|
|
|
Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 9 de junio de 2002
Novillada con picadores
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Novillos de Villamarta, desiguales de presentación y juego,
escasos de fuerza en general; algunos demostraron casta. El 1º fue
devuelto a corrales por debilidad manifiesta (salió sobrero de Félix
Hernández, manso) Diestros:
Entrada: más de media plaza.
Crónicas de la prensa: PortalTaurino, ABC
ABC. FERNANDO
CARRASCO. Novillada
de abono en la Maestranza: Salvador Cortés maquilla la tarde
¿Dónde la casta? ¿Dónde las ganas de los
novilleros? ¿Dónde un atisbo de lo que podemos ver en el escalafón
mayor dentro de unos años? Porque si exceptuamos a Salvador Cortés, que
se salvó de la quema, la tarde es para cogerla y tirarla por la borda.
Vamos, para olvidarse de ella cuanto antes. Y, lo peor de todo, es que
seguro que el ganadero habrá pensado que, aunque flojos, descastados y
sosos a más no poder, los novillos no han planteado problemas y, como se
suele decir -o escribir-, se han dejado.
Tres cuartos de lo mismo debieron pensar los mentores de El César y
Ricardo Triviño. «No te preocupes. Has estado en torero con el material
que ha salido por la puerta de chiqueros». Ea, pues presentación en la
Maestranza, para añadir al currículum... y a seguir. Lo dicho ¿dónde
la Fiesta? Pues eso.
La excepción, como señalo arriba, la puso, por ganas al menos, el
sevillano Salvador Cortés. Cortó oreja y es verdad que anduvo en sus dos
astados con altibajos pero, algo es algo, le puso a la tarde lo que le
faltó a sus oponentes. Su primero, escurrido de carnes, se dejó en el
capote, mostrando el hijo del excelente subalterno Luis Mariscal buenas
formas a la verónica. Templó en los primeros compases de faena y quiso
darle sitio, aunque la tardanza en embestir del de Villamarta hizo que el
chaval fuese acortando las distancias y los terrenos, de manera de ahogó
las embestidas. Bueno el concepto, pero error en el planteamiento, por lo
que se sucedieron los enganchones por ambos pitones.
Dejó detalles capoteriles ante el quinto, un precioso burraco que, aun
sin fuerzas, se dejó algo más antes de «cantar» y rajarse. Le dio de
nuevo sitio en un comienzo diestro que sirvió para darse cuenta de que el
novillo iba mejor por el izquierdo. Aprovechó Cortés ese recorrido para
instrumentar muletazos de buen son intercalados con otros más
embarullados. La faena, sin alcanzar altos vuelos, tuvo la virtud de la
constancia y el no cejar en el empeño por conseguir el triunfo. No es
poco después de lo que se había visto. Pinchó pero se tiró luego a por
todas. Cayó el novillo de manera espectacular y la oreja sirvió para
maquillar una tarde que se había difuminado casi desde el principio.
Porque nada más salir el primero fue devuelto por inválido. El de Félix
Hernández, sobrero, no enmendó a su antecesor. El César, almeriense él,
luce buen porte vestido de luces. Pero ya está. Brindó al respetable y
se perdió en una faena de pases y más pases. Y más y más. Y otra vez.
Claro, paseaba el novillo su sosería y se la contagiaba al novillero.
Luego, un mitin con la espada.
El cuarto, otro soso a más no poder, sirvió para que viéramos otra
demostración de lo que es pegar muchos más pases. Iba y venía el
novillo, y El César que daba muletazos como el que hace churros ¡qué
faena más larga! Y la espada, de nuevo, un suplicio.
El toledano Ricardo Triviño pareció no querer ir a la zaga de El César.
Por eso, en el derrengado a más no poder -y protestado por inválido-
tercero, se empeñó en hacerle faena a base de insistir una y otra vez.
Había brindado a un público que incluso recibió dicho brindis con
división de opiniones. Es la primera vez que un servidor ve esto en la
Maestranza. No era para menos. Faena, perdón por la expresión,
insufrible. Lo mismo que el bajonazo con el que despachó al burel.
A portagayola se fue a recibir al sexto. Ya era de noche, comenzaba a
refrescar y, como no podía ser de otra forma, asistimos a otra faena
larga, muy larga, llena de altibajos en un ir y venir del de Villamarta y
el ponerse una y otra vez Triviño sin decir nada ¿Dónde la Fiesta?.
PortalTaurino.
MANUEL VIERA. Salvador Cortés se salva de la vulgaridad.
Sevilla, en la Cumbre, la locura. ¿Y qué hacer?. Pues sólo armarse de infinita paciencia, no caer en la histeria y dejar que pase. La Cumbre, claro. Será entonces cuando todo, o casi todo, vuelva a la normalidad. Mientras tanto, toca padecer el caos circulatorio, aguantar los nervios e intentar alcanzar el destino sin prisas y... a joderse, no hay otra.
Y todo este calvario para después terminar maldiciendo la tarde. Interminable tarde de toros de la que solo se recordará la odisea de atravesar la Sevilla enrejada, llegar y aparcar para salir luego dentro del amplio margen del tiempo previsto. ¿ De lo sucedido en la plaza? Mejor olvidar.
Toda una pesadilla, plomiza y anodina, la vivida durante las dos horas y cuarto que duró el festejo. Tres debutantes, y dos de ellos de un vulgarismo desesperante. Y unos animalitos que deambularon, nobles y sin demasiadas fuerzas, por el ruedo sin que sus escasas y tontas embestidas no acabarán de ser aprovechadas por los que a jugársela, se supone, venían.
La manifiesta falta de fuerza y la escasa casta ha predominado en la desigual novillada de Villamarta. Por desgracia es esto lo que sale por chiqueros, pero tampoco son excusas para justificar tan aburrida tarde. El más dispuesto, el que más buscó el triunfo fue el que se lo llevó, aunque los altibajos en sus respectivas faenas fuesen, tal vez debido, a la escasez de festejos toreados, a su bisoñé y la responsabilidad de estar en tan emblemática plaza.
Salvador Cortes le puso empeño en el toreo de capa y dejo atisbos de una manifiesta calidad con la muleta. A los interesantes pases de inicios de faena al segundo, le siguieron otros con la diestra mandones y profundos, con un cambio de mano para ligar el de pecho muy torero. Las siguientes tandas se sucedieron con algún que otro enganchón en el toreo al natural que no llegó a romper. Quiso después arrimarse, ahogando así la ya corta embestida del novillo. Mejoró en el quinto, al que le presentó la muleta siempre adelantada consiguiendo tandas largas, despaciosas y ligadas. Los naturales fueron profundos y de muleta arrastra unos, enganchados resultaron otros. La estocada tras pinchar justificó la oreja.
El resto es historia... Otra historia, porque ni El Cesar, ni Ricardo Triviño dijeron nada con capote, muleta y espada. Pases y más pases. Interminables pases llenos de vulgaridad. Esa es la realidad. Créanme.
|
|
|
 |
|

|
|

|
Aspectos
legales de la Autoridad taurina |
|
|
|