GANADERÍAS DE ANDALUCÍA
Almería
Cádiz
Córdoba
Granada
Huelva
Jaén
Málaga
Sevilla

 

Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del  viernes, 16 de  abril de 2004
Novillada

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Novillos de Torrealta (con juego, 4º de El Serrano, manso, descastado)

Diestros: 

Entrada: más de media plaza.

Tiempo: frío, desapacible.

Crónicas de la prensa:  El País, ABC, Diario de Sevilla, PortalTaurino

 

LOS PROTAGONISTAS 

Jesuli de Torrecera
"El viento me ha molestado bastante en el primer novillo, he querido hacer las cosas bien, por debajo, ligarlo pero el aire te descubre y te impide ligar. El público se ha enfriado aunque yo lo he intentado todo. En el segundo novillo era un regalo y venía con mucha ilusión y con muchas ganas a mi despedida como novillero y era una tarde muy bonita para mí. Venía con fiebre pero una vez que te vistes de torero, dejas los males en el hotel. Lo único que pensaba era que salieran las cosas bien pero por desgracia no han salido. Espero que los regalos y los triunfos de verdad sean el día 28 de abril."
Manuel Escribano
"La novillada no ha dicho nada, no ha transmitido y para un marco y una fecha como uno necesita que rompan los novillos que vayan para delante y que se empleen. Con este deslucimiento es imposible. El viento ha molestado mucho y la verdad que es una pena no poder triunfar como uno quiere en la plaza de Sevilla."
Luis Bolívar
"No pensamos que la novillada hubiera salido así aunque ha habido un par de novillos bastante buenos. Al primero lo dejé sin picar y creo que si lo hubiera picado se habría terminado de rajar. Tenía un poco más de motor pero nunca se llegó a entregar como pensaba. El sexto en el capote ya dijo que no quería pelear, así que será en otra ocasión. Al menos me han visto firme y con valor. Lo he intentado."
Realiza: Emilio Trigo

 

ABC FERNANDO CARRASCOSólo Bolívar se sobrepuso al viento con firmeza. 

Cuando el viento hace acto de presencia en la plaza de toros hay que echarse a temblar. Primero por aquello de que pone en peligro a los diestros. Pero también porque puede que no se aprovechen las condiciones de algún astado. Ayer vivimos las dos situaciones en el coso en este comienzo del ciclo continuado de festejos. Y ante estas tesituras sólo se sobrepuso a las circunstancias el colombiano Luis Bolívar, que puso ganas y, en muchos momentos, buen toreo.

La novillada de Torrealta tuvo dos partes: los tres primeros fueron los más bonancibles, pero a partir del cuarto, la cosa cambió.

Bolívar dejó su tarjeta de visita en un quite con mucha temeridad. Luego, en el tercero, toreó bien a la verónica tras dos largas cambiadas. Se prodigó en quites -le desarmaron en dos ocasiones-, clavando las zapatillas, algo que repetiría con la muleta. Bajó las manos en los primeros muletazos, citando siempre de frente, asentado en los medios. Pechó con el viento cuando toreaba sobre el lado derecho, dejando pases de buena factura, siempre presididos por ese clavar las zapatillas y pasarse al novillo a escasos milímetros de los muslos. Por el izquierdo se produjeron otros dos nuevos desarmes y la faena fue a menos. El bajonazo fue de lo más feo. A portagayola recibió al sexto. Pero el novillo no estaba por la labor y sus intentos no pasaron de eso, de intentos. Demasiado machacón pese a las ganas.

Jesuli de Torrecera tuvo el mejor novillo. Está sobrado y con oficio, pero ayer se le vio excesivamente frío en su quehacer. Gran nobleza en «Sabihondo», que repetía una y otra vez. El jerezano no lo sacó a los medios porque el viento molestaba una enormidad. Y dentro de la raya de picadores la faena no tomó la altura deseada. Faltó acople. Hasta tres largas cambiadas le dio al cuarto, que fue devuelto. Con el distraído sobrero, faena insulsa.

Desapercibido pasó Manuel Escribano, quien se mostró demasiado vulgar en sus dos novillos. Mal y fallón con las banderillas, puso empeño en ambas faenas, pero en la primera se perdió en un mar de pases que no llegaron a los tendidos. Y en el quinto, un poco tardo pero que embistió algo mejor en los compases iniciales, volvió otra vez a dar muchos muletazos en una faena larga, demasiado larga.


PortalTaurinoMANUEL VIERAY al final… congelados.

Como tantas veces, en el principio atisbamos el final. Y así fue esta vez, malos inicios y peor final en este primer festejo inaugural del ciclo continuado de feria de abril. Molestó el viento, nadie lo duda, pero quizás más le molestaran lo novillos a quien delante de ellos se pusieron. Tarde fría en los tendidos y casi congelada abajo, en el ruedo. Tal vez Bolívar intentara traer algo de aire caliente a la tarde. Por ganas no quedó, aunque no dejara satisfecha después las mínimas exigencias del espectador. Y es que todos quedamos insatisfechos de lo que abajo pasó. 

La novillada de Torrealta –uno como sobrero de El Sierro- no causó más problemas que los que emanó la nobleza del primero, la casta del tercero y el bravo ir y venir del sexto. Porque las complicadas, descompuestas y sosas embestidas del segundo, cuarto y quinto, respectivamente, justificaron muy poco el quehacer de los que lo lidiaron y mal lo mataron.

Jesuli de Torrecera se despidió de novillero en el mismo escenario en el que se hará matador de toros en pocos días. No ha sido la despedida que él deseaba. El viento lo descompuso, lo dejó sin ideas, y quizás por eso, lo ejecutado en el ruedo no es para la celebración como signo de esperanza hacia lo que le espera, que es mucho, e imagino y deseo que muy bueno. Jesuli tuvo detalles de buen torero con el primero. Incluso ilusionante fue el comienzo de faena. Algún que otro muletazo diestro tuvieron empaque, pero lamento y reitero, que el viento, y deseo que no otra cosa, diera después al traste con una faena que no tuvo continuidad con la izquierda. Con el cuarto, bronco y sin humillar, a menudo el ondeante engaño resultaba punteado como suele ocurrir con complicadas fieras. Su toreo, hoy escaso, espero vuelva a ser un regalo para el espectador el próximo miércoles de feria.

Lo que más me preocupa de Manuel Escribano es que un día fue, y ahora corre el peligro de no ser. ¿Como un torero de esta envergadura, del que cabe esperar mucho porque torea muy bien, puede desperdiciarse en tardes como la de hoy y plaza como esta?. Quizá, esta tarde se ha visto a un Escribano con todos sus matices. Demasiado preocupado por su futuro, agobiado por la responsabilidad. Se le ha visto con sus grandezas y sus miserias. Ésas, que desde luego, lo hacen más auténtico. Irregular en el tercio de banderillas, le ha faltado también proporción entre la extensión y el resultado de sus faenas, sobre todo, en la del quinto. Fueron tal cantidad de pases que eludiendo los verdaderamente reales y más auténticos, que los hubo con ambos toros, los trasteos resultaron anodinos y cansinos. 

Fueron pocos los momentos de emoción vividos en la fría tarde maestrante. Pero no sería justo dejar de valorar el esfuerzo constante de Luis Bolívar por dotar de argumentos sus faenas. Intentó el lucimiento con la capa a portagayola y en el tercio, realizó vistosos y ajustados quites, se quedó impávido y atornillado al albero esperando embestidas… Tal vez sea una sana obsesión por demostrar con los engaños la viabilidad de su toreo ajustado. Una búsqueda que él mismo debe reconocer que esta tarde le fue imposible conseguir. El encastado tercero lo desarmó de forma exagerada y descompuso un trasteo que se hacía interesante. Con el sexto no llegó a encontrar la ocasión para el disfrute.

Lo dicho. Al final nos quedamos igual que al principio. Y congelados.


El País. ANTONIO LORCAFrialdad

Primero fue el viento, que molestó a los toreros; después, el frío, que calaba hasta los huesos. Pero lo peor fue la frialdad, que desemboca en aburrimiento y desesperación.

Los novillos, cómodos, bonitos, nobles y justos de fuerzas. Una monería con la que sueñan los toreros.

Pues, ni una vuelta al ruedo, mire usted. Los taurinos han conseguido un animal que más se parece a un carretón de entrenamiento que a un toro bravo. Y con ese material sólo sobresalen la hondura, la personalidad y el arte, en una palabra.

¿Es que los novilleros de ayer están ayunos de esencias? Pues, quizá. ¿Grave? Gravísimo.

Son doctores en dar pases y los ejecutan en sus variantes más diversas. Pero no saben torear. Manejan con soltura capote y muleta, pero no dicen nada.

Jesuli, que toma una alternativa de lujo el miércoles de feria, naufragó sin excusa ante su noblote primero y estuvo a merced del manso cuarto. Sin mando y sin temple, sólo escuchó aplausos en los pases de pecho, que se hace, aunque no lo crea el torero, para matar el aburrimiento. Mal, sin paliativos.

Escribano cumple su tercera temporada en el escalafón y se le encienden las luces rojas. Acelerado y mecánico, puso banderillas con mucha más pena que gloria, y no consiguió un solo momento de lucimiento con capote y muleta. Para rematar, mató mal.

Y Bolívar tiene hechuras y aires de torero, pero tampoco rompió. Valiente y decidido en todo momento, pero irregular y destemplado siempre. Bajó las manos en unas verónicas a su primero, se peleó contra el viento y no se acopló en ningún momento. Ante el soso sexto lo intentó, pero su trasteo, con la tarde ya vencida, resultó tan triste como toda la novillada, que fue tan bonita y tan noble que se convirtió en un pestiño en manos de tres chavales cargados de tantos sueños como de incierto futuro.


Diario de Sevilla.  LUIS NIETOViento, frío y tedio

Las ráfagas de viento fueron como cuchilladas traperas para los toreros, que quedaron desarbolados en los instantes precisos. El frío, como un morlaco mal encarado, se apoderó de los tendidos y amilanó la moral de los espectadores. Los novillos de Torrealta, a excepción del noble primero, también ofrecieron dificultades en diferente grado. El resultado de este cóctel fue una tarde casi vacía en contenidos artísticos en la que acabó imperando el tedio.

Jesuli de Torrecera, a un paso de la alternativa, que tomará el próximo miércoles 28 de abril en la Maestranza, acabó desorientado en su despedida en el coso del Baratillo, plaza que le lanzó el verano pasado. Con el noble animal que abrió plaza estuvo muy dispuesto, aunque algo precipitado con el capote. Realizó una faena en los tercios que comenzó por el pitón derecho con temple, aunque sin reposo, y que acabó con desarmes y achuchones en gran medida por ese viento que arruinó el espectáculo.

El cuarto fue devuelto y llegó el estreno de la parada de cabestros de Madrid -también con una dilación tremenda, de un cuarto de hora-, dirigida por personal de la Maestranza. En lugar del castaño torrealta saltó al ruedo un sobrero de El Serrano, altote y muy largo, que de principio a fin de la lidia desarrolló una tremenda violencia. Jesuli lo recogió sin limpieza. Y con la franela se peleó con el animal como buenamente pudo y Eolo se lo permitió. El de Torrecera estuvo eficaz con la espada con sus dos oponentes. Tendrá que hacerse el ánimo y acometer la alternativa con mucha ambición.

El sevillano Manolo Escribano dejó una imagen de torero esforzado. Ante el complicado segundo pasó un apuro en los lances de recibo por el viento. En banderillas, con el animal distraído y esperando, expuso mucho, fundamentalmente en el tercer par por los adentros. La faena, con un inicio vibrante, fue decayendo. Aguantó lo suyo por el pitón izquierdo, con serios hachazos. Y por el derecho consiguió una buena tanda.

Ante el quinto, manejable, al que picó bien José Molina, no logró nada con el capote y estuvo desafortunado con los rehiletes, salvo en el último par por los adentros, al quiebro y al violín, que se convirtió en uno de los chispazos más aplaudidos de la tarde. Con la muleta construyó una faena basada en la diestra, con tres buenas tandas iniciales. Luego, acabó en otros pasajes descentrado, para rematar la labor con una fea estocada que hizo guardia.

Luis Bolívar fue a la postre el que más en novillero estuvo por la seriedad con la que se jugó la vida y el esfuerzo desmedido. De hecho, no perdonó ningún quite en sus novillos ni en los que les correspondía en los astados de sus compañeros. Ante uno al segundo de la tarde perdió pie y estuvo a punto de ser cogido. El propio torero, en el suelo, se hizo un quite salvador. Al jabonero tercero lo recibió con un par de largas cambiadas de rodillas, para ganar terreno a la verónica y rematar con una media en la boca de riego. Con la franela quiso hacer las cosas bien. Quietud, distancia, mando. Aunque no siempre le salió. Los pases del inicio, en los medios, a pies juntos, embarcando al novillo y rematando en un pase de pecho, hicieron concebir esperanzas de algo grande. Luego, ante el reservón animal, imperó la valentía. Las ráfagas de viento traicionero le rompieron en varias ocasiones el ritmo de una faena larga en la se mezclaron algunos pases de mano baja con varios desarmes. Se volcó de verdad en un volapié, en el que se le fue la mano y resultó un feo bajonazo.

De nuevo, ante el sexto, se la jugó de principio a fin. Desde una larga a portagayola, acompañada por otra, hasta un inicio con un par de pases de rodillas o un epílogo machacón para demostrar que el difícil animal lanzaba tornillazos al final de los viajes.

Acabó la tarde tan desagradable, que a la salida el público se lanzó a los bares en busca del café reconfortante. Aunque la conversación no debió dar para mucho... 

Otros festejos de la temporada. Carteles, resultados y crónicas