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Festejo de abono
REAL
MAESTRANZA DE
SEVILLA
Tarde del domingo, 9 de mayo de 2004
Corrida de novillos
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LAS IMÁGENES DEL
FESTEJO
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Más |
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Novillos de Conde de la Maza (1º y 1º bis) y de Monte
Alto (de diferente presentación y juego, los mejores 3º -aplaudido en el
arrastre- y 6º).
El 1º fue devuelto a corrales por debilidad en los cuartos traseros.
Diestros:
Incidencias: se guardó un minuto de silencio por la muerte del
banderillero de Écija El Pere.
Presidente: Antonio Pulido.
Tiempo: sol y nubes.
Entrada: menos de tres cuartos.
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
ABC, Diario de Sevilla
PortalTaurino. MANUEL
VIERA. Total nada
Transitar por el escalafón de novilleros es algo tan útil como imprescindible para llegar a conseguir lo que el novillero sueña. Nadie lo duda. Estar, torear incluso en plazas de menor fuste cuesta lo suyo, ya se sabe, pero se hace necesario y es lo aconsejable antes de llegar a citas vitales con importantes y emblemáticos cosos.
Las novilladas pueden ser para el espectador un espectáculo tanto de entusiasmo como de decepción. Novilleros de supuesto interés quedan después relegados a la mediocridad por el triste protagonismo que dan en el ruedo. Lo dan ellos, y lo dan quien a sus órdenes están, porque ni siquiera cumplen con las más elementales normas de la lidia. Mal se lidió, mal se picó y mal se clavó. Y hacer esto en plaza como La Maestranza es dar un pobre espectáculo que desubica y entristece.
Siempre cabe el desengaño al contemplar lo que pasa en el ruedo, pese a que en el epilogo de la tarde llegue el triunfo. Raquítico triunfo comparado con el que pudo ser y no fue.
La tarde trascurrió por los caminos de la pesadez. Tardes como estas contribuyen a evaluar el estado del escalafón de novilleros. Pocos, muy pocos ilusionan. Novilleros como tales, ni existen. Y los que dicen serlos, aquí están, en plaza como la de Sevilla, con mínimo valor, tirando líneas para conseguir el “artístico” muletazo. Cohibidos, desilusionados, tristes como ellos solos, conformistas sin límite con sus buenas maneras. Ni siquiera me vale el triunfo del Perera con el sexto, porque un novillero con aureola de buen torero no puede dejar escapar una tarde de Puerta del Príncipe.
Miguel Ángel Perera tuvo, en el encastado y pronto tercero, la primera oportunidad para conseguir el triunfo sonado. La desconfianza se lo privó. Los templados muletazos se sucedieron uno a uno, sin la exigible ligazón, sin la emoción de lo auténtico. Igual al natural, donde la faena bajó en calidad. A pesar de los altibajos del trasteo y la estocada baja le aplaudieron con benevolencia. Con el bravo sexto no terminó una obra que se presumía cara. No obstante, citó de lejos, hilvanó los pases y trazó largos naturales que provocaron excesiva pasión en los tendidos. La estocada caída no fue óbice para que le concedieran una oreja de un novillo que regalaba las dos. Total nada.
Andrés Revuelta será matador de toros en unos días. Esta tarde sólo contó sueños con la ingenua intención de apropiarse de ellos. Sabiendo, o sin saber, que estaba suspenso en las mas ortodoxas leyes del toreo. Ni con el noble sobrero condeso, ni con el reservón cuarto se entregó. Y esa es la cuestión.
Con Domingo Vera es mejor callar. Sus muchos intentos, vanos, sólo derivaron en el más anodino de los absurdos.
ABC.
FERNANDO
CARRASCO. Perera se sacude la desazón
La desazón y la falta de ilusión fueron adueñándose del coso maestrante a medida que concluían sus actuaciones los novilleros. Pesadumbre porque no pasaba prácticamente nada y asistíamos a faenas mediocres, discretas, de chavales que, en teoría, tienen que tener antes que nada ganas por despuntar. Esa desazón se la sacudió de encima Miguel Ángel Perera cuando inició la faena al sexto y, al menos, la ilusión volvió a apoderarse de los tendidos. Porque la novillada de Montealto, remendada con un primero del Conde de la Maza, no terminó de romper, a excepción del tercero, que tuvo un pitón derecho más que estimable, y el sexto, que se arrancó de lejos y repitió con prontitud hasta mediada la faena. Pero frente a ellos, Andrés Revuelta y Domingo Vera -ambos se presentaban en la Maestranza- dejaron una muy pobre impresión.
Con el sexto, el extremeño Perera anduvo entregado desde el principio de faena. Porque le dio distancia y construyó una primera mitad en la que la vibración de las acometidas y la disposición del torero prevalecieron por encima de la perfección de los muletazos, ya que algunos resultaron enganchados. Pero la emoción estaba latente en cada muletazo. Siempre dando un paso al frente, haciendo prevalecer su condición de novillero, Perera ejecutó una faena seguida con interés por los tendidos pero que fue viniéndose abajo cuando pasó su ecuador. Ahí estuvo inteligente el torero de Puebla del Prior, ya que cambió el estoque, dio respiro a su oponente y prologó la suerte suprema con una ajustada serie por bernadinas, engarzadas con un pase de pecho que volvió a reavivar la emoción. Se fue detrás de la espada, que quedó muy baja de colocación pero que tuvo efectos fulminantes, algo fundamental para la concesión del trofeo.
Andrés Revuelta, a quien se anuncia para tomar la alternativa en San Isidro, anduvo discreto con sus dos astados. Al sobrero del Conde de la Maza lo toreó con cierto gusto a la verónica pero en la muleta no le acabó de coger el aire. Ante el soso, mirón y poco humillante cuarto prevalecieron los enganchones, trapazos e idas y venidas.
Grande, demasiado grande por desgracia, le vino la novillada de ayer a Domingo Vera. Falto de técnica, verde y sin una visión clara de los terrenos, naufragó estrepitosamente con el segundo. En el quinto se se repitió prácticamente el mismo esquema anterior, con un sinfín de dudas que terminaron por ahogar al torero sevillano.
Diario de Sevilla.
LUIS
NIETO.
Miguel Ángel Perera salvó la tarde. Aunque bien mirado, más de uno se fue con el resquemor de que el billete de la entrada le había salido muy caro. Entre otras cosas, porque el espectáculo tuvo escasos pasajes lucidos y el propio Perera, triunfador, fue premiado de manera exagerada con un trofeo. Remató una buena faena con un bajonazo. Pero en la Maestranza continúan las rebajas que ya pusieron en boga en el tramo final de la pasada Feria de Abril.
El paseíllo fue sumamente emotivo y doloroso. En el ambiente flotó el adiós a ese buen banderillero que fue Antonio Pérez El Pere, recientemente fallecido a causa de un accidente de tráfico. Un minuto de silencio y un recuerdo imborrable.
Andrés Revuelta, que el próximo jueves toma la alternativa en Madrid, apuntó en Sevilla, pero no disparó. Tiene que mejorar mucho. En su lote, con un primero manejable y un segundo infumable, dio a entender que tiene oficio y buenas maneras. Otra cosa es que los ponga en práctica, algo que no hizo acertadamente. A los dos novillos los mató bien y en el primer envite, en una tarde en la que los bajonazos estuvieron a la orden del día. Su primer astado, flojísimo, de Conde de la Maza, fue sustituido por otro del mismo hierro, que no dio mal juego en la muleta. El madrileño jugó bien los brazos en unas verónicas muy templadas. Con la franela, en los tercios, el tono fue menor. Le faltó confiarse más. Cuando manejaba la diestra, el viento le molestó en exceso y sufrió un achuchón. Con la izquierda dibujó algún natural estimable. Con el cuarto, un marmolillo, no pudo lucirse.
Domingo Vera, el otro debutante, está muy verde. Le vino muy ancho su estreno en la Maestranza. Con su primer astado, un marmolillo, esbozó un trasteo dubitativo en las rayas, con cambios de terreno. Con el otro, un toro de respeto, pasó las de Caín. Perdió el engaño en los lances de recibo y a punto estuvo de estrellarse cuando se tiró de cabeza al callejón. En las rayas, con la franela, se vio desarbolado y sin ideas.
Miguel Ángel Perera no dio una verónica en condiciones a los toros de su lote. Lo mejor con el percal lo consiguió en un quite por tafalleras al primer astado de Vera. El pacense tardó en acoplarse con el noble tercero, que como defecto se distraía y por el pitón izquierdo salía con la cara alta. Pero no exprimió adecuadamente el pitón derecho. Algunos muletazos sueltos tuvieron cierto empaque. Pero faltó ligazón en las series. La banda de Tristán atacó con un pasodoble ante la perplejidad de algunos espectadores. Tras matar de estocada delantera y muy caída, tuvo el atrevimiento de iniciar la vuelta al ruedo, de la que desistió ante las protestas del público. "¡Que esto no es un pueblo!", gritaron algunos. Pero lo parecía. Y continuó pareciéndolo a lo largo del festejo. Así, la oreja que le concedieron a Perera en el sexto fue tras una estocada igual de infame. Este toro que cerró plaza tuvo movilidad como mayor virtud y un buen pitón derecho; por el izquierdo se quedó corto e incluso cabeceó. Perera comenzó con la muleta en la derecha. De lejos, le dio una tanda vibrante. Otra más, interrumpida por un enganchón de la muleta. En los medios, ya con el público entusiasmado y la banda atacando un pasodoble, dibujó una serie templada. Con la izquierda probó, a sabiendas de que no iba igual, y logró una tanda de buen corte. De nuevo, derechazos, varios de ellos con entidad. Cerró a lo grande, con unas bernadinas en las que citó desde muy lejos y cruzado. Tuvo que ir acortando distancia. Las bernadinas las ligó con un pase de pecho monumental, cuando el toro se le vino como un tren. Fue el momento más luminoso de la oscurecida tarde. Saltaron chispas y parte del público se puso en pie. Pero la firma fue pésima: una estocada muy caída.
La Maestranza está perdiendo entidad. Hubo momentos en la brega que aquello parecía más una talanquera que una plaza de primera. Los novilleros no dejaron huella, salvo uno. Se llama Miguel Ángel Perera. Salvó los muebles cuando la tienda, que continúa con rebajas, estaba a punto de echar el cierre.
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