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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 16 de junio de 2002
Novillada con picadores

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Novillos de Gabriel Rojas, aceptables de presentación y nobles, aunque justos de fuerza. Destacaron 2º y 4º por su calidad.". 

Diestros: 

Entrada: más de media plaza.

Crónicas de la prensa: PortalTaurinoABC, Diario de Sevilla, El País.


ABC. FERNANDO CARRASCOMartín Quintana logró un trofeo

Una oreja... y pare usted de contar. Hombre, si se mira por el lado del trofeo, se puede escribir que al menos se tocó pelo. Pero cuando nos ponemos a enjuiciar el juego dado por los dulces novillos de Gabriel Rojas, se antoja premio excesivamente ridículo. Astados de almíbar, sosos, eso sí, pero manejables, yendo y viniendo todo el tiempo, sin molestar a los toreros, tomando los engaños con suavidad y buenas maneras.

Buenas maneras

Cortó trofeo el extremeño Martín Quintana en el segundo de la tarde, al que supo sacar partido. No hizo nada destacable con el capote pero el de Rojas fue desarrollando su nobleza en el transcurrir de los tercios, de manera que llegó a la muleta con son y embestidas templadas y pastueñas. Quintana bajó la mano desde el principio, en el prólogo con cierta rapidez, para ir adquiriendo reposo los muletazos y buena factura, que sabe hacer el toreo el chaval. La faena tuvo momentos muy buenos, que intercaló con esa obsesión por torear demasiado encima, defecto que hizo que el novillo se quedase más corto. Pero la base del trasteo tuvo enjundia y ligazón. Dejó una estocada de efectos rápidos y la oreja tuvo mayoría en su petición. Con el quinto bis. Quintana construyó una faena tesonera en la que destacaron algunos muletazos sueltos, pero faltó la continuidad. De todas formas, tiene el chaval oficio. Buena presentación en la Maestranza en su conjunto.

Manuel Carbonell se afanó con el que abrió plaza en lances voluntariosos. El de Rojas, noble en sus embestidas, llegó al tercio final repitiendo pero sin terminar de humillar. El de La Algaba le mostró siempre la muleta y las series transcurrieron entre el deseo del chaval por ligar y obtener el triunfo, y la realidad de una faena en la que brilló, sobre todo, el toreo al natural. A portagayola se fue a recibir a su segundo, con una larga afarolada comprometida. Con la muleta, consiguió series de cierta altura y estimables muletazos.

Voluntad y tesón

Reyes Ramón se fue a chiqueros a las primeras de cambio. Buen comienzo de faena ante su primero, otro novillo noble y manejable. Ramón, que también tiene oficio, lució bastante bien en el inicio, para luego ir difuminándose la faena al torearlo más en corto, cosa que propició que el novillo acortase sus embestidas. Dos largas cambiadas le dio al que cerró plaza, iniciando la faena de rodillas. Este astado, aunque noble, fue más sosote en sus embestidas y no terminó de emplearse del todo, por lo que la faena no alcanzó los vuelos deseados y se circunscribió a la voluntad y tesón del toledano.


PortalTaurino. MANUEL VIERAInteresante, sin más

Pongamos que usted no ha visto nunca un festejo taurino. Pongamos que esta es la primera vez que usted acude a una plaza de toros. Y pongamos que a la pregunta de ¿qué le ha parecido el espectáculo?, usted contesta: “muy interesante”. Pues eso, interesante, sin más. Esta es la mejor definición de lo ocurrido esta tarde en La Maestranza. Porque interesante ha sido el juego de los utreros de Gabriel Rojas y las formas de Martín Quintana.

Novillada a modo de la casa, con exquisita nobleza y escasa fuerza. Novillos que iban y venían si molestar a nadie. Embestidas sosas, sin demasiada emoción, pero aprovechables. Y, sí, claro, todas las tardes vienen gente que torean, aunque no todos los que torean acabarán siendo toreros, tampoco todos los novillos han sido aprovechados por los que toreros quieren ser.  

Más ambicioso estuvo Martín Quintana, y para él fueron los honores de la vuelta al ruedo con el trofeo conquistado del noble segundo. El diestro extremeño, que se presentaba en esta plaza,  realizó una faena de calidad al buen novillos de Rojas. Toreó con empaque y profundidad, y aspiró con la tela roja la fija embestida con un lento y largo recorrido. Hubo técnica y estética, oficio y verdad, ambas cosas se atisbaron en el toreo con la diestra, y sobre todo al natural. La buena estocada certificó la oreja. Igual  gana expuso con el flojo quinto, y aunque le adelantó el engaño en las primeras tandas con la diestra, lo muletazos carecían de emoción aunque resultaron ser de una considerable plasticidad. Incluso el final de faena fue sorprendente al ligar al natural largos pases que, esta vez, sí llegaron a los tendidos.

Los demás estarán en el camino, nadie lo duda, pero les queda aún mucho para llegar. Es esta la primera reflexión  que se impone  tras lo visto a Manuel Carbonell y Reyes Ramón. 

El sevillano quiere realizar un toreo de calidad, pero le falta continuidad para conseguirlo. Con el noble y soso primero dibujó muletazos sueltos muy templados, sobre todo al natural, pero sin demasiada confianza. Con el cuarto, otro animal de enorme calidad aunque con las fuerzas justas, quiso levantar su tarde sin conseguirlo. Decidido se fue a chiqueros para recibirlo con un limpio farol de rodillas. Trazó después pases y más pases sin demasiada emoción, solo al final logró ligar algún que otro natural que provocaron el aplauso. Mató bien al primero y necesitó de estocada y dos descabellos para acabar con el cuarto.

Hay, por supuesto, claras diferencias con los anteriores en las formas de Reyes Ramón. El toledano realiza un toreo con mando, aunque lo ejecuta muy al hilo del pitón. Predomina la estética  más que la profundidad, y solo los naturales, al noble y soso tercero, destacaron sobre lo demás. Con el flojo sexto no terminó de acoplarse pese a sus ganas por conseguirlo. Le faltó a Reyes Ramón sentido del ritmo, continuidad, confianza... desaprovechando unas embestidas que no se comían a nadie.

Fue la de esta tarde novillada para triunfar. Y, ya se sabe, las épocas de vacas gordas son para los que saben aprovecharla.  


Diario de Sevilla. LUIS NIETO. Sólo Martín Quintana puntúa

Los tendidos de la plaza, más despejados que en festejos anteriores, acusaron el calor implacable cuando casi tocamos con los dedos, oficialmente, el verano, aunque hace días que ya nos achicharra la canícula.

Es más que probable que la novillada de Rojas, con la nobleza como condición predominante, hubiera lucido mejor en manos más expertas. De los tres toreros, ganó a los puntos Martín Quintana, un novillero avispado, que conecta bien con el público y derrocha garbo. Y, además, pulsea y maneja perfectamente los toques. A la postre, fue quien cortó la única oreja en un festejo en el que la terna pudo sacar más provecho de la bondad de los novillos.

Martín Quintana consiguió el apéndice ante el segundo, un novillo noble, que cumplió en varas. El novillero lanceó aseadamente. Comenzó su faena con la diestra, de manera entonada. En las afueras, con la derecha, se entregó en otra tanda. En la segunda, por ese pitón, sacó los muletazos más ceñidos y garbosos. Con la izquierda, el astado se quedaba un pelín corto y bajó la intensidad de la labor. En el volapié, contundente, se fue tras la espada, entrando en corto. Aunque la estocada no cayó arriba, el público pidió la oreja. La cosa, en pañuelos, sin mayoría clara. Trofeo generoso.

El quinto fue devuelto. Es probable que lo quebrantasen en un puyazo. En su lugar saltó otro de la misma ganadería con trapío de toro. Quintana lo lanceó a la verónica con ritmo. Mal picado por Ignacio Duarte, el animal se dolió en banderillas y llegó con escaso recorrido a la muleta. Sin duda, el garbanzo negro del encierro. El novillero se equivocó al bajarle la mano en los comienzos de la faena y el astado perdió las manos. En los medios, con el novillo moy corto, deslucido, se metió entre los pitones con seguridad para reafirmar sus apetencias de ganador. Sacó pases sueltos estimables. No mató a la primera y fue ovacionado.

Carbonell tuvo en el que abrió plaza un novillo boyante, que peleó bien varas. No siempre humilló. El algabeño lanceó correctamente ganando terreno hasta los medios. Allí, un par de tandas con la derecha, aseadas, no llegaron a cobrar altura. Con la izquierda los pases fueron más largos, aunque una serie fue interrumpida por un desarme. Cerró con unas manoletinas en corto, muy ajustadas. Mató de estocada.

Al cuarto, con arrojo, lo recibió a portagayola, con un afarolado, de rodillas. Nuevamente le faltó sal y pimienta en una faena planteada en las rayas. Lo mejor afloró al final, por el pitón izquierdo, en algunos muletazos largos y de buen trazo. Estuvo desacertado con los aceros.

Reyes Ramón también demostró ganas al recibir al tercero a portagayola, con una larga cambiada. Apertura torerísima, gustándose, a media altura. La faena, larga, la basó fundamentalmente con la derecha. Salió rebotado peligrosamente en la suerte suprema. El sexto se dejó pegar en varas y echó la cara arriba. A la muleta llegó paradote. El toledano lanceó ceñido a la verónica. Con la muleta, tras un inicio arrojado de rodillas, la labor por ambos pitones careció de brillo.

Difícilmente se encuentra tanta boyantía en unos novillos, como sucedió ayer en la Maestranza con el encierro de Rojas. Y lo que pudo ser un festejo de tronío... quedó en una tarde entretenida, abofeteada por un calor sofocante.


El País. ANTONIO LORCA. Gabriel Rojas presenta unos novillos dóciles en La Maestranza

Salen los novillos de Gabriel Rojas al ruedo de La Maestranza muy justo de presencia, nobilísimos, con pocas fuerzas -el quinto fue devuelto por inválido- y el punto de casta suficiente para lo que se supone que sueñan los toreros. Es decir, novillos bonancibles que van y vienen, sin fiereza ni aspereza, con las orejas colgando para novilleros ilusionados.

Pero lo preocupante es que triunfan los novillos y los novilleros pasan sin pena ni gloria. Chavales con toda la vida por delante, sin nada que perder y todo un mundo de éxito que ganar. Pues ni por esas. No está claro si no tienen condiciones o es que están mal aconsejados. Lo cierto es que se lo creen porque brindan con altanería, pero no dicen nada, dan pases y más pases en un mar de vulgaridad, no cargan la suerte, abusan del pico y alargan la faena.

Manuel Carbonell (ovación y silencio tras aviso) derrochó voluntad, se dejó enganchar la muleta, consiguió algún natural estimable y no se recuerda nada más. Martín Quintana (oreja y ovación) mató bien a su primero tras una anodina faena y no mejoró en el otro en una porfía muy ventajista. Cerró la terna Reyes Ramón (ovación y palmas), demostró elegancia en el toreo por bajo a su primero, aunque pronto se tornó moderno.


 

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