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Festejo de abono
REAL
MAESTRANZA DE
SEVILLA
Tarde del sábado, 17 de abril de 2004
Corrida de Rejones
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Fermín
Bohórquez (nobles, con juego y bien presentados). El mejor, el 1º.
Diestros:
Entrada: más de tres
cuartos de plaza.
Tiempo: sol y nubes,
viento.
Crónicas de la prensa: El País,
ABC, Diario de Sevilla,
Portaltaurino.com
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LO MEJOR Y LO
PEOR
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Por Ricardo
Ríos. PortalTaurino.com
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Corrida de rejones, tarde para el espectáculo que lo fue a medias. El toreo a caballo se presta más a la espectacularidad. Es, lógicamente, distinto al de a pié, incluso en el público espectador, más propenso al aplauso ante cualquier detalle. Detalles los hubo en la Maestranza, pero sin continuidad.
Aunque empataron a orejas Pablo Hermoso de Mendoza y Diego Ventura, una por rejoneador, LO MEJOR de la tarde lo hizo éste último,
el portugués. Rejoneador joven, veintidós años, que sabe manejar su cuadra y encarar al toro por derecho. Lo hizo muy bien en los pares de banderillas, a dos manos y también con las cortas, en el tercero de la tarde, tras una
preparación ajustada, de verdad, sin buscar el lucimiento para la
galería. Pares de banderillas, que encauzó su éxito en la Maestranza. No fue casualidad, porque también se lució en el que cerró plaza. A su mérito personal hay que añadirle el haber contrastado su toreo a caballo con una figura consagrada como Pablo H. de Mendoza, muy bien también en sus tercios de banderillas al segundo y al quinto de la tarde de la tarde. Lástima que éste
coincidiera con el "solo" del pasodoble Nerva de la banda del Maestro Tejera, siempre una delicia escucharlo en el coso del Baratillo, y que por los aplausos al rejoneador no pudimos apreciar como se merecía.
¡Ay! que joya se le fue a Leonardo Hernández, en el primero de la tarde. Curiosamente de nombre Joyerito. Fue LO
PEOR. Era un toro, de Fermín Bohórquez como todos los del festejo, que mereció una mejor lidia. Pero el caballero cordobés no lo entendió o no se inspiró, acaso demasiado preocupado por sus aspavientos para arrancar los aplausos del público. Fue la decepción de la tarde, después de su gran actuación la pasada temporada.
Al final se pasó frío, porque no se caldeó del todo el ambiente. Y eso que era la corrida de rejones. Habrá otra, en la matinal del último
día de farolillos, pero no repetirán ninguno de los de este cartel.
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PortalTaurino. MANUEL
VIERA. Una tarde descaradamente
triste
Hay tardes y tardes. Hay tardes de toros por antonomasia. Llena la plaza y espectáculo en el ruedo. Pero hay otra tarde descaradamente triste. La que hoy ha protagonizado un torero que ni siquiera estaba en la plaza. Un torero de destacada sensibilidad, de fantasía, de inspiración… Un artista que encierra tanta sabiduría y belleza en su toreo como fragilidad en su ánimo. Un torero que, haga lo que haga y se espere lo que se espere de él, pocas veces decepciona en el ruedo.
Tiene Morante de la Puebla una peculiar forma de entender y ejecutar el toreo. Una rara forma de ser que le hace incierto. Inquieta por lo grande y lo pequeño. Porque no se sabe nunca lo que tras la débil apariencia de su carácter va a ocurrir. Como si no fuera vedad lo que piensa y decide. Como si para creerlo se dude entre sueño y realidad.
Morante deja el toreo. Es una realidad. Dice no tener ánimos para seguir tras el fracaso de su encerrona madrileña. El toro de la utopía no le salió en Las Ventas. Quizá porque no existe. El dueto de fracaso y culpabilidad le ha incitado a la voluntad de no seguir. Que sea por muy poco espacio de tiempo. La Fiesta necesita a Morante, y Morante necesita a la Fiesta.
Fue esta la noticia que corrió de boca en boca en esta tarde de toreo a caballo, en la que abajo se contaron pocas cosas. La corrida de Bohorquez deslucida y parada no causo demasiadas complicaciones para los tres caballeros, pero su comportamiento restó emoción al espectáculo.
Lo más puro lo hizo Pablo Hermoso de Mendoza. El navarro ofreció todo un repertorio de sabiduría en la monta, en los terrenos que pisa, y sobre todo, en la autenticidad de este bello arte de toreo a caballo. Dotado de una inmejorable capacidad para convertir el rejoneo en puro toreo, Pablo Hermoso, deleitó clavando banderillas a una mano, llegando muy despacio a las proximidades del toro, dejando los palos en todo lo alto y ejecutando la suerte al estribo. Lo difícil lo hizo fácil, y aunque no mató bien al quinto, la oreja de este le fue justamente concedida. Al segundo, con algo más de dificultad, ejecutó las distintas suertes muy despacio y fue más espectacular en la necesaria puesta en escena.
También Diego Ventura paseo el ruedo con la oreja del tercero. El portugués realiza un toreo más vibrante, más espectacular, pero no por ello exento de verdad. . Un par a dos manos por los adentros, y otro de igual guisa con banderillas cortas, fueron lo mejor en la lidia del noble, aunque soso, segundo. Al sexto lo toreó en los medios con adornos espectaculares, y clavó cabalgando muy despacio, de frente y arriba. La vuelta al ruedo fue su premio.
La ortodoxia de las formas de Leonardo Hernández con el noble primero se vieron truncadas por el mal manejo del rejón de muerte y el descabello. Citó de frente, clavó al quiebro, y toreó de costado provocando la emoción en los tendidos. Con el inmóvil cuarto se esforzó sin fortuna con una actuación seria y de formas muy clásicas. De nuevo falló al matar.
Y así pues terminó la tarde que también protagonizó Morante.
El País. ANTONIO
LORCA. Un pillo
Diego Ventura es un pillo porque engaña con habilidad y picardía. Pero el engaño no dice bien de su profesionalidad. Entró a matar a su primero en tablas, cobró un descarado metisaca y, rápidamente, tiró el rejón de muerte junto al estribo de la barrera para que su error pasara inadvertido. Y pasó. Tanto, que le concedieron una inmerecida oreja por una labor bullanguera. En el último dio una vuelta al ruedo sin que nadie se la pidiera. Su actuación fue, sencillamente, lamentable e impropia de un profesional.
Mendoza, por el contrario, es un consumado maestro que sabe hacer las cosas y las hace a cara descubierta. Su rejoneo es de una madurez artística impecable. El tercio de banderillas al quinto de la tarde, un prodigio de conocimiento, de precisión, de doma y torería, quedará en el recuerdo de los buenos aficionados.
Y Hernández destacaría mucho más si no perdiera el tiempo en solicitar aplausos y en pedir permiso al presidente cada vez que arrea al caballo. Así devaluó su excelente nivel técnico.
Diario de Sevilla.
LUIS
NIETO. Otro público, otra historia
La Maestranza ofreció ayer un aspecto totalmente diferente al de la novillada y al Domingo de Resurrección. Desertaron muchos de los aficionados habituales y en su lugar asistió un público heterogéneo que aplaudió más los lances efectistas que el toreo fundamental. Así, la gran faena de Pablo Hermoso de Mendoza al manso segundo, una lección lidiadora, que no fue tenida en cuenta. Como también pasó olímpicamente del horrible metisaca con el que Diego Ventura despachó al tercero. En fin, esto es otro público y otra historia...
Una historia en la que los triunfadores fueron Hermoso y Ventura, que consiguieron un trofeo cada uno.
Hermoso consiguió momentos mágicos ante el buen toro quinto, que tuvo mucha cuerda. Clavó rejones de frente, con importancia. Pero la faena cobró relevancia en banderillas por la ligazón con la que se sucedieron las suertes. Los desplantes del caballo Chenel -nombre en honor a Antonio Chenel Antoñete- fueron deslumbrantes, tras clavar Hermoso los palos arriba, con una facilidad pasmosa. El caballo, que debutó ayer en España, parecía decirle al toro: "¿Lo has visto?, ¿te has enterado por dónde hemos entrado mi dueño y yo?". Desde luego, impresionante la actuación de este ejemplar, hijo de Gallo y familiar del mítico Cagancho. Ante su anterior astado, manso, el navarro dictó lección de sabiduría tan importante como minusvalorada por los profanos. Pisó los terrenos del toro, con Campogrande metiendo el pecho entre los cuernos del toro. En cortas, arriesgó mucho. Una faena medida y con claridad de ideas.
Diego Ventura continúa su progresión hacia un toreo con mayor reposo. Aún así arriesgó mucho y estuvo a punto de sufrir algún percance. Con el reservón tercero estuvo muy dispuesto y expuso, saliendo tropezada una de sus cabalgaduras por un hachazo. Cumplió en rejones y en banderillas por el pitón derecho. Entre lo más meritorio, un arriesgado par a dos manos por los adentros y una banderilla corta ejecutada en la citada suerte. Se le fue la mano en la suerte suprema, en un metisaca muy trasero, que fue tan efectivo como feo. Al público no le importó en absoluto y pidió mayoritariamente el trofeo, que fue concedido. Con el manejable sexto volvió a desenvolverse con soltura tanto en los primeros compases con los rejones como en banderillas. Caló mucho cuando prendió un palo tras atacar de lejos y en un gran par a dos manos. Aquí falló con los aceros.
Leonardo Hernández, que abría cartel, no tuvo su tarde. Con el primero, Joyerito, una alhaja en embestidas, no estuvo acertado a la hora de clavar y realizó varias pasadas en falso. Lo mejor lo logró a la hora de recogerlo, encelándole de manera soberbia y enroscándose al cornúpeta tras la grupa de su equino. Mató de un feísimo rejonazo en el costillar y lo pasó falta a la hora de descabellar. Ante el mansote, pero manejable cuarto, Leonardo Hernández elevó el listón de su actuación. En banderillas fue alcanzada una de sus cabalgaduras sin consecuencias y brilló en banderillas.
Diego Ventura continúa ascendiendo peldaños y ayer se dio la mano con Hermoso, un maestro en sazón.
ABC.
FERNANDO
CARRASCO. Hermoso sigue poniéndolo difícil
Estábamos enfrascados en el festejo de ayer en la Maestranza cuando, como un reguero de pólvora, se corrió la noticia de la retirada de Morante. Debió llegar hasta el callejón porque los profesionales no paraban de hablar. Un jarro de agua fría para la Fiesta que necesita de toreros como el de La Puebla.
En el ruedo maestrante, primera de las dos corridas del arte del rejoneo. Tres de las figuras actuales y un nivel alto, muy alto, en cuanto a toreo a caballo. Y aunque es verdad que Hermoso de Mendoza ha visto cómo sus compañeros comienzan a pisarle los talones en cuanto a perfección, también lo es que el navarro sigue poniéndoselo muy difícil a sus compañeros. Al menos no cede ni un ápice de terreno en cuanto a su hegemonía.
La corrida de Fermín Bohórquez resultó manejable en líneas generales, si bien hubo algunos astados, caso del tercero, que esperaron a las cabalgaduras.
Leonardo Hernández cumplió con su primero en una faena en la que puso todo de su parte pero pasó en demasiadas ocasiones en falso. Lo mejor, que transcurrió en los medios siempre. Esta vez el público anduvo frío con el cordobés.
Mejor se mostró ante el cuarto, al que paró de forma espectacular, con vibración. Acertado con las banderillas a una mano, se adornó muy bien a dos pistas y siempre buscó la autenticidad en su quehacer, consiguiéndolo. Pudo haber cortado oreja de no marrar con los aceros.
Hermoso de Mendoza encandiló a los aficionados ante su primero, si bien construyó una faena quizás demasiado cara a la galería. Eficaz en todo momento, tuvo el mérito de clavar siempre a la primera.
Pero donde realmente estuvo bien fue con el quinto, al que cuajó de principio a fin. Todo en un palmo de terreno y sin concesiones, llegó a clavar hasta seis banderillas a una mano con la perfección que da la plena madurez profesional. Acortó terrenos, se metió por las tablas y «dribló» con enjundia y sobriedad. La gente se puso en pie cuando, encelando a su oponente con los cuartos traseros de su caballo, lo llevó prendido por gran parte del ruedo. El pinchazo previo le privó de cortar las dos orejas, pero evidenció que sigue siendo el número uno.
Siguiendo el rastro del navarro
Quien le va a la zaga y no se desanima es Diego Ventura. Dos actuaciones muy distintas pero plenas. La primera más espectacular ante un toro que le esperaba mucho y al que no dio tregua en ningún momento. Le puso emoción cuando clavó a una mano y se adornó como acostumbra el portugués, con cites muy llamativos y salidas del encuentro seguidas de piruetas y giros. Formó un lío cuando dejó un par a dos manos yendo por los adentros, casi sin sitio material para pasar. El metisaca redujo el premio a una oreja.
Empero, ante el que cerró plaza vimos a un Ventura mucho más pausado y sereno, haciendo todo muy despacio y clavando arriba, sin ningún tipo de aspavientos. Hubo algunas pasadas en falso, pero Diego demostró que, a pesar de su juventud, es ya uno de los jinetes consagrados. Sigue la estela de Hermoso de Mendoza sin ningún tipo de complejos. Dos pinchazos dejaron su quehacer en una vuelta al ruedo. Buen actuación, sí señor.
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