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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del jueves, 1 de mayo de 2003
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Toros de Joselito
(1º, 3º y 5º), Martín
Arranz (2º) y Conde de la
Maza (4º y 6º. Encaste Núñez). Bien presentados y de diferente
juego.
Diestros:
- Finito, media
travesada, siete descabellos (silencio). Estocada entera, trasera y un
poco atravesada (palmas).
- Caballero, estocada
entera, trasera, tenida y caída, dos descabellos (saludos desde el
tercio). Tres pinchazos al hilo de tabla (silencio).
- Fandi,
estocada caída y contraria (ovación). Estocada caída (vuelta tras petición de
oreja y bronca al presidente).
Entrada: hasta la bandera.
Presidente: Juan Murillo.

 
 
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
El País, ABC, Diario de Sevilla,
El Mundo
| LOS
PROTAGONISTAS |
Finito
“Así no se puede triunfar”
“Me encuentro triste porque no me ha embestido ningún toro en toda la Feria. Dos no sirvieron y los otros, que medio tenían condiciones, uno se echó y el ultimo sin fuerzas. Así es imposible triunfar. Han salido toros en Sevilla, que no deberían haberlo hecho y los otros, no tenían fuerzas”.
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Caballero
“Una pena la espada ”
“Mi primero medio se ha dejado, para lo que está saliendo. Tenía sus cosas, pero siempre le he dejado la muleta en la cara y cuando le podía se paraba. Una pena lo de la espada, si la meto, creo que corto la oreja. El quinto, ha sido un manso con mucho peligro y aquerenciado en tablas”.
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Fandi
“Me he entregado
toda la tarde”
“No me ha faltado disposición y
me he entregado toda la tarde. Con el sexto, un toro muy duro y
complicado, no he dudado nunca y con el tercero, nada que hacer
con él. Al menos, me he sacado la espinita con las banderillas
del primer día. Me llevo el reconocimiento de la afición”.
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PortalTaurino. MANUEL
VIERA. ¿Cuándo será
la llegada de la verdad?
La idea subyacente es que cuando la gente obtiene lo
que pide, entonces todo está bien. Y este consolador argumento puede que
funcione en las multitudinarias tardes de corridas de feria. Pide las
orejas sin catalogar si lo hecho en el ruedo es merecedor de tan preciado
trofeo. Esta tarde, pidieron el apéndice del sexto toro para El Fandi sin
apreciar que el granadino había dejado escapar el triunfo soñado con el
toro soñado. En este ambiente de euforia y festero ya no es de extrañar
el olvido inmediato de lo que antes pasó. Fue tan simple, tan triste, tan
decepcionante, que cuando la sorpresa aparece por la puerta de chiqueros
en forma de toro de embestida vibrante, con atisbo de casta, vale el más
mínimo esfuerzo del que delante está para que el público de por válido
el engañoso toreo.
Un día más, la decadencia del toro bravo ha pasado por Sevilla. Se
necesitó toda una cabaña de reses para completar una corrida de tres
diferentes hierros ganaderos. Pues ni unos ni otros, salvo rara excepción,
dieron credibilidad a su denominación de origen. Denigrante la presentación
del algún que otro mal llamado toro. Y decepcionante el comportamiento de
unos animales de exagerada y tonta nobleza, pero ayunos de sangre brava.
Mansos como bueyes.
Es un hecho que cada tarde de toros que pasa el pesimismo del público
crece de forma alarmante. Aunque La Maestranza no es plaza de bulla y escándalos,
muchos de los que pagan para ver torear se están preguntado: ¿cuándo
será la llegada de la verdad? Y es que cansados ya están de tanta
mentira encubierta.
Pero he aquí, que mezclado entre el despropósito de la tarde sale en
segundo lugar un torete, anovillado y noble, que se mueve con codicia, que
va y viene a los engaños ante la sorpresa del que los usa. Manuel
Caballero no acaba de creérselo. Con timidez le adelanta el trapo, le
traza muletazos con la diestra, los hilvana templaditos... Pero lo que el
torero hace no le cuenta a la gente lo que la gente desea. Otra tanda más
de parecidas características, y nada. Lo que lo que abajo pasa arriba no
llega. Menos aún con el toreo fundamental. Y el torete, mal matado,
arrastras se lo llevan con sus orejas intactas y en su sitio.
Y he aquí, que sale el sexto y de nuevo sorpresa e incredulidad. El toro
condeso sigue los engaños con codicia. El Fandi lo espera arrodillado en
el tercio y lo saluda con una larga cambiada. Le clava banderillas con auténtica
verdad y de forma espectacular por los adentros. Y este Fandi, de estilo
pleno de eficacia que llega a las masas con total inmediatez, traza pases,
buenos y malos, sin conseguir estar a la altura de tan encastado animal.
¿También El Fandi tacaño en Sevilla? Vaya por Dios. No es perfecto. La
gente olvida pronto, olvidó la simpleza de la tarde, y pidió para la
tacañería de la muleta de El Fandi una oreja que el presidente, con buen
criterio, no concedió.
¿Lo demás? Es consecuencia exacta de lo que salió de chiqueros. Finito
tuvo un poste en el albero, y los postes no embisten. Y le salió después
una pelota que rodaba y rodaba por el ruedo, y a las pelotas no se les
torea. A Caballero le salió un buey en quinto lugar, se apostó en tablas
y desde allí lo mandó al matadero como pudo. David Fandila aprovechó el
noble y descatado tercero para hacer gozar a la plaza con un sobresaliente
tercio de banderillas. Algo es algo.
El País. ANTONIO
LORCA. Prestigio recuperado
Nunca es tarde si antes de acabar la feria un presidente va y coloca el
prestigio de La Maestranza en su sitio. Bien por el usía. Con toda
justicia le negó la oreja del sexto a El Fandi después de una faena
embarullada y de escaso dominio a un toro encastado. Además, la petición
no fue mayoritaria. Se ganó por ello una bronca de campeonato y el ruedo
se llenó de almohadillas. Pues, muy bien. La opinión es libre, pero la
autoridad tiene la obligación de velar por el buen nombre de este plaza y
aguantar el chaparrón si es que llega. A Juan Murillo no le templó el
pulso y recuperó el prestigio de Sevilla.Ya era hora... Los buenos
aficionados, que dejan las almohadillas en sus asientos, se lo agradecerán.
Lo cierto es que el torero granadino se mostró arrollador, con unas
enormes ganas de triunfo, lo cual es muy de agradecer. Ofreció, además,
dos espectaculares tercios de banderillas. Pleno de dominio y unas
facultades excepcionales, se lució en un par andando hacia atrás, otro
al violín y un tercero por los adentros, que en ambos toros puso la plaza
en pie. Pero con la muleta es otro cantar. El Fandi se transfigura en un
pegapases confeso que le hace a uno olvidarse de su espectacularidad con
los garapullos. Quedó inédito en su primero porque se apagó muy pronto,
pero el otro, encastado y con genio, lo dejó en evidencia. Muy despegado
siempre, superficial, sin confianza y, lo que es peor, a la defensiva y
sin dominio. Dos derechazos largos es un resultado muy pobre para una
oreja.
A Caballero le tocó el toro más noble y repetidor, el segundo, y le
hizo un toreo mecánico que no emocionó a nadie. Con la suerte descargada
y sin ceñimiento no es posible el toreo. Después, pasó inexplicables
fatigas ante el manso quinto que sólo era un cobarde. Finito, de
enfermero ausente con el lote más inválido. Y la pareja ganadera
Arranz-Joselito a poco tiene que comprar toros a la competencia para
completar la corrida. Y no la completó.
Diario de Sevilla.
LUIS
NIETO. El Fandi, sin
red en banderillas
El Fandi, acelerado en los lances de recibo del
segundo, consiguió hacer rugir a la Maestranza en el segundo tercio. Dos
pares de su famosa moviola, corriendo hacia atrás, siguiendo las rayas,
con unas facultades portentosas para ralentizar la carrera y ajustarse a
la hora de clavar con precisión milimétrica. Y un tercer par al violín.
Las palmas echaron humo. De pie, se derretía el respetable batiendo
palmas. Tanto, como se derritió la faena de muleta. En los medios, con la
diestra, primer enganchón que rompe expectativas. Otra tanda por ese
lado, metido en los costillares. Por el izquierdo, el toro se aploma. Y
todo se acaba.
Algo parecido sucedió en el que cerró plaza. Un toro serio, y bien
armado. Aquí, el saludo fue con una arriesgada larga cambiada de rodillas
en los tercios. Por el izquierdo, en las verónicas, el toro le apuntó
peligro. Se creció el torero al llevar al caballo en unas rogerinas. Y en
su despliegue de variedad, quite airoso por navarras. Pero todo ello fue
superado cuando tomó los palos. Un segundo par por los adentros, en el
que el astado le midió, fue fantástico. Y al violín, en las rayas,
crujió nuevamente la plaza. El Fandi no mantuvo ese nivel con la franela.
La faena, ambiciosa, lógicamente basada en la mano derecha, estuvo
salpicada de altibajos, con una tanda notable y con profundidad, en los
medios. En la arriesgada apuesta, hubo más coraje y ansias que temple.
Mató a la primera y ganó una merecida vuelta al ruedo, como premio
justo. El presidente no atendió la nevada de pañuelos. Esta edición se
han concedido otros premios con menos peso específico.
Manuel Caballero se las vio con un lote muy desigual en juego. El segundo,
temperamental, repetidor y noble. El quinto, mansísimo. El albacetense,
que lanceó muy rápido, construyó una interesante faena, aunque le faltó
calado. En las afueras, con la diestra, dibujó un par de tandas entonadas
y poco logró con la zurda. Tampoco rubricó con acierto la labor, que fue
ovacionada.
El mansísimo quinto, con unas velas de respeto, se hizo fuerte en tablas
al salir del caballo. Le lanzó un gañafón a Gonzalo González al cuello
escalofriante y a Alcantud estuvo a punto de apresarle cuando tomaba
angustiosamente el olivo. No cabía otra opción que la de Caballero:
trasteo de preparación para matar al toro.
Y Finito de Córdoba, ¿estuvo Finito?… Al primero le dieron un puyazo
tan enorme que el animal quedó aplomadísimo. Pésimo con los aceros.
Con el cuarto, que flojeó, Finito tampoco logró cota alguna. Aquí, por
el contrario, mató de estocada habilidosa.
La tarde fue para El Fandi, pletórico en el segundo tercio. Arrasó. Un
vendaval. Al límite. Banderillas sin red.

El Mundo. JAVIER
VILLÁN. La malo, si
breve, menos malo
Nos vamos superando; otra vez se necesitó docena y media de reses para
apañar una corrida con tres hierros. Debió devolverse el cuarto pero no
se hizo. Supongo que tras haber condenado a la hoguera al señor Teja, por
devolvedor, el presidente de ayer, señor Murillo, se tentó la ropa antes
de aventurarse en una devolución; acertó sin embargo, al negar la oreja
a El Fandi. A los presidentes habría que recordarles que sus funciones de
autoridad empiezan en el primer reconocimiento. Claro que si les exigiéramos
rigor y más devoluciones en esas horas previas, acaso hubiera que haber
suspendido la Feria desde los primeros días.
Con ánimo de rebajar tensiones y olvidarme de las pesadillas
maestrantes, el día anterior veía yo en la tele a Jesús Quintero, el
loco de la colina, entrevistando a Liberto, el profeta loco también, de
hace años del Café Gijón. Lo aclamábamos y aparecía enseguida el
verbo incendiario de Liberto, proclamando la paz y profetizando desastres.
Nunca llegó a profetizar que, en toros, llegáramos a ver lo que estamos
viendo, ni que La Maestranza tocara fondo tan vertiginosamente como lo está
tocando este año.
Muchos de los amigos de entonces, aficionados a los toros, han
triunfado en la literatura y se han desenganchado de las corridas.Reverte,
por ejemplo, vende libros como rosquillas; Antonio Hernández, poeta
importante de plurales versos, ha publicado, entre otras, una novela poco
valorada para sus méritos, Sangrefría, en la que narra las peripecias de
un torero cabreado por las infidelidades de su mujer; Pepe Lucas, maestro
en tauromaquias, como su homónimo del siglo XIX, pisa La Maestranza una
tarde como la de ayer y no vuelve.
Pepe Lucas, un Bosco mediterráneo y murciano, está pintando un
Retablo de la Lujuria que Raúl del Pozo enaltece y canta.¡Ay la
inalcanzable prosa canalla y magistral de Raúl! No he perdido la
esperanza de hacer con Pepe Lucas una tauromaquia de toros fieros. Lo malo
es que de esos ya no quedan. Quedan mulos, bueyes como ese manso
descastado y cobarde corrido ayer en quinto lugar. Quedan toros sin sangre
brava más propios para la carreta y el arado que para lidiarlos en La
Maestranza. Y cuando sale uno como el sexto del Conde de la Maza, ¡adiós
a las armas!
Lucas es un triunfador y, como sabe lo efímero de los triunfos
taurinos, no hará esa tauromaquia. De aquella basca sólo quedamos para
sufrir Ferias de Abril como la de este año, Manuel Vidal y yo. Vidal vive
como un rey moro en alcázares sevillanos, y más desde que su novela Lo
que hay que tener, obtiene premios, colma las librerías y enseguida
desaparece de los escaparates.Es una novela sobre el submundo del toro,
que Vidal conoce muy bien, y que ha dejado perplejos a los taurinos y
alborotados a los no taurinos.
Pero conociendo, o sin conocer, el mundo taurino, se explica uno las
aberraciones y los sinsentidos que están marcando esta Feria. Aye, por lo
menos, la corrida sólo duró dos horas y cinco minutos. Esto sirvió para
constatar mansedumbres absolutas por un lado, el quinto, y genio y
problemas por otro, el sexto, que se comió a El Fandi.
Pese a los clamores de los dos tercios de banderillas, la faena al
sexto no logró tomar vuelo y dejó constancia del imperio del toro; sin
embargo, una plaza enloquecida y sin criterio, le pidió una oreja que
hubiera sido una vergüenza conceder. Quien sí pudo llevarse un trofeo
fue Caballero pero pinchó. La faena no había tenido peso específico,
pese a buenas tandas de redondos y de naturales, como para superar los
desarreglos con la espada. Los toros de Finito no tenían un pase y, en
consecuencia, el torero catalán no se los dio.
ABC. ZABALA
DE LA SERNA. El
Fandi dio una vuelta al ruedo en la decimotercera de la Feria de Abril,
que entra en su último tramo
Qué maravilla el AVE y las facultades de
El Fandi. Qué envidia de velocidad y juventud. Pero el AVE, de un tiempo
a esta parte, se ha convertido en pretexto o coartada de unos cuantos para
cuando las cosas no salen. Como si en Sevilla no hubiese problemas por
resolver para cargar las tintas con las gentes de Madrid. Que, por cierto,
bajan de Despeñaperros para abajo con admiración, dinero y respeto,
salvo excepciones. Escribo con cierta amargura por todas las historietas
que leo y oigo en los periódicos y en la calle. Y me duele. No lo
entiendo y no lo comparto. Ni pretendo ahondar en una polémica tan
localista como estúpida, como suelen ser localismos, nacionalismos y
provincianismos: catetos.
No está de Dios que la Feria remonte el vuelo. Y punto. No embisten los
toros, y cuando uno se entrega por derecho no se cuaja. O no se remata.
Los toros que quedaron para esta decimotercera pertenecían a Martín
Arranz, Joselito y al conde de la Maza. Pues aun siendo una desigualdad en
sí mismos, como corresponde cuando hay baile en los corrales, embistieron
tres, con sus matices.
El más claro cayó en manos de Manuel Caballero, que en el temple encontró
siempre su arma más fiel. Y lo empleó y aplicó sobre la mano derecha
con un toro de Arranz ideal para Sevilla, con su cara, su seriedad y 485
kilos, perfecto. Escarbó en alguna ocasión, mas cumplió en todos los
tercios. Caballero se sintió más a gusto por el pitón diestro, que ya
está dicho. Porque al natural (una serie) fueron cada uno por su lado. A
veces me he preguntado por qué no se rompe, no se olvida de tanta técnica
y su armadura. Toreó con reposo desde el principio de obra, genuflexo.
Ligó y corrió la mano. Hilvanó un pase de pecho de pitón a rabo y
dibujó un cambio de mano y luego, o antes, que no recuerdo, otro. Recuperó
el ritmo, tras la fase zurda, y la continuidad. Pero pinchó con cierto
conformismo. En muchas ocasiones me gustaría escuchar al profesional, o
sea al torero, y saber el porqué de cada historia.
Manso imposible
No le concedió el destino un quinto asequible, sino más bien un manso
imposible, aculado en tablas. Complicada y desordenada lidia: todo es
susceptible de ser mejorado. Salió con la espada de verdad y abrevió al
hilo de la barrera.
Otro toro que pudo ser y no fue se lidió en cuarto lugar, astifino hasta
las cepas y perteneciente al difunto conde o sus herederos. Y no fue
porque en las verónicas cadenciosas de Finito hincó los pitones en el
albero -el piso de plaza es una playa- y se deslomó en un volatín. Una
pena, aunque el cordobés tampoco se esmeró demasiado en mimos y cuidados
con la muleta. Su primero, alto de cruz y musculado, nació a la luz del
ruedo parado y murió parado, marmóreo, callado.
Hablábamos arriba del AVE y El Fandi, que alegró las campanillas de un público
que se aburrió de manera soberana. Fandi, en su afán de atacar y
conquistar, se aceleró mucho, en el galleo por rogerinas o en las
navarras del quite. Tragó con el capote en el saludo y volvió a tragar
con las banderillas, con un par poderoso, otro por dentro y un violinazo
de órdago. Buen tercio, mejor que en el tercero y más auténtico. No bajó
de revoluciones con la franela. Ni hizo por cruzarse. Permanentemente en
la pala del pitón es difícil progresar. A derechas el condeso repitió y
el torero se desperdició en muchos muletazos ahuecados, sin gustarse ni
ralentizarse. De ahí también viene al caso lo del AVE. De ahí y de los
palos que sufren «los del AVE». La estocada baja provocó una pañolada
excesiva. Atinó el presidente al guardarse el trofeo. El anterior había
sido un manso que se apagó. Tampoco el granadino apuntó al hoyo de las
agujas.
Otros
festejos de la temporada. Carteles, resultados y crónicas
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