|
|
|
Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 21 de abril de 2002
Corrida de toros
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Toros de
Miura, dos fueron
rechazados en el reconocimiento-, bien presentados; 1º, manso y muy
peligroso; los demás, mansos, descastados y manejables. 6º, devuelto por
inválido. Sobrero, de Félix Hernández, manso y aplomado. Diestros:
Entrada: lleno hasta la bandera.
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
El País, ABC,
eldiadeandalucia.com. El
Mundo, Diario de Sevilla
eldiadeandalucia.com.
Francico
Mateos. Un aburrido punto y final a un
malísimo ciclo abrileño
Punto y final. Se acabó una de las peores Feria de Abril de los últimos
años. Se abre un tiempo de reflexión, sobre todo a la empresa, porque
los toreros seguirán queriéndole echar agua al vino, aunque más que
rioja sea ya un rosado peleón. Sevilla se ha convertido, algunos días,
en el hazmereir de la afición taurina española y parte del extranjero.
Posiblemente, si no se introducen medidas correctoras, el próximo año no
pasará nada y la gente volverá a llenar la plaza, y al otro también.
Pero este es un mundo, y la empresa de Sevilla lo sabe por experiencia,
heredado de quienes nos precedieron, y como tal legado hemos de cuidarlo,
mimarlo y mejorarlo.
La corrida de Miura decepcionó. Salvo el primero, que desarrolló más
sentido, los demás no fueron ni asesinos ni tan fieros. Sin embargo,
toreros y cuadrillas van a estas corridas con el traje de trinchera
incorporado, a la guerra. Quizá sea el momento de preguntarse para qué
lidiar estos toros. Se podría hacer un referéndum taurino y
recomendarles a Eduardo y Antonio Miura que, como eso que ponen en la
historia ganadera de los hierros del librito de la Unión, "eliminen
todo lo anterior y la formen de nuevo con vacas y sementales de Juan Pedro
Domecq". Los toros de Miura tienen su sentido si hay toreros
dispuestos a jugársela con ellos. Para bien, o para mal. Ninguno de los
tres espadas anunciados han terminado de entregarse en la última corrida.
Para ver salir seis animales por chiqueros y matarlos sin ton ni son, para
convertir la corrida de toros en un matadero público, para eso mejor
acabar con este hierro y enterrarlo en el cajón del olvido.
El jerezano Padilla, en todo caso, es el único que se puede salvar de la
terna. En su primero destacó un buen par al violín. El toro -dentro de
lo de Miura, no se olvide- metía la cabeza. Se paró pronto y más o
menos cumplió Padilla (en la imagen en un ajustado parde banderillas). El
sobrero sexto de Félix Hernández, parado y sin clase, no le dejó hacer
nada.
Zotoluco no estuvo bien en ninguno de los dos. El primero fue el más
complicado del encierro, sobre todo por el pitón derecho. El cuarto se
paraba y no quería embestir, pero es que el torero estuvo muy espeso, sin
claridad de ideas.
Higares y el segundo no se entendieron, y mucho menos con el quinto, un
toro más que posible al que en sus años buenos le hubiera cortado una
oreja.
PortalTaurino.
Manuel Viera. Ni
siquiera los “miuras”
El optimismo histórico de todo aquel que va a una plaza de toros, quedó
maltrecho, un día sí y el otro también, en este finalizado y nefasto
serial de abril en Sevilla. ¡Mira que había optimismo por ver a
los “miuras”!. Pues ni por esas. Ni siquiera la legendaria divisa ha
enmendado el caos ganadero de una feria para olvidar.
El insólito comportamiento de los pupilos de “Zahariche”
hasta hizo dudar de su procedencia. Solo la alimaña que salió en primer
lugar dio fe de su estirpe, los demás, de bonitas hechuras, altos,
delgados y largos, se comportaron en el ruedo como cualquier otro de los
lidiados en esta plaza durante los diecisiete últimos días. Toros
sin casta, algún que otro noblón; unos con poquito recorrido, y otros
parados, auténticos mulos que se negaban a pasar por los engaños.
Una miurada descafeinada que ratifica el pésimo momento actual de la cabaña
brava. Algo habrá que hacer, y con urgencia, digo yo.
De verdad, fue tan simple el espectáculo que dieron tan deseados
toros, que hasta se le pidió abrevio a los que, con muleta en mano,
trabajaban a destajo en busca de una aparente emoción que nunca llegó en
esta otra plomiza y aburrida tarde.
Comprenderán que con lo expuesto, poco o nada hicieron los que se
jugaban el pellejo con tan renombradas fieras. Solo Padilla mantuvo el
interés del público con su abnegado proceder. Quiso hacer las cosas bien
con el capote y casi lo consiguió con su primer toro, y aunque desigual
en banderillas, el par al violín al tercero fue limpio y espectacular,
corrió después la mano diestra con decisión en las tandas en redondos.
De igual manera lo intentó al natural, pero la sosería y el apagado
andar del “miura” le impidió alcanzar más altas cotas. El bajonazo,
infame. Con el sobrero de Félix Hernández, un buey en el ruedo, lo mató
sin más.
De hecho, el peor parado de la tarde fue Zotoluco. El mejicano pasó un
verdadero calvario para terminar con la vida de la alimaña corrida en
primer lugar. El “miura” que fue aplaudido a la salida de chiqueros,
se pasó el tiempo que estuvo en el ruedo queriendo coger la yugular del
torero. La cara por las nubes, y malas ideas para dar y tomar. Eulalio López,
muy valiente, lo mató como pudo. Con el mansurrón y parado cuarto se
puso demasiado pesado al querer, y no poder, sacarle algún que otro
muletazo de calidad. Con la espada volvió a ser un verdadero desastre.
Así fue o así me lo pareció. En todo caso, Oscar Higares, se le fue
el menos malo y el más potable de los “miuras”. El quinto iba y venía
sin demasiados problemas, y el madrileño que no terminaba de verlo claro.
Su desconfianza le hizo no tener continuidad en una faena en la que nunca
remontó. Pese a la estocada, el público aplaudió al toro y pitó al
torero. Tampoco era para eso. Al segundo, solo carne de matadero, porfió
sin convicción.
Terminó la feria. A lo mejor alguien, no sé, se pone a reflexionar.
Diario de Sevilla.
LUIS NIETO. Miuras con sentido y triste final
A los miuras los embarcaron en la legendaria finca de
Zahariche, a dos pasos de Sevilla, como quien dice, traían las hechuras típicas
de la casa: toros agalgados, con una enorme caja en la que seiscientos
kilos, que fue el promedio de la corrida, ni se notan... hasta en el juego
fueron muy miuras. Toros que desarrollaron sentido en mayor o menor grado
según la lidia. De los cinco estoqueados, únicamente el quinto se medio
dejó para el lucimiento. Tampoco es que fuera franco.
La terna de esforzados estuvo formada por Eulalio López Zotoluco, Óscar
Higares y Juan José Padilla, que acudían por primera y única vez a esta
feria. Unos toreros que merecen todos los respetos. Y más en un ciclo en
el que nos hemos tragado un día sí y otro también encierros
impresentables. Nos han vendido muchas mentiras. Por eso, ante la verdad
de unos miuras con inmenso trapío y peligro hay que destocarse ante
quienes se ponen delante.
Zotoluco intentó el lucimiento con Saltarín, quien se tiró
directamente a su pecho por el pitón derecho, en la salida. El toro
siempre buscó el bulto y el torero quiso lucirse. El mexicano, que no es
muy grande en talla, pero gigante en corazón, se jugó el pellejo y acabó
con un meritorio macheteo a la vieja usanza.
También derrochó voluntad Zotoluco ante el cuarto, rebrincado,
revolviéndose. Y eso que le dieron mucha cera. En ambos toros, que
esperaron en la suerte suprema, no estuvo acertado el torero con los
aceros.
Óscar Higares se las vio en primer lugar con un toro gazapón, que salía
con la cara por las nubes en la muleta. El trasteo del diestro madrileño
no pasó de correcto. Lo mejor lo logró con la capa, donde se medio dejó
el astado.
El quinto, que a punto estuvo de coger a Higares al perder las manos en
el capote, llegó con un molesto calamocheo a la muleta. En banderillas,
el toro le dio un hocicazo a Pedro Vicente Roldán, al que dejaron vendido
en un quite que no llegó. Higares no llegó a cogerle el aire en los
primeros compases y llegaron algunos enganchones que le complicaron el
trasteo. Pero, ojo, el toro no humillaba. El público se puso de parte del
toro. Un toro que, no nos engañemos, jamás se entregó, aunque parecía
una hermanita de la caridad al lado de los otros.
Bien el jerezano Juan José Padilla, que cumplió en los tres tercios
con el reticente tercero, que se lo pensaba mucho cuando embestía. En los
lances de recibo, el torero le hizo humillar y le mostró el sendero
adecuado. Con las banderillas, donde cortó el miura, cosechó muchos
aplausos en un par al violín. Y en la faena, que brindó a Jesulín de
Ubrique, le sacó el escaso jugo que tenía por ambos pitones en las
afueras. Lástima que matara de un feo bajonazo.
El sexto fue devuelto. Perdió las manos, pero no por flojedad de
remos. Daba la impresión de que salió de chiqueros con algún tipo de
lesión. De hecho, retornó por su cuenta a toriles sin cojear. Padilla no
tuvo suerte con el sobrero, un toro de Félix Hernández, voluminoso, un
marmolillo, que cerró de manera triste la feria.
El festejo tuvo ayer un punto y final negro, negrísimo, como esta última
edición taurina de la Feria de Abril.
El
Mundo. Javier
Villán. Final
vulgar como toda la feria
Acabó la Feria 2002, marcada, sobre todo, por un hecho luctuoso: la
muerte de Joaquín Vidal. Lo mismo que hace cuatro años la marcó la
muerte de otro amigo, Paco Apaolaza. Los miuras no han añadido ni más
interés ni más protagonismo a lo que, sentimentalmente, supone el sello
de esta Feria de Abril: la vulgaridad y el desastre.
En una taberna de la calle Zaragoza, De la Torre, de Juan el gallego, y
antes Manzanilla de Sanlúcar, hay una foto que Joaquín y yo contemplamos
juntos muchas veces: Romero, De Paula y Chenel en una goyesca de Ronda.
Otros tiempos y lo digo no sólo por lo decimonónico del atuendo, sino
por la carga de torería que irradian esos tres monstruos. La foto su
composición, su encuadre, sus colores descubre un espíritu de pintor. Al
final de esta Feria 2002, falta de brillos y sobrada de opacidades, con
los miuras arrastrados ayer y con Zotoluco, Higares y Padilla
convalecientes de un inexplicable e injustificado sofocón, es inevitable
la melancolía: por el tiempo que se va, por el futuro que se queda y por
las desilusiones que, día a día agostan el presente de la Fiesta.
Algo se está muriendo en todos los sitios y no sólo en La Maestranza;
algo, por lo menos, está cambiando a manos de los mercaderes del
taurinismo. Por ejemplo, ¿qué está pasando para que a miuras como los
de ayer, afeitados casi todos, noblotes y complacientes, toreros como
Zotoluco, Oscar Higares y Padilla no les cortaran las orejas? Sobre todo,
Oscar Higares, al que le tocó un quinto de dulce y sin ningún terror que
no fuera la leyenda de su divisa.Estamos asistiendo a una degradación de
la belleza y de la emoción.Y acaso la historia de la Fiesta y la estética
de algunos templos de la tauromaquia no sea sino un concepto abstracto,
maldito y propio de románticos. Acaban de devolver el miura sexto, un
toro blandengue y derrengado como los de cualquier otra ganadería.Acaba
de ser devuelto un hermoso animal con su arrogancia agraviada por no sé
qué.
Y mientras los cabestros tratan de llevarlo a los chiqueros repaso, sin
ningún ánimo reivindicativo ni retórico mi último día en Sevilla:
comida con Manuel Vidal, novela a punto de salir y la historia
incuestionable de haber inventado los coloquios taurinos; sobremesa con
José Luis Parada explicaré otro día por qué en mi libro Caneja, una
mirada del siglo XX aparece este gran torero de Sanlúcar . Llamada de
Manuel Vidal a Antonio Hernández, viejos tiempos de la heroica bohemia
madrileña, al que le ha gustado, precisamente, este libro en el que
aparece Parada. Manolo Vidal y él prometen hablar en Madrid de toros y de
las memorias de Caballero Bonald. Ultima copa en la calle Antonia Díaz,
camino de la Puerta del Príncipe. Tarda en salir el sobrero de Félix
Hernández.
Al fin sale el sobrero, bien presentado y sin excesivos problemas, pero
da igual. Padilla no está para nada. También se nos ha ido la esperanza
de ver picar a Efrén Acosta como picó en Las Ventas a un victorino hace
dos años. Hoy Acosta, sin brillos y dentro de una opaca normalidad.
Zotoluco, gigante tantas tardes, hoy también normal y a su estatura de
cada día. Higares, pésimamente vestido y sin darse cuenta del miura
noblote que tenía delante.Juan José Padilla, vulgar incluso en
banderillas: exceso de voces y de gritos. ¿Por qué gritan tanto, por qué
vocean los toreros en La Maestranza? Acaso para ahuyentar el miedo, acaso
para contradecir los famosos silencios de Sevilla. Pero esas voces hieren
y suenan mal.
Ramón Tamames me preguntaba estos días en Sevilla por sucesos,
sucesiones y futuros. Como escribió don Francisco de Quevedo (cito
aproximadamente), le contesto: «Presentes sucesiones de difuntos». Y ¿el
futuro en la prensa especializada o no especializada? Amigo Ramón, ni soy
profeta ni me gusta la futurología. Pero, si Dios no lo remedia, el
porvenir de esta Fiesta grande y heroica El toreo es grandeza, escribió
Vidal serán los museos: el museo de la historia heroica. O un tipical
spanish para turistas japoneses.O para turistas españoles, en Las Ventas
o en La Maestranza, lo cual es mucho más grave.
El País. Antonio
Lorca. No tiene perdón
El primero de la tarde tardó en
orientarse unas décimas de segundo: ésta es la Maestranza, ése es
Zotoluco, natural de México, y me lo voy a comer con patatas ahora mismo.
Dicho y hecho. Al tercer muletazo le soltó un hachazo, le robó el capote
y no se llevó el cuello por delante de milagro. Saltarín se
llamaba el muchacho, de 619 kilos de peso, alto de agujas, ancho de sienes
y largo como un tren. Una vez orientado, fue directo al bulto en cada
oleada. Manseó en el caballo y esperó al torero mexicano con la chulería
del malo de la película. Violento, bronco y de aviesas intenciones, se
dispuso a que Zotoluco sufriera un calvario. Y lo consiguió. Sin motivo
que lo justificara, el torero toma la muleta con la mano izquierda y el
toro se ríe en sus barbas: pero ¿qué hace este muchacho? No había que
ser mexicano para entender que las condiciones del toro exigían otro tipo
de toreo. Y trató de torearlo por la cara, sin convicción y escasos
recursos. Llega la hora de matar: el toro, con la cabeza por las nubes;
Zotoluco, más bien bajito. Y el toro, directo al pecho, y Zotoluco, pies
para qué os quiero. Un número. Mejor dicho, un calvario. Con mucho
esfuerzo acabó con la alimaña, y Zotoluco tomó todo el aire que había
en la plaza.
Fue el garbanzo negro. Pero muy negro. Los
demás se orientaron porque ésa es la marca de la casa, pero no tenían
las malas intenciones de su hermano. Ni mucho menos. Los demás, mansos y
descastados, embistieron con más o menos largura y se dejaron torear.
Especialmente, el tercero, que cayó en manos de Padilla.
¿Por qué no hubo toreo, entonces?
El torero que se anuncia con los miuras
tiene ganado el respeto. Se le suponen el valor y la técnica. Pero, después,
hay que demostrarlo, hombre de Dios.
Pues los toreros no demostraron nada. No
se sabe si asustados por la actuación del primero, si precavidos por la
divisa o, sencillamente, porque no dan más de sí.
El propio Zotoluco se encontró con el
cuarto, un toro soso, como todos, que iba y venía sin ánimo de comerse a
nadie. Pero el torero se colocaba mal, con la muleta retrasada, vaciando
la embestida hacia fuera, con todas las ventajas para el torero y todo el
aburrimiento del mundo para el público. Y así es imposible torear como
Dios manda. Venía Zotoluco a Sevilla con fama de jabato, pero, por lo
visto ayer, no parace más que un diestro con escasos recursos que maneja
los engaños con vulgaridad, a la defensiva, y sin ánimo. Además, dio un
mítin a la hora de matar. No tiene perdón.
Tampoco lo tiene su compañero Óscar
Higares, que pasó por Sevilla como alma en pena con un lote poco propicio
para un estilista, pero a modo para un torero dispuesto, valeroso y con
poderío. Su primero era andarín y soso, pero la faena fue larga,
tediosa, y en cada pase se limitaba a aprovechar el viaje del toro, sin
mando, sin orden ni concierto. ¿Fueron cuarenta pases? Quizá, pero ni
uno bueno. Ni siquiera se embraguetó en las verónicas de salida, en las
que echó fuera la embestida.La escena se repitió en el cuarto. Toreo por
arriba, tirones, pases enganchados. Nada de nada. ¿No habría que
exigirle algo más a quien viene a jugárselo todo a una carta? No tiene
perdón.
Todo el mundo sabe cómo es el toreo de
Juan José Padilla. No es un ortodoxo, ni un artista, pero, al menos, pone
voluntad, lo que no siempre vale. A su primero le dio mucho gritos, y no
quedó claro si lo hacía para asustar al toro o espantar sus propias
dudas. Tampoco toreó: sin convicción, la muleta retrasada, muy
despegado, fuera de cacho, sin cruzarse. Un espanto. Quedó más
justificado en el sobrero, de Félix Hernández, un marmolillo regordío y
manso, que se paró al segundo envite y se negó a embestir.
A pesar de su voluntad, la del torero,
tampoco tiene perdón. En esta ocasión, los toros de Miura no fueron los
culpables.
ABC. ZABALA DE LA
SERNA. El final del un largo y
negro túnel
Hace dos semanas y dos días que nos metimos en la Feria de Abril, sin
imaginar nunca que se tornaría en un túnel largo y negro, sensitivamente
interminable. Paupérrimo y descorazonador balance que sitúa a todos los
estamentos que conforman la Fiesta en la picota. Cada palo que sustente su
vela. Empresas, ganaderos, autoridades varias, figuras y figuritas: o
toman ustedes conciencia de que la situación es delicada de cara a un mañana
inmediato o siguen haciendo caja y que el futuro se las apañe solo. Ante
semejante panorama, ni con Prozac en vena se evita el derrotismo.
La torería andante debe asumir su cuota de responsabilidad. La cúpula
del toreo exige caché, fechas, ganaderías de postín, compañeros de
cartel, éste por delante y aquél por detrás. Y, luego, en las tres
primeras ferias de relieve, Castellón, Valencia y Sevilla, los
triunfadores se llaman, por méritos propios, Antonio Ferrera, Vicente
Barrera y Dávila Miura. Definitorio, ¿no?
En concreto, y no se trata de demagogia barata, en este abril tenebroso
y desprovisto de esperanza, las verónicas más cabales las ha
interpretado El Cid o Luis de Pauloba -con permiso de Finito de Córdoba-
y las zonas del corazón donde el toreo cala de verdad las han llenado
Fernando Cepeda o Antonio Manuel Punta. Sé que dirán que para gustos los
colores, pero en mi subjetividad mando yo. Aunque esto no borra la garra
de El Juli en su primera tarde, la profesionalidad de Manuel Caballero,
solo ante cuatro toros, el temple del castigado Eugenio de Mora, el arrojo
del siempre pundonoroso Liria.
Y, aunque sea a toro pasado, sencillamente porque en la plaza no
trascendió la importancia de la cornada, cabe aquí un recuerdo para
Enrique Ponce, que no expresó ni una mueca ni un gesto de dolor con una
puñalada de más de treinta y cinco centímetros en el muslo. Hasta que
tomó, tras despachar al marrajo de Parladé, el camino de la enfermería.
Ayer, no cambió la perspectiva de nada. Ni los miuras ni los tres
espadas arreglaron el panorama. El mexicano Zotoluco se las vio con un
agalgado y alto bruto que desarrolló maldad a espuertas. Por el pitón
derecho atacaba directo al pecho. La faena fue breve, sobre las piernas, a
la antigua usanza. Al cuarto -cuyos pitones estropeados afeaban su lámina-
le arregló el cuerpo Efrén Acosta bajo el peto. El Zotoluco se enfangó
en una labor tesonera. De nuevo, el pésimo manejo de la espada estropeó
un poco más su buena voluntad.
Padilla disfrutó del mejor toro del conjunto, el enmorrillado y largo
tercero. Saludó con el capote, rodilla en tierra, y se empeñó en
rematar repetidas veces el conjunto de lances, hasta que fue absurdamente
desarmado. Cuarteó bien con los palos, pero al sesgo pasó en dos
ocasiones en falso. A la tercera fue la vencida, pero únicamente clavó
un a banderilla. Después vino el violín, que exaltó los ánimos del
gentío. La faena se sucedió sobre ambas manos, con muletazos de largura,
algo faltos de confianza. Los recuerdos pesan. La obra cayó en intensidad
en su segunda parte. El bajonazo no admitió excusas. Ante la mansedumbre
del sobrero de Félix Hernández que hizo sexto se estrelló sin
paliativos.
Higares toreó con valentía a la verónica y mató a sus enemigos con
rotundidad. Ante el gazapón segundo no hubo opciones de éxito, aunque en
el quinto quedó una duda: ¿con más metros de por medio en cada cite
hubiera lucido más? Dentro de lo que cabe, no fue de lo peor.
|
|
|
 |
|

|
|

|
Aspectos
legales de la Autoridad taurina |
|
|
|