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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del sábado, 26 de abril de 2003
Corrida de toros

El diestro sevillano Antonio Barrera estuvo a punto de abrir la Puerta del Príncipe

FICHA TÉCNICA

el_ventorrillo.gif (2550 bytes)Ganadería:   Toros de El Ventorrillo, bien presentados y con casta. El mejor, el quinto. El sexto se descoyuntó en su primer derrote contra el burladero 3.

Diestros: 

  • Ferrera, estocada entera muy caída, rodó sin puntilla (saludos desde el tercio). Mete y saca, estocada caída (palmas).
  • Antonio Barrera, estocada en su sitio, rodó sin puntilla (oreja). Recibió a portagayola, pinchazo, estocada, aviso y descabello (vuelta al ruedo).
  • Fandi, pinchazo, estocada entera baja, rodó sin puntilla. (saludos) Estocada Estocada en su sitio. (ovación).

Entrada: lleno en tarde de sol.

Banderilleros que destacaron: Juan Montiel, en el quinto de la tarde.

Presidente: Francisco Teja.

Crónicas de la prensa:  PortalTaurino, El Mundo, El País, ABC, Diario de Sevilla

LOS PROTAGONISTAS 
Ferrera
"Mi lote ha sido muy complicado"
"Me ha tocado un lote muy complicado. El primero se ha rajado y ha sido violento y con genio, costaba mucho estar delante de él. El cuarto no transmitía y todo lo que le hice no llegaba a tendido de la Maestranza. Creo que mi aptitud ha sido positiva y el público de Sevilla lo ha valorado".
Antonio Barrera
"Me llevo un sabor agridulce"
"Una lastima lo de la espada en el quinto, tenía abierta la Puerta de Principe. Me siento muy triste, me llevo un sabor agridulce. Dulce por los olés de la plaza y este marco incomparable, y agrio, porque tenía las orejas cortadas. Pero bueno, aquí está Sevilla y espero abrirla pronto".
Fandi
"Mis toros no eran para triunfar"
"La corrida en general ha sido positiva, con dos toros que se han dejado con diferencia. Mi primero tenía peligro sordo, quedándose siempre debajo y sin tragarse el tercero, buscando por allí. El último se ha parado más o menos igual, sin mucho peligro, pero sin dejarme triunfar".
Realiza: Emilio Trigo

 


PortalTaurinoMANUEL VIERA.  Antonio Barrera, no acabó y no mató. Esta es la cuestión

Es inevitable la impresión, tras lo sucedido esta tarde, de que Antonio Barrera ha toreado más para él mismo, que para los muchos  que de pie en los tendidos  se emocionaban  con  los postreros naturales al quinto toro. Y digo esto, porque cuando la plaza crujía  al sentir el infinito recorrido de la tela sin que tiempo alguno transcurriera. Cuando este parecía estancando, no fluía, se paraba ante la lentitud  del ajustado muletazo,  es entonces, cuando se va el torero, deja al toro, y no termina  una obra con sobrado contenido para una consagración. Tal vez, Barrera, emborrachado de toreo creyó que no había otra cosa más  que hacer que meter el acero y abrir de par en par el deseado portón principesco. Una lastima. 

Recordará, Antonio Barrera, para siempre los dos ejemplares de El Ventorrillo que la diosa fortuna le puso en su camino en una tarde de feria en La Maestranza de Sevilla. Dos toros, deseados y soñados tantas veces  para alcanzar la gloria del toreo, y en tan emblemática plaza. Uno, que se reconoce demasiado preso de su propia  afición, le cuesta criticar la oportunidad perdida. Barrera es un torero honesto, con auténtico valor, y unas formas que se pueden incorporar a las maneras más puras de los pocos que así interpretan el toreo. Por ello no se le debe quitar fuerza al atractivo indudable de este torero en el ruedo. A pesar de no estar demasiado centrado como requería la calidad de las embestidas del segundo toro. Es verdad  que hubo tandas con la diestra lentas e incluso ligadas. Es verdad  que dibujó largos y hondos naturales. Pero no acabó de aprovechar un pitón, el izquierdo, de auténtico lujo. Todos los modos de decir lo que vimos en la muleta de Antonio Barrera al quinto, son válidos para definir su indiscutible entrega por alcanzar el triunfo.  Cites de larga distancia y pase cambiado. Mando en  los lentos derechazos de mano baja. Y una tanda al natural, ya contada, de las que hacen historia. No acabó y no mató.  Esta es la cuestión.

No puede negarse la importancia de Antonio Ferrera en cualquier cartel de una feria de postín. El espectáculo de valor, raza, coraje y verdad, sobre todo con las banderillas está asegurado. Otra cosa es el toreo. Ferrera es único con los palos. Sus portentosas facultades y el dominio de la suerte son sus armas. A sus dos  toros los banderilleó con facilidad y espectacularidad.  Sin embargo, es torero de toros difíciles, luce con ellos más que con estos otros de embestidas noblona y escaso fuelle. Estuvo valiente y dominador con el manso primero, pero desdibujado y sin demasiado acople con el aprovechable cuarto.

El Fandi, torero que se divierte y divierte haciendo cosas muy serias, algunas muy de verdad. Que se divierte, nada más y nada menos que provocando emociones. Sólo las provocó esta tarde en sus comprometidos pares de banderillas, sobre todos aquellos que ejecutó por los adentros, y que fueron complicados, difíciles y sobre todo de infarto. Con la muleta los contenidos fueron menos. Aguantó las paradas y miradas del tercero, un toro que esperó el momento oportuno para empitonarlo y elevarlo por los aires. Faena al uso, comprometida, y nada más. Con  el sexto, un toro que no llegó a romper en la muleta, no tuvieron continuidad los aislados y bien trazados muletazos con la diestra.



El Mundo.
JAVIER VILLÁN.
Barrera se cerró la Puerta del Príncipe 

Antonio Barrera hubiera abierto la Puerta Grande de no ser tan pinchauvas, de no haberse puesto nervioso con la inminencia del triunfo. Puede que alguien considere exagerada esta afirmación; yo considero exageradas un 99% de las orejas que se han dado hasta la fecha en esta feria. Así que váyase lo uno por lo otro.De aplicar el mismo rasero que se ha aplicado con otros rutilantes astros de la torería, Barrera debiera estar todavía suspendido, levitando, del Arco de Triunfo maestrante.

Antes de entrar en detalles, permítaseme una pregunta previa: la Fiesta de ayer, ¿tiene algo que ver con algunas de las corridas de días pasados? En formas, aparataje y parafernalia, parece que sí; aunque yo no me atrevería a afirmarlo. Y otra pregunta: los toros de ayer del Ventorrillo, ¿tienen algo que ver, por ejemplo, con los juampedros de anteayer? Pues, por un lado, sí, ya que llevan la misma sangre; y por el otro no. Por un lado tú ya ves y por otro qué quieres que te diga, que diría Juan, el gallego de la calle Zaragoza.

Los de ayer eran toros de lidia con sus defectos y sus virtudes y los de anteayer y algún otro día, eran simulacros errabundos maltratados por traidora mano. En consecuencia, tampoco puede hablarse de la misma Fiesta; en consecuencia, no es lícito hablar de toreros del mismo rango, aunque a Ferrera, Barrera y El Fandi aún no se les reconozca ese rango en grado superior. Tranquilos, todo llegará. De momento, la oreja cortada ayer por Antonio Barrera tiene más peso específico que todas las de la Feria juntas.

Ya me gustaría a mí ver a los mandamases del escalafón con el primer toro, o con el sobrero sexto. Ya me hubiera gustado ver a ese mandamás que quita y pone toros y que baja del cartel a quien le incomoda, midiéndose con la violencia del primero del Ventorrillo, un animal carnívoro que quería devorar a Ferrera sin ningún tipo de consideración. Ferrera hizo algo en desuso para un toro ciertamente en desuso: lidiar. Atacó en el capote, atacó en banderillas y atacó, jugándose el corbatín, la faja y lo que va por debajo del corbatín y de la faja. Ferrera presentó batalla en tablas, donde a favor de querencia, el bruto se tragaba los muletazos. Ferrera estuvo donde tenía que estar: en el lugar de los toreros machos. Cosa que no hizo cabalmente en el cuarto, pese al valor en banderillas; naturales y trincherazos para llevárselo al tercio; siempre acelerado hasta templarse en una tanda por la izquierda. Pero volvió a destemplarse y no halló ni la distancia ni el embroque.

Antonio Barrera no se anduvo por las ramas en sus faenas de muleta: redondos y naturales, el toreo eterno. Y los engarces necesarios para rematar las series. La casta de su primero estaba atemperada por cierta blandura de remos que, a veces, le hacía trastabillear.Barrera cuajó una faena sin relumbrón, pero impecable: distancia, terrenos, temple y muleta por debajo de la pala del pitón. Y los pases de pecho, eso: genuinamente de pecho. Las manoletinas se le pueden perdonar porque no fueron artimaña para arañar una oreja que ya tenía conquistada.

Aunque bien es verdad que las orejas no se arrancan hasta que el toro muere; y el quinto, un toro bravo y codicioso, tardó en morir. Bien corrido a una mano por Montiel, el toro cantó pronto sus virtudes. Y Barrera las suyas, que fueron las de antes, mejoradas y aumentadas; sólo que con más ligazón en los muletazos.Pero pinchó de manera infame.

Mejor con la capa que con las banderillas El Fandi, pese a la espectacularidad. Llegará un día en que El Fandi no necesite de las banderillas para calentar al personal; El Fandi sabe torear muy despacio. El Fandi es torero poderoso, como demostró en el sobrero y torero de sentimiento como evidenció en el tercero.Un trincherazo, de caligrafía y pincel; un descuido lo lanzó al cielo y no al de la gloria sino al de la posible cornada.Salió indemne, aunque dolorido. Pero más dolorido quedó el sexto, que se estrelló contra un burladero y se murió. Un toro suicidado de por vida. El señor presidente tuvo a bien obsequiarnos con un sobrero, bastante complicado, que obligó al Fandi a acreditar su valor y su técnica lidiadora.

 


El País. ANTONIO LORCACambio de papeles

A Barrera le concedieron una oreja en su primero, pero el que triunfó de verdad fue el toro y no el torero; pero es que en el segundo dio la vuelta y ese premio quien se lo ganó fue el toro.

Y no quedó ahí la cosa: Ferrera y Fandi llegaron a Sevilla con vitola de toreros poderosos; poderosos, sí, pero como banderilleros. Se cambiaron los papeles.

Vamos, que ayer los que triunfaron fueron los toros, bien presentados, mansurrones, pero nobles y de dulce embestida, a excepción del primero. Y los toreros se cansaron de dar muchos pases y de torear poco.

Barrera ha tenido, quizá, la oportunidad de su vida para tocar la gloria con las manos y la ha desaprovechado. Es valiente, se queda quieto, liga a veces, pero le faltó temple, hondura y sentimiento. Casi nada. Así, cuando sale un toro bobalicón, como su primero, la emoción sólo surge al final con un natural largo y varios redondos más de peso. Un bagaje muy escaso. Peor fue lo del quinto, incansable por ambos pìtones, con el que Barrera anduvo precipitado, con poco mando y menos ceñimiento. Comenzó espectacularmente con dos pases cambiados abrochados con el de pecho, y arrancó la música. Acompañó la codicia del animal en dos tandas de derechazos largos en los que el toro metía la cara como en el toreo soñado. Bajó el tono en la siguiente, y siguió muy despegado con la izquierda. Total, una ilusión. El artista fue el toro.

Y Ferrera y Fandi demostraron, una vez más, que son banderilleros de una pieza, dominadores absolutos del tercio, y así se lo reconoció Sevilla, pero sembraron la duda sobre sus cualidades con la muleta. El primero se justificó con el que abrió plaza, un manso agresivo y violento, con el que estuvo hecho un jabato y al que dominó de principio a fin. Sólo un torero en plenas facultades como él puede salvar airoso tan difícil trance. Pero salió el noble soso en quinto lugar, y el torero estuvo ventajista, fuera de cacho y al hilo del pitón. El toreo moderno, en suma. Valga recordar un ajustado par al quiebro en el que se dejó llegar el toro muy cerca del pecho.

Dos pares también para el recuerdo de El Fandi: uno, al violín en su primero, y otro, en el sexto, al hilo de las tablas. Con el capote, anodino; con la muleta, encorvado, acelerado y tan moderno como Ferrera. Ninguno de los dos estuvo a la altura de lo que de ellos se esperaba. Y de Barrera, lo dicho.


Diario de Sevilla.  LUIS NIETO.  Barrera pierde un éxito clamoroso por la espada

Por fin abandonó Antonio Barrera el rojo, esa factura despiadada que pagó puntual y excesivamente durante el año pasado, ese tributo de sangre, esa cuerda que en forma de lesiones a punto estuvo de ahogarle el año pasado. Y en el amarillo albero de Sevilla vivió ayer, desde que llegara como torero emigrante de México, su mejor tarde. Del rojo al verde esperanza.

Muy dispuesto. Era su única oportunidad en la Feria de Abril. Y cuando rozaba la gloria con los dedos, el destino le frenó en seco. Barrera debe a estas horas tener la cabeza como una jaula de grillos. Repasando una y otra vez la película de la suerte suprema ¿Por qué no entró en la suerte natural? ¿Por qué de esos pinchazos? Su actuación alcanzó tal altura que, tras su segunda faena, con más vuelo que la primera, en la que había cortado una oreja, el público, enloquecido, le permitió dar una vuelta al ruedo ¿Qué hubiera sucedido si mata a la primera? ¿Quizás Puerta del Príncipe?... Probablemente.

Al quinto toro, de nota, con recorrido y entrega, lo recibió con una larga a portagayola, de la que salió muy comprometido. Perdió el engaño. Luego, de pie, al lancear nuevamente, fue desarmado. Con este ejemplar, Juan Montiel dictó lección particular en brega y de cómo correr un toro a una mano.

La faena de Antonio Barrera alcanzó vuelo de inmediato cuando en los medios dibujó un par de falleros, con los pitones lamiendo los riñones del torero en uno de ellos. La música se arrancó al tiempo que una ovación estruendosa. Y los oles se sucedían como un oleaje templado, al igual que los muletazos. Si con la diestra cinceló un par de tandas de categoría, al natural hizo hervir a la plaza con dos series de bellísima factura en la que predominaron la ligazón y los pases de pecho. Era por ese pitón por donde el toro acudía con más temple y humillación ¿Por qué no entró en la suerte natural? ¿Qué sucedió? El torero pinchó en dos ocasiones y el éxito clamoroso se esfumó. Por fin, a la tercera, agarró una estocada. Aun así los dioses no estaban totalmente con el sevillano porque el puntillero -¿les suena de algo esta escena?- erró y levantó al animal, al que tuvo que finiquitar de un golpe de descabello el diestro.

Barrera, que contó con el mejor lote, tuvo como segundo a un astado noble. También dejó en sus credenciales un gesto de arrojo, con una larga cambiada de rodillas en el 5. Asustó con unas gaoneras de infarto. En las afueras pergeñó una faena desigual, en la que se mezclaron momentos con engachones y otros en los que alargó suavemente las embestidas. Le faltó más cuerpo a una labor que remató de una estocada desprendida.

Antonio Ferrera y El Fandi hicieron de las suyas con las banderillas, compartiendo el tercio en sus primeros toros. Pusieron la plaza en pie por su sentido del espectáculo, su derroche de facultades y su seguridad. Ferrera, a lo grande, en uno de dentro afuera y otro al quiebro. El Fandi, en un par de moviola y otro al violín.

Ferrera estuvo cumbre con el manso, agresivo y violento que abrió plaza. Le ganó terreno en lances dominadores y unas verónicas bravías. Y con la muleta, a la vieja usanza, domeñó a una fiera que, refugiada en tablas, únicamente embestía con arreones y a golpe certero. A punto estuvo de sufrir una cogida en un hachazo horrible lanzado al pecho. Mató de pinchazo y estocada. Y saludó. Con menos y ante material más moldeable se han concedido orejas. Un premio que a nadie se le ocurrió solicitar.

Con el cuarto, manejable, aunque no llegó a descolgar, Ferrera realizó una faena correcta que no caló en los tendidos.

El Fandi, como sus compañeros, le echó también redaños al asunto. Al áspero tercero lo recibió con una larga cambiada de rodillas en el tercio. En una labor por ambos pitones, en la que intentó imponer su ley, fue cogido sin consecuencias por el pitón izquierdo.

El sexto toro se estrelló de salida contra el burladero del 3 y cayó fulminado. En su lugar, saltó un sobrero del mismo hierro. Un toro incómodo, que se paraba y medía. Desacertado con el capote, el granadino brilló a gran altura en banderillas. Y se esforzó en agradar con la muleta.

De celeste el cielo de la Maestranza. De celeste y oro el torero sevillano. Antonio Barrera rozó ese cielo azul, esa gloria que casi tocó con los dedos, la de la Puerta del Príncipe. Desde ahora, su futuro tiene un nuevo color: verde esperanza.


ABCZABALA DE LA SERNA. Antonio Barrera, a una vuelta de llave para abrir la Puerta del Príncipe

A una vuelta de llave para abrir la Puerta del Príncipe se quedó Antonio Barrera, un solo giro más de muñeca para haber visto desde las alturas la gloria y el atardecer. Barrera había emprendido el camino con la oreja del segundo y seguía en la rectitud del éxito con el quinto. Quizá tan cerca intuía la salida a hombros que se aceleró y precipitó el final de la ligada faena. Un factor para que no redondease, pinchazos al margen, fue no reventar aquello con la izquierda, que se autolimitó a una sola serie; otro punto residió en las prisas de Juan Montiel, impecable hasta ese momento, para cerrar al buen toro en tablas, privando a su matador de un broche de faena.
Pero merece la pena hablar de Antonio Barrera en positivo. Ofreció la muleta por delante y fue generoso en la distancia. La apertura de faena con una pase cambiado por la espalda en los medios, con el toro muy cruzado, erizó los tendidos, como aconteció a portagayola; siguió clavado al albero y volvió a pasarse los pitones por la columna como un escalofrío. Hondos se sucedieron los derechazos, con la ligazón por bandera. El estilo de Barrera no se sitúa ni en Sevilla ni en Triana, cuyas tauromaquias ha cincelado en poéticas palabras Peralta Revuelta en un pregón para enmarcar, sino en México. Porque allá se forjó este torero, que  suele citar en línea, aunque luego trace la curvatura alrededor de la cintura, y toca con la muleta muy oblicua. Sorprendió ayer a sus paisanos con muletazos de una largura infinita. Uno se empalmaba con otro, sin solución de continuidad. Según olía la gloria, tan desacostumbrado a ella, se le debió acelerar el corazón; apenas media docena de naturales arrancaron los oles desde el fondo de la Maestranza. Y de pronto cortó. Pocos entendimos aquello. Como si de repente, en una cena, a mitad de solomillo el servicio se lo lleva. Después aconteció lo que narrábamos líneas atrás. Una pena. Intuí lágrimas en los ojos del torero durante la vuelta al ruedo. Si no descerrajó la Puerta del Príncipe, sí ha abierto la de la afición sevillana.

Para tal conquista, ya había mostrado sus credenciales ante el segundo, justo de fuerza y noble. La larga cambiada y las gaoneras ceñidas del quite pusieron un nudo en las gargantas. La faena mantuvo un tono notable, de nota excelente en el toreo zurdo. La partitura sólo se desafinó en algún que otro tirón, aunque la obra halló en unas manoletinas sin aire, imposible más apretadas, el adecuado final. La oreja cayó con una estocada desprendida.

Fue el rincón de Ordóñez la mancomunidad de propietarios que una vez escribió el Caña. Antonio Ferrera apuntó también a los blandos en sus dos toros. Mas lo preocupante es que en el cuarto dio la sensación de que pesó la cornada de Valencia. Forzaba la figura, tiraba los viajes hacia las afueras, cuando no le tropezaba la muleta. Y eso que el enemigo, en un análisis de urgencia, era manejable y noble, sin la calidad del quinto, el mejor de una corrida de El Ventorrillo mansona y franca en general. El tercio de banderillas -cumbre el par al cambio- había calentado un ambiente que después se enfrió. Duro fue el primero. Duro y manso. Ferrera no debió ofrecer los palos a El Fandi en semejantes circunstancias. Apechó luego haciendo un  esfuerzo titánico con las oleadas aquéllas.

El Fandi cuajó un tercio de rehiletes espectacular al sobrero que sustituyó al sexto, que se estrelló contra el burladero por culpa de un capote asomado. Estuvo Fandila dispuesto, tapando los problemas y tratando de hacer las cosas bien, algo que arrastra siempre el lastre de su figura. Hubo muletazos sueltos reseñables. Careció de clase y fuelle el tercero, que volteó al matador al quedarse en mitad de la suerte. Por fortuna no caló la taleguilla. Esta vez sí sonó el violín.

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