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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del jueves, 18 de abril de 2002
Corrida de toros

Fran Rivera. Diario de Sevilla
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Toros de José
Luis Marca, -siete fueron rechazados en el reconocimiento-, mal
presentados, mansos, descastados y broncos. EL segundo presentó peligro.
Caballeros:
Entrada: lleno hasta la bandera.
Incidencias: Rivera Ordóñez sufrió una rotura fibrilar en el
muslo izquierdo, al pisarle el primero en la suerte de portagayola.
Infiltrado, lidió el cuarto.
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
El País, ABC,
eldiadeandalucia.com. El
Mundo, Diario de Sevilla
Diario de Sevilla.
LUIS NIETO. Salieron con menos sangra brava
que la oveja Dolly
Por éstas, se lo juro. Ni para mansos de carreta. Con
menos sangre brava que la oveja Dolly. Así salieron los seis astados de
Marca. La pésima racha en lo ganadero durante esta temporada mosquea.
Los criadores de toros de lidia se adelantaron a sus compañeros de
manso -mayor productividad cárnica, láctea, etcétera- en la genética
experimental. Y uno de los componentes perseguidos fue la nobleza para que
el torero cree arte. Pues bien, hemos entrado en el tercer milenio y, al
tiempo de la famosa oveja Dolly y sus clónicos, hemos llegado al toro
descastado. Un toro virtual este del tercer milenio. Un toro que si sale
noble, suele ser un borrego y lo definimos como soso, como si el toro
tuviera que ser tan gracioso como Paco Gandía. Y si sale descastado, si
sale descastado… hasta se echa a mitad de la lidia, como jugando a
agachadito me quedé, como hicieron ayer un par de ellos ¡Viva el toro
virtual!
Cómo sería lo que ocurrió ayer que, en el último, sin otro defecto
que su infinita mansedumbre, el público comenzó a protestar y hasta acabó
tirando almohadillas al final. El presidente, el hombre, al no tener
defecto alguno el manso, lo mantuvo reglamentariamente en el ruedo. Y es
que el público estaba como loco porque saliera un sobrero -los dos
correspondían a Yerbabuena, la ganadería de Ortega Cano-, por si alguno
era un toro y embestía.
Decepción ante una de las corridas de mayor expectación, con la
Maestranza abarrotada. Menos mal que la terna, con oficio y habilidosa con
los aceros, hizo que aquella pesadez interminable no alcanzase ni las dos
horas de reloj.
De lo que sucedió en el ruedo la otra noticia saltó con el que abrió
plaza. Rivera Ordóñez lo recibió a portagayola, en una larga cambiada
de rodillas, de la que salió tan comprometido, que el toro le pisó el
muslo derecho. El torero aguantó cojeando el chaparrón del primer
descastado. De pie, toreó bien a la verónica, con una notable media. En
la muleta sacó de querencias a Cantaor, que siguió dando el cante por su
mansedumbre.
Rivera salió infiltrado a matar al cuarto, Desterrado, al que podían
haberlo mandado a Suiza con una vaca lechera. Perdió en un par de
ocasiones las manos. El torero, voluntarioso, puso la emoción al meterse
en sus terrenos y sacó una interesante tanda con la zurda. El regalito le
propinó un serio hachazo por el derecho. No hubo más historia.
El Juli hizo bien en no banderillear al segundo, otro malaje. No podía
lucirse. La cuadrilla, no acostumbrada, pasó las de Caín. Su peón, Bélmez,
estuvo a punto de ser cogido con los palos. Al toro, que esperaba y medía
mucho, se lo quitó con oficio el madrileño, también recibiendo un
hachazo por el izquierdo.
En el quinto, que no era para lucirse con los rehiletes, falló en uno
de los pares -debido a un arreón- y clavó al aire; algo extraño en un
torero que siempre encuentra toro en este tercio. Aguantó algunos gañafones,
que el manso lanzó para que lo dejara en paz y poderse refugiar en
chiqueros.
Debutó Rafael de Julia como matador en la Maestranza. Y, como sus
compañeros, no pudo lucirse. Voluntarioso con el tercero, otro toro ¡de
bandera!, que llegó a echarse en un par de ocasiones, una de ellas antes
de que lo finiquitase. Con el sexto, parado, la desesperación para el
torero, para el público, supongo que para el ganadero y para las madres
que parieron a todos esos toros descastados… que tuvieron menos sangre
brava que la oveja Dolly.
PortalTaurino.
MANUEL VIERA. Esto cae en picado
Duele decirlo, pero más aún duele sufrirlo. Esto cae en picado. Nadie
lo arregla. Y lo que pasa abajo es un coñazo que no lo aguanta arriba ni
el más tranquilo de los optimistas. El oficio de recordar, aunque solo
sea lo ocurrido en este ruedo en los últimos años, tiene siempre algo de
laberíntico, de castigo, de destino fatal, quizá, por eso debe ser tan
difícil acordarse de alguna tarde, en esta plaza, tan caótica como la
que hemos vivido hoy.
La fortuna del que se pone delante del toro es que este le funcione,
entiéndase le embista, y aquí, esta tarde, nada ha funcionado. A pesar
de que son ellos los que lo piden, los que lo exigen y lo desean. Alguno
imaginó que, a lo mejor, hoy sería diferente. Que la embestida del toro
de Marca funcionaría con la precisión de un reloj suizo, y se pusieron a
trabajar hasta agotar la escasa cuerda. Pero del aburrido y monótono
trabajo ninguna recompensa sacaron y sí provocaron el pataleo y el enfado
del paciente y cansado espectador.
En cualquier caso, y tal como están las cosas, si el toro no existe me
temo que con urgencia habría que inventarlo. ¿ O no?
Para ser sincero, poca cosa queda por decir que ya no se sepa
sobre el ocaso ganadero. Parece que, se escriba lo que se escriba o se
diga lo que se diga, estamos todos condenados a sufrir tardes tan
inaguantables como esta.
No es habitual que seis toros den tan nefasto juego en la plaza. Que a
seis bueyes no se les saque ni un solo pase. La mansa y descastada corrida
de Marca solo sirvió para provocar el bostezo y la desolación.
Lo más interesante fue, sin duda, la entrega de que hizo gala
Francisco Rivera Ordoñez. Desde irse a chiqueros con
total decisión a recibir al primero, hasta los naturales al complicado
cuarto, pasando por los entonados lances de capa, tuvieron clase y
calidad. Tuvo este manso descompuesto mucho que torear. Rivera Ordoñez,
aguantó miradas, paradas en seco, tragó quina, y no se amilanó
ante tan descompuestas embestidas. Eso sí, es un pésimo matador de
toros. De todas formas, este no fue el mismo Rivera de la anterior tarde.
No pudo siquiera enardecer a las masas con los espectaculares pares de
banderillas. Ni eso le salió bien a El Juli, que no quiso coger los palos
con el distraído y complicado segundo. Ni a este ni al quinto le
pudo dar un solo muletazo. Pobre bagaje para el madrileño en feria tan
escasa de triunfos.
Algún que otro derechazo entonado le sacó Rafael de Julia al
moribundo tercero. El único toro que se le atisbó nobleza. Le picaron
mucho y mal. Tanto es así que quiso morir antes de que le metieran
la espada. Y al mulo sexto, ni el saludo. Nada de nada. En definitiva, una
tarde que invitaba a la esperanza y se convirtió en una nueva frustración.
Y van...
El
Mundo. Javier Villán.
Deprimente y esperpéntico
Son las 20.13 horas de la tarde, acaba de terminar la corrida, o sea
que, de tiempo, vamos putamadre; y, pese a dicha tan grande, no tengo gana
alguna de dictar la crónica.Me ha dado la depre: como a los toros de
Marca. Yo creo que los toros de Marca estaban con tal colocón de melancolía,
que si se echaban en la arena, no era por falta de casta sino por
desesperación.O por no tener clara su identidad.
Eran bueyes o mulos en busca del arado o la carreta y van los taurinos
y los sueltan en La Maestranza. Y, al pensar que seis de sus hermanos habían
vuelto a la dehesa por decisión veterinaria, se pusieron muertos de
envidia. Y así, en esas condiciones psicológicas, no hay quien embista:
ni los grandes ni los chicos. Acostumbrados estamos a echar la culpa de
todo lo que pasa en los ruedos al tamaño de los toros, que salen búfalos,
oiga, búfalos todas las tardes por esas plazas de Dios. Y por eso, por su
desmesura, no embisten. Y luego ocurre que salen otros más en tipo y
tampoco embisten.
Y así, ¿qué van a hacer toreros como El Juli, Rivera o Rafael de
Julia en tardes como ayer? Ser torero, y ser sobre todo figura, es muy
duro; pero mucho más lo es ser toro de lidia. A ver quién es el majo
que, oliéndose lo que le espera, se pone a embestir y a regalarles
cortijos, Mercedes y fama inmortal a los toreros.Lo malo es que El Juli y
Rivera Ordóñez, seguramente, ya tienen todo eso. Rafael de Julia, en
cambio, está empezando, no es figura mediática ni de las otras, aunque
torea muy bien, y tardes como la de ayer le ponen la carrera cuesta
arriba.
Así que el problema de corridas como la de Marca y de la Fiesta en
general, a lo peor no es tanto una cuestión taurina como una cuestión
psiquiátrica. Hay que crear, si no existe ya, el psicólogo de toros, el
psiquiatra de toros que les arregle sus desequilibrios emocionales. Los
desequilibrios de casta, pitones y fuerza, es cosa veterinaria y ganadera,
y por ahí yo creo que no hay arreglo. Por el lado de la psicología y de
la psiquiatría, quizás.Es una idea que brindo gratis, y llevado de mi
altruismo, a los abogados de las asociaciones de toreros, ganaderos...,
que ponen el grito en el cielo ante el pensamiento crítico y están
llevando este negocio al desastre. Pero saben que no pasa nada, aunque nos
pongan al borde del abismo y vulneren las leyes más elementales del
capitalismo.
Saben que no pasará nada, pues los toreros van a lo suyo y se
justifican con cuatro muletazos. Por cierto, Rivera Ordóñez estuvo ayer
muy serio en el cuarto, muy responsable; lástima que una labor opaca pero
a conciencia la emborronara con la espada. El Juli no pudo justificarse
ante los dos bueyes de su lote, ni siquiera banderilleando. Y el estilista
Rafael de Julia, triunfador el año pasado en San Isidro, dio
probablemente los mejores muletazos de la tarde en su primero sin que eso,
naturalmente, tuviera la más mínima repercusión.
Y a todo esto, la plaza de La Maestranza anestesiada en religioso
silencio. La más leve protesta es acallada como si estuviéramos en misa.
Yo creo que eso no es cosa de estilo, de personalidad, sino de resignación.
Si alguien comete la incorrección de tirar una almohadilla al ruedo,
incorrección intolerable y maleducada, por supuesto, es recriminado como
reo de lesa tauromaquia.
Parece que lo más grave que ocurrió ayer en Sevilla fue la caída al
ruedo de dos, dos y ni una más, almohadillas. Acaso esté exagerando, mas
puede que la corrida de ayer de José Luis Marca sea la peor de los
modernos tiempos. Digo que puede porque hace unos días la de Garcigrande
también fue la peor corrida de esta era; o sea que ya tenemos dos. No sé
qué política empresarial de compra y selección de ganaderías se ha
aplicado en esta desesperante Feria de Abril, pero los resultados están
siendo desastrosos.
La característica esencial de ayer fue una perplejidad
contumaz.Perplejidad de los toros que iban hacia la arada y se encontraron
en La Maestranza; perplejidad del estilista Rafael de Julia, triunfador en
Las Ventas, por la ocasión perdida; perplejidad de la gente porque, en su
primero, El Juli pasó de banderillas; perplejidad del propio Julián López
que clavó al aire en su segundo y le pitaron. No es que El Juli sea el
mejor banderillero de la historia, pero, habitualmente, clava en negro y
no da arponazos al aire. Y espero que algún familiar muy próximo a él,
no me exija poner banderillas para juzgar al Juli con los palos.
eldiadeandalucia.com.
Francico
Mateos. Atraco en La Maestranza
La Feria de Abril toca fondo. Todos son culpables, menos el que paga.
Se están cargando la Fiesta. La gente, no obstante, sigue tragando y
llenando plazas. Si hay suerte, la Fiesta continuará, pero para que
exista más belleza en el ruedo de la Maestranza, en vez de anunciar 6
mierdas 6, mejor que saquen un carretón y contemplemos la maestría de
los toreros toreando de salón.
Dicen las figuras de hoy día que en las plazas de importancia tienen que
anunciarse con toros de confianza. Así debe ser, porque a los toros de
Marca que impuso El Juli sólo le faltaban sentarse -ganas tenían- y
tomarse un refresquito con el joven torero. Fui testigo de cómo un
matrimonio de avanzada edad tenía que abandonar la plaza sevillana tras
la lidia del segundo astado porque el hombre tenía una férula en la
rodilla y las incomodidades de la plaza -tras depositar en taquilla 15.000
pesetas- no le permitían estar por más tiempo en el coso sevillano. Y
encima de las muchas incomodidades le largan gato por liebre en el
ruedo...
Realmente estoy asustado. Recuerdo que hace tres temporadas, la empresa
decía que ese año no venían los toros de Victorino Martín porque el año
anterior no había sido buena la corrida. Y desde entonces, castigados.
Tras lo visto esta semana, no sé donde leches van a buscar toros, porque
por esa regla de tres casi ninguna volverá ni el año que viene ni los
sucesivos. ¿O es que la empresa -quizá presionada por diversos cauces
mediáticos y muy influyentes- mide y castiga de distinta forma? Por
cierto, ¿dónde está la empresa? ¿Por qué no dan la cara? ¿Ofrecerán
una rueda de prensa de valoración tras la Feria de Abril?
Todos los toros de Marca, mansos, descastados, desrazados, sin fuerzas,
parados, defendiénsose, huyendo, anovillados varios, bastos otros,... Un
atraco en toda regla. En febrero del año que viene vendrán los señoritingos
del campo supuestamente bravo a contar en la Feria del Toro las muy
supuestas excelencias de los toros que malcrían.
Rivera Ordóñez nada pudo hacer con el primero, al que recibió a
portagayola. Con el novillo corrido en cuarto lugar, que se defenidó y se
orientó, estuvo valentón y sacó raza. Rafael de Julia pasó
inadvertido. Su primero debió ir para atrás por manifiesta invalidez -el
toro o lo que fuera terminó echándose-, pero ya se sabe que la autoridad
es compinche del atraco. También el sexto, un mulo parado por falta de
fuerzas, debió devolverse, pero la autoridad quería echarle una mano a
la empresa y ahorrarle un dinero.
El Juli defraudó en el segundo. Con un toro deslucido y muy mal lidiado
por la cuadrilla y peor banderilleado -el torero no quiso ponerlas-, Julián
no se enfadó, ni se embraguetó, ni macheteó con torería, ni aliñó al
astado, ni le tocó los costados como en viejos tiempos, a un animal a la
defensiva. Conformista, porque si se esfuerza y se pelea con el toro y lo
mata bien por arriba le hubieran tocado las palmas. El Juli terminó
pronto con el anovillado quinto, que se rajó y se fue a tablas.
Todos, ganaderos y toreros, cobraron al final del festejo; y lo que sobró,
para la empresa. Mientras tanto, las carteras de los aficionados se dirigían
al Real de Feria más ligeritas de peso. Un atraco.
El País. Antonio
Lorca. Se burlan del público
Al finalizar la corrida, el ruedo quedó regado de almohadillas. Era la
expresión del profundo enfado del respetable, que se sintió estafado por
una corrida mal presentada, fea, mansa de solemnidad, blanda y descastada.
Pero antes de seguir, una aclaración: el dueño de los toros compró
la ganadería en 1974, eliminó todo lo anterior y compró vacas y
sementales de Juan Pedro Domecq. Y de este mismo señor eran los toros del
miércoles. A ver, a ver: ¿no parece un poco raro tal coincidencia? ¿No
será que alguien ha impuesto que se lidien los toros de Marca, justamente
por su procedencia? Adivinanza: ¿quién ha podido ser?
La secuencia de los hechos en tardes como la de ayer y con una figura
importante en el cartel suele ser, más o menos, así: el apoderado le
comunica a la empresa que esto es lo que hay; la empresa se lava las
manos; los veedores del torero eligen la corrida en el campo, y, como
tienen buena vista, escogen los más bonitos. La autoridad los rechaza por
falta de trapío. Pero el ganadero tiene más toros, tan esmirriados como
los anteriores, y alguno, incluso, sospechoso de haber sido afeitado, pero
ahora la autoridad se lava las manos y los aprueba para evitar males
mayores. ¿? El equipo de la figura está contento, se supone. Sus compañeros
de terna, callados como muertos, se benefician de la situación. Además,
ellos no mandan.
Sale un toro, y otro, y otro, y la gente, que no es tonta, se siente
burlada. Se burla la empresa, que se somete a la imposición de un torero;
se burla el torero, que, como cualquier figura, podría llegar, incluso, a
amenazar con no participar en la feria si no se aceptan sus condiciones;
se burla el ganadero, que presenta toros impresentables; y se burla la
autoridad, que los aprueba para evitar el conflicto que podría originar
una posible suspensión. Pero, entonces, ¿quién defiende aquí al que
paga? Nadie. Se burlan del público con un descaro bochornoso. Y el público,
bendito y poco ducho en materia taurina, se enfada, algunos protestan, y
la mayoría volverá mañana para que la engañen de nuevo.
Por cierto, El Juli se encontró con un primer toro complicado, bronco,
violento, y el torero se defendió sin recursos y lo mató con brevedad.
Algunos espectadores, no muchos, se lo recriminaron. La verdad es que el
torero no utilizó técnica alguna para justificarse ante el público. Lo
fácil para la figura es tirar por la calle de en medio y esperar al
siguiente. Es lógico, sin embargo, que el espectador exija que el torero
exponga algo más, y trate de superar las dificultades del toro. Que no,
que el toro era muy complicado. Pues que sepa el torero que una entrada de
tendido de sombra cuesta 63 euros, lo que da derecho a alguna exigencia,
se supone. Por cierto, ¿cuánto cobra El Juli? Sería bueno saberlo para
concluir si debe o no asumir algo más de responsabilidad. Intentó
justificarse en su segundo, que era el último toro de su feria, pero el
desastre ya no tenía remedio y su actuación resultó muy pobre.
Al final, Rivera y De Julia pagaron los platos rotos. El primero estuvo
abúlico en uno y se justificó en el otro. De Julia exprimió la
embestida de su primero con enorme torería y pasó apuros con el
marmolillo sexto.
ABC. ZABALA DE LA
SERNA. Toros de garrafa y
nuevo escándalo
Anunciaban toros de Marca, pero aquello era bravura de relleno, garrafa
pura. «Oiga, un JB con hielo», el cliente. «Son diez euros», el
camarero. Y el güisqui que no corresponde a la etiqueta de la botella y
por tanto no vale diez euros. O sea, una engañifa, un timo, una estafa
que además produce resaca y una cefalea considerable. En el caso taurino,
el dolor se centra en la cartera y en la ilusión del aficionado, que se
«retrata» en la taquilla para que otros hagan caja.
¿Y quién se responsabiliza del fiasco, de los toros aguados y falsos?
¿La empresa, los maestrantes, el figurón del toreo que impone la
ganadería, el ganadero? El ruedo acabó sembrado de almohadillas. El
cabreo se palpaba en el aire a la muerte del sexto, otro manso como sus
hermanos, feos, chicos algunos, cebado otro, aparentemente afeitados
todos.
Ni el gaditano Ernesto González tenía ganas de las habituales chanzas
que nos amenizan a sus compañeros de localidad los funerales que venden
por espectáculos. «¿Quién es José Luis Marca para lidiar en la Feria
de Sevilla?», alguien preguntó. Ernesto miró el programa que explica la
procedencia actual de cada hierro: «...en 1974 pasó a don José Luis
Marca Rodrigo, que adquirió vacas y sementales a don Juan Pedro Domecq
Díez, eliminando todo lo anterior». Vale.
La tarde fue de capa caída, de mal en peor. Huían aquellos
sucedáneos de toro de los caballos, carentes de clase, con mal estilo,
desbravados, sin fijeza. Juli no quiso banderillear a su primero, un
animal basto de 599 kilos. Hizo bien, porque una figura no ha de coger los
palos por decreto ley todas las tardes, y menos cuando no se atisban
posibilidades de lucimiento. Anduvo breve con la muleta ante las oleadas y
los cabezazos de garrafón. Ya puestos, tampoco hubiese ocurrido nada si
no banderillea al terciado quinto. Un solo par se salvó de la quema
después de clavar al aire la segunda reunión. Con el enemigo rajado y en
franca fuga, El Juli naufragó. El público le abroncó al abandonar el
coso como una de las partes responsables de haber traído semejante
ganado. Que tome nota.
Rivera Ordóñez realizó un esfuerzo loable con el cuarto, de tan
pobre presencia como el resto y de igual calaña. Rivera sacó agua de un
pozo seco. Todo lo logrado fue mérito suyo; el bruto únicamente aportó
incertidumbres. Al toro que rompió plaza lo saludó a portagayola
después de una espera tensa, capaz de reventar el corazón más
engrasado. Distraído apareció el ejemplar de José Luis Marca, y el
torero aguantó hasta alcanzar su objetivo. Luego, no sirvió, sin que
esta vez cupiera achacar responsabilidad alguna al diestro.
Rafael de Julia se estrelló contra un lote infumable. Obtuvo poco del
mulo tercero, que se echó e mitad de faena, y menos del renqueante sexto.
Llovieron almohadillas para despedir la tarde. Pitos, quejas, abucheos.
Escándalo en definitiva. Otro más. Y van...
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Aspectos
legales de la Autoridad taurina |
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