Festejo más largo que un día sin pan y aburrido a la
enésima potencia; sin devolución alguna de ninguno de los novillos llegó
a durar prácticamente tres horas y los chavales se eternizaron en faenas
interminables; hubo quien salió cantando aquello de Sabina: “Y nos
dieron las diez y las once…”, y en los tendidos, el escaso público
correspondía a partidarios del portugués Procuna, que alentaron a su
torero, y a un puñado de turistas.
Entre lo escasamente destacable, brillaron dos pares de banderillas del
torero luso: uno de dentro afuera, dando ventaja al astado para cuadrar en
la cara y otro de poder a poder. En el festejo se vivieron tres momentos
de apuro. Iván Romero fue arrollado por el tercer astado cuando
banderilleaba como invitado; posteriormente fue cogido cuando cerraba los
lances de recibo, con una media, al cuarto; y Procuna, en un arrimón,
ante el sexto. En los tres casos, los novilleros se libraron de percances
graves. A los espadas les faltó acierto con los aceros.
Los novillos de Conde de la Maza lucieron lazos negros como divisa; en
lugar de la habitual -negra y roja-. Encierro aceptablemente presentado y
deslucido.
Iván Romero demostró buenas maneras en su lote. Con el primero, al
que le castigaron en exceso, se lució en verónicas de buen trazo.
Banderilleó con Procuna de manera correcta. Con la muleta, tras un
vistoso comienzo -estatuarios, molinete y de la firma- se mostró fácil
en los medios en una labor por ambos pitones en la que no conectó con el
respetable. Le faltó un punto a su labor, lo mismo que al novillo, que
metía la cara, pero salía siempre suelto y distraído.
Al jabonero cuarto le recibió a portagayola. Romero, al lancear de
pie, fue cogido sin consecuencias. En la muleta, el animal, noble, se
derrumbó varias veces. El torero sevillano, con temple, pergeñó una
labor correcta, pero carente de emoción. Faltó toro. Después de dos
pinchazos, un aviso y una estocada, dio la vuelta por su cuenta, con
protestas al iniciarla.
Jesuli de Torrecera debutó en la Maestranza con un lote pésimo.
Estuvo fatal con los aceros; especialmente en el quinto. Al incierto
segundo le aguantó y consintió tras un toreo de capa con más vibración
que quietud. Con la franela sacó una tanda aceptable por cada pitón.
Con el quinto volvió a andar con desparpajo con la capa. Lances
mirando al tendido y una larga de rodillas en los tercios; pero le faltó
asentarse. Continuó con una labor porfiona con ambas manos con un manso,
a la defensiva.
Procuna, variado con la capa, descolló con las banderillas. Se entregó
sin opción al lucimiento ante su primer novillo, parado, protestón,
mugidor y sin recorrido. Con el sexto, predominaron los buenos deseos del
portugués. Dos largas de rodillas y notables verónicas. Con los palos
consiguió lo mejor del festejo: un par de dentro afuera y otro de poder a
poder. Con un astado muy apagado, sin fuerzas, únicamente le quedó poner
al novillero la sal: voluntad y un arrimón final, en el que fue
enganchado.
Después de casi tres horas, ayuno. Espectáculo pobre. Novillos
deslucidos. Voluntad y poco más de los novilleros. Festejo eterno y para
el olvido.
ABC.
ROCÍO LUNA.
Los novillos del Conde de la Maza
sembraron la decepción en el Baratillo
La tarde despertaba prometedora con la primera
novillada con picadores después de las de promoción de jóvenes valores
celebradas en el mes de julio. La espera se hizo corta y los del
conde de la Maza, con la divisa de luto, no dieron para más.
Iván Romero, sevillano que volvía a la Maestranza tras dejar gran
impresión en su debú el pasado año, llegó mentalizado, intentando que
no se le escapara el triunfo de ninguna forma. En su primero con fuerza y
que se empleaba bien, sólo pudo destacar en las banderillas, que colocó
junto a «Procuna», tercero de la terna. En su cuarto, recibido a «porta
gayola», escaso de fuerza desde primera hora sólo consiguió desvanecer
las ilusiones del novillero más volteado de la tarde.
Con igual prestancia pisó Jesuli de Torrecera, gaditano revelación de la
temporada con más de una veintena de festejos, quizás algo más
alocado y despistado que el anterior. Bueno con el capote a verónicas y
chicuelinas pero algo desentendido con la espada, ocasión que aprovechó
el quinto de la tarde para buscar la muerte después de recorrer todo el
diámetro del coso.
«Procuna» con un novillo presto y gustoso a lo que hacía el
portugués, no hizo ejemplo de la mala fama que acompaña a los lusitanos
con la espada, siendo el mejor de la tarde con ella. Puso la técnica en
función con las banderillas a las que invitó, como en el primero
al sevillano Iván Romero, que no pudo acompañarlo en el sexto por una de
las volteretas que sufrió. Con su último cansó, recibido a larga
cambiada, el de la Maza no da para más y, aún así el portugués se
deshacía en pases que iba consiguiendo de uno en uno, sin poder evitar
que la afición suspirara cuando se dirigió a matar. Dolorido por una
voltereta «buscada» acabó con el último de la tarde sin encontrar la
oreja buscada, no merecida en ninguna de sus dos actuaciones.