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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 29 de junio de 2003
Novillada con picadores
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Novillos de Manuel
Cañaveral (Guadaira), desiguales de presentación, nobles y bravos en
general. Los mejores segundo y cuarto. El primero flojo".
Diestros:
Entrada: media plaza.
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
El País, ABC.
PortalTaurino. MANUEL
VIERA. Y se acabó la
historia
Pasó, menos mal, un ciclo de novilladas para olvidar. En el recuerdo quedan un toro y un torero. Un novillo y un novillero, hoy ya matador de toros. Sólo eso. Las nefastas novilladas quedarán olvidadas para siempre y sometidas al martirio del silencio. No merecen otra cosa. Incluida la de hoy, donde hubo toros para atisbar el toreo, y donde sólo se encontraron escasos momentos positivos. Y como remate, no está mal, otra tarde más de lo mismo para agotar paciencias y cerrar un ciclo de novilladas de abono aburrido y preocupante.
Todo va muy deprisa. En esto del toro es como si hubiera general acuerdo a llegar cuanto antes. A llegar a ser torero, claro. Antonio Chacón, hijo de torero, se presentó esta tarde en La Maestranza con un corto y escaso bagaje. Aún así, este nuevo Chacón que se va haciendo poco a poco y que gusta de ejecutar un toreo muy del gusto de por aquí abajo, sería una pena dejarlo de ver, perderse en el camino a solas en busca de la ansiada alternativa. En cualquier caso, los novilleros de hoy no esperan la gran ocasión con el oficio aprendido. Las circunstancias mandan y las oportunidades no se pueden desaprovechar. Chacón tenía la oportunidad en la plaza de Sevilla y la quiso aprovechar. Aunque la técnica del oficio escasea más de lo normal en el que empieza. Aunque la responsabilidad de actuar en tan importante escenario se volviera en su contra. Igual da. Siempre merece tentar la suerte y a ver que pasa.
Antonio Chacón la tentó y la tuvo, pero no pudo aprovecharla del todo. Y esta es la cuestión. Estuvo vibrante de capa con el encastado tercero, y aunque trazó buenos muletazos con la diestra con esa chispa del torero sevillano, nunca se acopló al ritmo de la embestida. Anduvo en un mar de dudas con las distancias, desconfiado y verde. A Chacón le cuesta bajar la mano. Torea con el engaño demasiado alto y remata muy arriba. Así lo hizo con el tercero y también con el sexto. Este último, un novillo que se defendía con molesto cabeceo y al que no pudo darle un solo muletazo. Lo mejor lo hizo con la capa. Tres verónicas lentas y majestuosas sobresalieron en la tarde. Mató bien al tercero y se eternizó con la espada con el sexto. Más placeado puede que sea un torero interesante.
El alicantino recriado en Sevilla, Roque Garijo, nada pudo hacer con el flojo primero, pero sí con el cuarto. El novillo de Guadaira llegó a la muleta con la movilidad necesaria para hacer el toreo. No lo hizo Garijo, que con el engaño atrasado intentó con la diestra ligar los pases sin ninguna emoción. Hubo algún que otro esbozo, pero ni siquiera comenzó la supuesta obra, ni con la derecha ni con la izquierda. Con la espada acertó.
A Roberto Carlos le tocó en suerte el encastado y noble segundo. Los lentos y bien trazados lances a la verónica gustaron y provocaron una fuerte ovación. Fue lo mejor de su quehacer, porque aunque adelantó siempre la muleta y tiró del novillo con vibración la faena no remontó vuelo. Al natural decayó, y sólo unos redondos ligados al final llegaron a los tendidos. Con el noble quinto demostró maneras en algún que otro pase de buen trazo. Templó en alguna ocasión pero sin ningún tipo de emoción.
Y... se acabó la historia.
ABC. FERNANDO
CARRASCO. De la sosería como norma
Misma tónica, desgraciadamente, que en otros festejos de esta
especialidad. Novillada a modo, bien presentada, de hechuras bonitas,
manejable en cuanto a que no presentó problemas para los diestros pero
que tuvo la sosería como nota dominante en su condición a la hora de
embestir. Es verdad que pudo sacársele, a lo mejor, más provecho, pero
tampoco estamos escribiendo de astados para salir encumbrados de una plaza
como la Maestranza. De lo de Santa Coloma en este hierro dicen que ya no
queda nada, que todo -así se puede leer en los programas de mano- es
Jandilla. Pero en esta ocasión, sosería a raudales.
Y dicha sosería también estuvo presente en la terna, con la excepción
del camero Antonio Chacón, que fue el que mejor sabor de boca dejó
aunque, eso sí, aún está muy verde y con mucho que aprender.
Roque Garijo tiene buenas formas y una concepción bastante
estimulante del toreo, pero no pasó de dejar detalles en sus dos astados.
Su primero tuvo bondad pero, dicho queda, sosería en sus embestidas. El
alicantino trasteó en el comienzo de faena con corrección. Mas no podía
obligar a su oponente, ayuno de fuerzas. A media altura transcurrió su
quehacer. Correcto, ya escribo, pero sin más emoción.
El inicio de faena al que hizo cuarto contuvo esperanzas. De nuevo el
oficio en Garijo. Bien por bajo para dejarle la muleta en la cara del de
Guadaira y tirar, dejando dos series que llegaron algo a los tendidos.
Estilo el que mostró Roque. Pero ahí acabó todo porque a la tercera
serie el astado comenzó a recular, a tomar el engaño a regañadientes y
a no querer repetir. Vamos, que se acabó todo porque se paró. No hubo
nada más que voluntad en el torero. Y el espadazo que dejó. Algo es
algo.
También tiene oficio el vallisoletano Roberto Carlos -vaya nombrecito
en los carteles, torero-, que ganó terreno en los lances de recibo a su
primero, con buenas maneras y con gusto. Pero con la muleta se arquea en
demasía y torea muy despegado, al hilo del pitón y desplanzando hacia
afuera las embestidas. El novillo tenía tendencia a tablas y Roberto le
pudo enjaretar, siempre con los defectos antes apuntados, varias series.
Incluso llegó a sonar la música, pero sin acabar de redondear ni novillo
ni novillero.
Lances genuflexos se vieron al recibir al quinto. Brindó a Eduardo
Canorea Roberto Carlos, que tuvo enfrente otro novillo sosote. De nuevo el
toreo despegado, al hilo del pitón y hacia afuera. Un curso de cómo no
se debe estar delante de un astado a pesar del oficio que muestra el
diestro de Valladolid. La faena transcurrió sin pena y sin gloria, como
iba la tarde.
Otros aires trajo Antonio Chacón, hijo del excelente subalterno del
mismo nombre -que ayer fue en la cuadrilla-, quien pechó con el lote más
grande. Apuradillo con el capote ante su primero, dejó una buena media y
detalles pintureros manejando la muleta. Pecó de rematar los muletazos
arriba y de que le enganchase la pañosa. Pero la adelanta y gusta de
traerse toreado al novillo. No siempre puede salir, pero eso se conseguirá
con más rodaje. A este astado no acabó de tomarle el aire.
Al sexto, un torito con todas las de la ley, lo toreó muy bien en las
verónicas iniciales y le expuso una enormidad en la faena de muleta. Fue
el más probón e incierto en cuanto a acometidas. Chacón, verde para
estas lides, volvió a evidenciar que tiene un buen concepto del toreo,
aunque hubo algunos momentos en los que el novillo se lo pudo echar a los
lomos. Hay que darle tiempo a este Chacón, que tiene sus «cositas» y su
ángel. Y tiene que mejorar una enormidad con el descabello. Vaya petardo
que pegó ayer. Todavía está usando el verduguillo.
El
País. ANTONIO
LORCA.
Chacón, hijo y padre
Antonio Chacón es un joven de 17 años, nacido en el torero pueblo
sevillano de Camas, hijo del subalterno del mismo nombre, y que como su
padre en su día, intenta ser figura del toreo. Ayer se presentaba en la
Maestranza, y los pocos pero buenos aficionados sevillanos lo esperaban
con expectación y la esperanza de que éste sea el mesías que los libre
del tedio actual en la fiesta.
Tiene gracia y planta torera el tal Chacón. Es bajo de estatura, los
pies asentados y pinturería en su toreo, que no pudo más que apuntar
detalles ante su primero, que sólo le permitió lucirse en el comienzo de
la faena de muleta con unos ayudados muy garbosos que abrochó bien con un
largo pase de pecho. Animó a los aficionados con unas alegres verónicas
en el sexto, al que citó con decisión, pero el novillo, muy corto y de
molesto cabeceo, no se lo puso fácil, y todo quedó en una ilusión. Es
todavía muy joven y deja intacta la esperanza para el futuro, a pesar de
que pasara un calvario con el descabello.
Tiene un problema Chacón, y es que su padre va en su cuadrilla y no lo
deja respirar. El amor de padre tiene esas cosas. Y los nervios, claro está,
que no debe ser fácil mantener la cabeza fría mientras tu hijo se juega
la vida y el futuro. Por eso, los padres de los toreros deben ver los
toros desde la grada, porque los consejos son buenos antes y después de
cada corrida; pero durante el festejo el amor de padre sólo conduce al
nerviosismo.
También se presentaban en Sevilla Roque Garijo y Roberto Carlos, de
Alicante y Valladolid, respectivamente, y ninguno de los dos dejó nada
para el recuerdo en parte, quizá, por la escasa calidad de sus oponentes.
El primer novillo clavó los pitones en la arena cuando lo pasaba con el
capote, giró sobre sí mismo y quedó lesionado e inservible para la
lidia. El presidente lo mantuvo en el ruedo cuando el animal lo que quería
era morirse. La faena resultó larguísima y muy aburrida, y el alicantino
sólo brilló en un cambio de manos y un natural. Dio muchos pases en el
cuarto, pero toreó poco. Sorprendió, sin embargo, Roberto Carlos en su
primero con unas verónicas trazadas con las manos muy bajas y unos
elegantes ayudados que ejecutó al comienzo de faena. Ahí acabó todo.
Retrasó la muleta, se colocó al hilo del pitón y echó por tierra las
buenas maneras que anunciaba. Poco pudo hacer ante el quinto, muy escaso
de fuerza y movilidad. Sólo apuntó algún muletazo largo con la mano
derecha y poco más.
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