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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 31 de marzo de 2002
Corrida de toros

Par de banderillas de El Juli
JC Muñoz. Diario de Sevilla
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Torrealta,
deslucidos.
Diestros:
Entrada: hasta la bandera
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
El País, ABC, Diario de Sevilla, La
Razón, El Mundo, El
Día de Andalucía
PortalTaurino. MANUEL
VIERA.
Lo mejor... el lleno
Quizás hay cosas destinadas a no durar siempre, y una de ellas sea la personal tauromaquia de Ojeda. El sanluqueño no tuvo su tarde en el importante día de inauguración de la temporada en la Maestranza, a pesar del mansote y parado primero, y a pesar del enorme esfuerzo del torero por agradar. De todas formas la muleta siempre quedaba atrasada en el cite y el medio pase se sucedía una y otra vez sin la mínima emoción. Más complicado lo tuvo con el cuarto, un toro grandón y sin demasiado peligro, con el que Ojeda nunca le encontró el sitio ni la distancia. Los muchos intentos resultaron vanos tras la desconfianza del saluluqueño, que con demasiadas precauciones logró escasos muletazos mandones aunque con nula transmisión en los tendidos. No ha sido este el maestro de las triunfales tardes sevillanas de antaño, y mucho tendrán que cambiarles las cosas, para conseguir la superación, que él mismo se exige, de su indiscutible y revolucionaria tauromaquia de pasados años.
En sabias palabras que tantas veces sentencian, le escuché decir a un vecino de localidad que "menos carteles de toreros y más de toros". Y es que los toros de Torrealta, el prototipo del toro que exigen y gustan a los que en esto mandan, se cargaron un festejo lleno de expectación. Toros nobles, bien hechos, pero con escasa casta, sin demasisdas fuerzas, paraditos y sin excesivas complicaciones, y claro, con semejante material José Tomás sólo emocionó en ajustadisimas chicuelinas en los quites y algún que otro muletazo mandón con la majestuosidad y cadencia de su personalísimo toreo. Muy quieto se quedó en los naturales al segundo, un toro con las fuerzas justas al que tuvo que mimar, sobar y cuidar para que toreándolo con el engaño a media altura le aguantara sueltos muletazos con categoría y empaque. Con el quinto, un sobrero del mismo hierro ganadero, complicado y reservón al que le picarón muy mal, se esforzó, sin conseguirlo, en bajarle el engaño para que a la vez bajara el toraco su embestida por las nubes. La estocada demasiada desprendida puso triste fin a la esperada y deseada tarde del torero de Galapagar.
Tampoco El Juli pudo levantar el clásico día de toros en Sevilla. Su difícil facilidad y su indiscutible valor fueron sus armas para doblegar al tercero, un toro con movilidad, con más genio que casta, y que en ocasiones desbordaría al torero. A pesar de ello El Juli le toreó con vibración, incluso gustándose y gustando, pero con demasiada celeridad. Fue faena de altibajos que remontaría al final con series ligadas y de perfecto trazo. La estocada trasera y los descabellos le hicieron perder un trofeo que casi tenia asegurado. No le faltaron ganas con el sexto, un toro muy blando, reservón y con problemas, al que quitó por tafalleras, sin conseguir después lucimiento con la muleta. Y es que lo mejor de la tarde quizá fuese el lleno.
El País. ANTONIO
LORCA. Un tópico precioso
La mañana del domingo de Resurrección se levanta el sevillano con un cuerpo especial. Aún no recuperado de la dura Semana Santa y con una hora menos de sueño, abre los ojos y comprueba que ha nacido un día espléndido. El día se pasa volando. ¡Niña, ponte guapa que vamos a ver un corridón! La tarde está entrada en calor; es primavera pura, con un penetrante olor a azahar que envuelve los sentidos. El sevillano, trajeado de los pies a la cabeza, engominado y repeinado, lleva del brazo a una mujer guapa que luce sus mejores galas.
La Maestranza está de dulce: limpia, recién blanqueada, preciosa, como siempre. Los alrededores, de bote en bote; la reventa, por las nubes, y los famosos por doquier. Apreturas. A duras penas, llega el sevillano a su localidad. Abrazos y saludos a los vecinos con los que cada primavera comparte este momento de gloria. La Maestranza parece iluminada. ¡Qué belleza! ¡Qué esplendor! Sólo por estar aquí merecen la pena los 106 euros que nos han costado las entradas. ¿Y eso cuánto es, mi vida? A ti qué más te da, relájate y disfruta.
Y el cartel es un cartelazo. Vuelve Paco Ojeda, un auténtico revolucionario que hizo vivir tardes gloriosas a la afición sevillana, y, nada más y nada menos, que José Tomás y El Juli, dos colosos del toreo actual que se ven las caras en Sevilla en un duelo al sol que no tiene parangón. No se ha hablado de otra cosa en la ciudad durante todo el día, y los aficionados hacen cábalas sobre quién abrirá este año la Puerta del Príncipe. No en vano la rivalidad es total, pues se disputan el cetro del toreo en tarde de máxima expectación.
A gorrazos
Éste es el precioso tópico que hace de Sevilla una ciudad única e irrepetible. La realidad, por desgracia, es muy distinta. Vamos, que la corrida resultó un tostonazo: el día, muy bello, pero caluroso; la Maestranza, reluciente, pero incómoda; la señora, muy guapa, pero pesada con tanto agobio por el calor y el aburrimiento; los toros, para el matadero, y los toreros, ay los toreros, para que los corran a gorrazos.
De revolución, nada. La revolución la protagonizó en su día y la disfrutamos todos, pero los años no pasan en balde. Y de rivalidad, ni un ápice. Todo parece un cuento que se han montado para mantener la atención. Tomás y El Juli se comportaron como dos figuras de papel cuché, pegados a la comodidad e imbuidos de desánimo.
Los toros tan deseados de Torrealta fracasaron, pero volverán. Inválidos la mayoría, sin movilidad y sosos, pero sin intención de comerse a nadie. No ayudaron, pero tampoco molestaron. Muy blando fue el primero de Ojeda y el torero quiso agradar, como es lógico, pero el toro se aburrió y se echó en la arena. Áspero y de media arrancada el otro, y el torero no se fió ni un pelo. Arrancó tres buenos naturales y dejó patente que ya no es el de antes. Guarda las formas, pero ni los toros le permitieron su toreo de antaño, ni él tiene las facultades y las necesidades de entonces. Y Paco Ojeda, ya se sabe, emociona con el toreo de parón que le hizo figura y que ayer brilló solo en la memoria de los buenos aficionados.
Tomás y El Juli se justificaron con quites por chicuelinas y aburrieron a las moscas. El primero adoptó posturas aflamencadas ante un moribundo que le apretó de salida y no le permitió el lucimiento con el capote. El público estaba con él, era evidente, pero el torero no fue capaz de calentar el ambiente. Un pase aquí y otro allá, muy seria la planta, pero nada más. Desistió pronto por la aspereza del quinto, un sobrero grandullón, con la cara alta, que le planteó dificultades y el diestro dijo que los toros difíciles, para otro. Hasta el animal se aburrió y se rajó.
El Juli banderilleó con fortaleza y desigual fortuna a sus dos toros. Quizá fue lo mejor de su actuación. De hecho, se encontró con el único toro con gotas de casta y de genio, también, el tercero, y le realizó una faena atropellada, superficial, sin temple ni ligazón. La verdad es que se comportó como un torero vulgar, un pegapases atolondrado. Y en el sexto, que era soso y blando, intentó justificar, sin éxito, lo que ya no tenía justificación.
Ni revolución ni duelo en la cumbre. Esto es lo que hay: toros inválidos para toreros sin recursos y aburridos. Así, la sevillana guapa no pudo reprimirse camino de casa: ¿Cuánto dices que son 106 euros? Anda que tú también, con la guasa... Pues, ¿no has disfrutado?.
ABC. ZABALA DE LA
SERNA. Recuerdo de nada, muchas
gracias
Conviene dar las gracias por anticipado, que es de educación. A veces
ocurre que te convidan a una cena. Piso caro, barrio de perritos finos,
portal de mármol. Y cofia y guante blanco, en el buen sentido. Y luego,
hambre. Vamos, que jama mejor el caniche.
Parecido o similar sucedió en la Maestranza. Gran invitación, enorme
expectación. Ambiente envidiable para una boda. Impecables ellos y de
estreno ellas. Ilusión a raudales. Pasión en el aire. Tomistas y
julistas lanzándose puyas en la sobremesa, sobre la mesa y por debajo de
la mesa. La reventa, por la nubes. Por supuesto, el papel acabado. Acompañaba
el sol, el olor a azahar, la brisa suave del Guadalquivir que no era
siquiera viento. Ni frío ni calor. Todo a punto. Pero los toros...
Los Duques de Lugo, una vez más, en el Palco del Príncipe, que Doña
Elena ha recogido el testigo de la Condesa de Barcelona. Los acordes de la
Marcha Real recorrieron las gradas y los cimientos de la plaza. A mí, en
estos tiempos de apátridas y descreídos, me gusta el himno de España
cada vez más. Lástima que no haya letra y que en el Mundial próximo
para animar a la Selección nos tengamos que aprender el «oe, oe, oe» de
Chenoa, Bisbal y compañía.
No hubo más momentos para que se conmoviera el coso, tan blanco y
alegre. Bueno, miento: unas chicuelinas de José Tomás, atornilladas las
zapatillas en el albero, o la firmeza y seriedad de El Juli con un toro
bronco y pronto. Y algunos muletazos, naturales para ser exactos, del
imperturbable torero de Galapagar, a pies juntos, aprovechando el corto
recorrido del colorao segundo.
Que decir tiene que hubo hambre, como en las cenas de alto copete.
Faltaron toros como jamón de Jabugo. Sobró la cofia, el guante y el
sirviente, y faltó bravura, casta, clase...
Ojeda, salvo que se equivoque en próximas citas, hizo poco y dijo
mucho. O sea, que no, que no nos engañemos. Cuenten y rememoren
reapariciones con final feliz. De mi cabeza salen más frustraciones que
alegrías, y más cuando no existe el soporte del arte. Paco Ojeda fue un
revolucionario en los ochenta, un portento de quietud y empaque. Ahora,
veinte años después, se le exige lo mismo, que pise idénticos terrenos.
Porque no hay otra cosa. Y los años no pasan en balde. Para nadie, para
absolutamente nadie.
Dudas, poco sitio. Ni con el flojito y engatillado toro que abrió
plaza ni con el alto cuarto, que era un mulo. Aquel parecía de mejor
condición a izquierdas, pero Ojeda ni se lo pensó. Derecha, derecha,
derecha. Como Berlusconi. Sólo en el tramo final presentó la zurda, ya
con el torrealta muy apagado. Después nunca se confió con su último
cartucho. Amagó un par de naturales, y entre amagos se nos fue la vida,
el tango y puede que una reaparición que se desinfla. Como casi toda la
corrida, el toro no humilló. Mas no es excusa en absoluto para sumergirse
en tinieblas tan espesas. Buscó la muerte hábil, saliéndose de la
suerte repetidas veces y pinchando las mismas.
José Tomás y El Juli venían a batirse el cobre. Pero no les dieron
pistolas ni espadas, ni balas ni acero. Acabaron en tablas. No sé. No hay
material para enjuiciar.
Juli contó a su favor con el toro que más se movió de la desigual
corrida de Torrealta. Había que estar firme, y lo estuvo. Valiente,
porque apretaba lo suyo, con cierta bronquedad y sin descolgar, como se
vio en los violentos encuentros con el caballo. Pidieron temple en los
tendidos. Es posible, pero la sensación era de que alcanzar la templanza
frente a aquello no se hacía tarea fácil. El Juli ligó, bajó la mano,
mejor por la derecha que al natural, y se zambulló en una estocada
demasiado trasera, tanto que precisó del descabello.
El sexto se le paró. Antes Julián había banderilleado con mayor
verdad que ante el tercero, aunque se repite como el ajo. Como también se
repitió en el quite al toro de José Tomás, que lo había bordado por
Chicuelo en el primero. Pero, hombre, con todo el repertorio que existe,
¿no se le ocurrió otra alternativa que las chicuelinas? Resolvió bien
con la espada.
Tomás esbozó su impronta a media altura y en algunos naturales, que
ya está dicho, aunque pecó de solemne con el distraído sobrero que hizo
quinto. Un mamotreto.
Diario de Sevilla. LUIS
NIETO. Camino de la
zona cero
Pobre espectáculo que no estuvo a la altura de
la expectación ni de las cifras astronómicas que se pagaron en reventa
Una corrida con escaso gas. De los toros de Torrealta, con un sobrero
fuera de tipo, únicamente se salvó el encastado tercero.
La Fiesta va camino del derrumbe, de la zona cero por
culpa de una cabaña brava, que tiene muy poco de ello, de bravura, ya las
primeras ferias -Castellón y Valencia- han ido en picado, la opinión ha
sido unánime y ayer, de nuevo, al borde del precipicio con una corrida
anodina, insulsa, con un encierro sin motor. Ojeda, descentrado. José Tomás
se pasó de metraje sin convencer. Y El Juli se entregó, aunque sin
obtener el triunfo.
Y la verdad es que la expectación fue insultante para lo que vimos.
Cartel de no hay billetes. Los duques de Lugo, junto al conde de Luna en
el Palco del Príncipe, recibieron brindis de Ojeda y El Juli en sus
primeros toros. Eso y poco más.
Paco Ojeda ganó terreno en los lances de salida al manejable primero y
perdió al poco la capa. Tras un buen tercio de varas a cargo de Juan José
González, Tomás se hizo presente con unas ceñidas chicuelinas. No hubo
faena, como no hubo toro. El sanluqueño sacó al astado más allá de las
rayas. Lo mimó. Lo dejó que se refrescara. Pero ni así. El toro apenas
se tenía en pie y mucho menos estaba para seguir el engaño. Hasta llegó
a echarse…¡viva la bravura! El torero mató de bajonazo y allí paz y
después gloria.
Ojeda no hizo nada destacable con la capa en el cuarto, un toro que medía.
Tomás le azuzó en un quite por gaoneras ceñido, con una escalofriante.
El veterano torero anduvo en su reaparición en Sevilla con excesivas
preocupaciones. Un par de naturales ligados fueron como un espejismo en el
desierto de aquella labor, que remató malamente con la espada.
José Tomás tampoco logró nada con el percal ante el noblón segundo.
Aquí fue El Juli quien se destapó con una chicuelina apretadísima. La
labor de Tomás fue difuminándose con un toro sin gas, flojo y
descastado. Una labor de escaso interés concretada en pases sueltos por
ambos pitones.
Protestó el público al quinto toro por cojera y en su lugar salió un
pavo de 626 kilos, mal construido, largo como un tren y reservón. Mal pìcado
por Germán González, que rebasó las rayas. El toro no se entregó en la
muleta y buscó tablas al final de una porfiona faena de un Tomás que
tragó mucho y sufrió una peligrosa colada. Unipases por ambos lados con
tiempos muertos interminables. No hubo más.
El Juli puso todo de su parte por agradar y estuvo a punto de arrancar
una oreja al encastado tercero, el único potable del encierro. Toro algo
violento de salida, que acudió al caballo como un tren, empujó con celo
y mantuvo su temperamento hasta el final. El madrileño, que en los lances
de recibo estuvo a punto de ser empitonado en una colada por el izquierdo,
plasmó un tercio de banderillas vistoso, arriesgando mucho en el embroque
del tercer par. La faena fue desigual. Tuvo un comienzo vibrante. En el
platillo, con firmeza, logró una primera tanda con la diestra. Por ese
pitón continuó sometiendo al animal. Con la izquierda, los largos
naturales que dio fueron muy rápidos. Se tiró a matar a ley y cobró una
casi entera. Hubiera ganado el único trofeo, si el toro no se resiste a
la muerte. Un toro que se puso en pie y arrolló a Sevillita. Precisó
entonces El Juli de un par de descabellos y se esfumó la oreja.
Con el sexto apostó fuerte, desde unas tafalleras en las que arriesgó
hasta una gran estocada, en la que se volcó totalmente, pasando por un
arrimón. Se lució en banderillas, con dos pares de afuera adentro que
tuvieron mérito. En este caso estuvo por encima de un toro sin apenas
entrega.
Cada día es más difícil encontrarse con una corrida encastada. Y,
ante el toro complicado, áspero, tampoco es que brillen por su capacidad
los toreros. Ojalá que lo del Domingo de Resurrección no sea el primer
paso hacia la zona cero ganadera en la Feria de Abril; una zona y un
sendero por el que discurrieron los ciclos levantinos precedentes.
Paco Ojeda: “Me he visto fuerte, pero el
ganado no acompaña”
Regresaba en la tarde de ayer Paco Ojeda a torear a pie en la Maestranza.
Desde el año 94 no se vestía de luces el sanluqueño en Sevilla y volvía
con todas las ganas del que está empezando en esto de los toros. “Me he
encontrado fuerte y muy motivado, pero nos ha faltado a todos la suerte en
esta tarde. Llega uno muy ilusionado a Sevilla en esta temporada y
terminas dando un tropiezo”.
Ojeda se lamentó del poco recorrido que tuvieron los astados de
Torrealta en la calurosa tarde de ayer. “Han venido tres toros bonitos y
otros tres más gruesos, pero no han embestido ni los unos ni los otros.
La tarde era de una grandísima expectación, pero cuando ves que no te
salen las cosas terminas por cabrearte”.
La actitud de los toros en la plaza tampoco ha sido del agrado del de
Sanlúcar: “El segundo de mi lote ha tenido siempre la cara muy alta,
por encima casi de la montera. No ha humillado en ningún momento y así
no hay manera humana de cuajar una faena. Uno de los toros tenía
seiscientos y pico de kilos, un peso que hace imposible cualquier intento
de torearlo. Repito que no han servido ni el grueso ni el bonito”.
Dentro de dos semanas tendrá una segunda oportunidad Paco Ojeda para
demostrar que esta vuelta derá buenos resultados para su amplia legión
de seguidores. Junto a él estarán en el patio de cuadrillas Joselito y
Enrique Ponce, con ganado de Manolo González. “Yo creo que ésa va a
ser mi tarde, siempre y cuando me embistan los toros”.
“La corrida no ha sido lo que esperábamos
todos”
El Juli se lamentó por el poco juego
proporcionado por su lote, destacando que sacó al tercero de la tarde lo
único que tenía
El viejo adagio se cumplió y la gran tarde de expectación se tornó en
decepción. Julián López, El Juli, analizaba su lote con un claro
veredicto negativo tras haber recibido solamente una ovación en el
primero de su lote: “La verdad es que no he tenido suerte y mis compañeros
tampoco. La corrida no ha sido, desde luego, lo que esperábamos y creo
que le he sacado al primero de mi lote lo único que tenía”.
La falta de movilidad de los astados de Torrealta fue destacada por el
joven diestro madrileño, destacando sólo al tercero que salió de los
chiqueros: “Sólo este toro se dejó hacer algo y tuvo un poco de
movimiento, pero el resto nada de nada. Así es muy difícil sacar todo lo
que uno lleva dentro”.
Este tercero de la tarde, Ilustrado, le pudo proporcionar una oreja que
se fue al traste por culpa de la espada. “Lo maté bien, pero no se cayó
al suelo. Lo único que hemos podido hacer es descabellarlo y ha sido una
verdadera pena”. La desigual pelea entre el toro y el torero no se puede
llevar a cabo si a uno de los contendientes le falta voluntad. A ello se
refiere el torero tras la tarde de ayer: “El toro es el que tiene la última
palabra y por más empeño que uno quiera poner no se puede hacer nada”.
Aún le quedan dos tardes en la Feria de Abril al diestro de Madrid. La
primera de ellas es el viernes 12 de con toros de Victoriano del Río y
Cortés, mientras que su tercera y última corrida del abono es el jueves
18, con ganado de José Luis Marca en los chiqueros y Francisco Rivera Ordóñez
y Rafael de Julia como acompañantes. “No ha podido ser en esta primera
tarde, pero todavía me quedan dos corridas más para contentar a la afición
de Sevilla. Estamos más que dispuestos a hacerlo de la mejor manera
posible y por ganas no va a quedar”.
José Tomás padre: “No se podía hacer
nada con estos toros”
No tiene por costumbreJosé Tomás hablar con la prensa. Su padre, José
Tomás también, se quejaba al término de la corrida de la falta de
suerte con los enemigos. “No se podía hacer nada con estos toros, nada
que rascar. Mi hijo ha venido a Sevilla con toda la ilusión del mundo,
porque sabemos que aquí se le espera y se le entiende, pero el ganado no
ha acompañado en ningún momento”. La salida del año pasado por la
Puerta del Príncipe no se pudo repetir. “Hombre, no todos los años se
puede abrir la Puerta el Domingo de Resurrección, pero todavía nos
quedan dos tardes y podremos sacarnos la espina de esta primera corrida.
Estoy absolutamente seguro de que nos vamos a ir con buen sabor de
boca”.
La Razón. JUAN
POSADA. El Juli, el único que puso el toreo
en su sitio en Sevilla, en una tarde decepcionante
José Tomás estuvo muy voluntarioso pero no acabó de encontrar su
verdadero lugar
La expectación provocada por esta corrida se tornó en crispación
conforme transcurría. Se esperaba una tarde gloriosa. Parecida a la del
pasado año por las mismas fechas, pero la falta de casta de los toros
frustró parte de la función. El caso es que los aficionados al espectáculo
taurino, o al menos la gran mayoría, no se enteraron de la estupenda
labor de El Juli en el tercer toro. Un animal con peligro, al que había
que dominar a fuerza de valor, sentido común y, lo más importante, torería.
La actitud de El Juli, valerosa hasta el fin, es la propia de una figura
del toreo con responsabilidad como tal.
Ojeda puso voluntad con el capote aunque sin llegar a acoplarse. José
Tomás le hizo a ese toro un quite por chicuelinas tragando mucho. Ojeda
trató durante toda la faena encontrar su sitio sin lograrlo. Muletazos
con la derecha, a la espera, sin cruzarse y siempre en la pala del pitón.
El toro necesitaba ese paso adelante para ayudarlo a embestir, a causa de
su escasa fuerza. En esa parte de su labor casi encontró ese sitio, cerca
del cuello, que le hizo famoso, pero el toro se echó, cansado y agotado.
Los naturales finales, de compromiso, no tuvieron relevancia ya que el
toro no acometió con la energía debida.
No entendió al cuarto que reclamaba una lidia más técnica y no como
la que hizo él, con el engaño muy retrasado, sin cruzarse al pitón
contrario, siempre colocado en línea, en la que el animal lo veía
constantemente. Dudó en muchas ocasiones hasta que se dio cuenta de que
por el pitón izquierdo el toro iba mejor, no obstante, tres tandas que
instrumentó, más de compromiso que otra cosa.
José Tomás tragó con el capote al igual que lo hizo en el quite al
toro anterior de Ojeda. Repitió las chicuelinas, sin mando, con más
voluntad que otra cosa. Con la muleta estuvo centrado, siempre intentando
hacer el mejor toreo, pero sin toro, ya que el animal no arremetía con la
suficiente emotividad. No obstante, el torero, siempre bien situado, acertó
en las dos tandas de naturales; adelantó la muleta y, muy cruzado, se ciñó
al toro en todas las ocasiones. La última tanda con los pies juntos, lo
mejor de su actuación. Faena tranquila, inteligente y especialmente
valerosa.
Con el sobrero quinto intentó aprovecharle el buen pitón derecho.
Bien situado en la media distancia en los primero pases diestros. El toro
cumplía bien cuando el torero se situaba en el lugar exacto: cruzado y
con la muleta adelantada. Así lo hizo Tomás, intentando acoplarse pero
sin encontrar ese punto, un paso más, que emociona al personal y encela
al toro. Los naturales, vulgares, sin gustarse, como el cumplimiento de un
deber. Insistió con la zurda, pero ya aburrió; sonaron pitos y el toro
se rajó, marchándose a tablas.
El Juli dio una lección en su primero de torería, pero de la de
verdad, es decir, valor, conocimiento y técnica. Se apretó en los lances
iniciales y banderilleó fácil en los dos primeros pares y más ajustado
el tercero, al sesgo. Los otros muletazos por bajo iniciales, dejando que
el toro le saltara por encima de las rodillas y, sin más dilación, con
la muleta en la mano derecha, plantada en el hocico. Ahí ganó la
partida. El toro, que embestía a media altura, no admitía florituras,
pero sí buen toreo, claro que para ello había que exponer muy mucho. El
Juli lo hizo y además empleó los más clásicos conocimientos, los únicos
que admitía las molestas condiciones de la res. Faena seria,«tragona»,
pero muy torera, de gran figura del toreo. Desengañar a un toro, como él
lo hizo es preciso aunar las mejores condiciones que adornan a un matador
de toros. Hizo pasar miedo a los sevillanos, que al final no se lo
agradecieron como corresponde a una afición tan entendida.
Prosiguió en el mismo son con el sexto, al que banderilleó mejor que
anteriormente. Con un toro agotado procuró encontrar distancia para
ayudarlo, inútil. El animal, sin peligro, se quedaba por debajo del
lance, y por mucho que el torero quisiera sacar mejor partido, imposible.
Cometió el error de darse el arrimón ante los primeros pitos rectificó
y mató con brevedad.
El Mundo. JAVIER
VILLAN. Resurrección en tinieblas
Los toros de Torrealta cumplieron con su primera obligación: buena
presencia y pitones agresivos. Luego, pegaron el petardo; o sea, que
incumplieron todos los demás mandamientos. Consecuentemente, los toreros
también dieron el petardo.
Acaso sea injusto decir que un torero se estrella cuando los
verdaderamente estrellados son los toros. Pero así es la Fiesta.Y estoy
seguro que mi amigo Salvador Távora, con el que compartí corrida y
decepción, no opina de la misma forma. Pero así es la vida y así es el
arte.
Távora tiene un sentido de la puesta en escena de la corrida que
sublima cualquier realidad mortal y carnal que se nos presenta insuperable
a la mayor parte de los humanos. A la postre, la única vuelta al ruedo,
los únicos fervores en La Maestranza y sus aledaños, fueron los que
suscitó Salvador Távora. Demasiado poco, con todos mis respetos, para un
Domingo de Resurrección.Távora acaba de llegar de Colombia, donde ha
reventado la Santa María de Bogotá, con su Don Juan inmortal.
¿La Maestranza? Bien, gracias. ¿Y el Domingo de Resurrección? También
muy bien, gracias. Sevilla como siempre: el inigualable marco, que decían
los viejos revisteros; el ambiente de fiesta y ceremonia, la unción
religiosa con que sevillanos y otras humanas especies se acercan a La
Maestranza, ese día impecable, impoluto, como recién salido de los
tiempos primeros de la Creación.
¿Y los toreros, que es de lo que se trata? Pues según se mire.Se habían
puesto en este día muchas esperanzas de redención; esperábamos
infinitos prodigios de este Domingo. Primero, porque es una fecha litúrgica
y la liturgia es una de las esencias divinas de la tauromaquia. Esperábamos
signos milagrosos que arrojaran luz sobre las tinieblas de nuestro
incierto porvenir: señales en el cielo de La Maestranza y en el suelo de
su albero.
No ha pasado nada. No se ha dilucidado nada; nadie se alza vencedor y
mucho menos como capitán de la temporada que empieza. Francisco Ojeda,
que hacía ayer su auténtica y verdadera reaparición tras años de
ausencia, ya no está para alzar ninguna bandera. A Ojeda, el único
natural cabal que dio en toda la tarde le costó un esfuerzo supremo; le
costó tales angustias que no sé si mereció la pena.
No cuestiono su esplendor pasado ni dejo de cuestionarlo. Pero Ojeda
fue ayer una caricatura de sí mismo, vagando en tierra de nadie como un
alma en pena; pinchando sin ton ni son, dando respingos ante cualquier
mirada insidiosa de los mulos de Torrealta.Allá cada cual en su casa con
su conciencia, su pasado y su futuro.Pero, sobre todo, con su presente. Es
feo dar consejos y el diablo me libre de tal tentación; pero, si sigue así,
esta temporada de su reaparición se le presenta a Ojeda en extremo
problemática.
Sin embargo, el interés morboso y verdadero de los aficionados del
universo mundo se centraba en El Juli y José Tomás. Mala cosa es ésa de
centrar el necesario interés y pasión de una temporada en dos figuras,
marginando a los demás.
Por lo visto hasta ayer mismo esas figuras aún tienen que ponerse a
punto, ajustar sus clavijas y demostrar urbi et orbi que realmente son
capaces de arrastrar tras de sí tantos entusiasmos. Tanto el aguerrido
Julián López como el trágico José Tomás siguen fieles a su toreo: una
puesta en escena, deudora de la antigüedad griega en José Tomás, y una
escenificación sin tiempos muertos en Julián López: sentido del espacio
en uno y ritmo asfixiante en el otro.
De momento, al parecer, ambos tienen ya libro próximo. El Juli, tan
jovencísimo, biografía por Paco Mora. José Tomás, ensayo filosófico
trágico taurino, de quien esto firma, apuntalado en 500 hermosas fotografías
de Anya Bartels. Que Dios reparta suerte; pero la capitanía es otra cosa.
Y queda mucho por decir.
El Día de Andalucía. FRANCISCO
MATEOS. Torrealta, un jarro de agua fría para
el ardiente duelo entre José Tomás y El Juli
Mal empezó la temporada taurina sevillana. Expectación y tarde de lujo
en los tendidos para presenciar una de las dos o tres corridas más
importantes del calendario taurino. Lo primero, los toros, deslucidos y
con pocas fuerzas, y el que se movió, lo hizo con dudosas intenciones. El
reaparecido Ojeda, inédito y, al final, con más pena que gloria. El
barruntado duelo José Tomás-Juli quedó en agua de borrajas; no hubo
chamusquina, sino que cada uno fue a lo suyo. Ganó, a los puntos, El Juli.
Mal comienzo, mal comienzo...
TOROS: Se lidiaron astados de la ganadería de Torrealta, desiguales de
presencia y juego. Feos de hechuras varios de ellos. Sin fuerzas el
primero. Con poca transmisión el segundo. El tercero tuvo motor y emoción,
pero también complicaciones. Con la cara alta, complicado, el cuarto,
aunque sí transmitía. El quinto fue devuelto y se lidió un sobrero del
mismo hierro, un zambombo complicado y deslucido. Igualmente deslucido el
último.
ESPADAS: -Paco Ojeda, de marino y oro, silencio y silencio.
-José Tomás, de verde y oro, palmas y silencio.
-Julián López 'El Juli', de azul y oro, saludos y silencio.
INCIDENCIAS: Plaza de toros llena. Presidieron el festejo desde el Palco
del Príncipe los duques de Lugo, que recibieron brindis de Ojeda y El
Juli. Muchos rostros famosos y políticos, como el presidente de la Junta,
Manuel Chaves, o el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín.
El duelo ardiente que estaba previsto entre José Tomás y El Juli quedó
apagado por al jarro de agua fría que supuso la corrida de toros de
Torrealta, que parece tener patente de corso para abrir temporada en
Sevilla. Esperemos que lo de este año sirva de algo de cara al próximo año.
Toros mal hechos y feos, como cuarto y quinto. Pocas fuerzas en casi todo.
Y cuando se movieron, lo hicieron con complicaciones, rebañando, colándose,...
Una corrida deslucida. Falló el ganado.
Todo estaba previsto para que los dos gallitos del escalafón, las dos
'jotas' (José Tomás y Juli), se batieran el cobre sobre el albero
maestrante. La semana, con la polémica sobre la confección del madrileño
cartel de Beneficencia como telón de fondo, había sido calentita. Pero,
además de que no hubo toros, tampoco los dos toreros entraron en
rivalidad directa, ni parecieron estar dispuestos a 'amedrentar' al otro.
Quizá El Juli mostró más ganas, más empeño en diferenciarse. Quizá
por ello ganó, esta vez, a los puntos.
Y fue El Juli el que dispuso de un toro con mayor emoción, el tercero,
que se movió, pero lo hizo con complicaciones, sin bien no eran
insalvables. Cuajó un buen tercio de banderillas y en la muleta le plantó
cara en un trasteo serio, importante. El toro tenía peligro, más por el
lado izquierdo. Por eso hilvanó las dos series de naturales de corrido,
para dejar el derecho para el final.El secreto para hacerse con el animal
fue llevarlo muy toreado, con la muleta por delante siempre. Aguantó
varias coladas y parones y el 'toque' le salvó de la voltereta. El volapié
fue muy bueno de ejecución, pero la espada cayó trasera y hubo de usar
dos veces el descabello. Una vuelta al ruedo hubiera sido justo premio; ni
él lo provocó ni el público se lo pidió. En el parado sexto tuvo que
arriesgar por los adentros en banderillas. Faena breve justificadamente
por la deslucida embestida.
José Tomás no apretó el acelerador en Sevilla. En el segundo, que
transmitía poco, unos cuantos naturales buenos sueltos, de cuerpo erguido
y muleta semiplegada. El titular quinto fue devuelto y el zambombo sobrero
tiraba derrotes arriba y buscaba, todo un regalito. Fue un pelea, además
de infructuosa, injusta para el torero, por deslucida y porque el toro,
vencido, se rajó. Mató de estocada caída.
Abría cartel Paco Ojeda, que volvía de luces ocho años después. Acusó
el paso del tiempo, más en el cuarto, un toro molesto, altón, que no
humilló, pero que tenía su posible faena, la que no le hizo el sanluqueño.
Matando lo pasó mal.
Mal comenzó la temporada sevillana. Dichos hay donde elegir: lo que mal
empieza, mal acaba; o el de los gitanos: malos comienzos quiero yo... A
elegir. Queda toda la Feria de Abril.
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Aspectos
legales de la Autoridad taurina |
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