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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 28 de abril de 2002
Novillada con picadores

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Novillos de El Serrano, complicados.

Diestros: 

Crónicas de la prensa: PortalTaurino ABC, eldiadeandalucia.comEl Mundo, Diario de Sevilla


PortalTaurino. MANUEL VIERA. Procuna, no es poco lo que hizo

Es de agradecer ver que todavía existe algún que otro novillero que puede sacudirnos, hacernos despertar del letargo que produce una mala tarde de toros, actuando, además, como auténtico revulsivo para la Fiesta. Me refiero a ese portugués al que llaman Procuna que con sus formas novilleriles nos agitó el corazón e hizo que por unos momentos renaciera la emoción.

Porque ya se sabe que cuando las tardes  se tornan profundamente incoherentes, llega el  que más sabe y más  puede para repararla. Y es que hoy caminábamos imparables hacia el desánimo, hacia el eterno sopor de otro día de toros en la Maestranza.

Lo más endeble caía de nuevo sobre las reses lidiadas. Los novillos de El Serrano eran un calco de lo lidiado hace unos días: carencia de casta, nobleza bobalicona y escasa fuerza. Si además los que se ponen delante se afligen  con alguna que otra complicación que la mansedumbre emana, el resultado es el que con demasiada  paciencia se estaba sufriendo hasta la llegada del sexto. 

Por fortuna, a ”Bengala”, que así se llamaba el bravo novillo, le tocó al más placeado, al más preparado, al que más quiso. Y así, Luís Vital “Procuna”, lo lució desde que a “portagayola” se fue a esperarlo a la salida. Los lances resultaron vibrantes, vistosos y también rítmicos.  Las chicuelinas al paso para poner al novillo en la suerte de picar  transmitieron verdad, y las caleserinas en el quite vistosidad. Procuna es un novillero fácil en banderillas al que le gusta jugar con su oponente tras la colocación del par, sin embargo emociona por su espectacularidad. Un par al quiebro de poder a poder destacó sobremanera de todos los demás. Si algo cabe reprocharle al diestro de Moita es su falta de continuidad en una faena  que alcanzaba alta temperatura. Los desarmes a destiempo malograron la virtud excepcional del novillero que permitió descubrir, esas otras emociones ocultas que la bravura esconde con dibujados muletazos en redondo y ligados pases al natural. De todas formas, no es poco lo que hizo.

Antes, todo transcurrió con alguna que otra gana y muy pocos aciertos. Enrique Peña puso afán por agradar e hizo su esfuerzo para alcanzar escasa recompensa. Y Antonio Fernández sólo pudo conseguir algún natural del segundo y muy poco del manso quinto.       


Francisco Mateos, crítico taurino de www.eldiadeandalucia.comeldiadeandalucia.com. Francico Mateos. Querer es poder

El ciclo de novilladas del abono maestrante ha comenzado igual de mal que terminaron las corridas de la Feria de Abril. Los novillos de El Serrano -ganadería creada hace siete años, ¡qué larga y excelsa trayectoria para lidiar en la Maestranza!- pecaron de falta de casta y mansedumbre. Sólo el segundo, que fue manejable, y el sexto, repetidor, pronto y muy noble, dejaron oportunidad de hacer el toreo sentido.

El portugués Luis Vital ‘Procuna’ logró cortar una oreja precisamente al sexto, el mejor sin duda, muy ovacionado al arrastre. El torero lo recibió a portagayola y después, de rodillas, otro par de afarolados y vistosidad en el capote. Variadísimo en el quite, con las banderillas, con un novillo a modo, logró levantar clamores en la Maestranza. Los dos últimos pares al quiebro fueron perfectos, así como la forma de adornarse a la salida de los pares de banderillas, muy al estilo de su actual apoderado, el matador de toros portugués retirado Víctor Mendes. La faena la comenzó con dos ajustadísimos pases cambiados por al espalda. Bravos novillo y novillero, la faena tuvo vibración, pero también grandes altibajos por dos desarmes que hicieron callar otras tantas veces a la banda. La buena estocada despejó la duda para la concesión del trofeo.

Antes, en el tercero, se estrelló en la faena con un deslucido animal tras haber estado entregado y vibrante con capote y banderillas.

Antonio Fernández no terminó de ‘romper’ con el segundo de la tarde, aunque apuntó buenas maneras, con muletazos templados. Al ser zurdo, entró de esa atípica forma a matar, aunque con buen resultado. El quinto fue un manso de libro, inexplicablemente pitado por un sector. En la faena, el manso no rompió a bueno.

Enrique Peña estuvo muy desdibujado toda la tarde. Corto de ánimos y falto de recursos para demostrar sus ganas con deslucidos astados, se silenciaron sus dos anodinas labores.


Diario de Sevilla. LUIS NIETO.  Desde Portugal una promesa: Procuna

De la terna ganó por los puntos Luis Vital Procuna, un novillero portugués de 19 años, al que hemos seguido la pista desde que debutó con éxito, sin picadores, en la Maestranza. Tiene valor y es un banderillero consumado, en el aire de la magnífica escuela portuguesa. Ayer, tanto en la preparación como a la salida de los pares, nos trajo a la memoria a ese soberbio rehiletero de su tierra, Víctor Mendes, quien ejerce ahora como apoderado suyo.

El lusitano cortó una oreja al sexto, un novillo con buen son, al que dejó crudo y llegó con cuerda a la muleta. Esperó una eternidad a portagayola en una larga cambiada de rodillas comprometida, en la que salvó la cornada, tirándose a la piscina. De pie, toreó a la verónica de manera vibrante y... la plaza reventó en una ovación explosiva. Con un quite por ajustados faroles, rematado con una preciosa tejadilla, añadió variedad. Y con las banderillas hizo que las palmas echaran humo, principalmente en dos pares al quiebro en los medios. Pero su labor con la muleta se elevaba y descendía con la facilidad de las olas. Ascendió en una apertura brillante en los medios, en la que se marcó dos ceñidos falleros. Pero en las series por ambos pitones, cuando el público y la música lo izaban, la labor se venía abajo por desarmes. Hubo temple, pero el armazón de la faena fue frágil. Sin embargo, volvió a ganar en la suerte suprema. Se tiró con fe a la hora de enterrar la espada y ganó una merecida oreja, pasaporte para una promesa, un torero en ciernes, pero con garra.

A la salida del tercero acabó con el corazón de más de uno. Cinco minutos de reloj, ¡cinco!, con las rodillas en tierra, esperando la salida del novillo a portagayola. El animal saltó al ruedo con pies y estuvo a punto de cornearle. El peón José Luis de los Reyes, que fue al quite, salió perseguido y se libró por muy poquito de ser cogido. Procuna lanceó bien, clavó en la cara tres pares con solvencia y se dio un arrimón ante este jabonero, un marmolillo en la muleta.

El sevillano Enrique Peña, salvo la disposición que demostró a portagayola ante el que abrió plaza, pasó sin pena ni gloria. Dejó que le zurraran fuerte en varas al primero. Lo castigó con pases por bajo en la apertura de un trasteo destemplado y vulgar. Una labor en los tercios, en la que se colocaba mal para los cites en la mayoría de los casos. El manso y parado cuarto fue un pozo sin agua y no hubo historia.

El gaditano Antonio Fernández logró la mejor serie de la tarde, al natural, con el segundo, un novillo flojo y manejable. La faena no tuvo intensidad. En las series por ambos pitones, cortas, el novillero no pudo bajar la mano, pues el astado perdía las suyas.

Con el manso quinto, al que protestaron por cojera, no se centró. En las afueras, no acertó a embarcar bien el viaje de un novillo con recorrido, aunque con un molesto calamocheo. La labor fue una sucesión constante de enganchones.

Un sevillano, un gaditano y un portugués. Quien más puso, con un valor a prueba de bombas y mayor despliegue y garra en el espectáculo, llegó de Portugal. Una promesa. Se llama Luis Vital Procuna.


ABC. FERNANDO CARRASCO.  Procuna, tras la estela de Víctor Mendes

 Si hay algo que define el toreo de Luis Vital «Procuna» es, por encima de todo, la variedad y las facultades físicas. Variedad en el toreo de capa y las facultades en el tercio de banderillas, que domina con autoridad y, además, da espectáculo. Y este conjunto hace recordar a otro compatriota suyo, figura del toreo no hace mucho y en la actualidad de apoderado, Víctor Mendes. Le queda mucho por andar y recorrer, si bien es verdad que no ceja en su empeño de buscar el triunfo en todo momento. Ayer lo consiguió en la Maestranza, cortando una oreja al sexto de la tarde, aunque el triunfo debió ser mayor porque el novillo de El Serrano, el único que permitió el lucimiento, tuvo embestidas para conseguir las dos orejas.

Fue el momento más destacado de la tarde la faena a ese sexto novillo. En su primero estuvo una eternidad de rodillas esperando la salida de su oponente, que le puso en apuros tanto a él como a uno de sus subalternos. Poquita fuerza tuvo el de El Serrano. El astado se tragaba el primer muletazo pero al segundo se quedaba corto y se revolvía. Oficio demostró Procuna, que no se amilanó.

Se fue de nuevo a la puerta de chiqueros a recibir al sexto. Hubo momentos vibrantes cuando después de la larga recetó otra más, esta vez afarolada para intercalar verónicas a pies juntos e incluso alguna chicuelina. La plaza estalló en aplausos que se volvieron ovaciones en el tercio de banderillas. Dominó la situación Procuna, sobre todo en dos pares al quiebro, seguros, firmes y, sobre todo, certeros. Los dos pases cambiados por la espalda en el inicio de faena hicieron concebir lo mejor. El chaval le dio sitio y distancia, y siempre quiso bajar la mano. El de El Serrano tomaba la muleta con prontitud y repetía en sus embestidas. El lusitano ligaba, siempre faltándole un punto de reposo, que no de ganas. Pero hasta en dos ocasiones fue desarmado, volviendo con ímpetu a la cara de su oponente. Mejor el toreo en redondo sobre la mano derecha que el zurdo. Fue a más el astado y el torero quiso siempre. Faena emotiva a la que le faltó, además del reposo ya reseñado, quizá la madurez. Se volcó en la estocada y el público le pidió la oreja.

Abrió plaza Enrique Peña, que intentó someter al más violento primero en una faena en la que faltó el acoplamiento necesario. Con el distraído cuarto hizo una faena larga en la que casi no hubo nada destacable.

Volvía a la Maestranza el gaditano Antonio Fernández después del grave percance del pasado año en este mismo coso. Con su primero, que tuvo un molesto cabecear, consiguió ligar en bastantes ocasiones. Mató, con la izquierda, de un espadazo. Echó el «freno de mano» el quinto, mansísimo. Fernández se afanó en un largo trasteo que no condujo prácticamente a nada.

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