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Festejo de abono
Feria de San Miguel
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 28 de septiembre de 2003
Corrida de rejones
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Rejones. Reses de Jodar y
Ruchena, bien presentados, mansos, descastados y parados; cuarto y
sexto, con más brío.
Diestros:
Entrada: tres cuartos de plaza.
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
El País, ABC, Diario de Sevilla
PortalTaurino. MANUEL
VIERA. Martín
Burgos y Diego Ventura abren la del Príncipe
Cabe preguntarse si el toreo a caballo ha cambiado o, en su defecto,
por qué es ahora más popular que nunca. La respuesta no se hace difícil
por lo que supone la asistencia masiva del público a la plaza. La
mejor entrada del finalizado ciclo de San Miguel ha sido la de esta
corrida de rejones. Y lo cierto es que los que asistieron se marcharon
satisfechos del espectáculo. Satisfecha debe estar también
la empresa. Así que corrida de rejones para el próximo septiembre.
Dentro del creciente interés que despierta este arte de torear a
caballo, y que ocupa ya un lugar de privilegio en las más importantes
ferias taurinas, está el logro estético que imprimen los nuevos
caballeros a sus faenas. El toreo a caballo contribuye con su belleza, y a
veces con su profundidad, a la auténtica emoción en los tendidos.
Lo que se ha visto es lo que hay, nada más y, sobre todo, nada
menos.
Y se ha visto a un clásico, Joao Moura, torear, clavar dando el pecho
de la cabalgadura de forma excepcional. Llegar hasta los adentros
para con perfecta técnica lucirse con las banderillas a una mano. El
pinchazo antes del rejonazo desprendido, y ser el primero, le hizo dar sólo
la vuelta al ruedo.
También Leonardo Hernández clavó al estribo banderillas a una mano a
un toro manso y parado. En lo alto puso un par a dos manos. Bien estuvo
con las cortas, y sólo el fallo con el rejón de muerte le hizo escuchar
una leves palmas.
Demasiado fácil, tan fácil quiso torear Luis Domecq que
no emocionó a los tendidos con el par a dos manos y las banderillas
cortas. Su facilidad en el rejoneo no lo transmitió al público, y de ahí
el silencio tras fallar con el rejón de muerte.
Y se ha visto a un debutante, Martín Burgos, vibrante y
espectacular en ocasiones con las piruetas y adornos, pero auténtico en
otras clavando arriba y demostrando valor, técnica, buena monta y mucha
verdad. El par al violín con quiebro invertido por los adentros puso a la
Maestranza en pie. Tras un metisaca y un rejonazo sin puntilla de efecto
fulminante paseó el doble trofeo.
Andy Cartagena hizo todo lo que pudo para agradar y triunfar con otro
manso metido en tablas. Derrochó ganas y esfuerzo, dejándose llegar al
toro hasta distancia inverosímil. Deleitó al público con sus
piruetas, pero clavó con desigual fortuna banderillas a una mano. Falló
al matar y sólo fue ovacionado.
Y se ha visto a un joven, Diego Ventura, con un toreo a caballo que
tiene la calidad necesaria para permitirse alguna que otra fantasía que
completan una tauromaquia que deleita y emociona. Toreó
despacio de salida y fue espectacular clavando de frente y en lo alto.
Bailó con la cabalgadura al son del pasodoble, y realizó las diferentes
suertes con asombrosa lentitud y sin un sólo fallo. Un rejón bastó
para matar al mejor toro de la descastada corrida de Jódar y Ruchena.
El País. ANTONIO
LORCA. La juventud a hombros
Los más jóvenes, Martín Burgos y Diego Ventura, salieron a hombros
por la Puerta del Príncipe, con más méritos el segundo que el primero,
pero la corrida no dejó de ser un espejo del rejoneo moderno en el que
los cánones parecen olvidados y se premia la espectacularidad por encima
de la ortodoxia. El público heterogéneo no es exigente y gusta de
cabriolas y carreras varias; no valora las pasadas en falso ni la colocación
de rejones y banderillas a la grupa. Por su parte, los caballeros buscan
con ridículo afán el aplauso fácil, tanto que alguno, como Moura, da
una vuelta al ruedo por su cuenta, y otro, como Hernández, sale hasta los
medios a solicitar una ovación cuando el público guarda silencio.
La verdad es que fueron dos horas de toreo moderno en el que el
aburrimiento dominó la primera parte, y las prisas espectaculares, no
exentas de momentos brillantes, en los tres últimos toros.
Lo cierto es que los ejemplares de Jódar y Ruchena fueron enemigos
declarados por su falta de casta y de bravura. Todos ellos se pararon al
primer envite y costó un mundo que persiguieran a las cabalgaduras. Pero
los caballeros, sobre todo los más maduros, no supieron o no pudieron
superar tal adversidad y las ilusiones se fueron apagando a medida que se
sucedían las pasadas en falso.
El portugués Moura lleva muchos años montado a caballo y la
experiencia es un grado. Consiguió encelar a su toro y destacar en
banderillas, especialmente en dos pares al quiebro con el caballo detenido
a escasos metros del burel. Cuando terminó una actuación aseada, se dio
una vuelta al ruedo porque tenía ganas de despedirse hasta el año que
viene.
No pudo lucir Leonardo Hernández por culpa de otro mulo que no le
ofreció facilidades. Es verdad, sin embargo, que no fue el rejoneador
seguro que triunfó en la pasada Feria de Abril. No estuvo fino a la hora
de clavar, se dejó atropellar los caballos y mató mal. Sin pena ni
gloria pasó Luis Domecq en una actuación tan sobria que resultó triste
y fría. No consiguió enardecer al público y se fue tan en silencio como
llegó.
Debutó Martín Burgos en esta plaza y le tocó en suerte el único
toro codicioso de la tarde. El público se le rindió al clavar
banderillas y rosas y después se le rindió un benévolo presidente
concediéndole dos inmerecidas orejas. A buena altura brilló Andy
Cartagena con otro manso al que templó con maestría y no poco esfuerzo.
Se lució en banderillas y puso al público en pie con las cabriolas de
sus caballos y la suerte del teléfono.
Cerró la tarde Diego Ventura con una actuación de gran altura. Clavó
banderillas al estribo, se lució a dos manos y mató de un certero rejón
en todo lo alto. Con toda justicia las dos orejas fueron a parar a sus
manos.
Diario de Sevilla.
LUIS
NIETO. Martín
Burgos y Diego Ventura abren la Puerta del Príncipe
En los tendidos no se veía a casi ninguno de los
aficionados habituales. Hicieron pellas en la corrida de rejones. Hubo más
público que en los dos festejos precedentes de la Feria de San Miguel. Un
personal muy variopinto, que aplaudió siempre con más fuerza lo
espectacular que lo profundo.
Raúl Martín Burgos y Diego Ventura, que tuvieron en suerte los mejores
toros, salieron por la Puerta del Príncipe tras dos faenas distintas.
Totalmente desconocido en Andalucía, Martín Burgos es un madrileño que
se ha fogueado fuera del circuito de las grandes ferias. Sin duda, dio la
gran campanada en su presentación en la Maestranza. Buen jinete, con
facilidad para conectar con el público y hasta capacidad para improvisar
en la cara del toro, impresionó por su desparpajo. Tiene cualidades
suficientes para convertirse en un excelente rejoneador. El otro
triunfador de la jornada, Diego Ventura, criado como caballista en la
marisma sevillana, salió en tromba, con la sangre hirviéndole e impactó
con un toreo muy espectacular.
La corrida de Jódar y Ruchena manseó lo suyo en conjunto, exceptuando al
manejable cuarto y al reservón sexto, que tuvo movilidad, y puso las
cosas muy difíciles al sexteto de rejoneadores.
Joao Moura deleitó por momentos, con sobriedad y grandes conocimientos,
ante el que abrió plaza, encerrado prácticamente en tablas. Mató mal y
todo quedó en una vuelta.
Leonardo Hernández tuvo también que esforzarse mucho ante el distraído,
parado y rajado segundo. Consiguió los mejores momentos en banderillas,
como en un meritorio par a dos manos. Tras fallar con los aceros salió a
saludar por su cuenta.
Luis Domecq pasó casi desapercibido ante el tercero, un astado de escasa
acometividad. Sin gran precisión en los rejones de castigo, cumplió en
el segundo tercio.
Martín Burgos levantó la tarde en el cuarto. En los rejones de castigo,
precisión. En banderillas cosechó la primera gran ovación al clavar un
palo de frente y realizar varias piruetas en la cara del toro. Otro al
violín, subió el diapasón. Impresionante la improvisación del torero
cuando entraba por los adentros y al rehusar el toro en la embestida
decidió clavar al violín saliendo hacia las afueras. Remató con una
rosa al violín. En la suerte suprema no mató a la primera. Además de un
rejón precisó de un metisaca. El público, enloquecido, pidió las dos
orejas.
Andy Cartagena tuvo enfrente a un manso, con clara tendencia a tablas. El
alicantino estuvo soberbio en banderillas. Se dejó llegar al toro lo
indecible y también aderezó varias suertes con piruetas. El toreo a dos
pistas para sacar al cornúpeta de querencias fue brillantísimo. Una gran
faena que malogró con los aceros.
Diego Ventura estuvo fino en los rejones, parando bien al reservón sexto,
que fue a más. A los numerosos adornos, como cabriolas, que ejecutaron
sus cabalgaduras, hay que añadir la garra y la fuerza con la que se mostró
el sevillano. Dentro de una labor en la que primó la espectacularidad, lo
más ortodoxo fue un par a dos manos. Mató de rejonazo y el público,
rendido, solicitó las dos orejas que fueron concedidas.
En definitiva, con un público muy variopinto, corrida de menos a más, en
la que los jóvenes rejoneadores Raúl Martín Burgos y Diego Ventura, con
los mejores toros, abrieron la Puerta del Príncipe.
ABC. FERNANDO
CARRASCO. Por la Puerta del Príncipe
Dos
torbellinos en el ruedo. Uno, Martín Burgos, con un ímpetu arrollador.
Otro, Diego Ventura, que a la juventud que posee ha añadido una madurez
profesional que ha atemperado su toreo. El primero, que se presentaba en
el coso del Baratillo, derrochó entusiasmo en todo momento. El segundo,
ya curtido en plazas de responsabilidad, mostró ayer su cara más clásica
dentro de su espectacularidad. Y junto a ellos, no se olvide, una gran
faena también de Andy Cartagena, que perdió la Puerta del Príncipe por
el mal manejo de las armas toricidas. Hay que apresurarse a escribir que
la plaza registró una gran entrada. La mejor de estos tres días. Tienen
tirón, y mucho, los rejones. Es verdad que es otro tipo de público pero,
al fin y al cabo, público aficionado a los toros y a los caballos.
Joao Moura anduvo, además de fácil, centrado y certero. Pinchó antes
de dejar un rejón trasero y dio la vuelta.
Leonardo Hernández se encontró con un astado que, de salida, tuvo
muchos pies, aunque tuvo que bregar lo suyo para que no se le fuese a
tablas. El triunfador de la pasada Feria de Abril volvió a demostrar su
magisterio si bien en esta ocasión su quehacer tuvo altibajos. Más
parado de salida fue el que le correspondió en suerte al jerezano Luis
Domecq. Cumplió con las de castigo y el mérito principal de su labor
estuvo en llegarle muy de cerca a un toro algo quedado.
A por todas, desde el principio, salió Raúl Martín Burgos. Tuvo el
toro más colaborador, acometiendo con vibración y persiguiendo las
cabalgaduras. Ello permitió que el madrileño se explayase en las
banderillas a una mano, espectaculares en preparación y ejecución, astas
y las «rosas» también al violín. Un pinchazo precedió a un rejonazo
del que murió el toro de forma espectacular. Petición mayoritaria de las
dos orejas. A una gran altura rayó también Andy Cartagena, que estuvo
eficaz con los rejones de castigo y con mucha precisión en las
banderillas a una mano. Al igual que Ventura, se ha atemperado y está en
un momento de madurez francamente bueno. Junto a Martín Burgos, Diego
Ventura volvió a dar una gran tarde.
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