. En su trasteo, correcto, sacó pases por ambos pitones, en los que tragó mucho. En la suerte natural, con el toro mirando a toriles, sin reservas ni contemplaciones, se volcó con una decisión encomiable y propinó un rotundo estoconazo. La estocada, por sí misma, era de premio. Un premio que quedó en una merecida vuelta al ruedo.

El utrerano Domingo Valderrama, triunfador en la pasada Corrida del Corpus, en Sevilla, no alcanzó nota en su única oportunidad en la feria abrileña. Con el que abrió plaza, el único animal potable del encierro, especialmente por el pitón derecho, propuso la faena en los medios. Una labor ausente de limpieza tanto en el centro del ruedo como cuando cerró al astado en los tercios. 

Con el reservón cuarto, en las afueras, también hubo exceso de enganchones. Un trasteo tan deslucido y soso, como el del animal que tuvo enfrente.

Luis Miguel Encabo, con el peor lote, mantuvo el tipo en su presentación en el coso del Baratillo. En primer lugar, le correspondió un toro pequeño, muy corto, que fue devuelto de inmediato ante su claudicación.

Como noticia, Florito se estrenó en la Maestranza, manejando su parada de bueyes, que en el día anterior, sin el amo, no funcionó. Teníamos al ferrari, su parada de Madrid, pero faltaba el infalible Florito, el Michael Schumacher de los cabestreros, que ayer se estrenó con acierto, recibiendo una de las ovaciones más grandes de la tarde. La diferencia fue enorme. De la media hora en la devolución en el día anterior, en el que debieron estoquear a uno de los toros, se pasó a cinco minutos. 

Encabo se justificó ante el sobrero, del mismo hierro, un astado peligroso. Aseado con el capote, no pasó de correcto en banderillas. Con la muleta tuvo que tragar mucho, con un toro siempre a la espera de cazar a su presa.

El espada madrileño brilló en el que cerró plaza en el tercio de banderillas, fundamentalmente en un tercer par en el que dio ventajas a su oponente. Con la muleta se jugó la cornada en cada pase. De hecho, en un natural, el cebadagago le trincó por la rodilla izquierda y le hizo volar por los aires. Afortunadamente, todo quedó en un susto.

Al término del festejo, los comentarios apuntaban a la corrida decepcionante que abrió el tramo torista y a un Liria que dejó constancia de su valor, de su entrega y de su coraje. A estas alturas se pensará que no es noticia. Pero hay que resaltar una vez sus cualidades. No es fácil tragar paquete con toros infumables, como los cebadagagos que se lidiaron ayer en la Maestranza. 



El Mundo.
JAVIER VILLÁNUna estocada hasta la bola

Vino Domingo Valderrama, el pequeño torero de las grandes gestas frente a divisas duras, y le atizó al primer cebadagago un metisaca criminal que lo dejó listo y acabado para el arrastre.No hay derecho. Estamos todavía en las loas y los responsorios gloriosos de otro Valderrama, Juanito, el de El emigrante, y de golpe tenemos que cambiar el registro a las coplas de escarnio y maldecir, que es lo que se merece el infame bajonazo del Valderrama torero.

Aclaro lo de don Juan y El emigrante porque, a la muerte de Antonio Molina, escribí que en una feria de pueblo le había escuchado a éste, en plena decadencia y perdida casi su portentosa voz, junto a Soy minero, El emigrante. Los guardianes de la ley sagrada me pusieron a parir: creyeron que despojaba al hoy difunto don Juan de su máxima gloria y principal seña de identidad. No era eso y, como nada le quité, nada debo restituirle. La vida quisiera devolverle a Juanito Valderrama, pero eso no puede hacerlo ni Dios.

No ha sido triunfal esta vuelta de Domingo Valderrama a la Feria de Abril y la gente acabó incomodándose con él en la misma medida en que él anduvo incómodo con el mansísimo cuarto.

Pepín Liria perdió la montera en el rifirrafe de la portagayola, o similar, al que tan aficionados son algunos toreros. El túnel de chiqueros de La Maestranza, ancho como una autopista, es un peligro. Los toros salen orientándose, ojo avizor, oteando el amplísimo horizonte y eso crea incertidumbre y riesgo. Liria perdió la montera en el lance aunque mantuvo intacto el honor torero. Lo cual no impidió que, a partir de ese preciso momento, el murciano desgranara una compleja sinfonía de aburrimientos con todos sus matices: un recital completo.

El tedio desapareció en el quinto, aunque, en honor a la verdad, Pepín Liria no mejorara demasiado su actuación anterior si bien sacó su antigua garra. Ahogó al deslucido animal, se ahogó a sí mismo y, en consecuencia, los inhóspitos cabezazos del bicho le tropezaron constantemente la muleta y le desarmaron. La estocada hasta la bola puso al público de pie y una parte de éste, muy minoritaria, le pidió la oreja, cosa a todas luces excesiva.

Con el debut de Florito, o acaso su doble, los cabestros de La Maestranza han mejorado. Ayer la vuelta del tercer cebada a los corrales sólo duró ocho minutos. Se ha recortado sensiblemente la pavorosa marca del día anterior: 45 minutos para dos toros.La Maestranza premió con aplausos la encomiable aplicación de Florito, o su doble, con aplausos. El presidente se resistía a desahuciar al inválido temiendo quizá el numerito de los cabestros.A ver si, comprobada la regeneración de los mansos, se devuelve algún toro más; porque alguno de los que ayer permaneció en el ruedo también debiera haberse ido a corrales.

Quien no tuvo suficientes luces para comprobar las posibles condiciones del sobrero fue Luis Miguel Encabo, nuevo en esta plaza. El cebada blandeaba, mas avistada la muleta, embestía con cierta convicción.Era toro de tres tandas, a lo máximo cuatro, pero Encabo no halló el sitio, fue desarmado y, a partir de ese trance indeseable, el animal se puso imposible y se marchó a tablas.

Como una locomotora se disparaba el sexto cuando Luis Miguel Encabo empuñaba las banderillas. El de Madrid le ganaba la cara y los terrenos y clavaba arriba, al menos en dos pares; fueron sus momentos de emoción más auténtica. La emoción creció en la muleta, aunque no por la autenticidad sino por el riesgo, con los focos ya encendidos, el manso quería hacer carne y sangre a toda costa y, ante la indefensión de Encabo, se palpaba la cornada. Por fortuna todo quedó en una voltereta incruenta. Mal la corrida de Cebada Gago, sin paliativos. Sin clase, en parte sin fuelle y descastada. Si Cebada, una referencia notable de toro bravo se hunde, ¿a dónde vamos?


ABC Zavala de la serna. Banderillas negras para Cebada Gago

Y porque ya no las hay de fuego. Dejémoslo en banderillas negras y va que arde. Vaya mansada la de Cebada Gago. Suspenso en todas las líneas de flotación de una supuesta corrida torista. Cero en casta, cate en la presentación de algunos toros, los escalones más bajos de una escalera que fue desde los 608 kilos de uno a los 482 o 512 sin remate de otros, y deficiente en poder y fuerza. Completo el paquete de cebadas.

¿Noticias positivas? La estocada al quinto de Pepín Liria, que si no hay guerra la monta, el valiente tercio de banderillas de Luis Miguel Encabo al descompuesto y peligrosísimo sexto y el debut maestrante de Florito, que dirigió a los bueyes, a los otros, con diligencia. El resto, tiempo para meditar, para pensar en lo feo que es el cartel de la Feria de este año, sólo superado por el que el Consejo de Asuntos Taurinos de Madrid ha escogido para la ya tradicional fecha del 2 de mayo, o en la retirada de Morante, que necesita de una delicada inmersión en sicología.

Domingo Valderrama se topó con el único toro de la tarde con posibilidades, el más amplio, un cinqueño, sin maldad aunque sin terminar de humillar. O sea que la voltereta que sufrió Jesús Sánchez en la brega fue más bien un accidente de impericia por no sacar los brazos debidamente. A Valderrama, que torea poco, siempre le tocan los enemigos más altos y voluminosos, como si la fortuna pusiera en lid un juego morboso de escalas. No pasó nada, que en su situación es lo peor que puede pasar. Le enganchó mucho la muleta cada vez que quiso vaciar los viajes por arriba, y el hombre se (des)ahogaba en voces y más voces. No hubo opción con el cuarto, que no era nada, ni toro ni tora, un morucho desparramado de los cuartos traseros al que constantemente le animaba con un «¡vámonos!», sin que nadie supiese a dónde.

Liria no da batalla por perdida, y si no existe se la inventa con amor propio y ganas de agradar. Ya se hallaba el mansito cárdeno acobardado en su querencia, y allí se fue Pepín a partirse la cara y a sacar una caña al menos de tan poca cebada. A trancas y barrancas arrancó un principio de faena entonado y algunos naturales limpios a favor de tablas en la refriega posterior, con el enemigo con la testa por las nubes y a la defensiva. El espadazo en el mismo hoyo de las agujas coronó la aguerrida labor y valió el paseo del anillo, que premiaba también el esfuerzo.

A portagayola había acudido el murciano a recibir al anterior de su lote, que salió muy cruzado y no le arrancó la cabeza -sí la montera- de milagro. Blandeó el toro, que se quedó muy apagado en la muleta, pese a que Liria espació las series. Se entregó en la suerte suprema hasta tal punto que se atracó, y la estocada cayó un punto contraria, sin perder efectividad.

Encabo, que se presentaba en Sevilla, bailó con los más complicados. Al largo y montado sobrero que sustituyó a un hermano que sólo se tapaba por la cara y por el apellido lo recogió en los medios y lo lanceó con decisión, siempre ganándole terreno. Llevó bien la lidia, estuvo correcto sin más con los palitroques y voluntarioso con la muleta, frenadas las aquerenciadas embestidas hacia los medios y arreadas sin estilo hacia los adentros. Sobró que cortase la faena tan en seco.

Fue con el último cuando el torero madrileño arriesgó el físico: segundo y tercer pares adquirieron suma importancia por la velocidad del cebada, alocado en su galope. La plaza lo reconoció puesta en pie. Lo de la muleta se convirtió en un trago duro. El bicho quería coger constantemente, y lo consiguió en un volteretón de escalofrío. Volvió Encabo haciendo de tripas corazón. Costaba un mundo estar allí delante. Un día habría que ver la reacción del público con una lidia a la antigua, por bajo, por los costillares, quebrantando al bruto para una muerte pronta. Faltó la rúbrica de la espada.

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