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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 13 de junio de 2004
Corrida de novillos

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  novillos de Guadaira (muy bien presentados, encastados, nobles, de excelente juego. Aplaudidos en el arrastre)

Diestros: 

  • Javier Solis. Estocada media al encuentro y contraria (saludos desde el tercio); cuatro pinchazos que escupe, aviso, media (silencio).
  • Eduardo Gallo. Dos pinchazos que escupe, tres descabellos (silencio); estocada caída (saludos desde el tercio).
  • Juan Ávila. Estocada en su sitio (silencio); pinchazo, estocada desprendida (saludos).
Presidente: Juan Murillo.

Tiempo: tarde muy calurosa.

Entrada: media plaza.

Crónicas de la prensa:  PortalTaurino, ABC, Diario de Sevilla

Declaraciones del empresario Eduardo Canorea sobre el festejo


PortalTaurinoMANUEL VIERA. Hoy hubo toros, pero faltaron toreros

Por como se están sucediendo las citas de los llamados festejos menores en La Maestranza, parece que las novilladas se están especializando en eliminar a estos jóvenes que empiezan con fuerza y que atisban calidades y buenas formas para llegar. 

  Los que hoy se presentaban en esta plaza venían con la aureola del triunfo conseguido en importantes ferias y no menos importantes plazas. Era este, unos de los carteles más rematados y de mayor expectación  de este ciclo de novilladas picadas de abono en Sevilla.  Tanto, que a pesar de la calurosa y agobiante tarde, más de uno prefirió los tendidos de la plaza que la arena de la playa. Y eso es de agradecer. 

Conviene empezar cuanto antes diciendo que hoy hubo toros –novillos- y aunque con alguna falta de fuerza y exagerada desigual presentación -algunos chicos como gatos y otros hechos y cuajados- acudieron bravos y encastados a los engaños. Acudieron con el noble ir y venir necesario para realizar el toreo. El toreo de hoy, el que tanto gusta por aquí abajo y también emociona. Pero como a alguien le escuché decir alguna vez “la ambigüedad de algunas cosas es el origen de muchas confusiones”. Y esta tarde hubo confusión en la plaza por el banal y ambiguo toreo de los que están llamados a llegar pronto a lo más alto del escalafón de matadores. Y quiera Dios que así sea. 

Una novillada apta para el triunfo fue arrastrada al desolladero con la totalidad de los apéndices auditivos en su sitio. Ni Solís, ni Gallo, ni Ávila consiguieron cortárselo. 

Háganme caso: tal y como están las cosas en esto del toro lo mejor es quedarse con las pequeñas dosis de buen toreo, y olvidar cuanto antes tanto pase vulgar, puyazos infames, y banderillas mal puestas para salir del paso, prototipo del toreo que prolifera cada tarde y en cada plaza. Quedarse con lo poco bueno y olvidar pronto lo mucho malo es una buena terapia. Merece la pena. Se lo aseguro. 

Lo escaso y bueno visto esta tarde en Sevilla lo ejecutó con la capa, al buen novillo primero, Javier Solís. Tan lentas y mecidas verónicas supieron a cante celestial. No hubo más. En los inicios de faena se inutilizó el bravo ejemplar de Guadaira  al partirse una de las pezuñas delanteras. Javier Solís lo mató con prontitud. 

Otra cosa fue con el cuarto, noble y con un buen tranco. Solís consiguió algunos muletazos con la diestra,  asentado e incluso ligados, pero desajustados y sin continuidad. Nada dijo en el toreo al natural al que le faltó acople, y sobre todo transmisión. Transcurrió el tiempo sin que el novillero descubriera las virtudes de un novillo apto para el triunfo. 

Eduardo Gallo es una de las grandes esperanzas de un futuro inmediato. Casi nadie lo duda. Hoy, después de Sevilla, sigue siendo más esperanza que realidad. Gallo sabe torear, tiene valor, se arrima, y dibuja el muletazo con exquisito gusto. Demostró su eficacia  delante del toro, pero no consiguió emocionar. Ni con el noble y flojo segundo, ni con ese otro buen novillo que hizo quinto. A este último lo toreó con ambas manos en una faena de muletazos bien trazados, pero con demasiados altibajos. Con demasiados enganchones y pocas emociones. Solo un tanda de toreo al natural destacó en el largo trasteo. Muy poco, cuando de él se esperaba tanto. 

Tampoco Juan Ávila consiguió trasmitir su toreo en la calurosa tarde sevillana. Y lo pudo hacer con el noble y encastado tercero. Al que picaron mucho y mal, y ni por esa dejó de acudir a los engaños. Ávila dio muchos pases, inagotables muletazos con ambas manos, pero no limpios, ni hilvanados, y a veces muy mal rematado por alto. No hubo acople y por tanto no hubo el deseado triunfo. Sólo la buena  estocada puntúa a su favor. Al noble sexto lo toreó en parecidas circunstancia, muy para afuera y vulgar.

Lo dicho en esto del toro. Hoy los hubo, pero faltaron toreros.


ABC FERNANDO CARRASCOLos de Guadaira ganan la partida

No es fácil que en una plaza de primera, caso de la Maestranza, salga una novillada en conjunto con la movilidad y la casta necesarias para triunfar. Los novillos de Guadaira traían, muchos de ellos, las orejas colgando y pedían a gritos que se las cortaran. Claro que para eso hay que torearlos antes y, sobre todo, cuajarlos. Pero ni Javier Solís ni Juan Ávila dieron con la tecla precisa de las distancias, el temple y el ritmo para poner a revientacalderas aquello. Hubo predisposición, eso sí, pero todo a medias. No sé qué se les pasaría por la cabeza cuando arrastraban a los novillos en medio de atronadoras ovaciones. Los de Guadaira ganaron claramente la partida. Tan sólo Eduardo Gallo, que venía precedido de su triunfo en Las Ventas, medio solventó la papeleta con dignidad. Y eso que tuvo el lote más flojito, cogido con alfileres. Pero dejó su impronta y personalidad. Lástima que faltase la vibración de las embestidas.


Diario de Sevilla.  LUIS NIETOAbstención y moderada asistencia

A ver, ¿quién dice que los toros no están en la línea de la más pura tradición europea? ¿Quién no encuentra una clara sintonía entre la Fiesta española y las elecciones europeas en la jornada de ayer?...

Por ejemplo, sin ir más lejos, aquí en Sevilla, en el ruedo de la Maestranza -achatado para que podamos hablar de una urna gigante taurina-, nos encontramos con una clarísima abstención de varios miles de espectadores, muy parecida a la de los millones de votantes, escasamente convencidos de la oferta en ambos casos. En la sagrada y rubia urna ninguno de los candidatos consiguió el triunfo. Ovaciones de familiares, amigos y poco más. Pero ni siquiera una vuelta al ruedo. Todo ello en tarde bochornosa, con una moderada asistencia del electorado del Arenal, con un cincuenta por ciento de participación; o sea, media entrada.

Así es que, al menos en Sevilla, estuvimos a la altura de las circunstancias. Abstención con los toreros, porque no sacaron todo el provecho a una buena novillada de Guadaira en líneas generales, y un porcentaje de asistencia pequeño si se tiene en cuenta las expectativas que había despertado la terna.

Ni el extremeño Solís se despidió como novillero a lo grande, ni el Gallo salmantino voló con soltura en el Arenal, ni Ávila nos trajo brisa torera mediterránea alguna en una tarde de bochorno sofocante.

Javier Solís consiguió los mejores momentos de la novillada al recibir a la verónica, de manera maravillosa, al primer novillo, magnífico en los primeros tercios, pero que se rompió una pata en el incomprensible comienzo de faena, con doblones de castigo, del torero pacense, que tuvo que matarlo de inmediato y perder una gran oportunidad.

Al noble cuarto, en las afueras, Solís le realizó una faena a media altura, con altibajos. Con la diestra, comenzó con una tanda muy rápida, se asentó en la siguiente y en la tercera ligó una serie que fue lo más brillante de la labor. Por el lado izquierdo -malas condiciones- no insistió y remató el trasteo utilizando mal la espada.

En el tendido, se comentaba la faena de Gallo en Madrid y sus buenas maneras. Pero este Gallo no pudo cacarear a gusto en Sevilla. A su primero, noblón, le faltaron las fuerzas en el último tercio y el salmantino, correcto, no transmitió lo más mínimo en un trasteo carente de emoción con un astado al que le faltó pujanza. Con anterioridad lo recibió con un saludo capotero breve y ajustado.

Gallo recibió al quinto con unas verónicas a pies juntos, que hicieron concebir esperanzas. El novillo, noblón, sin descolgar totalmente, se rajó pronto. Y el novillero entrelazó pasajes de gran altura con momentos sin interés alguno. Así, con los pies atornillados, con la diestra, engarzó cinco muletazos y el de pecho que tuvieron empaque y corrió muy bien y despacio la mano en otra serie por el mismo pitón. Al natural también dibujó otra serie de nota. Salvo la primera, las series fueron cortísimas y faltó ritmo a una faena que acabó con un feo desarme y el animal rajado. En esta ocasión, el espada mató de eficaz estocada.

Nuevo en esta plaza era Juan Ávila. Pero mucho más nuevo si tenemos en cuenta que era su tercera novillada picada - Solís anda por las ochenta y Gallo casi cuarenta-. El valenciano acusó esa falta de oficio ante su primero, que tuvo un buen pitón derecho, que no aprovechó totalmente, con algunas tandas entonadas y eso sí, una rúbrica de categoría, que fue la mejor estocada de la tarde.

Con el novillo que cerró plaza, el peor del encierro, que se revolvía muy rápido, Ávila realizó una faena peleona en las rayas. Pero, nadie hizo méritos suficientes para ganar el plebiscito.

-¡Oiga, me tiene usted hasta el gorro de elecciones! ¿No es esto una crónica de toros?

-Lleva usted razón, amigo lector. Pero, ¿qué sería de nosotros en días de bochorno y abstención como ayer? Además, ¿quién me lo iba a decir?... Gracias a una votación en las europeas, uno puede salir en corto y por derecho de una faena en la que faltó más capacidad a los jóvenes candidatos.


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