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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 7 de septiembre de 2003
Novillada con picadores
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Utreros de Soto
de la Fuente (bien presentados y de muy poco juego).
Diestros:
-
Canito
(silencio y ovación).
-
Javier
Solís (ovación y palmas)
-
Luis Bolívar (ovación y oreja).
Entrada: un quinto de entrada.
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
Diario
de Sevilla, ABC, El
País
PortalTaurino. MANUEL
VIERA. Seis, mansos,
seis
No podía ser. Con seis, mansos, seis, era imposible demostrar
cualidades. Ni uno, ni otros. Todos las tenían, aunque hoy ocultas por
culpas de seis novillos de aceptable presentación pero vanos por
dentro. Ni una sola gota de sangre brava traían en sus venas los de Soto
de la Fuente. Uno detrás de otro mostraban idénticas características.
La casta no existía, y por tanto la emoción estuvo ausente en la tarde
maestrante.
Difícil era comprender que ante tan interesante terna la plaza se
encontrara vacía. No más de un cuarto de entrada para ver a unos de los
novilleros con más proyección de futuro. Otro que anda por las alturas
de su respectivo escalafón. Y un sevillano que repetía tras su triunfo
en este mismo coso hace escasas fechas. Pues a pesar de tan
atrayente cartel no más de un cuarto de entrada. La bulla queda para el
gran ciclo ferial. ¿Y la afición?. La afición de vacaciones, que aún
estamos iniciando septiembre. Es la realidad. No hay que darle más
vueltas. Eso sí, hoy, ganaron los que no fueron.
Plomiza tarde, la vivida en La Maestranza por culpa de unos animales
que deambularon por el ruedo como almas en pena. Agotados, parados... poca
opción dieron a los que con ganas venían en busca del triunfo. El más
dispuesto. El más firme, el que más lo buscó, lo encontró
demostrando valor, técnica y atisbos de una excelente calidad.
Luís Bolívar, que se presentaba en esta plaza, hizo el intento de
traernos a la memoria el auténtico toreo de Cesar Rincón, pero se
encontró con el obstáculo que representa el novillo flojo y parado. De
todas formas, como parece evidente, es más fácil que haya en este
torero un buen futuro porque ya hay un buen presente. Increíble su forma
de estar en la plaza, su desparpajo, su valor, su capacidad de crear que
vislumbra en detalles y en recursos el rigor de sus formas y la pureza de
su toreo. Con el manso tercero optó por el arrimón final tras un
trasteo muy de verdad pero sin emoción. Con el sexto, se la jugó con el
capote a portagayola y logró después dominar la complicada embestida
ligando tandas con la diestra largas y de mano baja. Se le queda sin pasar
en los intentos de toreo al natural, aunque consigue el trazo con enorme
esfuerzo y un valor sin aspavientos. El colombiano fue autor de una faena
amplia y variada, con algún que otro altibajo por las complicaciones del
novillo, pero su repercusión en los tendidos no tuvo discusión La
espectacular estocada valió por sí sola la oreja concedida.
Canito no pudo repetir triunfo en esta plaza. No se lo permitieron sus
novillos. Muy dispuesto intentó templar la cansina embestida del primero
sin demasiado éxito. Con el descastado cuarto dejó con el capote el
mejor toreo de la tarde. Algún que otro natural y una tanda de derechazos
sobresalieron en una faena que no remontó el vuelo.
Javier Solís intentó hacer su toreo a toro parado. Flojo fue el
segundo, y un mulo en el ruedo el quinto. Ante tan nulos colaboradores, el
toreo, y por tanto la emoción quedaron ausentes.
El
País. ANTONIO
LORCA. Bostezos
Los novillos lucían una espléndida presencia, pero estaban borrachos
de invalidez; por cierto, que no eran novillos, sino toros de respetable
trapío, aunque sin fuerza ni casta ni atisbo de bravura. Menos de media
plaza se cubrió y toda ella se dedicó al bostezo, que no es mala ocupación
para una tarde de brisa fresca.
Total, que no pasó nada. Los toros, por los suelos, tan aburridos como
la terna, que no hizo nada de interés a pesar de los intentos variados
por estar a la altura de las circunstancias.
Canito, por ejemplo, no dijo nada con capote y muleta ante su inválido
primero y toreó acelerado y superficial al cuarto, el único que se
mantuvo en pie. Solís estrelló sus buenas maneras ante un enfermo, su
primero, y nada pudo realizar ante el quinto, que se echó en mitad de la
faena. Bolívar protagonizó el momento culminante al matar de una
estocada sin puntilla al sexto de la tarde. Tiene credenciales de torero
poderoso, lúcido y con personalidad. Consiguió una oreja de ley en el último
de la tarde.
Diario
de Sevilla. LUIS
NIETO . Un Bolívar que vale muchos euros
¿Cuál es la cotización de este Bolívar en el
mercado? Desde luego, el concepto del toreo de este novillero colombiano
vale muchos, muchos euros. Tiene la moneda -como se dice en el argot- y no
es precisamente la del depreciado bolívar venezolano, sino la más cara,
con la que se hará rico si continúa por el camino de ayer. Se impuso con
facilidad, valor y oficio a su lote y cortó una oreja de su segundo tras
una estocada impresionante de la que rodó el novillo sin puntilla. Tiene
mucho que decir y es preciso verlo ante otro material.
Sus compañeros de terna, Canito y Javier Solís cubrieron el expediente
ante una novillada bajo mínimos de Soto de la Fuente. De una fuente de la
que no manaron bravura ni casta y que enturbió el resultado artístico
del festejo. Únicamente el cuarto, noble y que humilló, y el sexto, que
tuvo movilidad, salvaron en parte un encierro bien presentado.
Canito se mostró firme ante el desclasado novillo que abrió plaza. Brindó
su labor a Riverito. El sevillano porfió lo indecible ante el descastado
animal y usó muy mal los aceros.
Con el noble cuarto, el mejor del encierro, Canito ganó terreno a la verónica
hasta llegar a la boca de riego. Con la muleta construyó una faena
desigual, con constantes cambios de terreno y falta de limpieza en los
muletazos.
Javier Solís lanceó bien al flojísimo segundo. Con la franela logró
una suave tanda con la diestra en medio de una faena compuestita, pero
carente de emoción por la flojedad del animal.
Solís no tuvo opción al lucimiento ante el descastadísimo quinto, que
llegó a echarse en mitad de faena y fue un auténtico marmolillo.
Luis Bolívar derrochó ganas ante el tercero, de muy mal estilo. El
novillo llegó incluso a saltarle por encima de la esclavina del capote y
en otras embestidas al percal salía al revés. Llegó reservón a la
muleta. El colombiano apostó fuerte desde el principio. De primeras,
sufrió una voltereta. Luego, le fue ganando terreno al novillo. Se cruzó
en todo momento. Y se mascó nuevamente la voltereta en una faena de corte
valiente, que dejó como tarjeta de presentación.
Pero lo mejor llegó en el sexto, un novillo que se dejó pegar en varas,
esperó en banderillas y se mostró muy reservón. Bolívar lo recibió
con una larga cambiada a portagayola comprometidísima, pues el animal se
le paró a un par de metros. Luego, otra larga de la misma guisa en los
tercios. La faena la planteó en los medios y dando distancia. La
franqueza y claridad que le faltó al novillo, la puso el novillero.
Franqueza para jugarse el pellejo sin vender la mercancía y claridad de
ideas para someterlo. En la faena logró un par de tandas por cada pitón
en las que, con planta asentada y metiendo los riñones, llevó muy
empapado al novillo, que tuvo como virtud la movilidad. El caleño recetó
una estocada de la que rodó sin puntilla el novillo para ganar una
merecida oreja.
Ayer, en Sevilla, un Bolívar, valiente y con claridad de ideas, cotizó
alto.
ABC. FERNANDO
CARRASCO. Y en esto que en el sexto
llegó Bolívar
La nada más absoluta había acontecido en el ruedo maestrante hasta
que salió el sexto. Sólo las palmas a la voluntad mostrada por la terna
disimulaban el triste deambular de un festejo que tuvo en los novillos de
Soto de la Fuente los principales culpables de que aquello no funcionase.
Claro que de la voluntad no sólo vive el aficionado. Contagiados los
toreros -a excepción del colombiano Luis Bolívar en el tercero- de las
nulas condiciones de los astados, la tarde se perdía irremisiblemente en
el esportón de los olvidos.
Pero en esto llegó Bolívar en el sexto. Se fue a portagayola y
arriesgó un mundo cuando el novillo se distrajo. Otra larga más medio
afarolada y lances afanosos. Al menos, caldeó el ambiente, que no es poco
para lo que había pasado hasta el momento. Su enemigo tuvo cuatro series,
no más, medio estimables. Es verdad que atacó en demasía y que pecó de
ahogar las embestidas del de Soto de la Fuente. Pero también lo es que la
disposición fue su mejor baza. Faena vibrante y aunque con altibajos,
sirvió para despertar a los escasos aficionados. No dio un paso atrás el
colombiano, que robó literalmente los muletazos. Había enganchones pero
también otros más pulcros. Siguió por ese pitón y cuando cambió a la
zurda, el novillo dijo que allí se acababa todo. Alguno que otro le sacó.
Siempre por encima el chaval, siempre queriendo. Como con la espada,
dejando un estoconazo que ya de por sí valió el premio. La oreja que
redimió la tarde.
Voltereta
Fue, como escribimos, lo más notable de una tarde en la que
la nada se instaló en el ruedo. El colombiano, que se presentaba en el
coso del Baratillo, anduvo discreto con el capote ante el tercero, que se
quedó muy corto en su recorrido en el tercio final. Bolívar, todo
pundonor, le plantó batalla en los medios y se tragó miradas, amagos y
coladas hasta que llegó la voltereta seca. Se levantó el tío sin
mirarse. No caló el pitón. Muy parado el novillo, las ajustadas
manoletinas evidenciaron que el chaval viene más que dispuesto.
El sevillano Canito no dijo nada del otro mundo. Guasa para dar y
regalar tuvo su primero, el que abrió plaza. Mirón y parado, Canito se
esforzó por robarle medios muletazos para intentar construir una faena
que no tuvo consistencia por las intenciones del animal. Un desarme
precedió a una meritoria serie zurda. Ya está. Se eternizó con el
descabello.
Algo crudo quedó tras el tercio de varas el cuarto, al que había
lanceado animoso Canito. Pero las primeras acometidas, violentas y algo
bruscas, desbordaron al chaval, que no llegó a tomarle el pulso a las
embestidas. Anduvo queriendo y dejando algún que otro muletazo estimable
en medio de los altibajos. Hasta que se paró el de Soto de la Fuente y sólo
primó la voluntad.
El extremeño Javier Solís, líder de los novilleros este año, no pasó
de tesonero en sus dos enemigos. Muy despegado ante su primero, al que
recetó un sinfín de verónicas, luchó por mantenerlo en pie. Insistió
una y otra vez sin obtener mayor premio que una ovación.
Más larga aún fue la faena al descastado quinto, que se echó incluso
en mitad del trasteo. Tesonero y voluntarioso -recursos para justificarse-
no hubo nada reseñable en su quehacer, sólo el excesivo metraje de su
labor.
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