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Festejo de abono
REAL
MAESTRANZA DE
SEVILLA
Tarde del domingo, 18 de abril 2004
Corrida de toros

Excelente verónica de Juan Diego
FICHA TÉCNICA
Ganadería: José
Luis Pereda (bien presentados, faltos de casta, mansos,
inciertos y con peligro. 3º devuelto por salir al ruedo con una pata
rota; 3º-bis, de Herederos de Antonio Ordóñez, devuelto por invalidez
para la lidia)
Diestros:
- Rivera
Ordóñez (estocada entera atravesada, dos descabellos. Saludos
desde el tercio; cinco pinchazos. Silencio)
- Juan
Diego (pinchazo, estocada contraria, trasera y tendida.
Silencio; media estocada. Saludos desde el tercio).
- El
Fandi (meteysaca, pinchazo, cuatro descabellos. Saludos desde el
tercio; pinchazo, estocada. Aplausos)
Presidente: Antonio Pulido.
Entrada: menos de tres cuartos.
Tiempo: nublado, llovizna y viento.
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
El País, El Mundo, ABC, Diario de Sevilla,
El Mundo
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LAS IMÁGENES DEL
FESTEJO. Pulsar para
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Rivera Ordóñez
 
Juan Diego

El Fandi
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LOS PROTAGONISTAS
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Rivera
Ordóñez
"He tenido que luchar contra muchos factores y lo peor para
mi es el viento. La corrida ha ha desarrollado mucho. El segundo mío
tenía muy malas ideas, cinco años y lo ha acusado. Cazando,
agazapado y cuando creía que podía coger algo daba el arreón y
mientras tanto, completamente parado. Con este lote es imposible,
muy difícil. Con el primero he pasado un buen trago, con el toro
sin querer salir de chiqueros. Al menos con la estocada me he
volcado arriba porque el toro no me ha ayudado. Lo he intentado
todo y me ha pegado un tragantón." |
Juan
Diego
"No ha sido el debut que pensaba para esta plaza. Uno viene a
triunfar con fuerza pero me llevo la ilusión de estar en la
Maestranza. Esta plaza tiene una sensibilidad muy especial y es un
sueño para todos los toreros. Creo que estado a la altura y con
responsabilidad, he tratado de estar con compostura y demostrarle
a la afición que quiero entrar en Sevilla. Aquí en cuanto se ve
algo bueno la afición responde, como ha hecho con mis verónicas
y algunos los muletazos al segundo de mi lote." |
El
Fandi
"Mi lote un verdadero regalo. La tarde tenía muchos
contratiempos, el frío, la lluvia, el viento y se ha torcido
desde el principio. Por lo menos he podido banderillear a los dos
a gusto. Los toros no han servido nada y con malas intenciones. El
último desde la salida ha tirado la cara a las nubes, revolviéndose
y buscando los tobillos. Ha sido muy complicado y he estado con
todas las ganas posibles y así, creo que lo ha visto la afición.
Los toros sólo han servido para las banderillas porque creo que
para nada más."
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LO MEJOR Y LO
PEOR
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Por Ricardo
Ríos. PortalTaurino.com
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Largo y deslucido festejo el de la Maestranza, en tarde más otoñal que de primavera, con viento, lluvia y
frío impropio del abril sevillano. Prometía la corrida cuando Rivera
Ordóñez se fue a recibir al primero a portagayola. Aguantó el niño de Paquirri eternos segundos, porque el animal no aparecía. Cuando lo hizo se paró ante el torero y éste siguió aguantando,
derrochando dosis de valor de herencia paterna. Ahí quedó todo. No fue lo mejor, porque LO MEJOR lo protagonizó David Fandila "El
Fandi", en un espectacular derroche físico con las banderillas. En su primero -que debió ser el tercero de la tarde y fue el quinto- el granadino se empleó en unas de sus especialidades: dejar arrancar al toro y correr, sin perderle la cara, pero hacia atrás hasta tenerlo cerca de los pitones y clavar
entonces las banderillas. El público se le entregó cuando en el tercer par dejó al astado en el
mismísimo centro del anillo, extenuado, derrotado, dominado por el matador que vio y sintió a toda la Maestranza puesta en pié, en la ovación más grande de la tarde. Repitió suerte en su segundo, pero variando el estilo y rematando el tercio con su peculiar par "al violín". Lo tuvo
fácil el comentarista: fue, sin duda, lo mejor.
Tercero y tercero bis tuvieron que ser devueltos a los corrales. Uno salió con la pata rota, otro cojo y con mermadas fuerzas. Y con ellos vino LO PEOR de la tarde-noche -que anocheció en el Arenal sevillano- con el martirio de los cabestros. Al primero lograron
llevárselo, no sin poco esfuerzo, al segundo resultó imposible. ¡Era demasiado trabajo, ya!. El propio Fandi tuvo que pasaportarlo de un
estoconazo, y se le agradeció. La mansada aburrió a los propios mansos. Dicen que la ha entrenado el
mismísimo Florito, sí el de las Ventas madrileña, pero él no estaba en el ruedo, y los "técnicos" se
mostraron como de tercera. Fue penoso. Ojalá que no se repita.
A las nueve y veinte de la noche, casi tres horas después del inicio, salíamos de la Maestranza.
Frío en el cuerpo y desencanto generalizado.
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El País. ANTONIO
LORCA. La maldición de los cabestros
Dicen que Florito, el cabestrero de la plaza de Las Ventas, es el propietario de la nueva parada de cabestros de la Maestranza, que la ha cedido por amistad con los empresarios. Después de lo visto ayer, una desastrosa actuación sólo superada por sus antecesores, es evidente que Florito y los empresarios sevillanos sólo se conocen de vista. Es claro que el madrileño ha enviado a los animales más torpes de la manada. Entre que no deben conocer bien la plaza, no identifican la voz de quien les manda y que no encuentran a Florito por ninguna parte, los cabestros deambulan como almas en pena por el redondel, mientras el toro, que no conoce de nada a
Florito, mira a los tendidos con cara de no entender nada.
La solución parece clara: que venga Florito, afiance su amistad con los empresarios sevillanos, se lleve a estos animales y mande a otros más preparados.
Unos veinte minutos estuvo en el ruedo el primer sobrero sin que los cabestros fueran capaces de conducirlo a los corrales. Al final, El
Fandi, en un gesto que le honra, se ofreció a matarlo para evitar que la espera llegara a mayores.
Esto de los cabestros es como una maldición en esta plaza, cuna de toreo, se dice con orgullo, pero de auténtica vergüenza en lo que a respeto al público se refiere.
Entre la desesperante espera y la sosería de los toros, sólo la buena voluntad de los espadas impidió el naufragio. Y el vencedor fue El
Fandi, que protagonizó dos extraordinarios tercios de banderillas que la plaza le agradeció puesta en pie tras su magistral demostración de poderío, valor, técnica y conocimiento de los terrenos. Se la jugó después ante el peligroso sobrero y el parado sexto, pero sólo pudo dejar patente su voluntad.
Algo parecido sucedió con sus compañeros. Rivera llegó con renovados deseos de triunfo, pero su lote no fue nada propicio. Recibió a su primero de rodillas en la puerta de toriles y el toro tardó en salir una enormidad. Lo esperó con arrestos y consiguió una emocionante larga cambiada y vibrantes verónicas. Después, sólo voluntad. Y Juan Diego se presentó en la plaza cargado de ilusión y torería. Aguantó el viento y las nulas condiciones de sus toros y dejó una extraordinaria verónica y varios largos naturales como carta de presentación.
La corrida, casi tres horas por culpa de los cabestros. Lo dicho: una maldición.
PortalTaurino. MANUEL
VIERA. Los mansos no funcionan. ¿Problema o misterio?
Nos la prometíamos felices con la nueva parada de cabestros adiestrada por el popular Florito. Ya, nunca más soportaríamos la ineficacia de unos bueyes incapaces de cumplir con la tarea encomendada. Ya, nunca más sufriríamos tardes interminables, desesperantes, inaguantables… cada vez que la devolución de una res se hacía necesaria. Pero los nuevos mansos no funcionan. ¿Los mansos o los que guían a los mansos?. Y seguimos estando entre el problema y el misterio. Porque un misterio parece que tan los lustrosos y preparados animales se muestren tan incompetentes en esta plaza para realizar su cometido. Veinticinco minutos tuvieron para intentar conducir a los corrales al devuelto tercero. No lo consiguieron. Mañana volver a empezar.
Y entre esperas interminables, la climatología invernal y la sosería de unos toros sin gota de casta pasaron casi tres horas insufribles con escasísimos momentos de emoción. Sólo lo tuvimos al contemplar la decisión, el aguante y el valor de Rivera Ordoñez, los leves chispazos de la pureza aislada de Juan Diego, y el fenomenal tercio de banderillas de El Fandi. No hubo más.
Con una insistencia admirable, Rivera Ordóñez, esperó impávido a portagayola eternos minutos hasta conseguir su objetivo: lograr la complicada larga cambiada al primero de sus toros. Un aspecto no desdeñable en la inacabable tarde de toros ha sido el valor y el trabajo a destajo de Francisco Rivera con cada uno de sus oponentes. Expuso todo lo que pudo con el serio, noble y parado primero hasta conseguir aislados, aunque lentos, muletazos. Un arrimón de órdago precedió a la estocada y al doble descabello. Al cinqueño cuarto, reservón y complicado, poco o nada le pudo hacer, sólo lo intentó sin éxito. Con la espada muy mal.
A Juan Diego se le esperaba con impaciencia. Su exquisitas formas, ya demostradas en otras plazas la pasada temporada, le hacían ser torero deseado. Pero sólo hubo pequeños matices de un toreo que se atisba sutil y envolvente. La sosería de las cortas embestidas del segundo, sólo le dejaron dibujar el trazo en los escasos muletazos. Afortunadamente, con el quinto pudo mecer sus muñecas al ritmo armónico del capote. Dos lances muy de verdad y el bello remate a una mano merecieron la ovación unánime del público. Fueron escasas sensaciones, momentos de emoción. Después, le faltó decisión y cruce para dar continuidad a los aislados y bien ejecutados muletazos.
A medida que va escalando puestos, El Fandi, está adquiriendo unas dimensiones inesperadas en los tercios de banderillas. Ya nos es el torero bullidor y atleta que solo divertía por sus formas y maneras espectaculares de clavar. Ahora, El Fandi, demuestra ser un consumado dominador del tercio. Facilita la comunicación con los tendidos y les trasmite intensas emociones. Y no se trata de propugnar la pureza aislada de algunos de sus pares de banderillas, sino de distinguirla de lo demás. El granadino clavó tan soberbios pares al sobrero de Herederos de Antonio Ordóñez, lidiado en el tercer lugar, que mereció los honores de la ovación más sonora y unánime de la tarde. En conjunto, un regalo para el espectador. Fueron estos los instantes más intensos de una actuación que después, con la muleta, nada pudo conseguir, ni con el mulo sobrero que hacia tercero, ni con el complicado sexto.

El Mundo. JAVIER
VILLÁN. La luz de Juan Diego en una tarde
gris
La primera parte de la corrida duró una hora y tres cuartos y además
fue un tostón. Sólo en devolver los dos lisiados que salieron al ruedo,
la parada de cabestros, que parecen ser de otra galaxia y no haber visto
un toro en su vida, invirtió tres cuartos de hora. El titular de Pereda,
tercero, salió con la pata chula y la pezuña quebrada y el primer
sobrero de Ordóñez algo parecido; y además, con los pitones
escachifollados: se desencuadernó y se escobilló contra el aire: dos
deshechos en apenas cinco minutos en el lote de El Fandi.
El primer toro de la tarde no se caía pero miraba al torero en demasía.
Rivera Ordóñez aguantó miradas y parones aunque no tantas ni tan
insidiosas como las que hubo de aguantar Juan Diego, el salmantino, nuevo
en esta plaza, que tiene sello de estilista sobrio, se fue de La
Maestranza con marchamo de valiente.
A Juan Diego le pasa como a Salvador Távora, que es también un
estilista del barroco teatral y se ve metido, cada dos por tres, en
querellas y trifulcas taurinas. Viene de Barcelona Távora, de los
preparativos para el estreno de Carmina Burana, y anda preocupado por la
deriva antitaurina que está tomando el sentimiento ultranacionalista. Távora
le ganó todos los pleitos a la Generalitat que le prohibió matar un toro
en Carmen, pero el pensamiento municipal y espeso es otra cosa.
Tranquilos. De momento, a ver qué pasa con este toro, tercero bis, en el
que la parada de cabestros repite incompetencia y pasotismo.
Los bueyes tardan en salir y cuando salen, demuestran una pereza y un
gregarismo indolente verdaderamente ejemplares; de paso, la incompetencia
del mayoral se manifiesta en todo su esplendor.Los bueyes miran al toro
lisiado con un infinito desdén y el cabestrero es un inútil incapaz de
manejar la parada con un mínimo de pericia. Los minutos se hacen eternos
y al fin El Fandi pide permiso para estoquear al sobrero de Ordóñez. El
segundo sobrero es otra cosa: poderoso, cuajado, violento y manso; mintió
en el primer tercio y se paró en el último agotado y
traicionero.Momentos antes, la música había protagonizado un instante
sublime de sentimiento y delicadeza mientras El Fandi banderilleaba con
firmeza y precisión.
Corridas como ésta son peor que lo de Barcelona. Lo del Ayuntamiento
barcelonés y los toros es un gesto vacío. O eso creo yo. No hay güevos
en las Españas para prohibir las corridas. Mientras éstas muevan tal
cantidad de dinero. Economía, Horacio, economía, que decía el Hamlet.
No llegará la sangre al río, salvo la sangre de los toros, y el humo de
los altares no cegará los ojos de los antitaurinos barceloneses. Economía
y política acaban siempre imponiéndose al humanismo. Y, mientras en
Cataluña haya esa población ya estable de charnegos descendientes de
charnegos, en su mayoría aficionados a los toros, els altres catalans,
además de los catalanes genuinos, aficionados a los toros, a ver quien se
juega los votos.
El mulo cuarto no se merecía los riesgos que asumió Rivera; y puede
que el quinto tampoco mereciera la torería y el valor de Juan Diego. La
segunda parte de la tarde amenazaba con ser tan plomiza como la primera
hasta que el capote del salmantino dibujó la verónica; y luego, los
redondos corriendo la mano. Y algunos naturales, soberanos de trazo y
colocación. Repitió clamores El Fandi en banderillas y arriesgó al límite.
Mas los mejores momentos fueron los de Juan Diego. Casi tres horas y todo
por culpa de cabestros y cabestrero: a ver si los jubilan.
Diario de Sevilla.
LUIS
NIETO. Juan
Diego y El Fandi levantan una tarde con todo en contra
Era la cuarta y andábamos todavía como despistados bajo ese cielo plomizo que rompió a lagrimear en algunos instantes. Viento, paraguas, frío...¡Esto no es la Maestranza! O al menos no lo parecía. Falta ese azul cielo purísima que, por otro lado, jamás podrá imitar la más moderna de las cubiertas. Falta el esplendor de ese bello cielo, como ya se echa de menos un gran toro y una gran faena.
Al menos, en lo que respecta en el ruedo, Juan Diego y El Fandi salvaron la tarde con todo en contra. No sólo en lo climatológico, si no que también tuvieron enfrente, con Rivera Ordóñez de compañero, un ganado descastado. Con dos sobreros y una parada -la de Florito de Madrid, pero sin el eficaz Florito- que alargó en más de treinta minutos las devoluciones, el festejo alcanzó las tres horas. Yo, aquí, me planto. Un espectáculo de tan larga duración debería estar prohibido. Cuando una corrida exceda las dos horas deberían devolver el precio de las localidades, como en el AVE, cuando llega con retraso. Salimos de noche y aquello parecía una calle de Bilbao en invierno, en lugar de la de Antonia Díaz en primavera ¡Qué horror!
Los taurinos -algunos- dicen que los toros no se mueven y no embisten hoy en día por que salen con exceso de peso. Ayer, tan sólo un ejemplar, el sexto, y el sobrero que se estoqueó sobrepasaron la media tonelada. Y no se movían o cuando lo hacían era para embestir sin clase, con problemas. Amigos, ¡no es cuestión de kilos, sino de casta! Y el encierro estuvo bajo mínimos en esa condición.
Juan Diego, que nadie le confunda con el actor de Bormujos, es un espada salmantino, a punto de cumplir los treinta años, que le da un aire a Julio Robles tanto en la manera de torear como hasta en el físico. En lo que supuso ayer su debut como matador de toros en la Maestranza dejó una buena tarjeta de presentación. En su primero -segundo de la tarde- apuntó buenas maneras en los lances de recibo y, molestado por el viento, trazó una buena tanda con la diestra en los tercios a un animal que se apagó como una vela.
Al quinto, que no llegó a romper, lo recibió muy bien con el capote, cerrando con dos verónicas primorosas y una airosa larga, muy torera. Con la muleta sacó todo cuando tenía el toro, muy poco, en una labor por ambos pitones, con solvencia y elegancia.
El Fandi volvió a demostrar que hoy por hoy es el mejor banderillero de esta época. Puso a la plaza en pie en sus dos toros. En su primero descolló en el segundo par, a la moviola, y en el tercero, haciendo piruetas entre los mismo pitones del astado, para clavar de poder a poder. Con el sexto volvió a demostrar sus grandes dotes físicas: inverosímil, un primero por los adentros y otro de igual manera al violín. El granadino tuvo la mala suerte de dos devoluciones, un toro por haberse partido la mano derecha y el otro por claudicar. El diestro, siempre animoso, recibió al sobrero con una larga de rodillas en el tercio y consiguió algunos pasajes interesantes con la muleta por el pitón izquierdo, ante un animal tan falto de casta, que se echó a mitad de la lidia. Con el sexto se peleó hasta que el toro, con problemas, se apagó y le buscó. Por el izquierdo, incluso sufrió una seria colada.
Rivera Ordóñez asustó al miedo cuando recibió al primero, que tardó unos minutos eternos en salir. Se le paró. Pero Rivera, con un valor rayano en la temeridad, aguantó y consiguió darle una larga cambiada que cortó la respiración en los tendidos. La faena, con el toro sin entregarse, no alcanzó altura. Lo mejor, el volapié. En el otro, otro animal deslucido, que puso en apuros a Joselito Huerta en banderillas, al que hizo un oportunísimo quite El Fandi, no tuvo opción alguna. Con este ejemplar, estuvo mal con la espada.
La corrida de la casa Pereda no dio opción al lucimiento, pese a que en su conjunto estuvo presentada en el tipo de la casa, con algún ejemplar al límite. La terna se enfrentó con sus armas y sin reservas. La casta de Rivera, con su temeridad a la hora de recibir a portagayola al primero; el tercio soberbio de banderillas de El Fandi y las buenas maneras de Juan Diego, levantaron una tarde con todo en contra.
ABC.
Zabala de la
Serna. Dos únicos
momentos de emoción para tres descastadas horas
Dos momentos de emoción para tres horas, o casi, de descastamiento.
Diez minutos, como mucho. Demasiado poco para sostener un espectáculo
partido por la mitad con un par de eternas devoluciones, reventado por la
falta de casta brava de los toros de José Luis Pereda-La Dehesilla.
Rivera Ordóñez acudió con el paso firme a la puerta de toriles, esa
boca de lobo, inmensa en la Maestranza, que aterra. Allí se postró de
rodillas durante un tiempo infinito, porque el toro no salía, y cuando
apareció se paró, deslumbrado por la luz o por el oro de la armadura del
valiente. Se detuvo el corazón de la plaza hasta que tiró la larga
cambiada, hasta que las finas velas se decidieron a arrancar tras el vuelo
del capote. Momento intenso, el primer momento de emoción.
El otro lo protagonizó El Fandi con las banderillas ante el segundo
sobrero de Herederos de Antonio Ordóñez. La gente se erizó como una ola
después de casi tres cuartos de hora de parón, con los cabestros de
Florito vagando por el ruedo, como si buscasen a su dueño, que es el que
manda, como si la tropa de bueyes no reconociese a esos dos sargentos de
la gorrilla; la gente, decía, se volcó con el tercio de Fandila, pletórico
de facultades, espectacular en la moviola, sobrado en los juegos a cuerpo
limpio, como los recortadores navarros, para acabar clavando en la cara en
un estallido de ovaciones y pasodobles. Segundo momento de arrebato,
olvidado el vulgarón par al cuarteo, que es, o era, donde antiguamente se
medía a los buenos y clásicos banderilleros.
Tras la intensidad, sólo queda rescatar los lances a la verónica de Juan
Diego con el quinto, acompasados y rítmicos por el pitón izquierdo y una
larga de remate; el toro, sosón y carajote, valió para que el salmantino
demostrase en su presentación en Sevilla su sello, aunque se pusiese
demasiado encima de un enemigo que necesitaba más aire y no tanto ataque.
Se habría evitado además algunos enganchones en los que la embestida
arrollaba la cercana muleta. Sirvió la faena para que pasase con dignidad
y brillos el debut, tras despachar antes un bicho calamocheante y sin
clase.
Más bravucón que bravo
El que abrió la tarde fue más bravucón que bravo en el caballo, al que
acudió como un obús, para recibir en un solo encuentro diferentes
puyazos en su anatomía. Imponían sus astifinos pitones, que le daban una
seriedad que luego no tuvo el hermano que completó el lote de Rivera Ordóñez.
Se arrimó el torero en una obra a la que el toro nunca se entregó. El
cuarto, que de principio tomaba bien el capote, cambió en banderillas,
esperando a un valeroso Joselito Gutiérrez. Reservón fue el
comportamiento de unas arrancadas que unas veces perseguían la muleta y
otras se fijaban en los muslos de un matador siempre muy mal colocado,
incluso de forma perjudicial para su físico, al descubierto de tan poco
cruzarse y de tanto tocar por fuera con la muleta. No lo vio claro con la
espada y se aburrió de pinchar, sin la relativa efectividad de su labor
inicial (estocada atravesada y dos descabellos).
Fandi, que también prendió las palmas con los rehiletes en el sexto -por
los adentros y al violín de nuevo mejor que al cuarteo-, se justificó
con un enemigo que se defendía, y volvió a saludar desde el tercio como
en el tercero, también en recuerdo de sus poderosas banderillas. Entonces
no se afinó con el estoque y se precipitó con el verduguillo para
atronar al rajado sobrero.
Otros
festejos de la temporada. Carteles, resultados y crónicas
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