|
|
|
Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del miércoles, 30 de abril de 2003
Corrida de toros
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Victoriano
del Río, bien presentados, de diferente juego..
5º de Victoriano del Río y 5º bis, de Tornay, devueltos por
inválidos. 5º bis bis, sobrero de Tornay. Sexto, sobrero de Herederos de
Félix Hernández.
Diestros:
- Ponce,
estocada casi entera un poco caída (palmas). Estocada (al hilo de la
la tabla (saludos con protestas).
- Juli,
media trasera y tendida, descabello (palmas). 5º bis bis, pinchazo,
estocada atravesada, descabello (palmas).
- César
Jiménez, pinchazo, estocada tendida (oreja). Estocada entera
baja, caída y trasera (palmas).
Entrada: lleno.
Banderilleros que saludaron: Vicente Yangüez "El Chano".
Presidente: Francisco Teja.
Incidencias: Dávila Miura sufrió en su primero un revolcón
sin consecuencias.
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
El País, ABC, Diario de Sevilla,
El Mundo.
| LOS
PROTAGONISTAS |
Ponce
“Con mis toros era
imposible”
“Venía con mucha ilusión y no
ha podido ser, porque mi lote no ha servido para triunfar. Al
primero le ha faltado raza, aunque no ha tenido peligro. El
cuarto lo he sacado a los medios y le he tragado las
miradas, pero el toro no quería nada de nada. Todo el mundo ha
visto que era imposible”.
|
Juli
“Una devolución
inaceptable”
“Ha sido un tarde muy difícil,
además no ha habido suerte. El ambiente no ha estado raro, lo
que ha pasado es que, se esperaba más de la
corrida. Pienso que cuando un tío se va ha chiqueros, y al
toro, se le ve que tiene posiblidades, es inaceptable su
devolución. No me ha gustado nada”.
|
César Jiménez.
“No me conformo con una
oreja”
“He cortado una oreja en mi
presentación en Sevilla, pero no me conformo. He venido ha
abrir la Puerta del Principe, pero mi último toro no me
ha servido. Me he enfadado, porque tenía muchas ilusiones en mi
única tarde en la Maestranza, pero el público ha visto mi
entrega”.
|
PortalTaurino. MANUEL
VIERA. Un disparate
inexplicable
Yo no quiero ser agorero del futuro, ni muchos menos, pero mal lo veo si
alguien no para este disparate inexplicable. Incluso siendo, a veces, cómplice
del aburrimiento reinante viendo más de lo que abajo pasa por esa manera
de ver la realidad con un solo ojo. Y la realidad de la Fiesta no es otra
que la que se muestra cada tarde en el ruedo. Sobre todo, cuando los que
dicen mandar en esto, porque tampoco mandan, están anunciados con unos
animales que antes exigen. Entonces, todo cambia, y el atrayente cebo de
las figuras en el mismo cartel, se convierte en una trampa mortal y
decepcionante: En una mentira. Y con nada hay que ser tan intransigente
como con la mentira. De una vez por todas alguien debe cambiar tantas
cosas raras como pasan en estas corridas de relumbrón.
Ha sido el toro, una vez más, triste protagonista de la tarde. Y aunque
el protagonismo siempre debe estar abajo, hoy estuvo también arriba, en
quien presidía. El prestigio de esta plaza se haya vinculado a la
seriedad de lo que hace el palco, y no es serio autorizar y consentir el
cambio de varas, sin que un milímetro de la pirámide de la puya arañara
la piel del inválido animal. No es exagerado afirmar que los toros, esta
tarde, no se picaron. Que se devolvieron algunos con demasiada precipitación,
sin apenas protestas. Algo tiene que cambiar porque Sevilla no está
siendo Sevilla. Algún gesto radical hace falta para devolver a la Fiesta
la credibilidad y la seriedad. Definitivamente a muchos de los que a la
plaza acuden movido por su afición le gustaría conocerlo.
Ahí es nada, tres grandes toreros y rigurosamente inéditos en el ruedo
dos de ellos. No es que César Jiménez saldará su presentación con la
apoteosis del triunfo, ni muchos menos. Pero sí supo conquistar a La
Maestranza con su elegancia y su torería. Dejó sin picar al tercero, un
torete noble y flojo que buscaba las tablas sin parar. Le tapó salidas,
le dejó el engaño a la salida de cada pase, y así pudo lucir su torera
figura y sus finas formas con lentos muletazos ligados y bien rematados. Y
aunque pinchó antes de cobrar la estocada le concedieron una oreja
demasiado generosa.
Con el sobrero sexto fue otro cantar. Salió el toro, serio, todo un tío,
con las complicaciones propias del manso, y todos se afligieron menos uno,
El Chano, que clavó a ley dos pares de auténtica emoción. César Jiménez
echó rodillas a tierra para concebir esperanzas. Pero después, quizás
con estrategia de artista, paró embestidas en vez de alargarlas. De una
estocada tumbó al único toro que no rodó por el blando albero
maestrante.
Ponce se va de la feria sin conseguir su objetivo. Poco pudo hacer con lo
que ha exigido para torear. Ni con el inválido primero, ni con el bobo y
parado cuarto, que buscó las tablas para echarse, pudo demostrar su
categoría de figura.
Y El Juli... Seis toros, cuatro silencios y algunas palmas. Hoy tres
portagayolas, ahí es nada. Pero hasta quiso ser tramposo con el arrimón
al sobrero quinto. Partió de premisas falsas para crear un toreo
plausiblemente creíble, reconocible incluso por los menos exigentes. Y
eso no está bien, Juli.
El País. ANTONIO
LORCA. Torear a un muerto
Ponce y El Juli mataron a cuatro toros muertos. Porque estaban muertos
antes de que los mataran. Salieron reses de cuatro hierros distintos. Tres
se devolvieron a los corrales. Casi tres horas de insufrible aburrimiento.
¿Alguien da más? Un dato: en el cartel figuraban las dos primeras
figuras del escalafón, las que imponen ganaderías. Y ahí está el
resultado.
Ponce ni se despeinó. Tuvo enfrente a dos exponentes de la ausencia de
casta, y se dio un arrimón en el cuarto para justificar lo
injustificable. Tanto que el toro se derrengó a sus pies.
El Juli mató a un toro basura, y, después, hasta hasta tres veces se
puso de rodillas en la puerta de chiqueros para recibir a los tres toros
quintos que salieron. Banderilleó muy bien, ésa es la verdad, y toreó
peor que nunca. También se arrimó, pero el toro hacía tiempo que estaba
muerto.
Buena presentación de Jiménez, que cortó una oreja muy barata, pero
dijo que su toreo con capote y muleta tiene sabor y gracia, aunque fue más
pinturero que profundo. Se abrió de capa con las manos muy bajas y lo
intentó por chicuelinas. Después, tiró bien de la embestida, pero no se
enfadó lo necesario para encender la pasión. Dos tandas de naturales
largos y despegados y se acabó. El sexto era feo y violento, y Jiménez,
aunque joven, no está para esa guerra. Su banderillero El Chano,
extraordinario en dos pares.
Y no se acababa nunca...
Diario de Sevilla.
LUIS
NIETO. Una copia muy
parecida
Esto huele a chamusquina. Casi un calco del día
anterior en varios aspectos. Nueve toros, casi tres horas y una orejita ¿A
que les suena? Por éstas que fue así. En este caso, cuando el espectáculo
transcurría por cauces normales, el presidente decidió, por su cuenta,
pitar la prórroga. Devolvió el quinto, el quinto bis y, para que no
hubiera escape, el sexto. El quinto había entrado al caballo. Salió del
mismo mejor que la mayoría de toros en lo que va de Feria. Y nadie,
absolutamente nadie, lo protestó. Pero el señor Teja lo devolvió.
El caso es que a partir de ahí el espectáculo, si es que en algún
momento cobró vuelo, se derrumbó. Sobreros sin sangre brava -¡viva la
casta!-. Alguien aludió a grito pelado a Victorino. Pero hombre, un
respeto ¿Victorino? Disfrutando con lo de ayer, de Victoriano del Río,
puro Domecq, por favor. Un lujo. Con Ponce, El Juli y César Jiménez para
darse el festín del toreo...
Cuando en los tendidos bostezaban algunos espectadores por el cansancio de
la Feria a más de uno nos parecía vivir la pesadilla de días
anteriores. Esos toros esmirriados y clónicos nos cornean el alma de
aficionado un día sí y otro también. Igual que esa parada de cabestros.
Y esas tres horas... Igual que nos herían ayer los brochazos gruesos de
la pelea en un tendido de sol. Y lo mismito que esa invasión aérea, con
un helicóptero que rugía sobre el Templo. ¡Vaya Feria!
César Jiménez se estrenó como matador en Sevilla. Lo hizo con buen pie.
Pero sin excesos. Su triunfo llegó en esta ocasión al final del primer
tiempo, en lugar de en la tanda de penaltis. Con suerte, listo y oportuno,
supo sacar partido del toro más potable. Sentido de la escenografía,
vendiendo la mercancía y recursos, como alguna deslumbrante trincherilla.
El animal, noble, tuvo como único defecto el terminar los pases con la
cara alta. Jiménez apuntó bien, al lancear con suficiencia y
verticalidad. La faena, con brindis al público, la inició sin
probaturas. Rodillas en tierra, enjaretó una osada tanda con la derecha.
Ya de pie, dejando al toro a su aire, sin atosigarle ni dominarle, le sacó
dos tandas entonadas en redondo. Rompió a sonar la música. El público
entró, aunque no se rompió, con una labor que continuó con firmeza por
el lado izquierdo. Como un poste, consiguió algunos naturales de categoría,
aprovechando que el animal se entregaba más hacia adentro. En la suerte
contraria señaló un pinchazo, para matar de estocada contundente. Una
oreja. Pero éxito sin apoteosis.
Con el mansote y gigantón sexto, Jiménez quiso calcar faena. Se echó de
rodillas, tragando en dos avisos por el pitón derecho. Recobrada la
vertical, en los medios, se vio desarbolado por el pitón izquierdo y no
consiguió nada por el otro. Cortó rápido.
Ponce jugó un mal lote. El primero, descastado, se derrumbó en medio de
un trasteo aseado. Al cuarto le dio demasiada cera en el caballo. Lo acusó,
se paró y echó cuando lo abaniqueaba.
El Juli con una actitud de macho, recibió a portagayola, de rodillas, en
tres ocasiones. Al quinto, al quinto bis y al quinto tris. Tres veces se
jugó el pellejo junto a ese portón de los sustos que es la gigantesca
puerta de toriles de la Maestranza. Brilló en banderillas por su
mordiente y facilidad. Luego, esfuerzo entre los pitones, rechazado por
parte del público, en un arrimón en el que le llegaba a meter el muslo
entre los pitones y hacía retroceder al astado. Con el segundo, difícil
para el lucimiento, pasó inadvertido.
Hay quien ya se conoce la película de memoria. Que lo piensen los
taurinos. Porque esto son los toros y no el cine.
ABC. ZABALA
DE LA SERNA. Váyase,
señor Del Río, váyase
Váyase, señor Del Río. Váyase con sus
sucedáneos a seguir construyendo mentiras y chalés adosados en la sierra
madrileña. Váyanse todos los ricos del ladrillo que quieren hacer de la
Fiesta otro negocio y lucir claveles en las solapas. Que se vayan, ya, a
engañar a otros primos. Copen otros campos donde traguen con sus toritos
de pitiminí. Ricos de nuevo cuño, farsantes lenguaraces, ganaduros
desvergonzados, puerta.
Otro fracaso. Otro cuento chino, como en Castellón. Otro palo a
Sevilla. Y todavía hay quienes quieren fomentar una enemistad con Madrid
que nunca existió, porque Madrid y Sevilla siempre fueron de la mano.
Nunca hubo esa rivalidad que pretenden cuatro gilipuertas, de aquí y de
allí, quienes denuestan la Maestranza y quienes se apuntan al «cada día
nos parecemos más a Madrid». Desgraciadamente, no. De entrada, en Las
Ventas no cuelan una corridita anovillada como la de ayer. Ni se regalan
orejitas como la de ayer. Ni el equipo veterinario funciona con una manga
tan ancha. Ni siquiera en algo tan zafio y secundario como una burda
parada de bueyes se asemeja. ¿San Isidro como ejemplo peyorativo? San
Isidro como ejemplo, simplemente. ¿Que existe un sector duro y a veces
injusto? Sí, gracias. Y que no desaparezca para que los públicos
feriantes y aplaudidores se erijan en dueños de prestigios y plazas. El
«7» no sería tan grave como se piensa si sobreviviera una sombra de
aficionados exigentes y con peso como antaño, que imponían su criterio
sin voces ni estridencias.
Todo volvió a salir mal ayer. Empezando por un presidente torpe, con
el paso cambiado y el pañuelo precipitado. ¿Teja se llama? No importa.
¿De cuándo un aficionado se sabía los nombres de comisarios y policías?
¿Panguas? Sí, uno que dio un rabo, una línea en la historia de la
tauromaquia, una risa. La autoridad que ejerció el tal Teja debió
meditarla en los corrales, para no aprobar toretes de mazapán. Al quinto
no le sobraban las fuerzas, no, pero tampoco para devolverlo sin que se
arrodillase y partir el ritmo de una tarde que nunca lo tuvo. Claro que
esto es como la fábula del padre, el hijo y el burro. Cuando iban los dos
en el asno, «pobre burro, qué falta de caridad». Se bajó el hijo, «hay
que ver qué padre que deja al niño andando»; se bajó el padre, «vaya
hijo que deja a su padre tirado»; se bajaron los dos, «si serán tontos
que el borrico va tan fresco»...
Los tres toreros, Ponce, Juli y César Jiménez,,se estrellaron. Bueno,
Jiménez, menos, que cortó una orejita por su disposición y un par de
series de naturales. A mí, Jiménez, ahora de matador, me recuerda a uno
de esos toreritos que se ponen encima del telefunken con la gitana y la
cabecita de un toro de felpa. Pero estuvo en todo momento por triunfar, y
su toreo periférico y superficial gustó, con más fundamento sobre la
mano izquierda.
Ante el sobrero de Félix Hernández que hizo sexto, el único
toro-toro de apariencia que pisó el albero, un buey que se escupía de
los caballos, cumplió con valor y también se hincó de hinojos como en
el anterior.
Para valor y raza, El Juli, que se fue tres veces a portagayola en el
quinto, en el quinto «bis» y en el «tris». Fue todo, más las
arrojadas banderillas y un arrimón a cara de perro, cuando el toro
reculaba, sin embestir nunca o con medias arrancadas. El anterior
perteneció a la raza desrazada de los no toros, esos que ni valen para el
torero ni para el ganadero ni el público.
Enrique Ponce se justificó con un manso peligroso que medía, el
cuarto. Y todavía algunos le pitaron el esfuerzo. El que estrenó plaza,
de Tornay, alto y vareado, noble y sin poder, le convalidó el título de
enfermero.
Insisto: váyase, señor Del Río. Váyase

El Mundo. JAVIER
VILLÁN. La dictadura nefasta de Julián López
Está claro quién manda aquí: El Juli y el señor padre de El Juli. Y sabiendo que el señor padre de El Juli, don Julián López, sólo considera válidas las críticas de quienes se han vestido de luces, he vuelto a ponerme el vestido de torear; otra vez me he encontrado fatal.
Pese a todo, aunque no me vista de torero, a don Julián López no le va a quedar más remedio que aceptar mi autoridad. Y mi autoridad dice que ayer la corrida de Victoriano del Río fue otro fraude y que la culpa de ese fraude la tiene, naturalmente, El Juli y su equipo, que son los que imponen esos toros. Está claro quién manda aquí y está claro que Enrique Ponce, que se estrelló primero con un remiendo de Tornay y después con un novillo descastado e inválido de Victoriano del Río, no tiene vela en este entierro; un mandado de El Juli.
Recomendaba calma Enrique Ponce y no porque su gente anduviera acelerada, sino porque un soplo podía dar con sus toros en tierra.Harto de las miserias de este mundo, el victorianodelrío se echó.
A esos simulacros de toros había que echarles los perros o a los perros. Perros rabiosos, como los que han mordido a Sánchez Dragó en Etiopía, donde fue a buscar las fuentes del conocimiento.Jaurías de perros contra el novillo inválido y sin casta. Deshonor era antes para el ganadero que sacasen a sus toros la media luna del desjarrete o los perros. Perros contra los toros de Victoriano del Río, pero no contra Sánchez Dragó, ni contra los críticos ni contra los periodistas viajeros.
Los perros de la malaria casi desjarretan a Javier Reverte en el Amazonas e ignoro qué clase de canes, acaso los de la melancolía, tienen a otro trotamundos, Manuel Leguineche, apartado casi del ruido mundanal. A mis amigos les ladran los perros de la aventura y aquí, en La Maestranza, faltan perros para echárselos a los toros, a los toros de Victoriano del Río. Y sobran perritoros.
A El Juli se le agradece que no banderilleara a su primero. Y se le reconoce todo el mérito que tuvo recibir al flojo quinto de Victoriano y a los dos sobreros de Tornay, el último impresentable, de rodillas frente a chiqueros. O sea, que El Juli tuvo que parar cuatro toros que ya salían parados, mas eso es otra cuestión.
La gente se preguntaba por qué el usía había devuelto el quinto.Más bien habría que preguntarse por qué salió. El gesto de Julián López de meterse entre los pitones del novillo provocando una cornada que, afortunadamente, no se produjo fue impúdico y de mal gusto.
Lo que hay que hacer en vez de esos calentones que sólo pueden engañar a bobos, es venir a La Maestranza y a otras plazas con toros de verdad. Los aficionados lo entendieron así y le pegaron el cante.
En estas circunstancias de perplejidad y desesperación vino César Jiménez, que no ha querido ir a San Isidro, y cortó la oreja de la tarde. Estuvo bien, torero. Mas yo pienso que hace lo correcto, visto lo visto, en no ir a Madrid. Dejó al torillo sin picar, se arrodilló, citó de lejos y fue peregrinando hasta la raya.Templó muy bien los derechazos penitentes. El animal era de media arrancada y sin ninguna fuerza. Por lo tanto, César Jiménez hizo una faena pinturera aunque de medios pases, de medio pelo.
Sólo una tanda de naturales le acreditó como posible torero de futuro. El toro de Las Ventas, con perdón, es otra cosa. Y otra cosa fue, otra cosa malvada y perversa, el último sobrero de la tarde. Un ejemplar de Félix Hernández corraleado y largo.Con él se lució y se jugó el tipo la cuadrilla de César Jiménez, tanto bregando como clavando. Con este toro, Jiménez abrió faena, otra vez, de rodillas; luego, en el platillo, le echó agallas y este gesto, verdadero, sí que caló en la gente.
Otra vez casi tres horas de corrida insoportable, por lo menos, que sirva para sacar una enseñanza: aquí manda El Juli. Y los demás, incluido Ponce, a llevarle el botijo. O el esportón.
Otras
corridas de la feria
|
|