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Festejo
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 22 de septiembre de 2002
Novillada picada
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Novillos de Toros de San Miguel, muy
bien presentados, serios y astifinos, aunque mansos. Destacó el cuarto
por noble y repetidor.
Diestros:
Entrada: un cuarto de entrada.
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
El País, Diario de Sevilla
PortalTaurino.
MANUEL VIERA. Gris, como la tarde
No es fácil describir lo nada visto sobre el albero sevillano.
Horrenda función de toros en la Maestranza, que como en las tardes de
verano predominó en la plaza el turista ávido y
curioso por presenciar lo que allí sucede, haciendo del festejo un falso
espectáculo donde aplauden lo banal porque no entienden ni saben que es
lo auténtico.
Así que para escapar de la monotonía, incluso del espanto de lo
que sucedía en el ruedo, nada mejor que enfrascarse con la extraña y polémica
retirada del toreo de José Tomás, obligado tema de conversación con los
compañeros de la crítica.
Y es que la bien presentada novillada de la familia González Sánchez-Dalp
dejó huérfana de triunfos a quien se supone lo buscaban con ahínco.
Sosos animales que, aunque no molestaron, sí sorprendieron por la
ausencia absoluta de casta. Destacó el cuarto, noble y repetidor en los
engaños. Los demás destacaron por la mansedumbre.
Con una insistencia admirable Manuel Escribano trabajó a destajo para
doblegar a sus novillos y conseguir un triunfo que se le escapó por muy
poco, sobre todo con su primero. Tuvo ganas y demostró ambición, aunque
se quedó sin conseguir su objetivo. El tercero fue un manso al que
aprovechó con la diestra en tandas de muletazos muy templados y
de largo recorrido. Aguantó parones y supo atemperar las embestidas con
verdadera seguridad. No consiguió iguales cotas en el toreo al
natural quizá por el escaso recorrido del animal. Se entregó en la
estocada, pero falló de mala manera con el descabello perdiendo un seguro
trofeo.
Se fue de nuevo a la carga, a portagayola con el sexto, como cada
tarde. Se esforzó con las banderillas, aunque sin demasiada suerte en su
conjunto, destacando los pares por los adentros, y se estrelló con un
manso con genio y sin recorrido con el que no le quedó mas remedio que
acortar distancias y asustar entre los astifinos pitones. Con la espada no
fue eficaz.
Hay que afirmar que el joven Girón que ilusionó con su toreo
una tarde de otoño en la localidad sevillana de Morón de la Frontera
hace dos años, vuelve hoy a parecerse al Cesar Girón visto en Sevilla.
Habrá que esperar para comprobar resultados futuros, pero las
expectativas vuelven a ser más halagüeñas que en temporadas
anteriores.
El sevillano toreó de capa con gusto y empaque, y manejó la muleta
con ritmo y despacioso recorrido. Consiguió con la diestra muletazos de
buen trazo al astifino y manso primero. Algún que otro natural resaltó
en la discontinua faena, que para colmo no tuvo buen final con la espada.
Hubo claras diferencias con el cuarto, el mejor novillo de la tarde, al
que recibió con largas cambiadas de rodilla en el tercio para después
ligar y templar embestidas en una faena de más a menos a la que le faltó
continuidad, a pesar del esfuerzo por conseguirlo. El toreo al
natural tuvo escaso resultado positivo, sólo algún que otro pase
ajustado destacó en el intento. Con la espada mal.
La sencillez de su toreo y la claridad de ideas de Salvador Vega no se
manifestaron esta tarde en Sevilla. Con el manso segundo demostró oficio,
lo único posible ante la escasa entrega del animal. La buena estocada fue
merecedora de la ovación que recogió desde el tercio. Con el soso
quinto toreó sin demasiada convicción. Los muchos pases carecieron de
emoción, despegados, aunque lentos y largos. Predominaron los enganchones
con la izquierda y para colmo mató de un bajonazo infame.
El
País. ANTONIO LORCA.
Ilusiones vanas
El cartel era uno de los más rematados del año y se abrigaba la
esperanza de que los tres chavales demostraran sus posibilidades de
futuro. Pero, una vez más, no fue posible. Fallaron los novillos, mansos,
sosos y muy deslucidos, que en nada colaboraron a la brillantez del espectáculo.
Mansearon en los caballos y estuvieron más pendientes de los movimientos
en los tendidos que de los toreros. Y fallaron los novilleros, que se
mantuvieron en el tono gris que impusieron sus oponentes y, a pesar de su
juventud y maneras, no fueron capaces de levantar la tarde.
El más experimentado es Girón, quien tuvo momentos muy lucidos,
aunque no remató ninguna faena. Tiene madera de torero: valor, quietud,
temple y gusto. A su primero lo recibió con empaque en unas verónicas
con las manos bajas. Se empleó en el tercio final, se colocó muy cerca
de los pitones y consiguió muletazos estimables. Algo parecido le ocurrió
en el cuarto, con el que Girón anduvo muy centrado. Tiene una buena
concepción del toreo aunque ayer no llegó a rematar una tarde de
triunfo. Salvador Vega se llevó la peor parte. Es torero preocupado por
componer la figura y poco por torear como exigen los cánones: se coloca
mal, abusa del pico y aburrió mucho.
Hay muchas esperanzas puestas en Escribano, un chaval valiente, alegre
y bullidor, pero también acelerado, lo que resta prestancia a su toreo.
Recibió a sus dos novillos en la puerta de toriles con más voluntad que
lucimiento, los lanzó con rapidez, los banderilleó con desigual fortuna
y mejoró en la muleta; en su primero destacaron varias tandas con la
derecha y algún pase de pecho largo y templado; en el otro, caída ya la
noche, derrochó voluntad pero no fue capaz de romper una tarde aburrida
en la que se desvanecieron muchas ilusiones depositadas en tres chavales
que formaban uno de los carteles más ilusionantes del año.
Diario
de Sevilla. LUIS NIETO.
Más
luces que sombras
Más
sombras que luces, debido fundamentalmente a unos novillos sosos y distraídos
en general. Una novillada bien presentada de la ganadería Toros de San
Miguel, hierro de Manolo González, sin entrega. Y, en consecuencia, la
terna no brilló artísticamente, si bien se justificaron los sevillanos César
Girón y, fundamentalmente, Manuel Escribano, que dio la única vuelta al
ruedo.
César Girón cumplió en su lote. Ante el primero, almíbar, de
escasas fuerzas y distraído, ganó terreno en los lances de recibo. En la
faena, en las afueras, por ambos pitones, en tono medio, hubo algunos
muletazos sueltos estimables.
Ante el manejable cuarto, Girón estuvo decidido. Lo recibió con dos
largas cambiadas de rodillas en los tercios y, de pie, dibujó un par de
buenas verónicas. La faena tuvo un inicio espléndido, con un doblón de
cartel. En las afueras, las dos primeras tandas con la derecha fueron
deslucidas por enganchones. Entre los brillos, un par de naturales largos
y de bello trazo. Salpicó la labor con pinceladas artísticas, como un
airoso pase de desprecio.
Salvador Vega, ante el noblón y distraído segundo, estuvo firme. Ganó
terreno en el capote. Con la muleta, labor de aguante ante unas embestidas
plomizas. Mató de un fulminante estoconazo.
Con el reticente quinto, faena de pundonor. Arriesgó en un inicio de
rodillas junto a tablas para acabar en un arrimón.
Manuel Escribano, por desparpajo y entrega, llegó con más facilidad
que sus compañeros al tendido con un novillo que manseó. El de Gerena lo
recibió a portagayola, de rodillas, con una larga cambiada. En
banderillas prendió un par arriesgado al quiebro. La faena tuvo buen
tono, con un inicio mandón. En los tercios, sacó una buena tanda con la
diestra, con pases largos; otra más, por ese pitón, con toques. Atacó
el novillero al astado, metiéndose en su terreno. Por el izquierdo lo
intentó y el animal no embistió. Subió grados la labor, al final, en
otra tanda en la que intercaló un inspirado fallero y trazó un hermoso
pase de pecho. Se tiró de verdad y enterró la espada. El premio lo tenía
en el bolsillo, pero el novillo se levantó. Para liquidarlo, Escribano
precisó de otros tres descabellos. Dio una vuelta al ruedo, que fue
excesiva por el fallo con el verduguillo.
Al sexto, que salió andando por toriles, le aguantó lo indecible de
rodillas para un larga cambiada frustrada. El novillo, tardo, corto por
ambos pitones, no dio opción al lucimiento. Lo mejor, un quite por
gaoneras ceñidas. Con la franela, tras un inicio poderoso, todo quedó en
un arrimón.
Lo dicho, más sombras que luces en una novillada de la que se esperaba
mucho más en todos los sentidos y que sentenció el mal juego del ganado.
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Aspectos
legales de la Autoridad taurina |
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