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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 5 de mayo de 2002
Novillada con picadores
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Novillos de
Manolo González, -tres rechazados en el recocimiento-,
desiguales, mansos, blandos y nobles. Diestros:
- Leandro Marcos,
estocada (ovación); pinchazo, media baja y atravesada (vuelta).
- César Jiménez,
estocada caída (ovación); estocada caída (oreja).
- Manuel Escribano,
pinchazo y descabello (palmas); estocada muy baja (palmas).
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
ABC,
eldiadeandalucia.com. Diario de Sevilla,
EL Pais
PortalTaurino.
MANUEL VIERA. Cesar
Jiménez, elegante y auténtico
Si la fantasía es una de las potencias del alma, eso leí en alguna
ocasión, hay una fantasía sin límites en el sentido y puro toreo
que emana Cesar Jiménez. Hay en sus formas la sustancia de la gracia, del
saber estar, del moverse por la plaza... de lo que llaman inspiración.
Toreo prodigiosamente intemporal, fina locura de unas maneras que hacen
vibrar.
Quizá haya quien piense que lo dicho es demasiado, sobre todo, por el
frío comportamiento de una grada contagiada, quizá, de la adversa
climatología. Costó todo un mundo que los tendidos de la Maestranza
rompieran la helada tarde, a pesar de que las intenciones no pudieron ser
mejores, así cabe preguntarse hasta qué punto los tres actuantes de esta
tarde se ocuparon realmente de satisfacerla.
Sin duda no hay historia en la plaza si abajo no existe el toro
-hoy el utrero- y este puede ser el curioso fenómeno del comportamiento
del público maestrante, porque sin ser una novillada mala tampoco fue
buena. Abundó la sosería en el ir y venir de unos animales mal
presentados, y aunque la nobleza de sus embestidas y su cansino recorrido
se prestaba al despacioso toreo, la emoción no terminaba de llegar.
Así que, mientras Cesar Jiménez esperó impávido en medio de la boca
de riego la salida del segundo para recibirlo con ajustadas chicuelinas,
en los tendidos no pasaba nada. La pasividad pasmosa de quienes se
sentaban arriba era importante. Lo mismo sucedería con la templada y
ligada tanda de muletazos con la diestra, rodillas en tierra, en los
inicios de faena. Y más o menos igual pasó, cuando muy despacio alargó
el natural de mano baja sentido y majestuoso. Tuvo que ser con el noble
quinto, tras los vistosos quites, tras la fea voltereta y muy
avanzada la faena, cuando, al fin, se reaccionó. Tal vez porque hubo
autenticidad y tentativa, y por lo tanto toreo. Toreo de largos pases en
redondos y lentos, prolongadas e interminables naturales. La estocada por
sí sola mereció la oreja. Impactante, y sobre todo de elegante acabado
ha sido lo realizado por el que será dentro de unos días nuevo matador
de toros.
Sin embargo, ningún mérito tendría quedarse sólo con la estética y
la belleza de sur formas, si ambas cosas no estuvieran impregnada por la
verdad de su toreo. Leandro Marcos quiso ser auténtico y lo
consiguió a veces, no en otras, en la que las fisuras en su larga
faena al cuarto quedaron más en evidencia que su sentido, rítmico y bien
trazado toreo.
Por muy buenas que sean las intenciones de quien en el ruedo lo
intenta, queda más que meridianamente claro que si falla el toro, entiéndase
novillo, no pinta demasiado pasar esas fatigas ahí abajo. Manuel
Escribano trataba de casar su disponibilidad con la del toro, y le
fue imposible al fallar esta última. Lo intentó todo y consiguió muy
poco, eso sí, le agradecieron sus buenos propósitos con toda justicia.
El
País. ANTONIO LORCA. ¡Vamos
a torear!
Andaba Escribano intentando llevar a su
primero al caballo. Se echó el capote sobre el hombro izquierdo y, cuando
arrancó el novillo, interpretó una suerte de invención propia
consistente en una especie de serpentina, hilvanada con una chicuelina
invertida y culminada con un molinete; más o menos, entiéndase. La
gente, expectante y fría. Para rematar, una voz que sale del tendido: ¡Vamos
a torear! Vaya gracia.La verdad es que Escribano recibió al novillo de
rodillas en el tercio con dos largas cambiadas, dos afaroladas y unas verónicas
aceleradas. Cuando tomó la muleta no había empezado a torear en serio.
Se entiende, pues, la frasecita del aficionado. Pero no aprendió la lección
y toreó poco. El novillo era soso y de corta embestida, y el chaval se
mostró incómodo, y nervioso. Lo intentó con nuevos ánimos en el sexto
y tampoco le salió. Mejoró en las verónicas de recibo, pero toda su
labor fue anodina, sin cogerle al aire a otro soso oponente.
Tampoco torearon mucho sus compañeros.
Jiménez está muy pendiente de su figura y se adorna más que torea.
Recibió a su primero en el centro del anillo y lo toreó por chicuelinas
con escaso ángel. Muleta en mano, lo citó de rodillas y se lo pasó por
redondos largos y templados. Pero se puso de pie y aquello ya no era lo
mismo. En el quinto recibió un topetazo al citar por estatuarios y
consiguió algunos muletazos largos y adornos varios. La oreja fue de poco
peso. Marcos está toreado, conoce la técnica, tiene un aire agitanado,
gusto y buen corte. Pero se expresa en dosis tan pequeñas que todo queda
en una muestra sin confirmación. Consiguió algún derechazo estimable en
su primero y se estiró algo más en el otro, sin rematar ninguna faena.
eldiadeandalucia.com.
Francico
Mateos. Mucho ruido y pocas nueces
Había expectación por ver a los tres novilleros, que se han ganado la
atención de los aficionados. Sin embargo, la tarde, plana en muchos
pasajes, no terminó de 'romper'. Algunos dirán que el público estuvo frío.
Pero es ese mismo público al que hay que 'calentar'. ¿Cómo? Con lo que
haga falta, que para eso son tres novilleros.
Leandro Marcos intentó despertar al público con un toreo seco y recio,
maduro y elegante. En el primero lo logró poco porque el novillo se rajó.
En el cuarto se lució más, sobre todo en tandas al natural, lo que le
valió la vuelta al ruedo.
César Jiménez, a puertas de su alternativa, quiso despertar al público
a través de una combinación de variedad, entrega, buen toreo y valor. Al
primero lo recibió atípicamente en el centro del ruedo con una serie de
chicuelinas, pero el descastado animal no transmitió nada y todo fue muy
frío. Lo mismo ocurrió en la faena, aunque a veces hasta dio la impresión
de que el novillo no era suficientemente aprovechado.
En el quinto cortó el madrileño una oreja, la última como novillero
antes de su inminente alternativa. Al iniciar la faena se le cruzó mucho
y el torero decidió no moverse y permanecer quieto (¿virtud o defecto?;
depende), con lo que, estaba de cajón, fue arrollado. Algo conmocionado
siguió toreando. Firme, sin titubeos ni concesiones a la galería, Jiménez
trazó una faena elegante, algo fría, pero que la buena estocada final
dejó vía libre para una oreja.
Manuel Escribano volvía a Sevilla ante la expectación por su buen debú
con caballos de hace justo un mes. No fue lo mismo. El chaval de Gerena
aportó todo lo que sabe hacer: entrega, valor y buen concepto del toreo.
Pero necesita un animal con mucho motor. No fue el caso del becerro
lidiado en tercer lugar, impresentable para esta plaza, ni del sexto. Con
poco fuelle y transmisión, pese a su entrega, no logró lucirse.
Diario de Sevilla.
LUIS NIETO. Artificiero César Jiménez
Con un valor descomunal, a prueba de bombas, como el más
valiente de los artificieros, el novillero César Jiménez puso la
Maestranza bocabajo y consiguió el único trofeo de la tarde. Cortó esa
oreja al quinto, un manso al que fijó en los lances de recibo. El animal,
siempre buscando las ventajas, derribó en un arreón. Jiménez, en el
primer cite, junto a tablas, esbozó un estatuario. El novillo se arrojó
directamente a su cuerpo y le arrolló con una violencia extraordinaria.
Escena dramática. Las asistencias recogieron al novillero y enfilaron
camino de la enfermería. El torero se deshizo de las mismas y cogió la
muleta. A partir de ahí, Jiménez, convertido en un artificiero, en un
Tedax, estudió en los medios esa carga explosiva, violenta, que era el
novillo de Manolo González. Y lo hizo con una frialdad pasmosa. Por ambos
lados se cruzó más allá del pitón contrario. Y consiguió lo
imposible: sacar pases de uno en uno a un novillo que medía y esperaba.
Pases limpios y mandones. Sin duda, ganó la batalla Jiménez y cortó una
merecida oreja.
Con el rebrincado segundo, César Jiménez sufrió dos achuchones
cuando toreaba con la capa, de manera embarullada. La faena, que comenzó
en los medios con una tanda templada de rodillas y terminó con unas
deslucidas manoletinas, fue kilométrica y no tuvo cuerpo.
Leandro Marcos dejó una gratísima huella en su presentación en la
Maestranza. Toreo de filigrana. Cites de frente. Pases de pecho larguísimos.
Y todo ello envuelto en ese aire agitanado que posee su paisano Luguillano,
al que recordó por momentos. Con el que abrió plaza, manso y noble, lo
mejor fueron dos buenas series con la diestra, con pulcritud y temple. El
toro se rajó pronto y no hubo opción al natural.
Al cuarto, bravucón de salida, lo lanceó eficazmente. Apertura de
faena deslumbrante. En una de las tandas toreó con sabor al natural,
despatarrándose, cargando la suerte y rematando con una trincherilla de
cartel. Se apagó el novillo, que tenía el gas justo, y en otra serie
brotaron los naturales sueltos, pero con infinita cadencia. No acertó a
la primera a la hora de matar, de lo contrario quizás le hubieran
premiado con una oreja.
Manuel Escribano, con un mal lote, fue algo más que un mero notario de
todo lo descrito. Se entregó. Si al reservón tercero lo recibió con
cuatro afarolados de rodillas, al sexto lo hizo de la misma guisa, pero
con una larga cambiada a portagayola. En ambos clavó con facilidad
banderillas. La labor ante el tercero, iniciada por estatuarios, se movió
en la penumbra que marcó el novillo, tremendamente topón. Con el manso
sexto, que se defendía, tampoco pudo lucirse. En este toro, el picador
Juan Antonio Sánchez sufrió una contusión en el mentón, al estrellarse
su caballo, que salió desbocado, contra las tablas. Susto de órdago.
La terna se entregó de principio a fin, compitió en quites, en los
que hubo mucha variedad, aunque el material descastado no permitió
maravillas. Y si Leandro Marcos dejó bellísimas pinceladas con un toreo
agitanado, César Jiménez impresionó con un valor descomunal, convirtiéndose
por momentos en un artificiero.
ABC. FERNANDO CARRASCO. La
elegancia de César Jiménez
En medio de una tarde larga y con una primera parte
sosa y soporífera, sobresalió el toreo elegante del madrileño César
Jiménez ante el quinto, novillo de Manolo González que, junto al cuarto,
fue el que más posibilidades ofreció.
Jiménez abrió la faena al novillo del triunfo con estatuarios, siendo
prendido por el vientre de manera espeluznante. Se temió la cornada, pero
volvió a la cara de su rival. El de González tuvo en las primeras series
lo mejor de su recorrido, algo que aprovechó el chaval para correr la
mano con gusto y, sobre todo, elegancia, dejando series al natural de
mucha plasticidad y muy buenas formas. Le dio respiro al astado y enjaretó
muletazos largos y pausados, que calaron. Mató de un estoconazo y cortó
una merecida oreja.
Había mostrado toda su variedad con el capote en su flojo primero, al
que recibió en los mismos medios por chicuelinas. Pero ahí se mostró,
si bien técnico y sobrado de oficio, frío en su quehacer. El oficio no
sirvió para calentar los tendidos.
Leandro Marcos tuvo el mejor lote y a punto estuvo de triunfar en los
dos. Su primero, andarín y que salió suelto del caballo, tuvo
arrancadas, siempre al hilo de tablas, que aprovechó para instrumentar
dos series diestras ligadas y acompasadas. Al natural, el novillo «cantó»
por fin y se desentendió de la muleta.
Lo mejor de su actuación llegaría ante el cuarto, al que Marcos, que
posee los aires agitanados de su paisano David Luguillano, toreó sobre la
mano izquierda con prestancia y gustos exquisitos. No obligó mucho a su
oponente pero los muletazos resultaron limpios y de bella factura.
El peor lote, por soso y parado, fue para el sevillano Manuel
Escribano, que se afanó en sus dos astados por desplegar toda una
variedad de toreo de capa, aunque no pudo sacar mucho partido. El tercero,
con muy poca fuerza y quedándose corto, propició que el de Gerena se
fajase en un trasteo largo y algo embarullado. Lo dio todo en el sexto, al
que recibió a portagayola, pero fue imposible hacer faena.
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Aspectos
legales de la Autoridad taurina |
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