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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del 12 de octubre de 2004
Corrida de la Cruz Roja

LAS IMÁGENES DEL FESTEJO

Luis Vilches, triunfador de la tarde. Acceso a las imágenes del festejo

Juan José Padilla. Acceso a las imágenes del festejo El Fundi. Acceso a las imágenes del festejoMás

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de Eduardo Miura. Bien presentados, difíciles en el juego.

Diestros: 

Entrada: media plaza.

Crónicas de la prensa:  PortalTaurino,


PortalTaurinoMANUEL VIERA. Domingo, 12 de octubre de 2004. Oreja para el Vilches torero 

Vilches es un espectador más en la plaza, y de primera importancia. Vilches ve su toreo, lo realiza  y lo cuenta. Y sus formas seducen, emocionan, llegan a los sentidos de igual forma que él lo siente. Hay en el Vilches torero una confabulación de virtudes extraordinarias que explican el destino inevitable de un diestro nacido para el toreo. Pero… Vilches es un pésimo matador. ¿Qué puede ser más desconcertante que aquello vagamente intuido se haga realidad? Y se hace una tarde, y otra, y otra… No sé si Luis es consciente del desconcierto que provoca con su nefasta técnica en la ejecución de la suerte suprema. No sé si esto es una mala y larga racha  o  es una predestinación. Alguien, digo yo, le tiene que hacer cambiar de estilo, enseñar, metalizar… en un tiempo lo suficientemente prudente para no dejar escapar más  importantes  triunfos que le  han, seguro estoy, de cambiarle la vida.

Sólo tan buen torero es capaz de emocionar de una manera tan sutil  con una faena que no llegó a romper. Aunque la pulcritud de los muletazos siempre sorprenden. Y se nota, se palpa en cada uno de ellos ese toreo de largo recorrido, profundo  y ligado que gusta, que se siente, que emociona. Vilches así lo hizo con el toro más notable de la complicada miurada, el tercero. Toreó despacio, con la derecha y con la izquierda, hilvanó con  muy buenos pases de pecho y se adornó con pases de auténtica firma sevillana que provocaron admiración. El feo pinchazo y la estocada caída no fue óbice para que le concedieran una oreja mayoritariamente pedida. Con el sexto, muy complicado, no tuvo lucimiento. La espada, otra vez, fue su calvario.

Los toros de Miura, complicados, deslucidos y sin ninguna calidad en sus embestidas, lucieron presencia, pero también lucieron –todos menos el sexto- pitones como brochas tras acudir y rematar en las tablas. Nadie protestó.

Y si el sevillano demostró nitidez y frescura en su toreo, el madrileño convenció con una entrega sin límite y un valor a todo prueba. El Fundi empleó su saber estar delante de tan complicadas fieras con oficio y buena técnica. No hubo florituras con el  complicado primero, pero si faena de poder y de aguante.  Con el peligroso cuarto se la jugó sin cuento. El manso miura le buscó y le encontró, aunque la cogida no tuvo mayores consecuencias gracias al providencial quite de Juan José Padilla. La decisión y el acierto del jerezano bien mereció –se le fue señor Tristán- los honores de la música torera. Con los aceros no estuvo afortunado.

Padilla no ha tenido demasiadas opciones para conseguir el triunfo. Ni con el manso segundo, ni con el peligroso quinto. Su buen hacer con las banderillas, su saber estar en la plaza durante la lidia, y el afán por superar las dificultades de sus dos toros  ya es para agradecerle todo lo hecho en esta última corrida que pone fin a la temporada taurina  en La Maestranza.
 

Diario de Sevilla.  LUIS NIETOToreo aterciopelado de Vilches y valor espartano de El Fundi

Corrida de Miura, cuajada, variada en hechuras, pintas y juego. El único de buenas embestidas fue el noble tercero, ovacionado en el arrastre.

Si los soldados que desfilaron ayer en el día de la Fiesta Nacional tienen el corazón de El Fundi y Padilla, España tiene un gran Ejército. El madrileño y el jerezano se han liquidado prácticamente la camada miureña. Ayer, en la Maestranza, que registró una buena entrada en una tarde que parecía primaveral, volvieron a demostrar ante sus respectivos y peligrosos lotes que tienen el corazón de pedernal. Lo de El Fundi ante el cuarto fue de matrícula. Como también lo fue el toreo aterciopelado de Luis Vilches al noble tercero, al que no remató convenientemente con la espada. El utrerano debe cuanto antes aprender a matar. No puede tirarse a topacarnero con la muleta levantada, en lugar de echarla abajo; de lo contrario, se le esfumarán triunfos cantados.

La corrida de Miura, que tuvimos la ocasión de ver en el campo, estaba cuajada. Hubo toros de todos los colores, tanto en pintas, como en hechuras y en ideas. Si bien, únicamente el noble tercero fue claro para el lucimiento.

El Fundi, centrado, serio, solvente, derrochó valor a raudales con el lote más duro y áspero. El que abrió plaza era un toro típico de la casa: negro entrepelado, alto, agalgado, que empujó en varas, aunque no metiendo los riñones y que se giró rápido por ambos pitones. El Fundi no se lució en la capa, al igual que ocurrió a sus compañeros con ninguno de los seis toros, por la violencia que sacaron todos en los lances de recibo. El madrileño compartió banderillas con Padilla. Ambos, con solvencia. El mejor par, el de El Fundi, el tercero, de poder a poder. Después de unos doblones iniciales, consiguió un par de tandas aceptables por el pitón derecho, por el que reponía pronto el animal. Por el izquierdo, Solano no tuvo ni un pase. El Fundi, que apostó por un trasteo largo y meritorio, dio la sensación de un torero decidido y con tanta seriedad como tenía el toro en trapío y en juego.

Ante el cárdeno, bragado y meano cuarto la cosa fue a más. Otro toro en el tipo de la casa: alto y muy largo, que desarrolló mucho sentido. El de Fuenlabrada se la jugó en banderillas. En un segundo par al cuarto, en el que le dio ventaja, el toro le pisó. Volvió a jugar a la ruleta rusa en el siguiente y ahí le echó mano Silleto. En el suelo, el tren le pasó a punto de cortarle la yugular. Cuando iba a meterle el pitón en la siguiente embestida, su compañero Padilla le hizo un quite oportunísimo. Con la muleta, el toro se le tiró al pecho al diestro en el primer cite. El Fundi tragó tela en una lidia a la vieja usanza, basada en ayudados, con las zapatillas asentadas y viendo como las espadas –los cuernos eran más que cuchillos– de miura le rozaban el corbatín. El regalito le esperó a la hora de matar. Pero el espada estuvo hábil y lo cazó tras un pinchazo. Dio una vuelta al ruedo muy merecida. Trasteo auténtico a un toro con más sentido que un catedrático en ciencias exactas ¡Qué lejos de orejas concedidas por pantomimas con borregos!

Padilla se desenvolvió con profesionalidad ante su lote. El segundo, más bajo y corto que los anteriormente reseñados, cumplió en varas, esperó en banderillas y acabó reservón y escarbador en la muleta. Vamos, que Zapatero fue a peor en su talante. Lo banderillearon con suficiencia El Fundi y el jerezano, que prendió el mejor par, el tercero. Padilla consiguió lo más meritorio con la franela en un par de tandas con la derecha, en las que pisó terrenos comprometidos.

El grandullón quinto hizo una mala pelea en el caballo y dejó patente su agilidad de cuello tras los engaños. Padilla prendió tres buenos pares, el tercero al violín. Con la franela le resultó imposible ligar dos pases seguidos. El cárdeno Camposcuro se lo puso negro, especialmente por el pitón derecho, con una agilidad de cuello de vértigo.

Luis Vilches sorprendió por la tranquilidad y cuajo con el que toreó ¡Y cómo toreó! León, un cárdeno claro, a cinco kilos de los seiscientos, con más carnes que el resto, y más en pablorromero que en miura, se dejó pegar en varas, para meter la cara con nobleza en la muleta. Vilches planteó una faena inteligente, con un inicio sin molestar al animal, en la que la colocación y el temple fueron claves. El utrerano sacó pases por ambos pitones de aterciopelada suavidad. Suavidad en dos series maravillosas con la derecha y lentitud y caricia en un par de naturales y un pase de pecho de escándalo y en alguna pinturería, como una preciosa trincherilla. Pero lo dicho: debe aprender a matar. Mató de pinchazo y estocada y fue premiado con una oreja.

Con el sardo sexto, de media arrancada, realizó un trasteo con profesionalidad y dio un mitin con los aceros.

El toreo aterciopelado de Luis Vilches con el noble tercero endulzó la dureza del encierro miureño, en el que de nuevo dos legías demostraron que el valor no sólo se les supone; especialmente El Fundi, que de manera espartana hizo frente al más matón de los toros de Zahariche. Todo ello en un festejo en el que todo fue auténtico.


El País. ANTONIO LORCA. Pitones muy sospechosos

Si los toros pertenecieran a un hierro moderno, estaríamos hablando con rotundidad de una corrida afeitada con descaro; pero la leyenda de Miura obliga a la duda. ¿Estaban o no afeitados los toros lidiados ayer en Sevilla? ¿Qué necesidad tiene Miura de manipular sus toros? Se admiten preguntas y más dudas, pero lo cierto es que el primero de la tarde saltó al ruedo con el pitón derecho como una flor en primavera, y los restantes, a excepción del cuarto, salieron de los caballos con los pitones indecorosamente escobillados. ¿Enfermedad, cuernos de mantequilla o fraude? Nunca se sabrá, pero el espectáculo fue denigrante para el hierro y para esta plaza.

Dicho lo cual, la corrida decepcionó, pero no aburrió. Decepcionó porque prevalecieron la invalidez, la falta de casta, la mala uva y las embestidas inciertas, pero no aburrió porque eran toros serios, listos y con mucho sentido, como corresponde a su familia. Con toros así y con toreros valientes no tiene cabida el aburrimiento.

Ciertamente, pocos peros se le pueden poner a la terna, valerosa, responsable, torera en todo momento ante una corrida tan dificultosa. Y el cuadro de honor lo preside Juan José Padilla, atentísimo durante toda la lidia, que hizo un quite auténticamente providencial a El Fundi, cuando el cuarto toro lo atropelló y volteó en banderillas.

Muy serio y poderoso estuvo Fundi, el torero de Fuenlabrada, con un lote difícil, ante el que se mostró con sobrado oficio, banderilleó con muchos recursos, aguantó hachazos de miedo y salió indemne del envite, a pesar de otra espectacular voltereta en su segundo.

Portentoso se le vio a Padilla en el tercio de banderillas, en el que todos los toros cortaron peligrosamente el viaje. Lidió a su lote con gallardía y sin apreturas, como corresponde a su gran experiencia, pero sin lucimiento, porque ni posee condiciones para ello ni sus toros lo permitieron.

Y Luis Vilches se estrenó con tan temida divisa y le tocó un inválido y noblote primero que le permitió esbozar un toreo elegante. Pero sólo lo esbozó, quizá impresionado por la leyenda de Miura. Le concedieron, no obstante, una oreja tras un bajonazo, lo cual es un regalo inmerecido. Tampoco se confió con el sexto, con el que quiso y no pudo. Muy despegado, fuera de cacho, su labor resultó insulsa y tediosa.


ABC FERNANDO CARRASCOVilches pide paso y El Fundi se adueña del valor

Los toros de Miura trajeron al ruedo maestrante, en el festejo que puso el punto final a la temporada de 2004, la emoción de su condición. Para bien o para mal, en cuanto a comportamiento, tuvieron al público en vilo durante todo el festejo. Y a los toreros, por supuesto, ya que en el caso de El Fundi, a punto estuvo de sufrir un percance de gravedad tanto en el tercio de banderillas del cuarto -el quite de Juan José Padilla fue milagroso, chapó, torero- como cuando intentaba torearlo en la faena de muleta. También lo pasó mal en muchos momentos un voluntarioso Padilla. Y es que los «miuras», ya se sabe, llevan la emoción en sus embestidas allá donde se lidian. Una corrida que no dejó indiferente a nadie, si bien no dio el juego deseado.

Vilches, lo mejor

El toreo bueno vino de la mano del utrerano Luis Vilches, que se encuentra en un momento en el que lo ve claro todo... menos la espada. Fue el tercero de la tarde el que tuvo nobleza y buena condición en sus embestidas. Toro largo, agalgado. Un cárdeno claro que se desplazó con franqueza a pesar de que se venció de salida. Vilches lo brindó al público y enseguida le plantó batalla fuera de la raya de picadores. Faena estructurada con inteligencia, ya que le dio el sitio preciso y, lo mejor, llevó al de Miura embarcado en los vuelos de su muleta. Así durante tres series en las que la firmeza sobresalió a la par que alargó las embestidas. Parecido aconteció con la zurda. Supo embeberlo y cuajarle unos cuantos naturales largos. Mejores, por limpios y bien rematados, los de la primera serie sobre esa mano. Concluyó con la diestra. Faena medida que tuvo el borrón de la espada. Tanto por el pinchazo previo como por lo bajo que quedó el estoque cuando lo enterró. La petición fue mayoritaria y el presidente no tuvo más remedio que sacar el pañuelo blanco. Pide paso el de Utrera.

Sin embargo, no pudo hacer prácticamente nada ante el que cerró plaza, el toro más parado de todo el encierro. Recortó de salida y llegó al tercio final sin humillar y con la cara arriba. Algún derechazo esbozó Vilches, que vio cómo desarrollaba peligro su oponente al quedarse debajo cada vez más. Lo de la espada fue penoso. Le conviene entrenar hasta la extenuación con los aceros, que la cosa no está para dejarse ir triunfos de importancia como le ha sucedido en Madrid y Valencia recientemente.

De valor y oro

El madrileño El Fundi derrochó ayer en la Maestranza valor para hacer cuatro toreros más. Treinta años atrás, tal día como hoy, se despidió de los ruedos en esta misma plaza uno de los toreros más valerosos que ha dado Sevilla a la Fiesta: Diego Puerta. Ayer El Fundi pareció rendirle tributo por cómo se la jugó ante el «barrabás» que hizo cuarto.

Su primero, el que abrió plaza, echó las manos por delante. Empujó con fijeza en el caballo. Compartió Fundi banderillas con Padilla y comenzó la faena con doblones muy toreros. Pero el de Miura, que se desplazaba, recortaba al tercer muletazo. Así una y otra vez. Esfuerzo del madrileño, que se pasó de faena y no mató bien, por lo que escuchó un aviso.

Se revolvió pronto el cuarto, que apretó una enormidad en banderillas y al tercer par le echó mano a El Fundi, que se vio cogido. Sólo el capote milagroso de Juan José Padilla impidió la cornada. Un quite para que no se le olvide en mucho tiempo al madrileño.

Luego, con la muleta, el de Miura se fue directamente al pecho del torero. Increíble que no hiciera presa. El Fundi se revistió de un valor espartano y, emulando a Diego Puerta, tragó lo que no está escrito y aguantó arreones, coladas y miradas que eran para salir corriendo. Los ¡ays! se prodigaron durante toda la faena. Hasta que llegó el enganchón por la axila derecha, cuando remataba una serie. Se libró de nuevo de milagro. Pero volvió a la cara de su enemigo en una demostración de valor fuera de lo común. Tras finiquitar a su enemigo -el espadazo después de un pinchazo fue contundente-, el público premió al madrileño con una bien ganada vuelta al ruedo.

Juan José Padilla, todo un especialista con los «miuras», se fajó en sus dos toros pero tuvo poca recompensa. Su primero no anduvo sobrado de fuerzas y se defendió en el tercio final, amagando mucho y sin romper hacia adelante nunca, esperando una enormidad. Se puso en el sitio el jerezano, que se llevó más de un susto cuando intentaba que su enemigo pasase.

Peor condición desarrolló el quinto, donde Padilla se la jugó sin cuento alguno en el tercio de banderillas -el primer par resultó estremecedor- y derrochó voluntad a raudales con la pañosa. El de «Zahariche» buscaba el corbatín del torero al menor descuido. Estuvo firme el jerezano, que aguantó todo tipo de gañafones sin retroceder nunca. Lo pasó mal con la espada ya que el de Miura echaba siempre la cara arriba.

Concluyó la temporada en la Maestranza y la corrida de ayer no dejó indiferente a nadie. Eso tienen los «miuras».



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