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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del sábado, 12 de octubre de 2002
Corrida de toros
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Martelilla,
y uno, en primer lugar, de Casa de los Toreros, también
de Martelilla, propiedad de Gonzalo Domecq. De distintas hechuras. Salvo
el segundo, con recorrido, los demás ofrecieron dificultades en
diferentes grados; especialmente el segundo, muy peligroso por el pitón
izquierdo.
Diestros:
- Dávila Miura, casi
entera (saludos). En el quinto, media que escupe, dos pinchazos y
estocada (silencio).
- Miguel
Abellán, pinchazo arriba, otros dos pinchazos,
estocada y descabello (saludos). En el cuarto, estocada casi entera
(silencio). En el sexto, pinchazo y media (saludos).
- El Cid, herido
en la faena de muleta. Mató su toro Dávila Miura de tres pinchazos
(silencio).
Incidencias: El Cid sufrió una cornada en
el tercio inferior de la cara interna del muslo izquierdo con tres
trayectorias, una hacia arriba de 15 cmts.; otra hacia atrás y afuera en
una extensión de 25 cmts. y otra de 10 cmts. que llega a hueco poplíteo.
No se aprecian roturas de arterias o venas importantes. Pronóstico grave.
Se ‘cortó la coleta’ el banderillero Rafael Torres.
Entrada: un cuarto de entrada.
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
El País, Diario de
Sevilla
PortalTaurino.
MANUEL VIERA. Siempre queda la próxima
Difícilmente me podía imaginar que en tan tradicional fecha de toros hubiese tal descalabro económico y artístico en el cierre de la temporada en La Maestranza. En el mejor de los casos, y, en el peor, la balanza siempre se desequilibró, o por el éxito económico para la empresa, más de las veces, o el artístico. Pues hoy, ni lo uno ni lo otro, hubo escasísimo público en los tendidos y ningún triunfo en el ruedo, aunque a punto estuviera de conseguirlo Miguel Abellán con el buen toro segundo. Y es que a pesar de la apariencia de un buen cartel, urge la necesidad de una propuesta original que lleve irremediablemente a revisar la última corrida del año en Sevilla
Quizá en la imaginación del receptor se sucedieron las imágenes de un toreo sublime. Quizá cada uno ve en la plaza lo que quiere ver. Pero es cierto que Abellán realizó una faena delicada, inspirada por finos trazos de una lenta muleta, tan pródiga en detalles que nada tiene que envidiar a la de otros acreditados artistas.
Los muletazos se enlazaron de una forma tan natural que apenas hubo señales de donde terminaba uno y empezaba el otro. Hubo, en el toreo de Miguel Abellán, lentitud infinita, ligazón, ritmo, y el broche en cada tanda de sensacionales pases de pecho. Y hasta tuvieron el pellizco de auténtica sevillanía las trincherillas y los ayudados. La espada le privó de un triunfo con la fuerza de lo auténtico.
Después, no hubo más. Ganas de una terna que buscó agradar y lógicas sensaciones para la sensibilidad del buen aficionado en la emotiva despedida de un torero que hoy dijo adiós en la plaza en que se hizo. A Rafael Torres le cortaron la coleta sus hijos entre la atronadora ovación de un público entregado, que le obligaría después a dar su última vuelta al ruedo.
Es cierto que la tarde se vino abajo en el punto en que El Cid fue corneado de gravedad por el complicado tercero. Un toro que le avisó de sus ideas asesinas nada más coger la muleta. En un acto de querer no pudo, El Cid, atemperar las complicadas embestidas de la fiera, que de un certero pitonazo lo mandó al quirófano. Dávila Miura terminó con la vida del toro de Martelilla con brevedad.
Con importante aportación quiso, Dávila, torear al noble y flojo primero de Casa de los toreros. No consiguió más de dos muletazos ante la nula entrega del animal. Firme estuvo con el quinto, aunque no logró el necesario acople.
Tampoco Miguel Abellán consiguió lucirse con el grandullón y manso cuarto. Derrochó el madrileño voluntad y entrega con el cornalón sexto, al que mató por cogida de El Cid. Estuvo asentado, con decisión, pero sólo pudo sacarles dos naturales en el epílogo de la lidia, de la tarde, y de la mala temporada de toros en Sevilla. Siempre queda la próxima.
El País.
ANTONIO LORCA. Grave cogida de El Cid
El Cid resultó ayer herido grave en el tercio inferior de la cara
interna del muslo izquierdo cuando toreaba con la mano zurda a su primero,
un toro de embestida corta y aviesas intenciones. Fue al final de la
faena, tras un trasteo más voluntarioso que lucido; el animal lo prendió
por el muslo en la segunda tanda y le infirió una cornada seca con tres
trayectorias de 15, 25 y 10 centímetros, que le impide actuar estar tarde
en la plaza de las Ventas.
El lado emotivo de la tarde lo protagonizó el subalterno sevillano
Rafael Torres, que se despidió de los ruedos. El mal juego de los toros
no permitió el lucimiento de Dávila y Abellán.
Diario
de Sevilla. LUIS NIETO. El
peligroso tercero atraviesa el muslo izquierdo a El Cid

El tercer toro, voluminoso, se paró pronto en el
capote y en varas sólo se dejó pegar. Lo advirtió desde sus primeras
arrancadas. Pitón izquierdo, pura dinamita. Pero El Cid quiso atacar en
su penúltima tarde con todo su ardor. Como cierre de temporada, hoy tendría
que hacer en Las Ventas su último paseíllo, de lujo, ante victorinos.
Pero el destino le jugó una mala pasada. El destino y su manera machacona
de justificarse. Una cornada muy fuerte en el muslo izquierdo. Después de
varias tandas por ambos lados, abrió otra con la zurda. Citó y el toro,
a la espera, le lanzó un terrible y certero derrote. Seco. Crujido
sonoro, como el crepitar de la leña en el fuego. Y ese fuego, ese calor
que sienten los toreros con el navajazo certero del pitón, lo notó el de
Salteras cuando apoyó la pierna herida. Sabía que era fuerte por la
fuerte hemorragia y los segundos en los que giró en el cuerno.
Justificación con sangre ante un toro peligroso, al que despachó Eduardo
Dávila Miura.
Dávila, el otro sevillano del cartel, se las vio en primer lugar con
un toro distraido, sin recorrido, que echaba la cara arriba. Brindó su
labor a Rafael Torres, al que en un detalle magnífico, para que se
pudiera despedir a lo grande, colocó ayer como cuarto banderillero de su
cuadrilla. En las afueras, trasteo meritorio por ambos pitones, soportando
más de una colada. Torres cumplió dignamente en dos pares de
banderillas, llegando más a la cara en el segundo, a los sones de un
pasodoble.
El quinto tuvo también feo estilo. Cabezazos en varas, rebrincado, con
un molesto calamocheo y sin llegar al final del pase. En esta ocasión
Torres bregó. Y fue ovacionado cuando corrió el toro a una mano. Dávila
se justificó en una labor esforzada.
Los momentos más brillantes corrieron a cargo del madrileño Miguel
Abellán con el segundo toro, único con recorrido. El toro no era una
bicoca, precisamente. Echó la cara arriba en el caballo. En banderillas
se dolió. Y llegó distraido a la muleta. Pero tenía una virtud clara:
recorrido. Y Abellán, con decisión en la faena, con firmeza, distancia y
pulso acertado en toques precisos, lo fue rindiendo hasta el punto de que
acabó humillando. La obra aumentó en intensidad y fue a más. Tuvo su
punto álgido en una serie ligada muy larga y con un remate de pecho larguísimo,
especie de semicircular. Y, envuelta en música, una muy lenta tanda con
la zurda, rematada con un inspirado molinete. Pero, debido a la espada
-tres pinchazos, aunque se tiró a lo alto, estocada y un descabello- se
le fue un premio cantado.
Ante el cuarto, un astado atacado de kilos, que alcanzó los 600, y fue
muy incómodo, Abellán realizó un trasteo insulso, con el contrapunto de
algún desarme y enganchón.
Con el sexto, un colorao, ojo de perdiz, de impresionantes pitones
arremangaos, se mostró porfión en una faena tenaz y cumplió con creces.
Como también lo hizo su banderillero Fernando Pérez, en dos templados
pares.
El cierre de temporada tuvo como broche final una emotiva escena. Los
hijos de Rafael Torres -Rafael, José Antonio y Miguel Ángel- salieron al
ruedo y le quitaron el añadido -le cortaron la coleta-. Sonó la música
en su honor. Y el banderillero de la Puerta Osario dio la última vuelta
al ruedo en su plaza, la Maestranza.
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Aspectos
legales de la Autoridad taurina |
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