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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 6 de junio de 2004
Corrida de novillos

LAS IMÁGENES DEL FESTEJO

Media verónica de Girón

José Luis Torres. Solo pudo estoquear uno. Álvaro Justo: derechazoMás

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  novillos de San Miguel (mal presentados, inválidos para la lidia, pitados en el arrastre. 1º, 2º, 5º y 5º-bis, devueltos por inutilidad manifiesta)

Diestros: 

  • César Girón. Estocada entera y caída (saludos desde el tercio), estocada (saludos).
  • José Luis Torres. Pinchazo que escupe, estocada (palmitas). No tuvo 2º para lidiar.
  • Álvaro Justo. Estocada tendida y caída (saludos desde el tercio), pinchazo hondo y descabello (palmas).

Incidencias: en medio de la bronca suscitada al demostrarse la invalidez del 6º con lluvia de almohadillas el subalterno Jesús Sala, de la cuadrilla de Álvaro Justo, recibió un varetazo corrido en la región perianal (pronóstico leve). Fue atendido en la enfermería.

Presidente: Francisco Teja.

Tiempo: tarde agradable.

Crónicas de la prensa:  PortalTaurino, ABC, Diario de Sevilla

Declaraciones del empresario Eduardo Canorea sobre el festejo


PortalTaurinoMANUEL VIERARayando en lo esperpéntico

No es fácil definir lo visto. Es verdad que hay algo tremendo, casi trágico en esto del toro. Y no lo hay menos, lo trágico, en que al pasar el tiempo nadie se interesa, o le interesa, buscar una solución. Ni aún se toma conciencia de las cosas y de las situaciones cuando estas se manifiestan ya en su carácter catastrófico, cuando invaden por todas partes una y otra vez. Y esto está sucediendo desde hace mucho tiempo con el comportamiento del toro en la plaza. 

Lo visto esta tarde en La Maestranza raya en lo esperpéntico. No puede existir en el campo bravo tanta podredumbre. Es increíble que a una plaza como la de Sevilla salten al ruedo tan inválidos animales. Tullidos, sin sostenerse en pie, y enfermos de casta. Liquidación total en Toros de San Miguel. Es lo que se puede entender tras presenciar como rodaban como pelotas cinco de los nueve animalitos que hoy salieron al ruedo de la plaza de toros de Sevilla. Nueve nada más y nada menos. Uno más por la generosidad de la empresa, que recluyó un tercer sobrero ¿suponiendo lo peor?.

Alguien debe tomar cartas en el asunto y buscar inmediatas soluciones para evitar el triste espectáculo ofrecido esta tarde en Sevilla. El arcaico reglamento pide con urgencia ser revisado. Los derechos del espectador están cada vez más por los suelos. Y hasta esa encomiable institución que es la Real Maestranza de Caballería debe plantearse la renovación necesaria de su plaza acorde con el tiempo que nos toca vivir. Ese empleado portando la diminuta pizarra con el aviso mal escrito a tiza roza la parodia y el ridículo más espantoso. Sevilla no merece esto. 

Ante estos tristes espectáculos uno tiende a sentir desubicación, y más si se opta por dar solución con ironía y ambigüedad a un problema que iba camino de convertirse en un altercado de orden público. Mantener en el ruedo el sexto novillo, sin fuerzas como los demás, porque no quedan más sobreros en chiqueros, y provocar el siempre denunciable hecho de lanzar almohadillas al ruedo, no es lo acertado. O manda usted retirar todo lo que en el ruedo han tirado para continuar la lidia, o suspenda usted la función para evitar lo que no se pudo evitar: la cogida.

Infumable tarde de toros en la que el debutante José Luis Torres se quedó sin torear su segundo novillo por falta de sobrero. Inaudito. Y aunque intentó hacerlo con su primero, también sobrero y enfermo, quedó inédito en su presentación en esta plaza. 

Otro debutante, Álvaro Justo, se encontró con un descastado y manso torete con el que sólo pudo atisbar calidad en sus formas y ganas de agradar. Al noble y tambaleante sexto le intentó hacer su toreo en un ruedo plagado de almohadillas y con el acompañamiento del vocerío de un público cansado e impotente.

Cesar Girón poco dijo con el primer sobrero de la tarde. Algún que otro natural y derechazo de buen trazo destacaron en una faena demasiado vulgar. Al descastado cuarto le quiso hacer el toreo auténtico sin conseguirlo. Demasiado poco para el que mucho necesitaba hacer. 


ABC FERNANDO CARRASCOEscándalo en la Maestranza al ser devueltos cuatro novillos y no haber más sobreros

Una vergüenza sin precedentes. Un espectáculo deplorable el que se vivió ayer en la Maestranza, que deja a su afición a la altura de una zapatilla. Increíble lo acontecido en el coso del Baratillo. Un escarnio que traerá consecuencias no muy agradables. Y no sólo ya por haber sido devueltos cuatro novillos y quedarse la empresa sin más sobreros -el reglamento estipula dos en plazas de esta categoría-, sino también por la actitud de cientos de personas que comenzaron a lanzar almohadillas al ruedo y latas de bebidas, que desembocaron en la cogida del subalterno Jesús Salas al tropezar con una de ellas y ser arrollado por el novillo. Flaco, flaquísimo favor, se le hizo ayer a la Fiesta Nacional. Y nada menos que desde la que proclamamos como primera plaza del mundo. Un coso de talanqueras fue en lo que se convirtió ayer la Maestranza.

No se puede perder la compostura de la manera acontecida ayer. Por muchos novillos inválidos que se devuelvan. El anuncio de la empresa de que no había más sobreros provocó las iras y el escándalo que se produjo después. Bochornoso. Yo no sé quién tiene más culpa, si el presidente devolviendo a diestro y siniestro -los novillos se derrumbaban nada más salir al ruedo-; si la empresa al no tener previstos más sobreros -no tiene por qué tenerlos- o si el público reaccionando de la forma que lo hizo. Lo que es cierto y verdad es que ayer la Maestranza tocó fondo y, conjuntamente, la Fiesta Nacional. Al final somos nosotros, desde dentro, los que estamos propiciando que los antitaurinos se colmen de razones. Ahora, que cada uno apechugue con su cuota de culpabilidad. Porque ayer pudo producirse una tragedia en Sevilla. Por fortuna, Jesús Salas sólo recibió un varetazo.

A todo esto, el escándalo vino precedido por la nefasta novillada de San Miguel. Novillos muy dispares de presentación y que estaban podridos por dentro. Enfermos en fase terminal que besaban una y otra vez el albero y se daban costaladas increíbles -el sexto llegó a dar tres vueltas sobre sí mismo en plan saltimbanqui- a poco que saltaban al ruedo. Las protestas propiciaron una devolución tras otra y el que la empresa se quedase sin sobreros. Un escándalo, ya escribo.

El peor parado de todo esto fue el cordobés José Luis Torres, que en su presentación sólo pudo matar uno de los dos novillos que tenía en los chiqueros. También vio cómo echaban para atrás al primero de su lote. Con el segundo bis sólo pudo estar deseoso, ya que fue desarrollando peligro en miradas y amagos que a punto estuvieron de quitarle los pies del suelo. Demasiado hizo con pasaportarlo. Luego vendría el número del quinto, el cartelito de marras y el despropósito más absoluto.

César Girón se encontró con un primero bis que tuvo nobleza en cierta medida pero sosería a raudales. Anduvo con soltura y buen oficio el sevillano, que consiguió darle algunos derechazos más que estimables. Pero poco más ya que no hubo continuidad y faltó la emoción. La estocada fue lo mejor.

También la que recetó al cuarto, un novillo que siempre fue con la cara alta y dando arreones; tornillazos tremendos cuando lo intentó al natural y enganchones y vuelta a empezar con la derecha. Lo dicho, queda la estocada.

También se presentó el madrileño Alvaro Justo que ante su primero dejó un ajustado quite por chicuelinas y un toreo encimista con la muleta, sacándole todo el partido del mundo al de San Miguel, que tomaba la muleta a regañadientes sin entregarse en ningún momento.

El sexto rodó por los suelos en varias ocasiones y el madrileño, en medio de un mar de almohadillas, quiso justificarse. Pero aquello no estaba ya para florituras ni mucho menos. Por desgracia.


Diario de Sevilla.  LUIS NIETO Un escándalo de talanquera

Había caído la noche después de casi tres horas sentados en la piedra. Y los bellos arcos de la Maestranza, en aquella negrura, habían como desaparecido. El rubio albero de la tarde se había convertido en un erial sembrado por almohadillas. Y entre aquel berenjenal, entre aquel guirigay de gritos y cachondeo, uno temía lo peor. Y a punto estuvo de llegar en el último acto. Afortunadamente, la cogida del banderillero Jesús Salas, que perdió pie en medio de aquella tomatera de almohadillas con inscripción de la Cruz Roja, quedó en un simple varetazo. Menos mal que no hubo tragedia, aunque la historia acabó como el rosario de la aurora. 

Todo fue un cúmulo de despropósitos, en el que ganadero, empresa, autoridad y los que arrojaron almohadillas deben ponerse varias medallas. El encierro de Toros de San Miguel -propiedad de la casa ganadera de Manolo Sánchez- estaba podrido. Y saltaron hasta nueve novillos, con tres devoluciones que podían haber sido más. El presidente, Francisco Teja, fue sacando acertadamente el pañuelo verde ante las protestas reiteradas, en este rosario de la aurora en el que cada ejemplar se arrodillaba como bendito beato en el albero maestrante, como clamando perdón. Pero las horas pasaban y los novilleros cumplían correctamente en trasteos sin lucimiento porque era imposible lucirse ante semanje porquería de novillada. Y el público, más bendito todavía que los novillos, continuaba sentado a la espera del milagro, de un astado que se moviera como se debe mover un toro, que embistiera, que diera a la Maestranza la seriedad que se supone debe tener una plaza de primera.

Pero aquello fue una pesadilla, una noche larga, una travesía en el desierto. Se habían cumplido las diez de la noche y por el callejón el operario de turno pasó con una pizarra en la que se leía que la empresa no tenía preparado otro flotador para salvarnos del hundimiento con esa pizarra anacrónica en la que se leía que no disponía de más sobreros "en caso de devolución". Y un novillero, José Luis Torres, se quedó sin torear por segunda ocasión. Y salió el sexto, el último. Y no había marcha atrás en un marco que se había convertido en la más ínfima talanquera. Y ese sexto también perdió las manos. Y hubo bronca por enésima vez al palco y el presidente se llamó en este caso andana y miró para otro lado. Y entonces algunos espectadores, a los que les hervía la sangre, sembraron incomprensiblemente el ruedo de almohadillas. Y un modesto banderillero, Jesús Salas, en aquel desconcierto, perdió pie y fue cogido. Afortunadamente todo quedó en un varetazo en el muslo derecho. Pero el final de este esperpento, que bien parecía un auténtico esperpento de Valle-Inclán, amenazaba hasta con tragedia. 

Únicamente los novilleros se salvaron por su profesionalidad del bochornoso espectáculo. El sevillano César Girón, en su sexta oportunidad en Sevilla, cumplió con el remiso y apagado sobrero que mató en primer lugar y porfió en un trasteo largo ante el reservón cuarto, también flojo.

El espigado cordobés José Luis Torres únicamente pudo matar a su primero en este su estreno de auténtica locura. Le echó ganas a un animalejo más parado que el caballo de un retratista, que se defendía con mala leche por su debilidad. Como ya hemos apuntado, el quinto fue devuelto por inválido, al igual que el quinto bis.

Álvaro Justo, que también debutaba, robó cuantos pases pudo al reservón y escarbador tercero y en el último se jugó la vida en ese erial sembrado de almohadillas sin escuchar las voces clementes de la cada vez menos concurrencia que le pedía que matara al novillo y evitar una tragedia. 

El madrileño puso la profesionalidad que faltó a muchos de los que con anterioridad fueron artífices de que la Maestranza acabara como una tenebrosa talanquera. 



TorosComunicaciíon.
Francisco Mateos. !!Me echan de aquí, me echan!!

El toreo ha tocado fondo en la Maestranza. Esto se acaba para cientos y un día. De seguir así, los toros en Sevilla tienen los días contado. La valoración artística de los tres novilleros no cabe, puesto que no dispusieron de material. Los novillos, además de mal presentados, con un sobrero quinto que era un becerro para sin caballos, sacaron uno tras otro lo peor de la cabaña supuestamente brava en dosis concentradas: mansedumbre, casta podrida e invalidez. Uno tras otro rodaban por el albero como peonzas. El primero fue devuelto por inválido. El segundo, de 420 kilos, también daba costalada tras costalada y se fue a toriles. Tercero y cuarto, descastados, pero medio mantuvieron la verticalidad.

En el quinto llegó la hecatombe. El titular rodó por el suelo. Cuando salía el tercer sobrero de la tarde, una tablilla que apenas se veía escrita a tiza del siglo XIX amenazaba con que ‘La empresa no dispone de más sobreros y en caso de más devoluciones se correrá turno’. Pues ese tercer sobrero, que hacía quinto bis, de sólo 405 kilos, un becerro recién nacido, también de costalada en costalada. El presidente lo devolvió y José Luis Torres se quedó sin segundo novillo al no haber más sobreros.

El sexto también salió rodando y el presidente, en el único pero gravísimo fallo en toda la tarde, lo dejó en el ruedo. El lanzamiento de almohadillas tras el simulacro de tercio de varas fue masivo y el altercado público era manifiesto. Ya todo fue caos, como un banderillero arrollado al resbalar con una de las cientos de almohadillas,.... Esto pasa en Madrid en un festejo de abono y al día siguiente mandan al paro a los Lozano...

La gente abandonaba la incómoda plaza sin información y con una sola frase en sus labios: me echan, de aquí me echan....

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