GANADERÍAS DE ANDALUCÍA
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Festejo
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del jueves, 15 de agosto de 2002
Corrida de la Virgen de los Reyes

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Conde de la Maza, bien presentados, mansos y difíciles; el tercero, blando y noble.

Diestros:

Entrada: un tercio de entrada.

Crónicas de la prensa: El País, Diario de Sevilla


El País. ANTONIO LORCA. La puntería de El Cid

Una de dos: o el El Cid se cambia el apodo o se flagela haciendo horas extras en el carretón hasta que aprenda a matar. Ni debe mancillar la memoria del Campeador, que dicen que era un fenómeno con la tizona, ni, y esto es lo más grave, puede perder tantos triunfos por el pésimo manejo de la espada.

Porque El Cid tiene calidad, y no como guerrero, sino como torero artista. Y mucha suerte, porque le salen toros nobles y con clase (tardará en olvidarse de 'Guitarrero', el triunfador de San Isidro) y los torea con soltura y profundidad. Ayer, por ejemplo, salió un único toro potable y le tocó a él. Era un inválido que iba y venía con dulzura, y el torero desgranó una labor muy vistosa en pases por ambas manos muy bien trazados, embarcando las embestidas y ligando con maestría. Los naturales resultaron largos y profundos, y muy toreros los ayudados por bajo antes de perfilarse para matar y... pinchar. Pinchó en lo alto, pero pinchó que es la más fea manera de poner colofón a una buena faena. Volvió a torear bien al último, de peor condición, pero ante el que consiguió unos naturales de buena factura antes de que el animal le lanzara un hachazo que no hizo blanco en el cuello del artista. Montó la espada y uno, dos, tres y cuatro pinchazos y cinco descabellos tras un aviso. Lo dicho: o cambia de apodo o que aprenda a matar, hombre de Dios.

Lo de sus compañeros es más difícil por varias razones. La primera, porque se ven obligados a ponerse delante de una corrida que no quiere nadie. La ganadería del Conde la Maza tiene merecida fama de mansa, dificultosa y áspera, pero por razones que se escapan a la ciudadanía lidia todos los años en esta plaza. Y Canales y Borrero se estrellaron porque sus toros resultaron ser mulos con malas pulgas. La segunda, porque de las 3.010 personas (más o menos) que había en los tendidos, diez era del país, y las tres mil restantes de nacionalidad turística que no tienen reparo alguno en convertir la Maestranza en un circo de gritos destemplados y ensordecedores para vergüenza de la propia fiesta que, al menos en Sevilla, hace tiempo que tocó fondo. Y tercera, porque ambos vienen a la busca y captura de una oportunidad que los pasaporte al éxito, y los toros malos se unen a su falta de recursos, cuando no de ambición, y, unos por otros, la casa sin barrer.

Canales, valiente, decidido y serio ante su primero, soso y difícil, y voluntarioso ante el violento quinto. Borrero tuvo peor suerte y se jugó el tipo y su futuro ante dos bichos que se lo querían comer con patatas fritas.  


Diario de Sevilla. LUIS NIETO. El Cid campea con temple y valor

Manuel Jesús, ese Cid torero de Salteras que esta temporada ha dado que hablar por sus buenas faenas y sus fallos con la tizona, campó victorioso ante el único toro bueno de la corrida, con un toreo hermoso, limpio y templado. El Cid terminó su obra con un pinchazo hondo y ganó una merecida oreja. Ante el peligroso sexto desplegó valor.

Los toros de la ganadería conde de la Maza, que lucieron lazos negros en la divisa, por la desaparición reciente de su criador, bien presentados, no dieron buen juego, a excepción del tercero. Se les zurró fuerte en varas.

Ese tercero, justo de fuerzas y noble, hizo una buena pelea en el caballo. Probablemente, le castigaron en exceso. El Cid, que se lució a la verónica, instrumentó en los medios, una faena medida, con un toreo de verdad y armonioso. Cruzado, adelantando la muleta, rematando los pases atrás, emanaron bellos y limpios pases por ambos pitones. Las tandas fueron cortas, pero con toreo añejo, de gran calidad. Un par de naturales fueron soberbios, adelantando con donaire la muleta y metiendo los riñones en su ejecución. El Cid, a pecho descubierto, no precisó de añadidos para arropar su labor porque las series las abrochó, precisamente, con auténticos pases de pecho. Sin alharacas, sin crispación, la faena transcurrió con una templanza maravillosa. Y hasta el final de la vuelta al ruedo, con la libertad que dio a una paloma que le habían entregado, tuvo aires de paz, de sosiego, de serenidad. Ese fue el gran rasgo de la faena: la serenidad, la difícil facilidad con que hizo el toreo.

Al peligroso sexto le robó pases por el pitón derecho. Cuando lo intentó por el izquierdo, el toro le lanzó un hachazo que a poco le corta la yugular. En este toro, El Cid hizo de las suyas con los aceros.

Canales Rivera estuvo muy dispuesto toda la tarde. Al que abrió plaza, un toro sin entrega ni fijeza, lo recibió de rodillas a portagayola. Nuevo gesto de riesgo en otra larga del mismo modo en los tercios para cumplir con el percal. Tras unos estatuarios, se mostró relajado, en las afueras, en una faena interesante con la diestra ante el descastado animal.

Al manejable cuarto, Canales Rivera, probablemente por sus ganas de éxito, le atacó pronto e incluso no le dio sitio. El animal se rajó de inmediato. A este toro lo recibió con apretadas verónicas.

Francisco Barrero, que debutó como matador de toros en la Maestranza, apechó con el peor lote. El tercero, más áspero que la lija al tacto, le obsequió con tornillazos y varios hachazos por ambos pitones. Tras intentar meterlo en la muleta, el sevillano apostó por un macheteo serio y decidido, lo que merecía el animal. En la estocada estuvo a punto de que el regalito le propinara una cornada.

El quinto, un toro feo, alto y muy largo, desarmó a Barroso de salida. Se hizo el dueño del ruedo en banderillas, donde pasaron las de Caín los peones. En la muleta, el pajarraco se pegó a tablas, a la espera. Para entonces ya sabía hasta el número que calzaba el torero, que mató como buenamente pudo. Respiro, debut y una oportunidad que sólo cuelga de los carteles, porque lo que se dice en la arena, no existió debido al pésimo material.

La Maestranza, con escaso público, fundamentalmente turistas, fue una jaula de grillos. Algunos impresentables llegaron a aplaudir hasta una cogida, sin consecuencias graves, del primer toro a Canales Rivera, que sufrió un varetazo en el glúteo. La terna estuvo a la altura de las circunstancias; muy duras por cierto. Y con la fortuna acariciándole, El Cid campó con temple y valor. No fue poco.

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