Buen comienzo el del ciclo de novilladas de promoción
que continuará a lo largo de los siguientes jueves de este mes de julio;
con buena temperatura en el termómetro y en el ambiente, multitud de
aficionados afinaron el olfato en busca de las posibilidades de seis
nuevos valores. Y el festejo, algo más que entretenido, dio mucho de sí.
Los chavales, en general, en correspondencia a sus oponentes, cumplieron
con creces. La novillada de Martelilla, con una presentación
irreprochable y juego variado, fue una prueba de peso. De todos los
novilleros, quien mejor toreó en conjunto fue Ortiz de la Torre.
Juan José Vián El Palentino, con el manejable que abrió plaza, sacó
como virtud la quietud y como defecto una mala colocación. Le faltó
doblarse al inicio con el manejable astado y fue enganchado sin
consecuencias al final de su labor.
El sevillano Ortiz de la Torre, nacido en Santa Coloma de Gramanet,
hubiera conseguido trofeos si mata a la primera. Con disposición, recibió
con dos largas cambiadas a su oponente. Lanceó a la verónica, con son y
ritmo, ganando terreno hasta llegar a la boca de riego. Faena con buena
colocación y gusto, ante un manso huidizo, que metió bien la cara. En
numerosas ocasiones gracias al toque imperceptible del novillero. En las
afueras, con la derecha, esbozó una primera tanda buena, que superó por
ligazón y transmisión en la segunda. Con la izquierda, imprimió temple.
Como nota negativa, mató mal y precipitadamente. Sufrió una feísima
voltereta, afortundamente sin consecuencias.
El marchenero Ricardo Reina perdió el engaño en los lances de recibo
por no dar sitio al novillo. Su faena, desigual, con altibajos ante un
astado protestón y rebrincado, fue meritoria.
Manolo de los Palacios, de la citada localidad sevillana, de recia
planta, estuvo muy entregado ante el garbanzo negro del festejo. Recibió
al cuarto con dos largas de rodillas en los tercios. En la segunda, muy
apretada, el novillo le rasgó la taleguilla. Con la pañosa, ante un
novillo que era por trapío un torete, y descompuesto en sus embestidas,
se la jugó con firmeza y no se arrugó. Mató con decisión.
El pacense Murillo Márquez toreó con clase con la muleta al quinto,
el mejor novillo del encierro por nobleza; pero flojeó con la espada.
Por último, el alcalaíno Jesús Espinar Guzmán, con garbo con el
percal, no llegó a acoplarse con el incierto sexto, que le arrolló sin
consecuencias en dos ocasiones.
En la penumbra de la noche, estallaron luminosas ovaciones a la salida
de estos incipientes toreros, que apuntaron bastantes cosas positivas.