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Festejo
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 8 de septiembre de 2002
Novillada picada
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Novillos de María
del Carmen Camacho, en el tipo de su encaste, Núñez, bien
presentados y de mal juego. Diestros:
- César
Girón, Casi entera arriba (saludos). En el cuarto, estocada en
lo alto (vuelta tras petición).
- Javier Solís, dos pinchazos y estocada
(saludos). En el quinto, pinchazo hondo (saludos).
- José Luis Miñarro, tres pinchazos y
estocada (silencio). En el sexto, pinchazo y entera (silencio).
Entrada: un tercio de entrada.
Crónicas de la prensa: Diario de Sevilla,
ABC.
Diario de Sevilla.
LUIS NIETO. Girón, vuelta por una gran estocada
La tarde, con una temperatura agradable, invitaba para
un bello espectáculo, sobraron algunas ligeras rachas de viento y se echó
en falta un minuto de silencio por Manolo Chopera, uno de los mejores
empresarios taurinos de todos los tiempos, no hubiera estado de más. De
nuevo, demasiado cemento.
Según avanzó el festejo el desánimo cundió en el respetable porque
los novillos de María del Carmen Camacho, bien presentados, resultaban
imposibles para el lucimiento. La terna, compuesta por César Girón,
Javier Solís y José Luis Miñarro, que se presentaba, se entregó. Pero
se impuso la mala calidad del material que tuvo enfrente.
Desde siempre he considerado que si a la suerte suprema también se le
denomina la hora de la verdad es por algo. Se le pierde la cara al toro y
el torero tiene que echar el resto. Aunque en estos tiempos de sucedáneos
en las suertes y en la lidia no se la valora en su plenitud, opino que una
estocada correctamente ejecutada y de buena colocación, debe premiarse
con una oreja. Ayer, el sevillano César Girón, al cuarto, le recetó una
estocada a ley, de premio, que el presidente no concedió porque -supongo-
calibró que faltaban algunos pañuelos para la concesión. Fuera de ese
recuento frío, el sevillano César Girón dio una más que merecida
vuelta al ruedo, con sus correspondientes protestas al presidente.
Girón, en ese cuarto toro, silleto, en el tipo Núñez, como la mayoría
del encierro, estuvo porfión. El animal, manso, con fea pelea en varas, a
base de cabezazos, y esperando en banderillas, se quedaba a mitad de viaje
en la muleta. La voluntad fue lo mejor de este joven novillero de estirpe
torera -nieto del mítico César Girón e hijo del rejoneador Antonio
Ignacio Vargas-.
Con el que abrió plaza realizó una faena larga, de muchos tiempos
muertos, con algún muletazo suelto de calidad por el pitón izquierdo, el
mejor; aunque el animal tuvo un recorrido muy corto.
El tercero era un dije. Pastueño, no se tuvo en pie. Javier Solís,
tras su disposición en el capote, con lances de rodillas, vio como el
animalito se le arrodillaba hasta cuatro veces en una labor carente de
emoción.
El quinto fue todo lo contrario. Muy hecho, un torete en trapío, que
tuvo guasa. Solís apostó fuerte. Sin probaturas inició una faena en la
que sufrió una colada impresionante. Luego, tarascada al pecho y más
tarascadas. El torero pacense se la jugó con un novillo que siempre
estuvo orientado.
El valenciano José Luis Miñarro, debutante, hizo el paseíllo con una
lesión en el hombro derecho y los puntos recién retirados de una cornada
en el escroto. Su primero, largo, serio, mugidor y acobardado, se apagó
pronto. Miñarro estuvo acelerado con el percal y no tuvo opción para
lucirse en la muleta.
El sexto fue devuelto por inválido. En su lugar, un toro por trapío,
del mismo hierro, también complicado y sin entrega. Miñarro lo recibió
con tres faroles de rodillas, verónicas y otra larga. El animal le buscó
por ambos pitones y el torero, con valor, se cruzó y se la jugó.
Lesionado, Miñarro cumplió en su debut en Sevilla. Javier Solís hizo
cuanto pudo en su desigual lote. Y Girón, siempre muy atento en la lidia
de sus compañeros, ejerció perfectamente como director de lidia.
César Girón, en un encierro imposible para lucirse, sacó nota en lo
único que pudo, una soberbia estocada, en lo alto, de las de premio. Un
premio que quedó en una merecidísima vuelta al ruedo.
ABC.
FERNANDO CARRASCO. Toros:
Girón se sobrepone a los mansos
Mansos de los que se leen en los tratados de Tauromaquia. Así fueron
los novillos, bien presentados, de María del Carmen Camacho. Mansos para
desesperar y para desilusionar a los que intentan abrirse paso en este
duro escalafón. Se sobrepuso, empero, el sevillano César Girón que,
dentro de la mediocridad que lucieron los astados, anduvo en un tono más
que aceptable ante el cuarto, al que recetó una gran estocada, de esas
que, decían los antiguos, valía una oreja. No lo debió estimar así el
presidente, que no sólo no concedió el trofeo mayoritariamente pedido,
sino que además hizo gestos desde el palco preguntándose qué pedía la
concurrencia. El criterio no hay que exhibirlo con aspavientos.
Estábamos, de todas formas, con César Girón. Su primero fue un
novillo que embistió de más a menos y que no terminó de humillar. El
sevillano anduvo pulcro y aseado en su quehacer, quizá demasiado extenso,
ya que el material no daba para mucho más. Hubo buenos momentos que se
intercalaron con otros menos lucidos. Intentó dar una vuelta al ruedo que
no venía a cuento.
Estocada de libro
Sí la dio, en cambio, en el cuarto, un manso con peligro con
el que se fajó desde el principio César para construirle una faena
afanosa en la que se impuso siempre el torero. Insistió una y otra vez,
sacando todo el partido posible a un novillo que evidenció su tendencia más
que clara a buscar las tablas. No se arredró Girón, que se arrimó
buscando un triunfo poco menos que utópico ante las condiciones de su
enemigo. Luego, recetó una de esas estocadas, escrito más arriba está,
que vale de por sí la oreja. Cayó el de Camacho sin puntilla, redondo.
Pero el señor Teja no sacó el pañuelo. Vuelta justa y bronca al usía.
Se la mereció, presidente, se la mereció.
Javier Solís puso todo de su parte para triunfar pero también se
estrelló con un lote poco menos que infame. Dos largas cambiadas a su
primero y lucha desesperante para sacar partido a un inválido que perdía
las manos constantemente. Dispuesto el extremeño, siempre por encima de
su oponente. Pero era, como digo, para desesperarse.
No mejoró la cosa en el quinto. Mejor escrito, empeoró, ya que éste
tenía todas las malas ideas del mundo. Defendiéndose en el capote, se
dedicó a tirar gañafones espeluznante al cuello del chaval, que capeó
el temporal de mansedumbre y peligro como pudo, que no es poco para lo que
hacía el de Camacho. Se tenía la cornada cada vez que pasaba el animal.
Menos mal que no llegó y que lo finiquitó con prontitud.
Se presentaba en el coso del Baratillo el valenciano José Miñarro.
Inició la faena al tercero de la tarde -no hubo nada destacable en los
primeros tercios- con unos estatuarios, para luego prolongar el trasteo en
medio de muchos pases que dijeron muy poco. No era el de Camacho un astado
para el triunfo, pero Miñarro tampoco anduvo entonado. Faena larguísima
por la que escuchó un aviso.
Vio cómo le devolvían el sexto y se afanó en recibir al sobrero con
tres largas cambiadas. Poco más hay que apuntar, ya que el novillo
desarrolló peligro a raudales.
El domingo 22 queda un puesto libre. Bien podría ser para César Girón,
que se sobrepuso a los mansos.
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Aspectos
legales de la Autoridad taurina |
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