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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 22 de junio de 2003
Novillada con picadores

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Utreros de Nazario Ibáñez, diferentes de presentación, mansos y descastados.

Diestros: 

Entrada: media plaza.

Crónicas de la prensa:  PortalTaurino, El País, ABC.


PortalTaurinoMANUEL VIERA Sin proyección a ningún futuro

Demasiadas veces, tarde tras tarde, se ve como el espectáculo de las novilladas está anquilosado, varado, anclado, sin proyección a ningún futuro. La inquietud del mañana acosa y conduce a una solución. Si no se avanza ni siquiera en la casta del que sale por chiqueros, y si no se le da una solución a tanto conformismo en el ruedo, este barco terminará, no muy tarde, hundiéndose. Lo que se reclama es razonable, pese a que algún que otro utrero despistado demuestre bravura. Pese  a que algún que otro nombre atisbe maneras de figura. Ahí es nada, hacer coincidir un toro y un torero.

No ha sido esta, precisamente, la tarde donde el encuentro se hizo posible. Por el contrario ha sido propicia para quienes se quejan de que estas novilladas están faltas de interés, de que pierden su encanto por la ausencia de nuevos nombres que puedan interesar. Y es verdad. En estos tiempos, el  que empieza  en este complejo mundo del toro tiene muy distinta mentalidad. Obra de diferente manera a como lo hacían antaño los que buscaban su modo de vida a cara de perro. Hoy es otra cosa. Pasan por plazas tan emblemáticas como la de La Maestranza como si una de pueblo se tratara. Obvian  jugársela al  todo o al nada,  se olvidan de quites, de rivalidad entre ellos, y se desinfla sus ánimos como un globo pinchado con las primeras dificultades.

Sí a lo aquí escrito se le une la falta de casta, la mansedumbre, la mala lidia... el resultado no es otro que el desencanto y el aburrimiento.

Los novillos de Nazario Ibáñez  resultaron mansos sin paliativos. La falta de casta les hizo no andar, pararse y huir. Sólo la nobleza cansina permitió algún que otro esbozo de buen toreo. 

Lo atisbó Luís Rubias, un torero muy puesto, placeado y pidiendo a gritos el doctorado. El alicantino  inició con oficio el trasteo al  mansote y noble segundo, lo metió en la muleta y le trazó con la diestra largos y hondos muletazos. Tuvo mando, buen trazo, y ligazón el natural de mano baja. Buenos fueron los de pechos y la rúbrica de los adornos. La espada le privó quizá de una merecida vuelta al ruedo. Con el noble y parado quinto le supo aprovechar las escasas embestidas con unas tandas muy templadas  con la diestra.  Con la muleta adelantada tiró de la noble embestida hasta conseguir  los mejores momentos de calidad de la tarde. A novillo parado intentó el natural sin demasiada convicción, y otra vez la espada  le quitó las palmas y le propició el silencio. 

Fue lo único. Porque Enrique  Peña se estrelló con el manso lidiado en primer lugar, al que no consiguió darle ni un solo pase. Y con el cuarto, un animal descastado y moribundo que para colmo le picaron en exceso, sólo mostró voluntad sin demasiados recursos.

No tuvo mejor suerte Manuel Barea El Arqueño, que hoy se presentaba en esta plaza El chico y manso tercero acudía a la muleta del diestro de Arcos de la Frontera a su aire.  Los intentos  para torear por ambos pitones resultaron vanos. Al tardo y parado sexto le esbozó algún que otro derechazo con clase. Al natural ni le pasó.

ABCFERNANDO CARRASCO. Mansos hasta la desesperación en la Maestranza de Sevilla

Mansa hasta la desesperación resultó los novillada que se lidió ayer en la Real Maestranza de Sevilla. Un festejo anodino en el que lo más destacado lo hizo Luis Rubias. Con media entrada en tarde de no demasiado calor, se lidiaron novillos de la ganadería de Nazario Ibáñez, bien presentados y con hechuras de toros, a excepción del tercero, muy chico. En general, mansos y aquerenciados. Se movieron más el segundo y el quinto, aunque este último se paró a la tercera serie.

Enrique Peña, de burdeos y oro. Cuatro pinchazos y seis descabellos (silencio tras dos avisos). En el cuarto, tres pinchazos y tres descabellos (silencio).

Luis Rubias, de azul pavo y oro. Pinchazo y media (ovación). En el quinto, dos pinchazos y media atravesada (algunas palmas).

Manuel Barea «El Arqueño», de catafalco y oro. Estocada que asoma (silencio). En el sexto, pinchazo, estocada que asoma, pinchazo y tres descabellos (silencio tras escuchar un aviso).     


El País. ANTONIO LORCA.  Mansos

Los novillos de Nazario Ibáñez, que formó la ganadería con vacas y sementales de procedencia Núñez, lucieron una bonita presencia - es decir, animales propios de un zoológico-, pero demostraron que de sangre brava estaban cortos de verdad. Mansos hasta la desesperación, sin un ápice de casta, acobardados y huidizos, buscaban como locos el camino de la dehesa. Se frenaban en los capotes, huían de su propia sombra, se paraban en el tercio de banderillas, esperaban la cercanía del hombre para perseguir a su presa con aviesas intenciones, y, en la muleta, se negaron a embestir. Hubo algunos, como el primero y el tercero, que no embistieron una sola vez, lo que ya es un mérito difícil de alcanzar.

Con este material de desecho de casta no es fácil evaluar la actuación de los novilleros. Mejor dicho: quedan justificados todos los defectos y carencias. O, al menos, esa es la impresión que queda en la plaza. Quede constancia, no obstante, de que el más destacado fue Rubias, que también se llevó el lote más potable: noble el primero, y con genio el otro. El chaval de Alicante es torero fino, y se mostró muy decidido, lo cual se transmite con rapidez a los tendidos. Toreó muy bien por ambas manos al noble y flojo primero, y algunos muletazos destacaron por su hondura. Valiente y bullidor en el quinto, su faena fue de más a menos porque el genio del manso se acabó en las dos primeras tandas.

Mala suerte de verdad tuvo Peña. Sus toros impidieron comprobar si este maduro novillero -figura en el escalafón desde el año 99- ha evolucionado. Ninguno de los dos embistió ni al capote ni a la muleta. No se estrenó Peña en lances ni muletazos, pero, a la hora de matar, pasó dos calvarios por falta de uno, lo que dice muy poco a su favor. Tampoco fue de El Arqueño. Recibió a su primero con una larga cambiada y un par de buenas verónicas. Su lote tampoco colaboró. Se mostró valiente y su toreo quedó inédito.

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