|
|
|
Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 26 de mayo de 2002
Novillada con picadores
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Novillos de Los Derramaderos, el cuarto como sobrero, mansos. Diestros:
- David Muñoz, silencio y silencio tras aviso.
- Luis Rubias, oreja
y ovación.
- Serafín Marín, silencio y ovación.
Entrada: dos tercios de plaza.
Crónicas de la prensa: PortalTaurino, Diario de Sevilla,
ABC
PortalTaurino.
MANUEL VIERA. Oreja
para Rubias, el más dispuesto
Hoy día se palpa la ausencia de rasgos de identidad en muchos de los
que se visten de toreros, y quizá sea este el problema de tanta
vulgaridad. El novillero tendría que ser el centro fundamental de la
tarde en estos espectáculos de lidia de utreros, pero necesitan de un
colaborador muy especial para que lleguen a serlo. Y no es así, nunca lo
fue. Es por esto por lo que las tardes de toros se hacen interminables,
aburridísimas, anodinas, faltas de interés.
Tal vez sea demasiado pedirle al que se la juega delante de la fiera,
que valla más lejos aún y se la juegue también con la complicada
mansedumbre que desluce y deja en la nada el duro quehacer de quienes en
tan importante tarde buscan un resquicio para salir y caminar
seguros hacia la gloria. Sin duda lo visto hoy en La Maestranza es un
compendio de una y otra cosa: novilleros afligidos y descastados y
complicados novillos. Solo en una ocasión casó la embestida vibrante del
utrero con la disponibilidad del novillero, y fue entonces, sólo
entonces, cuando Luis Rubias fue protagonista del largo festejo.
Y es que, para él, el toreo no consiste en las clásicas formas de
modelos establecidos, sino dejar que sea el propio sentimiento quien
genere su propia forma de ser contado con capote y muleta. Y
así lo hizo con el aquerenciado segundo, con el que tuvieron que trabajar
a destajo las cuadrillas para hacerlo permanecer en el ruedo, hasta en
doce ocasiones intentó volverse para chiqueros. El manso novillo llegó a
la muleta de Rubias embistiendo con vibración, e inteligentemente, con
perfecta técnica y no menos sentimiento el diestro nacido en Cazorla
supo bajarle la mano, alargar su embestida y trazar perfectos
muletazos con profundidad y verdad. Fue una lástima que la faena no
tuviera continuidad. A la ligazón de tandas con la diestra le restó la
discontinuidad del natural despacioso y sentido. Estuvo firme, poderoso y
muy dispuesto, aunque la faena no terminara de romper. La estocada le ayudó
a conseguir una oreja de vital importancia para el joven torero. Sin
embargo, con el manso quinto, condenado a banderillas negras, todo cambió.
Aquí no hubo colaborador y Rubias tras vanos intentos por ambos pitones,
perdiendo demasiados pasos entre pase y pase, desistió demasiado pronto,
aunque el público le premiara al final con una ovación.
En una dirección más clásica anduvo Serafín Marín, que apuntó
maneras, aunque su toreo careció de emoción. Muy poco hizo con el parado
y rebrincado tercero, y menos con el complicado sexto, al que toreó muy
despegado y sin conseguir el deseado acoplamiento. A pesar de todo le
aplaudieron y hasta dio una vuelta al ruedo por su cuenta.
Al terminar el festejo espero que nadie de su entorno haya engañado a
David Muñoz “Lebrija”, porque el engaño acaba tragándose todo
lo que hay de verdad en el toreo. Y es que no puede haber toreo si el
pavoroso miedo lo impide ejecutar. Los que le quieren no deben de engañar
al bueno de David. Así lo deseo, de todo corazón.
ABC. Luis
Rubias logró un trofeo y Serafín Marín dio una vuelta al ruedo
El novillero alicantino Luis Rubias cortó la única
oreja de la tarde en el festejo celebrado en la Real Maestranza de
Sevilla, en el que su compañero Serafín Marín dio una vuelta al ruedo.
Se lidiaron novillos de la ganadería de Los Derramaderos, el cuarto
como sobrero, desiguales de presentación, y mansos en conjunto. El
quinto, condenado a banderillas negras, el segundo fue el único que rompió
con claridad en la muleta y el sexto tuvo movilidad pero le faltó
entrega.
David Muñoz «Lebrija», en el primero, media estocada contraria y
atravesada y seis descabellos (silencio). En el cuarto, media estocada, y
tres descabellos (silencio tras aviso).
Luis Rubias, estocada trasera y un descabello (una oreja). En el
quinto, pinchazo hondo y dos descabellos (ovación con saludos).
Serafín Marín, pinchazo y estocada baja (silencio). En el sexto,
estocada baja y un descabello (vuelta al ruedo).
En cuadrillas, Curro Robles, saludo, tras banderillear al cuarto de la
tarde. La plaza registró media entrada en tarde soleada con rachas de
vientos que molestaron a los toreros.
Se guardó un minuto de silencio por el fallecimiento de Carmen Pagés.
madre y suegra, respectivamente, de los empresarios de la plaza de
Sevilla, Eduardo Canorea, y Ramón Valencia.
Diario de Sevilla.
LUIS
NIETO. Luis Rubias, se impone con oficio
Tres novilleros debutantes en Sevilla: David Muñoz
Lebrija, Luis Rubias y Serafín Marín y tres vidas que se abren a la
profesión más difícil del mundo: el toreo. Y tres resultados distintos
con una mansada de Los Derramaderos, en el tipo de su encaste, Núñez.
Como triunfador, por oficio y disposición, resultó el alicantino
Rubias. Le fue a la zaga, por quietud y conocimientos, el barcelonés
Serafín Marín. Entre tanto al sevillano Lebrija se le vio verde para un
reto tan importante como es la presentación con picadores en la
Maestranza.
Con un público en el que se mezclaban sevillanos y turistas las
reacciones del respetable resultaron en algunos casos extrañas. Sin ir más
lejos, al segundo novillo, mansísimo, que únicamente sirvió en la
muleta, se le ovacionó en el arrastre. Está claro que cada día hay
menos aficionados.
Con ese segundo novillo sucedió algo insólito. Gatito hizo fu y se
volvió hasta en catorce ocasiones en busca de su guarida: los chiqueros.
Ni con capotes desde el callejón lograban los peones sacarle de la
querencia. Cuando por fin lo consiguieron, Rubias lo fijó en los lances
de recibo. Pero Gatito no estaba por la labor y se transformó en un tigre
huidizo que intentó saltar al callejón. El novillero, con unos doblones
con poderío, lo sacó más allá de las rayas. Esa manera de hacerse con
el animal fue decisiva para el resto de la faena. En las afueras, tras una
serie eficaz por cada lado, acompañado ya de los sones de la música y
con mayor confianza, arrancó dos tandas mandonas por el pitón derecho y
una con la zurda. La faena, con pases de buen trazo y pulso, tuvo una alta
dosis técnica y de mando. Las series las envolvió en pases de pecho
ajustados y con majeza y alguna trincherilla con clase. Además, remató
su actuación con una estocada hasta el puño bien ejecutada, con el añadido
de un descabello para ganar el único trofeo.
Luis Rubias también recogió bien al quinto, al que condenaron a
banderillas negras por su mansedumbre ante los piqueros. Hubo una más que
aceptable labor porfiona con el áspero animal.
Serafín Marín se estrelló en un esfuerzo inútil con el tercero,
aquerenciado en tablas, y que se defendía. Con el sexto, que no tuvo
fijeza ni entrega, aunque algo de movilidad, Marín apostó fuerte. Dando
distancia, desde los medios dio un arriesgado fallero y continuó con una
tanda con la diestra. En las series faltó limpieza en los muletazos, como
consecuencia de la falta de fijeza del cornúpeta. Pese a ello gustó por
su seriedad y quietud en una faena que remató con manoletinas.
Abrió plaza Lebrija que, sin seguridad lidiadora, lo pasó mal a la
hora de matar al peligroso primero. Tanto el cuarto, que fue devuelto por
invalidez, como el sobrero, le hicieron perder el engaño y tomar el olivo
cuando lanceaba. Con la muleta tampoco se le vio confiado.
Luis Rubias salió triunfador de la mansada de Los Derramaderos gracias
a un oficio bien aprendido.
|
|
|
 |
|

|
|

|
Aspectos
legales de la Autoridad taurina |
|
|
|