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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del miércoles, 23 de abril de 2003
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de Guadalest, de diferente presentación y juego. El segundo devuelto por debilidad en los cuartos traseros y sustituido por un sobrero de Gabriel Rojas. El quinto, con peligro. 

Diestros: 

  • Eugenio de Mora, media, cinco descabellos (silencio); media tendida que escupe, media tendida, cuatro descabellos (silencio).
  • Antón Cortés, estocada en su sitio, aviso, descabello (palmas); media que escupe, media tendida, cuatro descabellos (silencio).
  • Matías Tejela, estocada entera (oreja); dos pinchazos, estocada entera (vuelta).

Entrada: más de tres cuartos de entrada.

Incidencias: el subalterno Luis Miguel Villalpando realizó un quite providencial en el último de la tarde ante el tropiezo de Matías Tejela.

Banderillero que saludó: Ignacio Rodríguez El Puchi de la cuadrilla de Eugenio de Mora en el primero; José Luis González, de la cuadrilla de Matías Tejela en el sexto.
 
Presidente: Juan Murillo.

Crónicas de la prensa:  PortalTaurino, El País, ABC, Diario de Sevilla, El Mundo.

LOS PROTAGONISTAS 

Pulsar para aumentar tamañoMatías Tejela
"A Sevilla le va a quedar patente las dos tandas de naturales. Estoy dispuesto a seguir viniendo toda la vida igual: entregado y a darlo todo"
Eugenio de Mora
"Con este lote no triunfa ni el que inventó el toreo. Ha sido imposible. No había opciones, ha sido una verdadera lástima"
Pulsar para aumentar tamañoAntón Cortés
"No era el debut que esperaba en la Maestranza, pero los toros no me han dado facilidades. Creo que he estado firme y los he matado bien"
Realiza: Emilio Trigo

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Excepcional tanda de naturales de Matias Tejela


PortalTaurinoMANUEL VIERAEl fascinante toreo de Matías Tejela

            En un mundo como el nuestro, en el que incluso los viejos más viejos quieren ser jóvenes, reconforta encontrarse con un joven torero, recién llegado al escalafón de matadores, dispuesto descaradamente a dictar lecciones propias de experimentados y veteranos maestros. Lo que ha contado, Matías Tejela, esta tarde con la muleta en su mano izquierda ha sido de una intensidad fascinante, emocionante. De principio a fin, la faena al sexto toro, basada en el toreo fundamental, ha sido toda una obra emocionante, una magistral lección del toreo al natural, sentido, templado y hondo, que ha llegado con verdadera facilidad a una gente entregada con lo que sucedía en el ruedo.  El madrileño ha demostrado esta tarde una madurez rara, sorprendente  para él que  en esto empieza, porque ha realizado un toreo enigmático, con indiscutible atractivo, auténtico. Un toreo que será recordado como  se recuerdan hoy algunos históricos momentos de aquellos viejos maestros.

            Ha sido, Matías Tejela, un torero dispuesto que ha  venido a Sevilla en busca del triunfo. Así lo hizo saber tras el brindis al público en el prólogo de faena al tercer toro. Un ejemplar noble, pero muy soso y parado en sus embestidas  El joven diestro sacó de tan escasa casta  muletazos con la diestra  muy despacio, incluso hilvanó algunos de ellos para rematar con el de pecho. Poco a paco, con buena técnica y muy convencido, consiguió ligar al natural dos series que gustaron por majestuosidad y hondura, aunque la faena no alcanzó  después la temperatura deseada. El perfecto volapié, por sí solo, le valió la concesión de la oreja. Sin embargo, el suceso ocurrió con el sexto. La ligazón en los naturales, el ritmo, la lentitud del engaño, los remates, los circulares, el gusto, la elegancia del trazo... todos estos  fueron  condimentos necesarios para culminar una  tarde  en perfecta complicidad entre torero y público. Lástima  que la  espada, que antes entró, dejara, esta vez,  inacabada una obra con atisbos de Puerta del Príncipe.

La corrida de Guadalest, remendada con un toro de Gabriel Rojas, adoleció de casta y anduvo lo justo. La nobleza del soso tercero y el sexto destacaron en el conjunto.

Anduvo, Antón Cortés, demasiado indeciso con el segundo. Algunos derechazos sueltos componiendo la figura, y algún que otro cambio de mano con gusto sobresalieron en su anodino quehacer. Sí se la jugó con el complicado quinto. Decidido y con ganas brindó al público, pero no lo pudo complacer. Las descompuestas embestidas de la fiera, los derrotes al pecho del torero, no dieron opción al toreo artístico que apunta el albaceteño. Al final todo quedó en poco más de buenos propósitos, y habrá que esperar para comprobar resultado futuros del joven diestro.

Hubo un tiempo, el pasado año en esta feria, donde Eugenio de Mora profundizó en su toreo con una recordada y muy buena faena. Hoy, el toledano se ha desmoronado muy pronto, y la mucha o poca ilusión puesta en esta tarde se le esfumó  nada más comprobar la descompuesta embestida de su primer toro. Desdibujado y sin ganas anduvo con sus dos enemigos, y para colmo de males los mató muy mal.  Quizá le faltaran motivaciones.  


El Mundo.
JAVIER VILLÁN.
Tejela, a dos pinchazos de la gloria 

Una pregunta elemental querido Watson: de no haber pinchado ayer Matías Tejela al sexto, ¿habría abierto la Puerta del Príncipe? No lo sé. Pero puede que sí. 

Lo cierto es que el estado emocional de La Maestranza era de alta temperatura y que las tres tandas de naturales exactos y templados con que sometió la bravura alegre del último toro de Guadalest habían creado muchas expectativas. 

Las primeras, naturalmente, las del torero madrileño que, sin salir a hombros, se metió a La Maestranza en el bolsillo del chaleco. El toro fue, sin duda, el mejor de la tarde: tranco alegre y fijo, pitón izquierdo con mucha claridad y nobleza en la embestida. Matías Tejela apenas le tocó por la derecha aunque a nadie le sorprende que faenas de oreja se hayan cimentado exclusivamente sobre la izquierda. Dos pinchazos separaron, pues, a Tejela de una posible Puerta del Príncipe que había empezado a entreabrir en su primero con unas verónicas a pie quieto, aunque sin ganar terreno hacia los medios. 

Airoso galleo por chicuelinas y mucha seriedad en la muleta, por la derecha y por la izquierda. Mantuvo el tipo en las dificultades.Las manoletinas de frente, valentísimas y apretadísimas, le valieron una oreja de valor.

En términos estrictos éste podría ser el argumento, definitivo y total de la corrida. Con las excelencias reseñadas de esas tres tandas de naturales. Mas hubo otras cosas; por ejemplo, el valor y la decisión de Antón Cortés. Y un extraño sentido de la rebelión en el toro devuelto a los corrales.

A la vista del comportamiento de algunos toros yo creo que hay en ellos un extraño presentimiento de la muerte, de su muerte.Es una premonición del acabamiento sin gloria en los oscuros túneles del degolladero y la traición. Por ejemplo, el segundo de ayer, un hermoso ejemplar blandísimo de remos que se negó a acatar el decretazo del pañuelo verde y seguir el camino del exterminio que le señalaban los cabestros. Media hora nos tuvo en vilo, burlando la incompetencia del mayoral y la estupidez de los mansos. Al final, un cachetazo certero desde el burladero, acabó con la pesadilla. 

El sobrero, también de Gabriel Rojas, no andaba mucho mejor de ánimo que su hermano atronado traidoramente junto a las tablas.Mas el de Gabriel Rojas tenía un sentido sonámbulo de la embestida que, a poco que Cortés hubiera entendido esa disposición a la ensoñación y el ensimismamiento, mucha gloria podía haber logrado.

Pero el gitano albaceteño no lo entendió, o lo entendió a medias, que es la peor forma de conocimiento. Cada vez que Cortés se quedaba en el sitio y ponía la muleta en el hocico del gabrielrojas, éste embestía con convicción y ganas. Fogonazos de la indiscutible clase y elegancia de Cortés, alguna trincherilla, dos naturales ligados y sentidos. Y pare usted de contar. 

Sin embargo, Antón Cortés, en el quinto, se transfiguró en guerrero fajador. Antón Cortés fue a por todas. Está bien que se vaya fogueando en estas lides que, además, el público suele agradecer con entusiasmo. Tragos así le esperan a Antón Cortés y a otros que, como él, quieran imponer por encima de la facilidad su arte soberano. 

Tampoco Eugenio de Mora había mostrado un especial estado de gracia en su primero, desangelamiento y frigidez que se repitió en su segundo. Agresiva testa maravillosamente coronada la de aquél. Pitón remachado y cercenado el de éste contra un burladero.

Vean los ganaderos ofendidos qué fácil es poner a salvo su honor que dicen vilipendiado. ¿Toro de Sevilla este hermoso animal primero? Vale, pues enhorabuena. Toro de cualquier parte, diría yo, que tenga una idea cabal del toro de lidia. Luego, salió rebrincado, incómodo y con resabios que desbarataron todas las estrategias posibles de un desconcertado Eugenio de Mora. 

Eso hay que achacárselo más a su estado de ánimo que a los problemas del animal; el cuarto tenía menos dificultades y el toledano anduvo más o menos igual. Eugenio de Mora ha tenido aquí en Sevilla otras tardes con más ángel, con más finos estilismos, lo cual, tratándose de un torero toledano dice mucho a su favor. 


Diario de Sevilla. Barquerito. Matías Tejela, sonado éxito

Debut muy sonado de Matías Tejela en Sevilla. De no impedirlo la espada, habría sido triunfo de Puerta del Príncipe. Tanto se había embalado la gente con la faena de Tejela al sexto, el mejor de una desigual y complicada corrida de Guadalest. Y tanto se le habían embalado los ánimos al propio torero, que en su segundo turno fundió arrojo, sosiego, inspiración y temple. Todo junto y en chorro para cuajar muy de verdad un toro que, con hechuras y conducta de sangre Núñez, tuvo por mayor virtud el romper a tiempo. Y, aunque a regañadientes, el terminar por entregarse.

No fue toro sencillo, pero, cuando vino enganchado, sacó tranco largo y serio. Encastado, peleó hasta el final. El toque templadísimo de Tejela en dos maravillosas tandas con la zurda ligadas en el sitio y bien abrochadas puso a hervir la Maestranza cuando ya se llevaban casi dos horas y media de festejo.

La chispa de las embestidas hizo doblemente meritoria la limpieza de los muletazos sacados poderosamente por abajo. Crecido, con el endiosamiento propio de la ocasión -se arrancó la banda de música a lo grande con el Churumbelerías en cuanto Matías Tejela remató la primera tanda de naturales-, el joven torero de Alcalá de Henares se descaró. En columpio y de puntillas, firme y tieso, citó dando el pecho y se pasó el toro con ajuste excepcional.

El remate de la faena, breve y casi sólo de mano izquierda, fueron unos pases de costadillo muy salerosos. Cuando el toro se había igualado solo y, descolgado, pedía la muerte, Tejela cometió el error de moverlo. Cuando atacó con la espada, se encontró al toro esperándolo y la estocada no entró hasta el tercer viaje. Ahí se esfumó la gloria grande.

Todo había empezado a sonreírle a Tejela tres toros antes pues con el tercero de corrida, más noble que claro, armado con dos puntas imponentes, ya se había jugado sin trampa ni cartón la vida. Un arrimón sofocante. Pero sin atragantarse ni perder los nervios. De serena paciencia. Fue impresionante ver respirar tan tranquilo al torero pese a que la faena fue, en realidad, un trágala tremendo. A ese tercer toro sí lo mató Tejela a tiempo y con suerte.

Pero no sólo Tejela hizo cosas importantes. La faena de Antón Cortés al quinto de Guadalest fue también de torero bravo. Manso con sentido y peligro, celoso y agresivo, el toro, que se emplazó y escarbó de salida, fue prueba dura para torero joven. Rompiendo con su estilo natural de artista, Antón Cortés optó por faena de recursos y de torero macho, y en los medios, desde donde había brindado al público, le pudo al toro a base de técnica, de taparlo con la muleta, de esperarlo a la salida de muletazo. En guardia siempre el toro, pero entregado el torero en un derroche increíble de majeza. Muy seria la faena, cuya medida vino dada por dificultades y problemas que hubieran hecho sufrir a mucha gente del escalafón. El toro estuvo arreando en oleadas defensivas hasta el final. La estocada, desprendidilla, fue de una habilidad sublime. La gente reconoció lo díficil del trabajo, que estuvo salteado además de detalles caros, de bonita presencia. Muy hermoso debut en Sevilla.

Por lo demás pintaron bastos. El primero de corrida, extraordinariamente astifino, ensillado, un mozo, berreó sin descanso, coleó con genio y correa, se puso siempre por delante, se frenó y punteó. No permitió a Eugenio de Mora la menor confianza.

El cuarto, destartalado y grandullón pero pobre de cara, fue toro al trote de los que se asoman por encima del palillo y, además, topador. Muy deslucido. Eugenio lo intentó con la muleta por delante. Pero siempre pareció que el toro lo sorprendía. De todas las salidas de Eugenio a la Mestranza ésta de ayer fue la única saldada sin éxito.

El sobrero de Gabriel Rojas, jugado después de que otro devuelto de Rojas tuviera que ser apuntillado en el ruedo, se paró y fue toro muy distraído. La corrida se había partido por el eje porque la resistencia del toro a seguir los bueyes se comió veintitantos minutos. Antón Cortés, lucido en los muletazos de apertura y cata, anduvo con decidido y firme. Al toro le faltó raza para llegar más allá del segundo muletazo. La estocada, volcado Cortés sobre el morrillo, fue grande.


El País. ANTONIO LORCAToreo excelso de Matías Tejela

Matías Tejela, un chaval de veinte años, natural de Madrid, que se presentaba ayer en la Maestranza, dibujó un toreo excelso y devolvió la alegría de vivir a esta fiesta tan alicaída.

Sin duda, la vida es injusta. De lo contrario, no se entiende que Tejela no abriera de par en par una Puerta del Príncipe que se ganó con todos los honores con una decisión encomiable, con un toreo extraordinario, con enorme valentía y unas ganas de triunfo que sólo definen a las figuras del toreo.

La primera tanda de naturales al último toro de la tarde fue larga, reposada, honda, auténtica, bellísima; sencillamente, magistral. La Maestranza al completo se puso en pie y homenajeó a un artista de una pieza. Siguió por naturales y describió otros tres preciosos y cerró la tanda con un molinete y un largo pase de pecho. La locura, señores, la alegría indescriptible que produce el arte, se adueñó de los tendidos. Terminó con unos ayudados profundos y montó la espada.

Había recibido al toro a la verónica con las manos muy bajas y la figura estilizada, quitó por chicuelinas rápidas pero muy ceñidas, y comenzó la faena de muleta con unos lentos ayudados por bajo de singular torería.

Y montó la espada. En el silencio maestrante parecía escucharse el sonido del cerrojo de la Puerta del Príncipe. Pero pinchó, ¡qué injusticia!, y volvió a pinchar, ¡por Dios!, y una estocada en todo lo alto.

Su tarjeta la había dejado en el primero, un inválido al que arrancó muletazos hondos a base de cercanías y decisión. Toreó muy bien a la verónica y aguantó estoico en los mismos pitones para emocionar con un toreo de inequívoco sabor artista. Y mató de una gran estocada que valió por sí sola una oreja.

Los toros fueron un desecho de tienta y cerrado. Mal presentados, feos, inválidos, mansos y sosísimos. Y el de Rojas, peor.

Eugenio de Mora no tuvo su tarde. El lote que le tocó en suerte fue malo de solemnidad, pero él se mostró precavido, poco seguro y con el sitio perdido a la hora de matar. Un borrón, sin duda.

Y Antón Cortés se jugó el tipo de verdad en el quinto para no quedar en el olvido. Un toro difícil, con la cara por las nubes, de muy mala condición, y Cortés, en el centro del ruedo, le plantó cara como un jabato, se peleó limpiamente y consiguió fases emocionantes. Se salvó de milagro de una cogida y recibió el respeto del respetable. En el segundo, tan descastado como los demás, ya demostró que tiene buenas hechuras de torero de pellizco. Pero el pellizco en el corazón de Sevilla, ayer, lo puso un chaval de Madrid.


ABCZABALA DE LA SERNA. Matías Tejela cae de pie en Sevilla

Matías Tejela cayó de pie en la Maestranza, que no es fácil. Y si no pincha al sexto redondea una tarde feliz. Una oreja y una vuelta al ruedo forman una buena tarjeta de presentación, sí señor. Como ocurre cuando los toreros están enrachados, le correspondió el mejor lote de una desafortunada corrida de Guadalest, baja de casta y contrahecha.

Tejela lo ve fácil y claro, y sólo estuvo a merced del toro cuando se trastabilló al ponerlo en suerte en el caballo y perdió la vertical. El quite de Villalpando fue providencial. La noche se cernía sobre el Guadalquivir y la esperanza de poder salir en hombros seguía intacta. Sé que esto es empezar un cuento por el final, pero el toreo al natural que interpretó el joven matador de Madrid lo merece.

La muleta a rastras

La muleta a rastras, la cintura juncal, los viajes despedidos por debajo de la pala del pitón. Con sólo un par de series puso la plaza a revientacalderas, tras un bello prólogo genuflexo. Una docena, más o menos, de muletazos a carta cabal, y aquello rugía. Tejela acompañaba las embestidas con todo el cuerpo, con el alma, hasta allí atrás. Caro toreo, lo mejor de la tarde y, por supuesto, de su actuación. Lástima que hasta aquí duró el motor del terciadito animal, que en la siguiente tanda inició su declive. Un poco más lo intentó el chaval, mas entendió que era el momento de poner punto y final a la obra. El destino quiso que una de sus armas más fieles se desinflase. Habitualmente es un cañón con la espada. Pues pinchó, toma nísperos, no una, sino dos veces. Hasta el tercer embroque no cazó la estocada. La vuelta al ruedo no se la quitó nadie.

El recortado, colorado y bajo tercero tuvo nobleza aun sin la calidad del hermano que la suerte le emparejó. Ambos fueron los de construcción más armónica. Matías Tejela toreó a la verónica de forma creciente y arrancó faena en la media distancia, templándose poco a poco y acortando metros después. Corrió la mano, ceñido, un tanto a «toma barriguita». Aprovechó la oportunidad que le brindaba el enemigo, y la segunda tanda de redondos constituyó la cumbre de la labor, concluida con unas apretadas bernadinas. Amarró la oreja con un volapié recio que colocó la espada arriba. O casi.

Antón Cortés volvió a demostrar que las empresas deberían contar más con él. Desde que tomó la alternativa habrá toreado, como mucho, veinte tardes inconexas, y la mayoría en sitios de responsabilidad, de donde ha salido bien parado y con las credenciales impolutas.

En desgracia le tocó el parche de Gabriel Rojas, un zapato de 502 kilos que no se sostenía. Su devolución partió el ritmo de la corrida. Cerca de media hora tardaron los bueyes en rematar su fracaso. Al final, el puntillero entró en lid. El sobrero, del mismo hierro, careció de continuidad en la embestida. La gente creyó que era problema del torero, que no le dejaba la muleta puesta en la cara. Pero, cuando lo hizo, el toro protestaba y se resistía. Así que cada dos pases era como un volver a empezar. Algunos detalles merecieron la pena entre una faena de un metraje excesivo. Fue contundente con el estoque.

Se superó con el manso quinto, que presentó problemas. De entrada, no humilló nunca. Normal con esas hechuras. Cortés toreó con sentimiento a la verónica aunque con la mano de fuera muy alta. Y no se arredró luego, que desde las dobladas iniciales la bestia dio motivos para ello. En los medios luchó por borrar la fama de medrosos de los toreros gitanos. Hasta que se rajó completamente el mulo. Entonces, cerca de tablas, se metió con él por bajo y se mostró habilidoso con la espada para sortear los altivos pitones.

Mal de veras se portó la diosa Fortuna con Eugenio de Mora. Pegajoso, con guasa y distraído, el berreón y ensillado primero -que ya había cortado el viaje a El Puchi en un soberano par- resultó de lo más deslucido e incómodo. Para colmo, manejó los aceros con timidez, especialmente el descabello. Igual ocurrió con el cuarto, incapaz de descolgar.

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