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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 30 de junio de 2002
Novillada con picadores

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Novillos de los Herederos de Antonio Ordóñez y de El Serrano, lidiado en sexto lugar como Sobrero. Aceptables de presentación, mansos, de escasas fuerzas, sosos y complicados.

Diestros: 

  • José María El Ciento: Ovación  y Silencio
  • Javier Solís: Oreja y Ovación
  • Emilio de Justo: Silencio y Ovación.

Incidencias: el banderillero Curro Javier sufre herida inciso-contusa en cara interna tercio superior de pierna izquierda con trayectoria de 10 cm que llega a cara externa de rodilla izquierda. Varetazo corrido en cara posterior de hombro izquierdo. Erosión en cara posterior de muslo derecho. Pronostico: Menos Grave.

Entrada: más de media plaza.

Crónicas de la prensa: PortalTaurinoDiario de Sevilla, El País.


PortalTaurino. MANUEL VIERAJavier Solís está en el camino

Cuestión injusta, o cuando menos innecesaria, ésta de reducir el quehacer de un generoso torero a lo visto en escasos minutos durante la lidia de uno de sus dos toros. Aunque jugar a lo que puede hacer  en sucesivas tarde y con bravos utreros resulta, quizá, más difícil aún. Se puede aventurar  que está en el camino Javier Solís. Tiene la difícil naturalidad de toreo que transmite  emociones por la forma de ejecutarlo. Tiene pellizco su tauromaquia. Llega, gusta, y se gusta el torero al realizarlo. Así lo demostró el extremeño con el más claro novillo del deslucido encierro de los herederos de Antonio Ordoñez. Noble, rajado y con escasas fuerzas resultó el segundo, al que Solís le puso voluntad a raudales para lucirse con la capa. Tuvo empaque y gusto el toreo a la verónica, y profundidad, temple y ajuste el realizado con la muleta. Lentos y largos fueron los muletazos con la diestra, sentidos y ligados los naturales, y con exquisito gusto los pases que sirvieron de prólogo a la media estocada que certificaría la justa oreja. No pudo después ratificar lo hecho. El quinto novillo, complicado y sin clase en sus embestidas no le dio opción a completar su exitosa tarde.

Y no hubo más, porque ni hubo ganado apropiado ni toreros dispuestos. Le faltó casta  y le sobró mansedumbre a la bien presentada novillada de Ordoñez, remendada con un sobrero de El Serrano que no encontró, por cierto, muleta que le pudiera. Ni siquiera fue tarde de cuadrilla.  Se picó mal, se banderilleó peor, y para colmo hubo revolcón y cornada para Curro Javier.

Para el entendido puede parecer muy poco incitante la vulgaridad de una faena, mientras que para el general público le es fácil identificarse con el colorido de las  formas aunque estas sean banales y no auténticas. Hay, por supuesto, claras diferencias entre lo uno y lo otro, a pesar de que se ponga todo el empeño en conseguirlo. Lo auténtico, claro. Emilio de Justo quiso, lo puso, no lo dudo, pero su toreo de bonita estética carece, a veces, de toda verdad. Abusa de muleta oblicua a la hora de citar, desplaza hacia fuera las embestidas preocupándose más por componer la figura, y así todo resultaba banal. Transmitía la embestida del sobrero de El Serrano lidiado en sexto lugar, Emilio de Justo le trazó muletazos muy despacio, incluso ligó algunos de ellos entre algún que otro enganchón, pero sin ajuste. Al natural fue a menos cuando el novillo pedía que fuese a más. Con el soso tercero solo destacó en templados y escasos muletazos con la diestra al hilo del pitón.

La anomalía o peculiaridad hispana a la que son más sensibles los públicos de toros es, sin duda, a la morbosidad de la cogida. La debilidad del que está a merced de la fiera produce compasión, y sobre todo predisposición de los que observan para sobrevalorar el posible triunfo. José María El Ciento sufrió un feo revolcón al recibir de capa al cuarto y se llevó junto a Curro Javier, que también fue cogido, la mayor ovación de la tarde. Es así, aunque después el valenciano solo demostraría voluntad por agradar, algún que otro pase templado, y para usted de contar.  


Diario de Sevilla. LUIS NIETO. Javier Solís, gusto y buenas maneras

Plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla. Domingo 30 de junio. Algo más de media entrada en tarde de agradable temperatura, con algunas rachas de vientecillo que molestaron a los toreros. El banderillero Curro Javier fue cogido por el segundo. En la enfermería de la plaza le atendieron de herida inciso-contusa en cara interna del muslo izquierdo, que con trayectoria de diez centímetros llega a la cara externa de la rodilla izquierda. Pronóstico menos grave. Fue trasladado a la clínica Sagrado Corazón.

Más de uno tocó madera antes de entrar a la Maestranza. En la mente de muchos aficionados que se cruzaban y en sus conversaciones se hablaba del mal fario de la última semana de junio. Y en la tarde, con agradable temperatura y un público variopinto, con alto componente asiático, no faltaron momentos de nervios y desasosiego en los tendidos. El festejo se vivió con varios sobresaltos, entre ellos la cogida del banderillero Curro Javier, al que el segundo le infirió una cornada en la pierna izquierda o el susto de El Ciento, cuando fue buscado con saña por el cuarto, tras perder pie al abrochar los lances de salida.

Con una novillada, en general bien presentada y de juego deslucido, el triunfador fue el pacense Javier Solís, quien cortó una merecida oreja al segundo astado. Solís es un torero con buenas maneras, que maneja bien los trastos, corre bien la mano con la muleta, acompaña con la cintura e incluso echa algunas gotitas de pinturería. Todo ello lo sacó a flote. El torero también derrochó valor al recibir al astado con dos largas cambiadas de rodillas en los tercios. Su banderillero, Curro Javier, salió con apreturas de un par. Cayó. El novillo hizo por él en la arena. Le dio una paliza. Y, como propina, le metió diez centímetros de pitón en la pierna izquierda. Una cornada envainada que pasó inadvertida para la mayoría del público. Javier Solís, en las afueras, cinceló una faena con temple y gusto. Si con la derecha los pases fueron suaves y largos, con la izquierda se recreó, rompiendo la cintura en algunos naturales. En el epílogo, con el novillo rajado, buscando las tablas, supo adornarse en pases sueltos, de calidad y pinturería. Mató de pinchazo arriba y cobró una oreja, pasaporte para que le veamos nuevamente en la Maestranza.

La suerte le volvió la espalda a Solís. El quinto, el peor del encierro, mansísimo, no tuvo lo que se dice ni un pase, ni una sola arrancada.

El Ciento se justificó en un trasteo voluntarioso ante el áspero que abrió plaza, que unas veces se quedaba corto y otras daba tarascadas. En el cuarto, se libró de milagro de una cornada. El novillo le enganchó tras abrochar los lances de recibo y en la arena le dio una paliza. Con la franela puso la entrega que le faltaba al astado. El lucimiento resultó imposible.

Emilio de Justo desperdició una gran oportunidad con el lote más potable. No estuvo vivo ni listo con el distraído y parado tercero, al que mató pésimamente. Con el manso sexto, que en la muleta metió la cara con franqueza, únicamente dio una serie, con buen aire, por cada pitón. En cualquier caso, estuvo más pendiente de componer la figura que de llevar toreado al animal.

Javier Solís, que ya debutó el año pasado en la Maestranza, ha progresado una barbaridad. Ayer, le faltó un segundo oponente, con cierta calidad, para calibrar con mayor precisión sus cualidades. En cualquier caso, convenció por su gusto y buenas maneras.


El País. ANTONIO LORCA. Herencia de deshecho

Los novillos eran de los herederos de Antonio Ordóñez que, como se sabe, son su viuda y las dos hijas del torero, Belén y Carmina, más conocida esta última por sus palpitaciones que por sus dotes ganaderas. La verdad es que los novillos demostraron que el gran artista de Ronda no tuvo buena vista como criador, y que sus herederos tan poco se han preocupado de mejorar la herencia. Una auténtica birria de novillada. Bien presentada, pero descastada, mansa, sin clase y sin una gota de sangre brava en sus venas.

Imagínense, pues, el espectáculo. La novillada fue aburridísima porque los tres novilleros, lejos de poseer cualidades toreras, son hijos de su época y como tales acudieron con la ilusión cogida con alfileres, con muy corto conocimiento, conformistas siempre y superados por las circunstancias. Y así, así es muy difícil destacar en esta profesión.

Solís cortó una oreja al único novillo que desarrolló un punto de nobleza y le permitió alargar los brazos a la verónica y trazar algunos muletazos, especialmente unos naturales con hondura y empaque. Pero le sobró pinturería y le faltó más toreo del bueno, para el que parece tener condiciones. Es decir, se conformó una orejita cuando tuvo opción de hacer algo para el recuerdo. En el quinto, nada de nada ante un novillo que se negó a embestir. El Ciento no tuvo material para el triunfo, pero la duda radica en su propia capacidad para triunfar. No es posible seguir adelante si se torea siempre mal colocado, al hilo del pitón, con la muleta retrasada y todas las ventajas posible. Así, como ocurrió, la labor transcurre entre el silencio del respetable que sólo le aplaudió tras la voltereta sin consecuencias que sufrió. De Justo quiere hacer un toreo aflamencado, pero se queda en las formas. Consiguió algún muletazo estimable en el sexto, aunque prefirió adoptar posturas de aprendiz de bailaor. 

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