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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del sábado, 1º de mayo de 2004
Corrida de toros

LAS IMÁGENES DEL FESTEJO

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FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de Conde de la Maza y de El Serrano (desiguales de presentación y juego, algunos rajados y con peligro, el 5º noble y con movilidad. El 2º, de El Serrano, fue devuelto por debilidad manifiesta)

Diestros: 

  • Antonio Barrera (estocada contraria y tendida. Saludos desde el tercio; dos pinchazos que escupe, media atravesada, descabello. Palmas; y en el 6º: estocada un poco caída. Silencio)
  • Serafín Marín (estocada trasera y caída, descabello. Saludos desde el tercio; estoconazo en su sitio. Oreja)
  • Sergio Aguilar (pinchazo hondo, aviso. Saludos desde el tercio; abandona la lidia en el 6º, pasa a la enfermería)

Incidencias: el matador Sergio Aguilar sufrió dos volteretas con varetazo en la ingle durante la lidia del 3º, al parecer sin consecuencias, aunque tuvo que abandonar la lidia en el 6º por posible rotura de ligamento en la rodilla cuando efectuaba el quite en la suerte de varas.

Banderillero que saludó: Rafael Perea El Boni, de la cuadrilla de Serafín Marín, en el 5º.
 
Presidente: Juan Murillo

Tiempo: sol y nubes.

Entrada: Lleno.

Crónicas de la prensa:  TorosComunicación, PortalTaurino, El País, El Mundo, ABC, Diario de Sevilla

 

LOS PROTAGONISTAS 

Antonio Barrera
"Ni con tres he podido triunfar, no ha roto ninguno. Tengo una tristeza tremenda. No me estrellado con un toro que medio se deje. El último pensé que podía servir pero ni un así. Siempre buscando y desarrollando...una pena. Me voy muy triste de la Feria por no poder hacer nada con mis lotes. La tarde ha sido interesante para el público alguno de mis compañeros por lo menos ha sacado emoción. Lamentablemente mi lote no ha valido y ha sacado malas intenciones. Estoy enfadado."
Serafín Marín
"Estoy satisfecho por debutar con triunfo en Sevilla, pero yo venía a salir por la Puerta del Príncipe. Creo que cortarle la oreja al toro que he tenido delante ha sido de merito porque me ha puesto muchas complicaciones. He notado que la plaza se ha entregado conmigo cuando estaba toreando al natural y me ha puesto la carne de gallina con está afición. No quería que se fuera el triunfo y me he volcado en todo la alto. Creo que antiguamente las estocadas valían la oreja."
Sergio Aguilar
No hizo declaraciones por encontrarse en la enfermería

Realiza: Emilio Trigo

 

LO MEJOR Y LO PEOR


Por Ricardo Ríos. PortalTaurino.com


Se va apagando la feria abrileña adentrada ya en mayo. Se va terminando con el cuentagotas de orejas tímidamente abierto. En ésta antepenúltima cayó otra y pudieron ser dos. Para empezar, o mejor escrito antes de comenzar, hubo revolución en el cartel. Se cayeron los toros de Astolfi y se borró El Cordobés. Para sustituirlo volvió el madrileño Sergio Aguilar a quien no se le va a olvidar la tarde.

La tarde fue como casi todas, pero esta vez se notó que el cartel no era de figuras consagradas. Los diestros pusieron voluntad, muchas voluntad, y ganas de triunfar. Pero para lograrlo se necesita más y un ganado menos malo que los del Conde de la Maza y El Serrano, que fueron los lidiados. Un nombre para LO MEJOR, el del debutante Serafín Marín. El catalán estuvo decidido, mejor con la muleta que con el capote. Templó, estiró bien el brazo -su estatura le ayuda- embarcó que no era fácil a su segundo toro y remató con una estocada de las jubila al puntillero. Todo esto le valió la oreja, y el público pidió con insistencia la segunda, que el presidente no otorgó. ¿Decisión acertada? Puede que sí, pero "políticamente incorrecta". A Cataluña le hace falta un torero y Serafín Marín puede serlo. Dos orejas en la Maestranza le hubieran encumbrado. De cualquier forma, cartel ha dejad y el eco llegará a su tierra catalana.

Para lo peor hay muchas candidaturas: mala lidia; toros más burracos que toros, y peligrosos; piso de ruedo resbaladizo, porque una cosa es que se caigan los toros y otra que resbalen; y la puerta de la enfermería que tuvo que abrirse. Eso fue LO PEOR, y dentro de lo peor lo menos malo. Me refiero a la mala suerte de Sergio Aguilar. Estuvo cerquita de la cornada en su primero, pero sólo llegó a lesionarse. Lesión de futbolista, distensión muscular, que le pasó factura en el que cerró plaza, porque en el tercio de varas tuvo que retirarse -lágrimas en los ojos- a la enfermería con su rodilla maltrecha. El madrileño quería aprovechar el hueco que le dejó El Cordobés y se encontró con la suerte de espaldas.

Se está apagando la feria taurina como los farolillos cada noche en el Real, y el balance no es para tocar campanas. Pero queda siempre el regusto de ver toros en la Maestranza, sea cual sea el resultado del festejo.
 

PortalTaurinoMANUEL VIERA Emoción, ni más ni menos

Es reconfortable encontrarnos, así de pronto, con toreros capaces de transmitir sensaciones, tan dispares, como el gozó por la belleza de una faena, y el peligro de eminente de la cornada. Emoción, ni más ni menos, ese dueto de reposo y excitación que es la esencia del toreo que incita a la voluntad de vivir.

Y hubo emoción en la belleza generalizada de la faena de Serafín Marín al buen toro condeso lidiado en quinto lugar. Sutiles trazos, largos lentos y profundos de toreo al natural que levantaron el entusiasmo de los que lo vieron, certificando el atractivo de una faena que difícilmente defraudó. El toreo de Marín nos hizo disfrutar con la aparente naturalidad de sus formas, emergiendo, sin concesiones, de su templada muleta la fuerza de lo auténtico.

Desde los inicios del trasteo al cuarto de El Serrano, lidiado como sobrero, se percibía el talante impetuoso del torero de Moncada. Los bien dibujados muletazos no tuvieron el pretendido lucimiento por las condiciones del toro. Pero fue en el citado quinto, cuando su pulso flexible dibujó el toreo. La despaciosidad infinita del trazo, el remate y la ligazón, es lo que le permitió dotar a cada pase de una personalidad muy propia. Faena que penetró en la gente con un trasfondo estético y de verdad. La espectacularidad de la perfecta estocada sumó meritos para la concesión del trofeo, quizá, con más fuerza y justo concedido en esta feria.

En todo caso, quien no arriesga, no gana. Y Sergio Aguilar, sustituto de Manuel Díaz El Cordobés, ganó la partida arriesgando. Jugándose la vida, ante el complicado y peligroso tercero. Aguilar optó por acortar las distancias y dejarse rozar las afiladas cuchillas que tenía por pitones el serio toro de El Conde, cuando el muletazo circular y el natural no provocaban la mínima emoción. Las consecuencias, dramáticas, pudieron ser y no fueron. Dos volteretas de pánico y un duro golpe en la rodilla ni siquiera le hicieron desistir del intento. Faena intermitente, sin lucimiento, pero emocionante por el valor desmedido y ganas demostradas. 

Sergio Aguilar no pudo matar al sexto. Al intentar llevar al caballo al toro de El Serrano, se resintió de la distensión de rodilla que le había producido el toro anterior. Fue retirado a la enfermería, de la que ya no salió.

Antonio Barrera, mató tres toros, y con los tres se fajó en la dura pelea. Con el difícil y rajado primero los intentos resultaron imposibles. Con el cuarto se la jugó sin conseguir nada a cambio. Le aguantó todo lo que pudo y milagrosamente salió ileso. Con el sexto, que mató por lesión de Aguilar, se fue a los medios y allí principió una interesante faena basada en la diestra, pero que no tuvo final porque el toro se le apagó. 

Para concluir, decir que la tarde tuvo el interés de la emoción. La que transmitieron desde el ruedo tres jóvenes toreros con su ambición, su toreo y su valor. Y no les hizo falta el toro tonto de embestida pastueña. El toro de la utopía que muchos piden. 



TorosComunicación. Francisco Mateos El catalán Serafín Marín corta una oreja (de las de ley)

Quizás por cosas como las que han ocurrido en la corrida de esta tarde ya no se exponen en los exteriores de la plaza la hoja informativa con lo sucedido en los corrales. Estas últimas temporadas, además de los toros a lidiarse, se exponían los rechazados y sus motivos. Hoy hubieran hecho falta tres hojas para poner los 'sucesos' de los corrales. Dos camiones repletos de toros de Astolfi y sólo dos eran aptos para la categoría de la Maestranza. El ganadero decidió llevárselos; suponemos que por berrinche. La primera espantá de la corrida.

La segunda la protagonizó Manuel Díaz, autoproclamado 'El Cordobés'. Es un tipo que nos cae a todos genial, un gran tipo, humano y buena persona. Su espantá de Sevilla no me la explico. Lleva unas temporadas por los circuitos menores porque se ha dejado ir el tren de las grandes plazas. Este año ha querido cambiar de aires y ha nombrado nuevos apoderados, un amplio elenco de personas. A última hora fichó a un miembro de la casa Canorea, Manuel Álvarez Canorea. Así quizá se explica que en la única plaza de primera en la que está anunciado hasta ahora fuera en la de Sevilla. Y te recuerdo Manolo, que de la Feria de Abril se han quedado fuera toreros de la talla de Morante, Uceda Leal o Abellán. Era una oportunidad de oro para que remontaras el vuelo de los grandes circuitos. Que te cambien la ganadería no es motivo para quitarte, para una sorprendente espantá. Hoy en día quién puede asegurar qué toros tienen garantías y cuáles no; a los resultados nefastos de esta Feria me remito. Le debes una explicación a Sevilla. Muchos toreros hubieran querido tener tu puesto; un puesto que te ha venido por enchufe este año. La imagen que das al resto de empresarios importantes no es buena; tú sabrás. No creo que estuvieras en situación de elegir. No sé que hará Manuel Álvarez Canorea, después de permitir que dejes tirado a su familia, la empresa de Sevilla. No lo entiendo, Manolo, no lo entiendo.

La espantá de Manuel Díaz la ocupó Sergio Aguilar, uno de los triunfadores del festejo. Sólo mató un toro, el tercero, un astado del Conde de la Maza descastado y a la defensiva. Aguilar estuvo valentísimo, pero no hubo brillo. Al final, en alarde de valor, con manoletinas de muleta recortada, fue volteado dos veces de muy mala forma, salvándose de puro milagro de que no le calara, porque el toro tenía dos puntas astifinas de verdad. Al llevar al caballo al sexto se resintió de los porrazos y no pudo acabar faena.

Serafín Marín ha llegado y ha besado el santo. Un catalán que triunfa en el templo del toreo sevillano en su debut. Su primero fue devuelto por falta de fuerzas y el sobrero se paró pronto, escaso de casta. Lo poco que se le pudo ver a Serafín (vaya nombre poco taurino) denotó buen concepto. El quinto, del Conde de la Maza, fue noble y tuvo varias arrancadas con calidad. En el tercio de quites hubo competencia entre Marín y Aguilar, emoción en el ruedo, la primera vez que existe pique en toda la Feria. La faena fue de nota alta, elegante. Lo mejor fueron dos tandas al natural, arrastrando la muleta y llevando al condeso lejos, jugando bien las muñecas para colocarlo perfectamente para el siguiente muletazo. Mató de una estocada y cortó una oreja de verdad, de las de ley; porque viendo lo que está sucediendo en esta Feria, hay que hacer distinciones.

Antonio Barrera no tuvo suerte, como en su primer paseíllo. El primero no tuvo clase al embestir. Barrera lo intentó, vibrante y aguerrido, por los dos pitones. Mató de buena estocada. El cuarto buscaba al torero, a la defensiva, peligroso. Y con el que mató en último lugar por la lesión de Aguilar tampoco pudo armar faena en los medios porque cortaba el recorrido.


El País. ANTONIO LORCA. Toreros valientes

Sobre el papel, era uno de los carteles de menos fuste de la feria. Para colmo de males, fueron rechazados los toros de la ganadería titular, y uno de los toreros anunciados, Manuel Díaz El Cordobés, decidió caerse del cartel, y fue sustituido por el madrileño Sergio Aguilar.

A la postre, la corrida fue una de las más interesantes del ciclo y no por los toros, que fueron un dechado de mansedumbre, invalidez y mala condición, sino por la valentía y los arrestos de la terna que en ningún momento se sintió afligida por las adversas circunstancias.

Hubo un triunfador, Serafín Marín, pero no se arredraron ni Antonio Barrera, firme y serio, ni Sergio Aguilar, valentísimo hasta la temeridad que, al final, se llevó la peor parte. Sufrió dos espeluznantes volteretas en su primero, un toro de defensas muy astifinas, violento y peligroso, al que plantó cara con una gallardía encomiable. Lo recibió con unos estatuarios en los que aguantó impertérrito la violenta acometida del animal y la cercanía de los pitones, que le rozaron la taleguilla. Aguantó sin inmutarse las continuas tarascadas y los tornillazos de su oponente y resultó cogido cuando trataba de pasarlo por el lado izquierdo. Maltrecho, con la taleguilla rota, volvió a citarlo por manoletinas y de nuevo saltó por los aires. Pasó por su propia pie a la enfermería con una distensión de ligamentos en la rodilla izquierda, de donde salió para matar al sexto. Sin embargo, cuando intentaba llevar a éste al caballo, giró sobre sí mismo y un fuerte dolor en la misma zona le impidió continuar la lidia. El torero se retiró con lágrimas en los ojos mientras el público le dedicaba una cariñosa ovación.

Por su parte, Marín ha demostrado ser un torero de valor y de corte artístico, Muy voluntarioso ante su inválido primero, recibió al quinto con templadas verónicas y rivalizó con Aguilar en un quite por ajustadas gaoneras, mientras su compañero se lucía por ceñidas tafalleras. Muleta en mano, aprovechó el escaso recorrido del toro en una emocionante tanda de redondos y otra más, a base de insistir, por natules largos y templados. Entró a matar como un ciclón, se volcó sobre el morrillo y consiguió un magnífico volapié que puso al toro patas arriba. Se le pidieron las dos orejas, y el presidente, acertado, concedió una que paseó entre el entusiasmo general.

Pero suerte tuvo el tercero en discordia, Antonio Barrera, que, sin embargo, estuvo a la altura de las circunstancias. Ninguno de los tres toros que mató le permitió confianza alguna, pero el torero, muy valiente y seguro toda la tarde, asumió su responsabilidad con arrestos de diestro valiente.

Se fajó sin cuento con su bronco y violento primero, se defendió con técnica de su deslucido y complicado cuarto, y ligó, en el centro del ruedo, una buena tanda de redondos al parado sexto.

Al final, queda una pregunta: ¿cómo es posible que la empresa no tuviera una corrida completa para la Feria de Sevilla? Quizá, como el cartel era modesto, nadie se preocupó.


ABCZABALA DE LA SERNA. Un catalán planta su toreo en la cuna de Juan Belmonte 

Serafín Marín, con su aire de quinto despistado, aterrizó con el AVE en Sevilla y plantó su toreo en la cuna de Juan Belmonte. Un catalán en la corte de Antonio Montes, Joselito «El Gallo», el Pasmo de Triana, Curro Puya, Cagancho, Chicuelo, tan injustamente olvidado, Pepe Luis, Pepín Martín Vázquez -¿por qué no tiene «Currito de la Cruz» una calle en el ferial?-, Romero, Muñoz, Morante -¡venga p´alante!-. Maragall, entérese de que que su mejor embajador en la España que usted ignora o desprecia es un torero. Un torero firme, recio, muy verdad. Un torero que en el último paseíllo en la Monumental de Barcelona se tocó con la barretina, como reivindicación contra los abolicionistas de las corridas en Cataluña y los liberticidas camuflados en un falso animalismo. Marín gustó a Joaquín Almero, aficionado cabal, a Juan Labrador, último reducto del Palco del Arte, al Nano de Jerez, cantaor del Sur, a Loren, artista francés, a Manolo Sánchez, crecido entre el aroma de la manzanilla salunqueña, a Chomin Hormaeche, un bilbaíno afincado en Londres, a Juan María Gastaca, otro del Bocho, pero establecido en Madrid... Vaya con Serafín.

La penúltima tarde de feria la remendó Canorea con un saldo de toros del Conde de la Maza y El Serrano destartalados, mal hechos, una monstruosidad. El equipo veterinario de turno había rechazado la corrida entera de Astolfi, supongo que más chica que la anovillada de Juan Pedro o que la de Sánchez Arjona... De otra manera no se entiende. La baja de El Cordobés, al que le sobran los contratos en ferias de categoría, la cubrió con la presencia de Sergio Aguilar, que anduvo en plan torero macho con un astifinísimo toro del Conde de la Maza. Aguilar se arrimó como pocos lo han hecho en Sevilla en este abril. Se mascó el miedo, que es una sensación que enaltece, dura y agradable, porque la Fiesta es así. A Sergio Aguilar se le podrán poner defectos en su extremo hieratismo, mas cuando medio escalafón tira y tira líneas sin exponer un alamar, lo suyo hay que engrandecerlo. Nunca esto fue una cosa de poses de salón y posturitas de pitiminí. Que le enganchó bastante, pues sí. Pero se cubren las insuficiencias técnicas, aquéllas que en su gran momento desprendía José Tomás, su espejo, con aquel toro de El Sierro en Madrid, por ejemplo. El del Conde de la Maza nunca tuvo ritmo ni entrega en sus embestidas, y casi al final de la faena lo volteó, desgarrándole la taleguilla y tal vez la carne. Otra vez le levantó los pies del suelo en unas bernadinas ceñidas. Y, cuando regresó por manoletinas, la gente curiosamente silbaba su arrimón; nadie quiere tragedias. A la hora de matar se resintió de una rodilla, la misma que luego le impediría lidiar el sexto tras abandonar la enfermería, tal vez la misma que le apartó de la circulación de novillero.

Barrera liquidó su tercer toro entonces, enmorrillado y sin cuello, evidentemente rajado. Una serie en largo duró en los medios, alejado de las querencias. No convenció nunca. Ni en el primero, que fue el que más se desplazó de su lote, siempre al hilo, aunque no tragaba, el toro, más que tres muletazos consecutivos.

Serafín Marín ya había demostrado su firmeza y su concepto del toreo cruzado con el gazapón sobrero, un caballo de 627 kilos. Alegró la historia por Manolete. Fue en el quinto, del hierro del Conde de la Maza, cuando se destapó. No perdonó responder a un impertérrito quite de Aguilar por tafalleras con el capote a la espalda, Gaona en el recuerdo. El Boni se desmonteró por un par en el que ganó la cara al toro que acortaba, y su matador luego calentó el ambiente plantado y agarrado al albero, entendiendo la media distancia del enemigo, que no era ninguna bicoca, al que había que ayudar con la inercia de los metros en el último tramo del muletazo, del que carecía. Un único pero: no haber agarrado la izquierda una serie antes. Pero la estocada en el hoyo de las agujas en un soberbio volapié borró esa nimiedad en medio de una faena asentada, trazados los muletazos con enorme largura, con la misma que contiene su proyección.


Diario de Sevilla.  LUIS NIETOSerafín Marín impacta en su debut

La corrida de Astolfi no fue aprobada. Varios camiones fueron al campo a por más toros. Al final, con tan sólo dos aprobados, el ganadero decidió llevárselos a la dehesa. Por el cambio de ganadería, El Cordobés decidió quitarse -está reglamentariamente en su derecho- del cartel. Pese a los cambios de ganadería y un torero, no hubo devoluciones y la plaza prácticamente se llenó. 

El encierro lo compusieron tres toros de Conde de la Maza y otros tres de El Serrano -ganadería aspirante de la Unión de Criadores, de procedencia Juan Pedro Domecq-, que en conjunto no sirvieron para el lucimiento. El quinto fue el más propicio. La corrida tuvo muchos matices tanto en las transformaciones a lo largo de la lidia de los toros como en el resultado de los toreros, con el catalán Salvador Marín, que impactó en su debut en la Maestranza, y un Sergio Aguilar que entró como sustituto y cayó lesionado gravemente -probablemente, con rotura de ligamentos o de menisco-. Y el sevillano Antonio Barrera tuvo de nuevo la suerte de espaldas.

El espectáculo tuvo poco de poesía. Ni siquiera de cuento. Fue todo auténtico, recio, macizo, con la dureza de por medio; algo así como la prosa de don Camilo.

Querer no es siempre poder. Y aunque Barrera estuvo muy decidido, el complicado primero no le permitió lucirse. Jugó bien los brazos cuando recibió al cuarto y con la muleta se esforzó con ese toro, que sabía latín, por ambos pitones. Mató al sexto por la lesión de Aguilar; de nuevo, con el corazón por delante, se estrelló por ambos pitones con un astado sin entrega.

El barcelonés Serafín Marín salió como triunfador en una tarde de fuertes emociones. Fue su debut como matador de toros en la Maestranza, que ya había pisado como novillero. Y lo hizo en unos tiempos en los que cuatro listos han declarado su ciudad antitaurina. Su faena fue una reivindicación en toda regla de la Fiesta para Cataluña en la mismísima Maestranza. Su primer toro, devuelto, fue sustituido por otro del mismo hierro, El Serrano, ¡con 627 kilos!, que resultó noble, pero flojito y al que le faltó recorrido, por lo que el trasteo del barcelonés careció de emoción. 

Sin embargo, Marín aprovechó bien al quinto, un toro manso, que acudió tras la muleta sin convicción, aunque con cierta viveza y sin peligro. La cosa comenzó que ardía. Se picaron Marín y Aguilar en el tercio de quites. Aguilar entró en el suyo con una tafallera inquietante, en la que los pitones le lamieron la taleguilla. Marín le respondió con unas gaoneras igual de ceñidas. ¡Qué hermoso espectáculo! 

A este quinto, el único potable del encierro, del hierro de Conde de la Maza, Marín lo aprovechó en la muleta. Aprovechó los viajes dándole sitio e incluso perdiendo en algunas ocasiones pasos para no atosigarle. El torero pintó una faena con cierto color y en algunas ocasiones con muletazos muy largos por ambos pitones, que caló en los tendidos. Marín se fue con agallas tras la espada y mató de un volapié decidido y contundente. Así ganó una merecida oreja, el único trofeo de la tarde. 

Sergio Aguilar impresionó todavía más que en su primera tarde. Con el tercero, un toro con movilidad, pero que no descolgó, hubo quietud y verticalidad. Debido a las condiciones del animal, faltó ligazón y sobraron algunos enganchones. Esa quietud que atenaza los corazones de los espectadores la pagó con un percance en el que el toro le propinó un pitonazo en el muslo izquierdo y le rompió la taleguilla. El torero continuó empecinado por bernadinas y fue nuevamente lanzado por los aires. Asustó al personal.

En el sexto, en un amago del toro, el madrileño pareció perder pie. No podía caminar y entró renqueante en la enfermería. Se nos vino a la cabeza la grave lesión de ligamentos cruzados de la rodilla derecha -en esta ocasión fue la izquierda- que le partió por la mitad y de la que tuvo que ser tratado en Estados Unidos.

La tarde fue de emociones fuertes. De sensaciones auténticas. No hubo figuritas; pero los toreros, sin reservas, dieron cada uno la cara a su modo. Y la cara de la moneda fue para Serafín Marín, que cayó de pie en su presentación en Sevilla; mala suerte para Antonio Barrera, sin material propicio; y la cruz, para un Sergio Aguilar en el que se tienen depositadas muchas esperanzas y que se jugó la vida con una sangre fría sin límites.



El Mundo.
JAVIER VILLÁN
Una herida y un despojo

La noticia por la mañana era el baile de corrales.Y El Cordobés pegando la espantá por el cambio de ganadería.Sergio Aguilar cogió por los pelos una sustitución complicada y allí estaba, en el albero de La Maestranza, con dos pares.Lo cual no quiere decir que Aguilar tuviera que dejarse matar por los terroríficos pitones del tercero. Dos veces voló por los aires el madrileño, aunque por fortuna lo único que se apreciaba roto y desgarrado a simple vista era la taleguilla. De momento, porque nada más dar el primer capotazo al sexto, Aguilar pagó cara la audacia que había cometido en el tercero. Se comprobó que bajo el remiendo de la taleguilla, había algo más: sangre y probablemente algún músculo roto o algún puntazo. Sergio Aguilar tuvo que marcharse a la enfermería. Y Antonio Barrera se hizo cargo del incómodo animal. 

Muchas cosas están cambiando en la Fiesta, y no todas para bien, y aún tienen que cambiar muchas más. La profecía de A. Guerra -rejoneadores en burro como símbolo de la democracia- no se ha cumplido; tampoco era absolutamente imprescindible. Pero eso no quiere decir que los toros no necesiten una reforma lo más parecida a una revolución. Y sé que la palabreja es peligrosa en tardes tan complicadas como la de ayer: un torero herido (A.Aguilar) y otro (Marín) infravalorado. Lo que no resulta confuso es el valor seco y oscuro de Sergio Aguilar.

A la voluntad de triunfo, y a la capacidad para escapar de la cornada en el cuarto, Antonio Barrera tuvo que añadir la seria lidia del sexto que tampoco daba facilidades. En los ceñidísimos estatuarios de Sergio Aguilar al tercero empezaba a presentirse la fatalidad de la cornada; algunos naturales a la manera de José Tomás y también anunciaban el revolcón. No digo que Aguilar sea José Tomás; digo que, a veces, torea a la manera de José Tomás incluso en los enganchones de muleta. Y para más parecido se puso en unos terrenos en los que la cornada resultaba inevitable.Hasta a la hora de entrar a matar estuvo Sergio Aguilar a merced del toro. ¿Sensación de tragedia? Pues sí. 

Y si la noticia de la mañana había sido la ya referida espantá de El Cordobés, la de la tarde, al final de la corrida, era no sólo el accidente de Sergio Aguilar, sino la oreja y el toreo por la mano derecha de Serafín Marín, y el agravio comparativo de una oreja de fuego y hierro en relación con regalos de tardes anteriores a otros toreros: es necesario e imprescindible unificar criterios. La faena del catalán había sido intermitente, intensa por la derecha y con altibajos por la izquierda; había respondido a un quite de Sergio Aguilar por tafalleras ajustadísimas con unas gaoneras espeluznantes. Y mató con una estocada que, posiblemente, vaya a ser la mejor de la Feria. ¿Criterio o arbitrariedad? 

Así que muchas cosas tienen que cambiar en el mundo del toro, sin que desaparezca la emoción, mas también sin que la sensación de cornada parezca inminente. Buscando la impunidad, los taurinos vienen pidiendo hace tiempo que las corridas pasen de Interior a Cultura. Eso podría ser negociable a condición de que saliera reforzada la integridad de la Fiesta y no su decadencia. Además, Europa acaba de tumbarle a Carmen Calvo el razonable abaratamiento de libros y discos; a ver si, aprovechando ese posible cambio de marco legal, Europa intensifica la murga contra las corridas y las convierte en materia de juzgado de guardia. Yo no confío demasiado en el europeísmo, pero estoy seguro de que Europa se hubiese estremecido ayer con el sentido trágico de Sergio Aguilar, con el valor torero y las ansias de triunfo de Barrera y con el despojo aleatorio que sufrió Serafín Marín y con la bronquedad de los toros. 

Sobre la corrida romántica sin minimizar al toro, Távora tiene algo que contarle a Carmen Calvo. Quienes conocen a la nueva ministra por aquí en Andalucía, dicen que es una política encastada y no precisamente en las dulzuras blandas de los juampedros.Si se vuelve a recoger la idea del cambio de Interior a Cultura del espectáculo de los toros, quizá sea necesaria mucha mano y mucho temple.

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