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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 25 de mayo de 2003
Novillada con picadores
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Utreros de Manolo
González y González Sánchez-Dalp, de desigual presentación, flojos
y descastados.
Diestros:
Entrada: Dos tercios de entrada
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
Diario de Sevilla, ABC.
PortalTaurino. MANUEL
VIERA. Lo de
esta tarde, señor Teja, no está bien
Por razones obvias, se hace necesario comenzar escribiendo que
milagrosos y aislados casos de bravura, como los del pasado domingo, no
alejan la preocupación de cómo está esto. No extinguen, ni muchos
menos, la polémica sobre el toro. Alguna vez habrá que ir al fondo del
asunto, si es que antes no estalla todo como una bomba de dinamita. Quizá,
el núcleo de problema esté en la actitud de quien cría a este lastimero
animal porque así lo quiere quien después lo torea. La condición
standard y anodina de este triste sucedáneo de toro en la plaza adquiere
tintes de muy sincera preocupación.
¿A que obedece esta exagerada baja de casta?. ¿Para qué la nobleza
tonta y cansina?. En realidad, esta otra tarde de toros en La Maestranza
no es más que la consecuencia exacta de lo que ha salido de chiqueros. Y
lo que ha salido a la plaza han sido animales cansados y ahogados,
que daban tumbos, que con sólo dos embestidas barrían con su
anatomía el albero, rodaban como pelotas, se paraban moribundos en busca
de oxígeno.
Imposible resulta encontrar adjetivos para definir la tarde, y para
colmo siguen siendo fuente de polémica, no sólo por lo que sucede abajo,
sino quien la protagoniza arriba. Convendría, hora es ya, que los
presidentes dieran por concluido el pulso personal, el haber quien puede más.
Ayer, el que hoy estaba, lo devolvía todo con una velocidad pasmosa. Hoy,
consintió con criterio premeditado la lidia de animales inválidos. Y si
no se le da a lo que pasa abajo la importancia que tiene y se invierte su
rango natural es faltar a la verdad. Y con nada hay que ser tan
intransigentes como con la mentira. Se hace necesario y urgente que los
que en el palco se sientan recuperen cuanto antes el placer de ver toros
desde la perspectiva de buenos aficionados, que los son, y que
decidan libremente y sin cortapisas según les dicte su sensibilidad y su
conciencia. Lo de esta ésta tarde, señor Teja, no está bien.
Pues así las cosas, Salvador Cortés, lo intentó todo y consiguió
muy poco. Al inválido primero le dio pases y pases hasta cansar. Nada
tuvo emoción, ni siquiera el arrimón en el epílogo de faena. Al cuarto,
otro novillo de iguales características, se eternizó en una faena
de altibajos. Algún que otro derechazo y natural bien trazado destacaron
junto a las ganas por conseguir el triunfo. La vuelta al ruedo por
su cuenta le perjudicó.
Santiago Manciño, no dijo nada con capote y muleta. Además mata mal y
con una extraña manera de realizar la suerte. El toledano Reyes Ramón
demostró ganas, y sólo en eso quedó la cosa.
Diario de Sevilla.
LUIS
NIETO. Voto en
blanco en La Maestranza
En la plaza de la Maestranza se disputaron tres
candidatos la confianza de los electores en la gran urna ovalada del
Baratillo. Salvador Cortés, Santiago Manciño y Reyes Ramón. Los tres
elegantemente vestidos, acompañados de sus respectivos gabinetes al
completo -desde hombres de confianza hasta eficaces portavoces que les
sirvieron sus utensilios desde el callejón-.
A la entrada del colegio electoral había cierta animación por acercarse
a estos candidatos, todavía escasamente conocidos en el panorama
nacional. Surgió en esos instantes una de las escenas anecdóticas entrañables
de la jornada. Un abuelo, que sujetaba fuertemente de la mano a su nieto,
solicitaba sus autógrafos. El chaval, tocado de gorrilla, daba saltos de
alegría al verlos y levantaba los dedos en señal de victoria cada vez
que el anciano le mostraba una dedicatoria ¿Será este chaval otro político
de luces en ciernes?
En nombre de la autoridad abrieron la mesa electoral dos individuos
vestidos a la usanza de los alguaciles de la época de Felipe IV; de
negro, tocados con sombrero de llamativo plumaje. Y comenzaron las
votaciones.
Con una novillada de Manolo González, flojísima, se estrellaron las
ilusiones de los electores y de los candidatos. Salvador Cortés, con el
mansísimo, flojísimo y mugidor novillo que abrió plaza, cumplió en los
medios cuando manejó la diestra, empapando al astado en la muleta. Con la
izquierda, fue otro cantar, deslucida por varios enganchones. En el
cuarto, sin apenas votos a favor, dio una inmerecida vuelta al ruedo, muy
protestada. Faena larguísima y desigual ante un novillo flojísimo y
noble. Lo mejor, una serie con la diestra, bien colocado, a mitad de una
labor que remató con unas ceñidas bernadinas y que tuvo como colofón
una eficaz estocada.
Santiago Manciño, que se presentaba en esta circunscripción, pasó casi
desapercibido. No así en la suerte suprema, que ejecuta pésimamente,
saliéndose de la misma con un salto hacia fuera. Debido a ese fallo cayó
delante de su segundo novillo, que estuvo a punto de cogerle. Con su
primero, tardo, corto y flojísimo, no consiguió nada positivo. Tampoco
convenció con el noble, aunque muy parado quinto, con el que insistió en
una labor larguísima.
Reyes Ramón, con desparpajo, ofreció una serie de medidas encaminadas a
hacer más llevadera la escasa fuerza de su primer oponente. Discurso sin
emoción, sin falta del contenido. O lo que es lo mismo: labor de
enfermero ante el inválido tercero, al que mató de estoconazo. Con el
sexto, justo de fuerzas y noble, no llegó a centrarse. Brilló en algún
lance a la verónica, en el comienzo de la faena, con una tanda de
rodillas y en algunos muletazos sueltos de buen corte. Pero tampoco
consiguió cautivar al electorado.
Al término de la jornada y tras el recuento definitivo, el presidente de
la mesa -quien por cierto fue abroncado a lo largo de la tarde por
mantener a varias reses inválidas- levantó acta. En la misma quedó
reflejada una abrumadora mayoría de votos en blanco con un cincuenta por
ciento de participación.
El niño, que no se perdió ni un segundo de lo acontecido en esta jornada
soleada y cívica, salió con semblante triste del colegio electoral:
-"¡Abuelo, qué aburrimiento!".
ABC. FERNANDO
CARRASCO. Una
vuelta al ruedo para Salvador Cortés que no enmascara una aciaga tarde
Aciaga tarde, sí señor. Interminable.
Pero también enrarecida. Ambiente hostil en parte de los tendidos, sobre
todo hacia el presidente del festejo de ayer, Francisco Teja, al que
llegaron a corear un «¡Teja, vete ya!» cuando se negó a devolver el
tercer novillo. Igualmente, Salvador Cortés sufrió dicho griterío
cuando daba la vuelta al ruedo tras finiquitar el cuarto. Incluso se
permitió el torero de Mairena del Aljarafe la licencia de realizar gestos
despectivos a los que le reprochaban que recorriese el anillo. Tanto es
así que cuando intervino en un quite en el sexto, la gente le pitó.
Y a todo ello hay que sumar lo poco que
aconteció en el ruedo. Ni novillos, sin romperse ni terminar de humillar,
ni novilleros fueron capaces de sacar del sopor a una plaza que, como
escribimos, parecía venir predispuesta a enfadarse.
En el cómputo de resultados,
Salvador Cortés fue el mejor librado ya que dio la vuelta tras estoquear
a su segundo . Pero fue premio protestado. Su primero tuvo poquitas
fuerzas de salida. Tenía, empero, buen tranco en los primeros compases.
Mas no fuerzas. El inicio del trasteo tuvo su aquél, pero siempre a media
altura y con muchos altibajos. Tuvo detalles manejando el capote Cortés
ante el cuarto, sobre todo en las series diestras. Pero faltó
continuidad. Es por eso que se metió en la dinámica de una faena larga
pero sin consistencia.
Santiago Manciño no dijo nada del otro
mundo y, lo que es peor, se le vio poco futuro en esto del toro. Esperemos
equivocarnos. Recortó de salida su primero, que hizo que Manciño
perdiese pie y quedase a merced del astado por unos segundos. Las
embestidas del de Manolo González en la muleta eran sosas y deslucidas. Y
encima, el de La Línea se arqueaba todo lo que se puede y más en cada
muletazo. Más interminable aún fue la faena que construyó al quinto,
otro astado que se movía algo con la misma sosería y falta de clase que
sus hermanos. Manciño dio muchos pases, casi siempre embarullados. De
nuevo la espada y el descabello dejaron las cosas peor aún.
Se desinfló el sexto
Reyes Ramón, también nuevo en
esta plaza, tuvo que sufrir en sus carnes el ver cómo su primero era
mantenido en el ruedo, a pesar de su manifiesta invalidez, por el
presidente. A partir de ahí todo lo que intentó el chaval no sólo no
tuvo repercusión, sino que en cuanto perdía las manos el de Sánchez
Dalp se formaba la mundial en un sector de los tendidos. Sin embargo el
toledano se empeñó en torear y torear. Lo mejor, la estocada. Pareció
que en el sexto la decoración podría cambiar. Aceptable con el capote,
comenzó de rodillas, justo en el centro del albero, para dejar algunos
muletazos estimables. Pero poco a poco se fue desinflando el novillo y la
faena. Vamos, que dio pie para que el público comenzase a abandonar la
plaza. Tarde aciaga, sí señor.
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