GANADERÍAS DE ANDALUCÍA
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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 10 de junio de 2004
Corrida del Corpus

LAS IMÁGENES DEL FESTEJO

Cuqui de Utrera. Pulsar para aumentar tamaño

Luis Vilches. Pulsar para aumentar tamaño Más

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  toros de Los Bayones (de diferente presentación y juego. Descastados, mansos y con peligro. El 3º, devuelto a corrales por debilidad en los cuartos delanteros. Sobrero de Conde de la Maza. Los mejores, 2º y 6º).

Diestros: 

  • Joaquín Díaz "Cuqui de Utrera". De negro riguroso. Dos pinchazos que escupe, descabello (silencio); Dos pinchazos que escupe, tres descabellos (palmitas)
  • Luis Vilches. De purísima y oro. Dos pinchazos que escupe, estocada contraria y caída, aviso, tres descabellos (saludos); tres pinchazos, descabello (saludos desde el tercio)
  • Fernández Pineda. De burdeos y oro. Media estocada caída (palmas); estocada en su sitio (saludos)
Banderilleros que saludaron: José Chacón y Jesús López, de la cuadrilla de Fernández Pineda, en el 3º de la tarde. 
 
Presidente: Antonio Pulido

Entrada: más de media plaza.

Tiempo: caluroso.

Crónicas de la prensa:  ABC, Diario de Sevilla, PortalTaurino.com


PortalTaurinoMANUEL VIERAA vueltas con la realidad

A estas alturas, cualquier comentario relativo al toro que está saliendo a la plaza parecerá redundante. Pero no queda otro remedio que serlo. Una vez más la falta de casta, aunque ya no sorprende a nadie, demuestra y vuelve a cuestionar la necesidad de encontrarla cuanto antes en cada tarde en el toro.

Entre todos la mataron y ella sola se murió. Y es verdad. La necesaria y siempre imprescindible casta pasa buena parte del tiempo en los últimos años renaciendo de sus cenizas. Igual se va que aparece en esporádicas tardes ilusionando y concibiendo esperanzas. Pero no, a vueltas estamos con la realidad. Será porque así lo quieren. O si lo demandan quienes en esto dicen mandar. 

Digamos que la corrida de Los Bayones adoleció de casta, de fuerzas, de estilo… Digamos que aburrieron sus toros desde que andando salían de chiqueros. Toros no actos para la emoción del buen toreo, ni siquiera para la emoción que transmite el complicado peligro de su raza. Presencia y seriedad, sólo eso. Por dentro vanos. Sólo el sexto acudió a los engaños con hechuras de toro bravo. Y miren ustedes por donde que no fue aprovechado. 

Dicho como elogio, los muletazos de Luis Vilches nos dan idea, que detrás de ellos, hay unas enormes ganas de ser un gran torero. Una enorme sensibilidad. Un gran valor y una disposición por conseguir el toreo con enorme verdad. Por eso, tanto en lo muletazos con la diestra al primero de sus toros, largos, profundos y templados, como la autenticidad de los trazados de igual guisa al quinto, demuestran la intensidad de un toreo que es consecuencia de la calidad de quien lo interpreta. Luis Vilches mejora cada tarde en la plaza. Torea con naturalidad, con elegancia, y sobre todo con una profundidad fuera de toda duda. Lo hace todo… pero no mata. Y así tarde tras tarde los triunfos se le escapan a quien no termina de remontar el vuelo en una carrera que se nos hace eterna.

La tarde tuvo escasos momentos de interés, los ya dichos y proporcionados por Vilches con el manso y rajado segundo, y el flojo y protestado quinto. Pudo, quizá, terminar la corrida con el triunfo esperado, pero Fernández Pineda no pudo, o no supo, aprovechar las bondadosas embestidas del sexto, el mejor toro, sobre todo en el toreo al natural.

Fernández Pineda atisba ortodoxas formas con capa y muleta, pero le supera la desconfianza. Quizás porque le falta rodaje, quizá, porque le pudo la presión y la enorme responsabilidad en una tarde clave en su plaza de Sevilla. Le devolvieron el tercero por manifiesta invalidez, estando después vulgar con el parado y soso sobrero del Conde de la Maza. Al noble sexto le dudó en demasía. Sólo algún que otro muletazo componiendo la figura destacaron de una labor demasiado vana. Una pena, sobre todo cuando la espada se mete después con tan segura rotundidad.

La nostalgia es como una melaza empalagosa que impregna de purpurina los recuerdos. Recuerdos de un torero en esta plaza que un veintidós de septiembre del año noventa y dos hizo historia durante el brindis, improvisando faena, y de que manera, cuando un novillo de Guardiola le sorprendía inesperadamente. Joaquín Díaz quería ser torero grande. El tiempo, la ausencia de la necesaria suerte y el toro, lo ha dejado todo en un sueño que aún no se ha hecho realidad. El utrerano venía a La Maestranza con una enorme ilusión, con enormes ganas. Larga espera hasta este día soñado. Traje nuevo, capotes y muletas selladas con los colores del que se sabe artista. Pero en eso quedó todo. Joaquín Díaz quedó inédito en la tarde maestrante, ni un sólo lance, ni un solo pase con el duende y el estilo de este buen torero, que se pierde, y se pierde, sin que nada ni nadie lo remedie. Inútil y sin recorrido fue su primer toro. Y flojo y mal picado fue su segundo. Con este último, desmoralizado y sin ideas, desistió pronto tras comprobar la lesión que se produjo el toro en la pata delantera izquierda. 


Diario de Sevilla.  LUIS NIETOEl doctor Vilches gana crédito

La empresa de Sevilla debe mejorar mucho en la selección del ganado. Aunque las cosas cambian de un día a otro. No hace una semana que nos merendamos una novilladita podrida. Pues ayer, sin embargo, varios de los toros fueron extraordinarios, sí, extraordinarios... pero para el carnicero. Mucha carne y poca casta en la mayoría de astados. "Más madera, que esto es la guerra", como decía Groucho Marx. Y a la madera, al exceso de carne, también más madera y más puyazos infames, con los que quebrantar a los toros por parte de algunos picadores, con anuencia incluida de sus jefes. Sin ir más lejos, al sobrero de Conde de la Maza le zurraron tanto y tan mal que se apagó antes de tiempo. Dentro del encierro de Los Bayones se salvó el quinto y, principalmente, el sexto, el único que tuvo cuerda suficiente. Y de la terna se destacó Luis Vilches, doctor en tauromaquia desde que recibiera la alternativa hace tres años en este mismo coso, la Maestranza donde ayer hacía un calor de aúpa, con una legió de mosquitos, con más malas ideas que el peor de los miuras. Este Vilches es como ese doctor del mismo apellido de una serie televisiva muy conocida, al que no le sobran las sonrisas para ganarse a la galería, pero que conquista por su profesionalidad, sitio y entrega.

Luis Vilches sacó cuanto podía del tercero, al que le recetaron una vara que valió, al menos, por tres. En las afueras, el torero estuvo entonado en los muletazos con la diestra. El animal se rajó de inmediato y a la insistencia del lidiador respondió con un achuchón y un ligero varetazo en el glúteo derecho, con un agujero en la taleguilla. Pero a la hora de la verdad, falló con la espada -¿recuerdan que algo parecido le sucedió en su gran faena a un victorino?-. Aun así, recibió una gran ovación.

Ante el quinto, protestado por el público, por sus fuerzas justas, Vilches volvió a dar una clase de inteligencia. Hizo todo muy madurado. Con seguridad, sin ningún tipo de concesiones a la galería, se la jugó con firmeza en las tandas diestras y aguantó varios tornillazos por el lado izquierdo. De nuevo, volvió a fallar reiteradamente con los aceros y todo quedó en una ovación.

Cuqui no estuvo muy resuelto ante un lote imposible. No quiso complicaciones con su complicado primero, peligroso por el pitón derecho. "Aquí paz y después gloria", debió pensar el torero. 

Supongo que Joaquín Díaz -auténtico nombre de Cuqui- no debió enterarse de que el cuarto se rompía la mano izquierda en el último par de banderillas. De lo contrario me imagino que no hubiera brindado una labor que nacía por ello imposible y remató pésimamente.

Fernández Pineda, que permitió que le zurraran muy fuerte y mal al sobrero de Conde de la Maza, acometió una faena encimista y deslucida que previamente brindó al público. Lo más destacado en este toro fue un gran par a cargo de José Chacón.

En el sexto, el mejor toro del encierro, Fernández Pineda comenzó dando sitio y distancia al de Los Bayones, en una tanda muy rápida. En los medios, con la derecha, le faltó acoplarse. Con la zurda logró una bella serie, de lo mejor de la tarde. Pero a partir de ahí, con varios cambios de terrenos, el toro se vino bajo y los muletazos no surgieron con la misma tersura.

A la postre, en una tarde calurosa y de escasos brillos artísticos, se impuso la profesionalidad y seriedad del doctor Vilches que, eso sí, falló nuevamente y por partida doble con el bisturí. 


ABC FERNANDO CARRASCO

Vino a torear con los puntos frescos, con la herida sin cerrar producida por un toro recientemente en Cáceres. Pero no sólo no se arredró sino que además mostró firmeza y ganas en sus dos toros. Luis Vilches vino a por todas, a salir en triunfo de la plaza. Claro que cuando los toros no terminan de romper, el esfuerzo no tiene la recompensa deseada. Pero quede constancia de que el utrerano está pasando por un muy buen momento y su apoderado debe aprovecharlo a toda costa.

La tradicional corrida con motivo de la festividad del Corpus tenía el aliciente, para el aficionado, de tres toreros sevillanos en el cartel, y de la vuelta de los toros de Los Bayones, que el pasado año, en este mismo festejo, propiciaron el triunfo de Domingo Valderrama. De los primeros, escrito está al principio de esta crónica, sólo se salvó Vilches. De los segundos, esto es, los toros, la fachada fue lo mejor. Porque los astados -muy bien presentados pero sin ser destartalados, en tipo- se apagaron en el tercio final y llegaron muy parados. La excepción fue el sexto, un toro con mucha clase por ambos pitones y con embestidas francas y nobles. El sobrero del Conde de la Maza que hizo tercero no contribuyó a mejorar el panorama. Ah, y el quinto, derrengado de los cuartos traseros de manera increíble -aunque luego tuvo algunas embestidas en la muleta- debió volver a los corrales. Pero en esta ocasión el presidente de turno prefirió no tentar la suerte, que ya había echado para atrás al tercero.

Dispuesto

Definición típica pero real de cómo estuvo toda la tarde el utrerano Luis Vilches. Recortó su primero en el capote y derribó estrepitosamente al piquero en el primer encuentro. Pero no era un toro con mucho recorrido. Firme y decidido desde que tomó la muleta se mostró Luis, que ante la tardanza en embestir del de Los Bayones no le dio tregua. Dos series diestras siempre llevándolo muy tapado y sin dejarle prácticamente pensar. Aguantó en los de pecho. A la tercera aquello se fue viniendo abajo. Más parado el burel, el utrerano insistió pero no cuajó el toreo deseado. Sobre la zurda anduvo más pendiente el de Los Bayones de las tablas. Por encima el toreo con la muleta pero rematadamente mal con la espada.

El quinto, derrengado de los cuartos traseros, esperó en banderillas. Antes había apretado de salida, perdiendo las manos en el caballo. Pero Luis tornó los ánimos encrespados del respetable al torear con la pañosa. Primaron las ganas y, otra vez, la firmeza. Tiró de su enemigo, haciéndole tragarse los muletazos. Así transcurrieron otras dos series más. Había sonado la música -al igual que en su primero- y se le jaleaban las series. Pero cuando se echó la muleta a la izquierda el astado se puso a la defensiva, dando tornillazos y oleadas sin sentido. Volvió a la diestra. De nuevo la disposición en Vilches. Pero llegó la hora de matar. Un desastre. Otra vez tocó pinchar. Hasta en tres ocasiones. Una pena. El esfuerzo y la disposición quedan, pero se fueron al garete por mor de la espada. Con la falta que hacen los triunfos. Hay que entrenar en el carretón hasta la saciedad, torero.

Abrió plaza otro utrerano, Joaquín Díaz. No fue su tarde. Es verdad que no tuvo material, pero también lo es que anduvo desganado, precavido y sin intentar prácticamente nada en sus dos oponentes. Parecía que tenía la temporada hecha y contratos por todas partes. A ambos toros, parados y de medias embestidas, los despachó pronto, demasiado pronto, sin querer pelea. Hay que tener otra disposición. Máxime cuando no hay fechas en la agenda y se torea en una plaza como la Maestranza. Muchos darían lo que fuese por estar en una corrida así.

Apuntar sin disparar

Antonio Fernández Pineda completó terna. Se las vio en primer lugar con un sobrero del Conde de la Maza que pareció tener recorrido, por lo que brindó al público. Pero la realidad superó al deseo del torero. Los viajes no eran demasiado largos y Antonio fue construyendo una faena sosa, con pases aislados y sin decir mucho. Mejor por la derecha. A izquierdas, sin humillar el condeso, aquello no funcionó.

Empero, el sexto, de Los Bayones, fue otra cosa: un toro claro en embestidas y con poder. Precisamente eso era lo que pedía, que le pudiesen y lo templasen. Fernández Pineda tiene muy buena concepción del toreo, algo que dejó claro. Pero a la faena le faltó conjunción. Los muletazos salieron sueltos, sin terminar de rematar. Una serie zurda fue de lo mejor. Pero sin continuidad. Pecó de algunas indecisiones que enfangaron la labor. Bien con la espada en ambos toros.


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