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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del viernes, 19 de abril de 2002
Corrida de toros
FICHA TÉCNICA

Ganadería:
Cuatro toros de
Guardiola Fantoni
(2º, 4º, 5º y 6º), bien
presentados, mansos, difíciles y complicados. Tardos. Se venían abajo en el último tercio.
Dos de Guardiola
Domínguez (1º y 3ª), peor presentados y mansos con violencia.
Caballeros:
Banderillero que saludó: Antonio Perez, el
Perez, en el primero.
Entrada: lleno hasta la bandera.
Incidencias: Don Felipe de Borbón,
que ocupó el Palco del Príncipe, recibió brindis de la terna en sus
primeros toros. El Cordobés
sufrió “un varetazo en hipocondrio derecho, de
pronóstico leve”.
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
El País, ABC,
eldiadeandalucia.com. El
Mundo, Diario de Sevilla
eldiadeandalucia.com.
Francico
Mateos. Alteza, así está esto
Respetada Alteza,
Todos le agradecemos que haya tenido el gesto de acudir a la Maestranza,
la más emblemática de Andalucía, para finalizar su visita oficial a
la comunidad que ha durado dos semanas. Su abuela y ahora su hermana han
sido y son grandes aficionadas, al igual que su padre, el Rey, que han
asistido y asisten con relativa regularidad a la plaza sevillana.
Sabemos que quizá no comparta el mismo grado de afición. Por eso le
agradecemos el esfuerzo y haber cumplido con lo que entiendo debe ser
hasta una obligación, pues, además de ser Príncipe y futuro Rey de
todos los españoles -incluyendo el gran porcentaje de aficionados-, los
toros se han convertido en un referente económico, social y cultural de
Andalucía.
Lamentablemente, Alteza, así está esto de mal. Ya sé que se habrá
extrañado y su cabeza habrá sido un galimatías de contradicciones.
“¿Y la gente paga tanto dinero por un espectáculo tan malo?”, habrá
pensado. Supongo que hasta habrá recordado lo que los supuestos
ganaderos le contaban y no paraban sobre las excelencias de la bravura
de los toros cuando inauguró en Sevilla, recientemente, una edición de
la Feria Mundial del Toro. “Oiga, esto no es lo que me dijeron a mí
en la Feria Mundial del Toro. ¿Y la codicia, y la bravura, y el
recorrido, y la fortaleza, y el empuje, y la emoción?”, le habrá
comentado al teniente hermano mayor de la Maestranza en el Palco. Pues
no, que aquello era como una película, un montaje en el que se dejan
fuera las tomas falsas, que son las más, y sólo se dejan las buenas.
La triste realidad es lo que acaba de ver; un día, y al otro también.
Hoy habrá visto, Alteza, cómo Manuel Díaz ‘El Cordobés’ volvía
a nacer tres veces, cuando el primero le cogió de mala manera en dos
ocasiones y el cuarto una tercera vez contra las tablas. Y es que los de
Guardiola, además de descastados y mansos, como los de las figuras de
estos días atrás, sacaron mala leche, porque los tres toreros que ha
visto hoy no tienen fuerza para imponer el toro descastado, manso y además
tonto.
El Cordobés, Alteza, al menos, aun sabiendo del peligro, hasta diría
que ha cruzado más de lo debido la raya de lo lógico porque ha de
remontar puestos perdidos. El debú del Califa deja poco para el
recuerdo, porque aunque el lote no era bueno, tampoco mostró ni
disposición ni fondo para solventar complicaciones. Y Padilla, todo
arrojo y ganas, habrá que volver a verlo el domingo con los de Miura.
Así está esto, Alteza. Siento que se vaya defraudado. Si no vuelve a
los toros, ya que le solicité en un reciente artículo su presencia en
este día de su adiós a Andalucía, ya sé que no será por su posible
falta de afición, sino porque los taurinos y la autoridad le han
echado.
PortalTaurino.
Manuel Viera. Ni tan siquiera con los "guardiolas"
Ni un eco de esperanza. Ni siquiera lo que se creía reserva de la bravura -hoy los toros presentes en la plaza según manda la tradición- han desmentido la realidad. Seguramente hubo intenciones para presentarlas como una utopía realizable, pero también existía la posibilidad de una regresión hacia un nuevo caos. No se produjo el rotundo fracaso, menos mal, pero tampoco el éxito de una ganadería antaño señera.
Con el toro de hoy para el toreo de hoy nada está garantizado, ni tan siquiera con los "guardiolas" en la plaza. En este sentido todo sigue igual. Se buscó la bravura en el caballo, y ni eso. Algunos solo acudían de lejos, pero con mal estilo. Después resultaron que estaban ayunos de casta. Se pararon, se orientaron, mansearon, se defendieron, y solo el segundo y el sexto tuvieron algo de nobleza en sus escasas embestidas. Pobre balance, pues, para un tiempo de crisis, y de producción del toro. Del bravo, claro, y no de ese otro que deambula por carismáticos ruedos de plazas como la de Sevilla.
Otra tarde más que se une a la concentración de fracasos, sin parangón en ciclos pasados, y que coloca a esta feria entre las peores de cuantas se han celebrado en los últimos años.
Difíciles circunstancias para que Manuel Díaz El Cordobés, Juan José Padilla y José Pacheco El Califa, salieran triunfantes tras la corrida. Aunque fue el valenciano quien mejor lo tuvo para una aceptable presentación en La Maestranza. Fue en el sexto, un toro que embistió con nobleza en la muleta hasta que se cansó. A El Califa le costó un mundo coger el ritmo, el mando, y aunque le adelantó el engaño no consiguió la deseada ligazón. Hubo muletazos con la diestra de verdadera calidad, pero con demasiados altibajos. Tardó en cogerle el buen son con el toreo al natural, solo dos de los muchos trazados tuvieron hondura. Demasiado poco para lo que le pedía el toro más toreable de la tarde. Con el complicado tercero anduvo desconfiado y a la defensiva.
Mucho que torear, demasiado, tenía el primero. El Cordobés le plantó cara muy decidido después de lancear a la verónica con calidad. Vibrante aunque despegado en las primeras tandas, le costó alargar la corta y complicada embestida, tanto, que el fiero animal se lo echó a los lomos en dos ocasiones. Aún más peligro tuvo el cuarto, un toro con sentido que le cogió de muy mala manera cuando iniciaba faena. Magullado y con la taleguilla destrozada lo mató con habilidad.
No fue el toro que Padilla necesita para crear espectáculo con su decidido toreo. Demasiada sosería en sus escasas embestidas tenía el segundo, y el de Jerez, que lo había recibido a portagayola y lo banderilleó de forma desigual, le adelantó la muleta en los cites para después dudar demasiado con los continuos parones del noble animal. Al moribundo quinto solo le dio tiempo a trazarle escasos y templaditos muletazos con la diestra. A ambos los mató muy mal.
Diario de Sevilla.
LUIS NIETO.
El Príncipe, don Felipe de Borbón, presidió
honorariamente la corrida desde su palco, no le gustan los toros y es de
agradecer que cumpliera con dicha misión, ahora bien, con corridas como
la de ayer, difícilmente le prenderá la llama de la afición.
Hubo poca nobleza. Me refiero a la de los toros. De la otra, cartel de
no hay billetes, como en taquilla. Además, el Príncipe estuvo
perfectamente acompañado por Manuel Roca de Togores, conde de Luna y
Teniente de Hermano Mayor de la Maestranza, que sabemos que es aficionado.
Lo del milagro sucedió en el cuarto, que si en lugar de darle un
varetazo, le empitona a El Cordobés, ahora mismo estaríamos escribiendo
con tinta roja. Lo recibió con buenas verónicas. El toro, en un quite de
Padilla, apuntó sus aviesas intenciones por el izquierdo. El Cordobés,
cerrado incomprensiblemente en tablas, en el tercer pase, por alto, fue
prendido por ese pitón de manera aparatosa, electrizante. El bicho le
arrolló y lo lanzó a gran altura. Lo buscó con saña en la arena. Le
propinó una paliza. Todo ello en un abrir y cerrar de ojos. Se levantó
el diestro con la taleguilla destrozada a la altura del vientre, lado
derecho. Se veía en sus carnes el hierro, la señal indeleble de lo que
pudo ser una cornada descomunal. Por eso, muchos espectadores no se
explicaban que después de tan gigantesca paliza, el torero llegase a
sonreír. No era para menos. Se había librado por un milagro. Tras un
trasteo, corto, con más hachazos, acabó el drama.
Con el primero también se vivieron momentos de angustia. Mala colocación
del diestro, que quedó a la intemperie, al descubierto en varias
ocasiones. Sufrió dos achuchones serios. Pero lo más fuerte llegó tras
un pase de pecho con la izquierda. Quedó destapado y el animal lo lanzó
por los aires como a un pelele. El toro, ya orientado, se hizo el dueño y
El Cordobés derrochó valor y pundonor. Tampoco pasó con celeridad en la
suerte suprema y nos dio otro susto de órdago.
Padilla estuvo muy dispuesto. Al segundo, que tardó una eternidad en
salir, lo recibió a portagayola tragando mucho. De pie, fue desarmado en
instantes tensos. Pero el jerezano lanceó con tesón y hasta plasmó dos
medias arrebatadoras. En banderillas destacó en el tercer par de dentro
afuera. Le zurró mucho en varas y el toro, que sangró abundantemente, se
apagó como una vela al aire de la franela.
Al quinto, sin entrega, volvió a prenderle el par más templado de
dentro afuera. “¡Viva Jerez!”, gritó un espectador. Y el jerezano
cuajó una tanda con la diestra, abrochada con un martinete “¡Vamos
toro!”, gritó Padilla para la siguiente. Pero el toro ya no fue más. Y
más parado que el caballo de un retratista, se petrificó hasta morir.
El Califa debutó sin brillo como matador en Sevilla. Espeso y
desconfiado ante el brusco tercero. En el sexto, se hizo más el ánimo.
Sacó una tanda por el izquierdo con cierta solvencia. Pero ni el toro se
entregó totalmente, ni era el día del torero valenciano.
Si no es por la expectación que despertó el Príncipe, aquello
hubiera tenido muy poquito color y calor. En el ruedo, en lo ganadero,
faltó nobleza. Un día más, escaso espectáculo. Y un milagro. La
sonrisa en el gesto dolorido del Cordobés fue más sonrisa. Lo que pudo
acabar en el hierro candente de una tremenda cornada quedó,
afortunadamente, en una una paliza tremebunda.
De nuevo, otra tarde aciaga...y un milagro.
El
Mundo. Javier
Villán. Del
mestizaje a la autarquía
Tampoco los guardiolas han levantado la Feria, la pasión ni la alegría:
otra resignación. Sólo el peligro torvo que algunas veces ensombreció
el albero justifica la mesura y el ánimo contenido de una afición que va
por la cruel vida taurina de fracaso en fracaso; llamo a la puerta del
cielo, taurino por supuesto, que nunca traspaso, qué triste es la vida
sin ver torear, pido a Dios que se apiade de mí (adaptación libre de célebre
bolero).
Los guardiolas no eran toros modélicos y también tiraban a carreta más
que a lidia. Y, como la lidia de los tres diestros, El Cordobés, Padilla
y El Califa, tampoco fue modélica, pues pasó lo que pasó; que la
cornada, igual que el vuelo negro, negrísimo, de un cuervo, never more,
estuvo a punto de ensangrentar el albero de la Maestranza.Tampoco los
toros de Guardiola me han quitado la depre, si bien he de reconocer que no
la han acentuado, pero eso no cambia nada el desastre de esta Feria de
Abril 2002 y de la Fiesta en general.Como dirían unas amigas alemanas,
que han asistido alucinadas a algunos festejos de la Maestranza, ein
grosse catastrophe.
Puede ser verdad que parte de la culpa de los males que sufrimos la
tengamos los periodistas: los madrileños y los extraterrestres.Y un poco,
si se me permite, un poquitín sólo, ¿también los sevillanos? Pero no
pasa nada, tranquilos; ni entre toreros, ganaderos o críticos, aunque a
veces lo parezca. Son falsas rivalidades, como los mano a mano que se
montan algunos toreros. Además, como es ley en periodismo, perro no
muerde a perro. Aunque parece que, en el periodismo taurino, las cosas son
un poco diferentes.A veces, suceden pequeñas escaramuzas de acoso y
derribo al crítico extranjero. Nada de importancia que, sin embargo, no
sucede en otros lugares, ni siquiera en el proceloso norte euskaldún. U
ocurren desencuentros evidenciadores de que no fueron «dos almohadillas»
las que cayeron al ruedo (en el transcurso de la corrida), sino muchas (al
final de la corrida, después del arrastre).
Lo que está ocurriendo en la Maestranza, el desastre de cada tarde, la
negación absoluta del toro de lidia y la resignación sumisa, es cosa de
una doctrina nacionalsevillí que tiene su base en el expansionismo
imperialista del encaste juanpedro, que no es, precisamente, de Colmenar
Viejo o las montañas vascongadas.Andalucía fue siempre tierra de
mestizaje fecundo y de asilo para caminantes. Otra cosa es que cierto
feudalismo franquista la haya venido esquilmando sin sonrojo ni pudor. Soy
partidario consecuente del mestizaje. Aunque, bienvenida la autarquía si
ella nos libera a todos: a la Maestranza de los críticos madrileños y a
la afición de Despeñaperros para arriba de todas las ganaderías que
llevan sangre juanpedro y otras sangres afines: tela marinera.Eso sí que
ha sido y es y, por las trazas, seguirá siendo, una colonización, una
inseminación y un derecho de pernada de sementales enamorados de la luna
que abandona por la noche la maná.
Los guardiola, por lo tanto, nos defraudaron, incluso más que otras
ganaderías de tardes anteriores porque de ésas casi nunca esperamos nada
y de estos ejemplares del Toruño lo esperamos casi todo.
El marialuiso primero volteó dos veces a El Cordobés y le había
advertido unas cuantas veces más. No era un marrajo, mas tenía el
instinto del cazador que sacaba a flote siempre que Manuel Díaz se
descubría. Toro para taparlo mucho y para taparse, técnica lidiadora que
le faltó a El Cordobés. Manolo estuvo toda la tarde a merced de los
toros. Así las cosas la cornada era cuestión de tiempo; al tercer
muletazo el guardiola cuarto le echó mano, le destrozó la taleguilla y
le dejó para el arrastre.
Padilla se fue a portagayola, a la auténtica, en la primera raya.Tres
medias verónicas recias y tres medias envolviéndose en el capote. Esto y
las banderillas al quinto fue lo más llamativo del aguerrido torero
jerezano. También a El Califa le amenazó la cornada. El canijo, tercero,
de María Luisa sacó peligro, sentido y problemática movilidad.
Descabelló El Califa con rabia tras una estocada hasta los gavilanes.
Cierta nobleza del sexto encendió los ánimos: dos tandas aseadas de
derecha y el toro se rajó.
El País. Antonio
Lorca.A merced del toro y los
taurinos
Los tres integrantes de la terna
estuvieron toda la tarde a merced de los toros; unas veces, por causas
imputables a su falta de recursos, su inexperiencia o su sentido
heterodoxo del arte del torear; otras, por las malas intenciones de una
corrida perteneciente a un hierro antaño bravo, pero contagiado ahora de
la degradación general del toro.
Los toreros no triunfaron. Los toreros
pasaron algunos malos ratos que no olvidarán fácilmente, como en los
casos de El Cordobés y El Califa, a los que sólo un milagro ha impedido
que acabaran en el hule.
Pereo no sería justo cebarse con su mala
tarde. Son unos humildes y respetables trabajadores del toreo a los que
los empresarios taurinos pasarán factura con corridas más duras y
emolumentos muchos más bajos que los de ayer. El Cordobés, Padilla y El
Califa no mandan en el toreo, no imponen corridas impresentables, y se las
tienen que ver cada tarde con la más fea, con los toros más imponentes,
los que las figuras sólo ven en fotos.
Por tanto, y para empezar, respeto para
tres toreros que pasan muchos miedos y ganan pocos dineros. Pero junto al
ánimo, la verdad se abre paso: con tardes como las de ayer, su situación
no cambiará.
Inexplicablemente, El Cordobés resultó
ileso después de tres impresionantes volteretas, dos de ellas en su
primero. El torero no está en buen momento. El sitio lo tiene perdido. No
le acompaña la técnica y parece que tampoco la ilusíón. Su toreo es
muy vulgar y transmite inseguridad. Su primero, soso y muy descastado, lo
prendió sin consecuencias al iniciar un pase de pecho y al citar para un
derechazo, y su labor fue tediosa y desordenada. Lanceó muy bien a la verónica
al cuarto, inició la faena de muleta por estatuarios y, al tercero, lo
cogió por el costado derecho y lo arrinconó contra las tablas. El toro
era muy violento y El Cordobés acabó con el calvario con un bajonazo
infame que el público aplaudió inexplicablemente.
Padilla es un torero atolondrado, basto,
excéntrico, heterodoxo y valiente. Tampoco pudo demostrar nada. Recibió
a su primero con una larga cambiada, lo veroniqueó como Dios le dio a
entender, lo banderilleó mal y no pudo hacer nada en la muleta porque el
toro era un marmolillo. Exactamente igual que el quinto, al que toreó muy
despegado y sin clase.
Y El Califa debutó con mala fortuna. El
violento tercero lo descentró. Las inciertas embestidas no permitían
confianzas. El noblote sexto lo dejó sin argumentos. Rectificó en cada
pase la posición, desvió siempre hacia fuera la embestida, y así no es
posible el toreo. A los tres les pasará factura la tarde sevillana.
¿Y el ganadero? El virus de la decadencia
también se ha establecido en el cerrado de Guardiola.Toros sin fuelle,
mansurrones, aplomados, muy blandos y muy descastados; y dos de ellos
buscaban con saña la femoral de los toreros. Se acabó por el momento el
toro desafiante, el toro bravo y codicioso, el toro emocionante de
Guardiola. Se ha impuesto el buey de carreta.
Esta fiesta es una ruina.
ABC. ZABALA DE LA
SERNA. Mansos y
traicioneros guardiolas
A estas alturas de la Feria no se encuentra ya ni
un resquicio de esperanza e inspiración para escribir. La decimoquinta
corrida únicamente ofreció un par de noticias: la asistencia del Príncipe
de Asturias a la Maestranza y que El Cordobés sigue vivo.
Que Don Felipe asista a una plaza es de agradecer, a sabiendas de que
la Fiesta de los toros no se encuentra entre sus aficiones. En principio,
pensábamos que ya que le habían programado a Su Alteza, dentro de su
visita oficial a Andalucía, una tarde taurina, podían haber escogido
otro cartel. Pero, al fin y a la postre, ¿qué corrida ha sido una
explosión de arte, alegría, bravura y buen hacer?
Que El Cordobés continúe ahora con su existencia es una concesión
divina. Velas a San Judas Tadeo, o a quién corresponda, debe encender
Manolo Díaz después de las tres volteretas que le propinaron los mansos
y avisados guardiolas, cuyo peligro se escondía a veces detrás de un
comportamiento engañoso y traicionero. Sobre todo la tercera asustó al
personal, por su virulencia y por la caída de El Cordobés debajo del
estribo. Si el toro hace presa con él contra las tablas, quizá ahora
estaríamos hablando en otros términos. Sucedió al principio de su
segunda faena. Muleteaba el torero a media altura, en el tercio, cuando de
buenas a primeras se le coló el guardiola por el pitón izquierdo. El
derrote alcanzó a Díaz en el costillar y lo volteó a una velocidad
vertiginosa. Desde el callejón asomó un milagroso capote al quite,
mientras las astas buscaban la carne y la sangre. El Cordobés se incorporó
con la taleguilla destrozada, como un boxeador sonado y grogui, en el límite
del K.O. No sabía ni para dónde ir entre los brazos que querían
sujetarlo para que no regresara a la cara del morlaco en ese estado. El
agua fresca sobre la nuca, una bocanada de aire y mucho coraje hicieron
falta para volver y despachar a la bestia, que no tenía un pase. Murió
de un bajonazo feo, pero no merecía otra cosa. El público ovacionó al
diestro, que andaba ya hecho un siniestro.
Porque el vuelo sin motor al que le impulsó el primero de la tarde
también tuvo un duro aterrizaje. El Cordobés se había confiado con
aquellas embestidas asequibles y sin descolgar que, en el fondo, escondían
mala fe, como se comprobó. Díaz se alocó un tanto y se puso otra vez
con precipitación. El toro le enganchó por el bajo vientre y lo zarandeó
sin soltarlo. Lo dicho, velas a San Judas o a otras instancias del
santoral. Después, se tiró con rectitud a matar, se atracó de toro y
cobró una estocada algo contraria y muy meritoria.
La corrida de Guardiola fue un fiasco de mansedumbre y mal estilo. El
violento tercero, al menos, lo cantó pronto, y El Califa tomó sus
precauciones con cierta precariedad de recursos. Tampoco se acabó de
confiar con el sexto, que parecía el más manejable y el de mayor
recorrido del conjunto. Hasta se tragó una tanda a derechas. Mas José
Pacheco no lo veía del todo claro, y en la siguiente serie se desajustó
y hubo ahí sus más y sus menos. Recuperó crédito en tres naturales que
carecieron de continuidad. Las dudas se acabaron cuando el guardiola se
rajó y emprendió la huida. Aunque El Califa no brilló ayer,
precisamente, por su decisión.
Padilla expuso a portagayola, bulló con las banderillas, se desgañitó
con la muleta ante la aplomada condición de su lote y pinchó uvas con la
espada.
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Aspectos
legales de la Autoridad taurina |
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