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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del jueves, 26 de abril del 2001
El Comentario
PortalTaurino. MANUEL
VIERA
Casi nada para tanto ‘pegapase’
Pertenezco a una generación que ha visto cómo el toro
se convertía en animal colaborador del torero para
dar espectáculo, provocar emociones y, en fin,
representar un espectáculo –la corrida lo es– que sin tal protagonista
deja de serlo. Supongo, que algo similar desearon y desearán
posteriores generaciones. La búsqueda constante por encontrar el
divertimento a través de la emoción por la verdad bien demostrada de lo
hecho en el ruedo, es el legítimo objetivo que debe perseguir quien se
sienta en el tendido de un coso taurino. Se equivocan quien crea que el
toro, que es el que marca las diferencias entre lo deseado y lo real, está
en plenitud sólo porque en escasas y esporádicas ocasiones salgan
animales serios, nobles y boyantes, permitiendo crear arte
y transmitir emociones.
Toros, que por ser nobles y descastados no se mueven, se
defienden y se les apaga la vida en los inicios de
faena, son la base de importantes ferias. Sin duda,
este tipo de ganado parece que no es el más idóneo
para la tauromaquia de tres diestros que basan sus formas en el
poder, eso creo, y que conciben el toreo en la emoción que da la movilidad
encastada y no la sosería de unos animales que iban y venían con
bondad pero faltos de ‘chispa’. Sin embargo, no fueron los toros de Alcurrucén
animales imposibles; sus escasas fuerzas no le permitieron el recorrido
en los engaños, pero sí acudieron a ellos para algo más que para
padecer la insoportable cadena de muletazos carentes de la más mínima
verdad. Pero no es menos cierto que Manuel Caballero toreó con escasa
ilusión el lote más potable, y que Rivera Ordóñez se perdió en un puñado
de muletazos para el bostezo. Sólo Eugenio de Mora regaló, en las postrimerías
del festejo, lo más selecto de la tarde: el encanto del toreo
al natural. Casi nada para tanto ‘pegapase’.
PortalTaurino.
EL GLISON
En mis años Universitarios en Mexico, jugué algunas temporadas lo que
allá se conoce como futbol Americano, que
es precisamente el deporte que se practica en los Estados Unidos de
Norteamerica, cuando la jugada estaba literalmente terminada, o sea , que
habían capturado al corredor que transporta el balon, el entrenador nos
arengaba a dar lo que conocemos como "el segundo
esfuerzo", tratar de sacar algo de donde se supone que ya no existe
nada. Eso fue precisamente lo que hizo Eugenio de Mora en el último Toro
del dia de hoy, exprimirle hasta ir desgranando esos pases y esas tandas
que se pensaban inexistentes. La gente valoró su esfuerzo y los
comentarios eran precisamente eso, que se había sacado agua de las
piedras. Si hubiera podido meter bien la espada tal
vez el público habría pedido que se le recompensara con algo mas que la
merecida vuelta al ruedo que dio. Asi es que en todas las actividades y
facetas que la vida nos ofrece siempre irán mas allá aquellos que logran
dar "el segundo esfuerzo".
Juan Moreno.
PortalTaurino.
El fundón
A usted que me está leyendo seguro que no es de
explicarle lo que es el fundón, pero permítame que
lo haga por si a alguien, aparte de usted, le da por
leerme –qué mérito el suyo– y lo desconoce. El fundón es una
especie de funda de cuero en el que se guardan y
transportan los estoques, tanto de matar como de
descabellar. Ayer vi el que en su día usara
Francisco Rivera ‘Paquirri’, cuando el mozo de espadas de su hijo
lo portaba por la calle Iris. Me han venido a la memoria
muchos recuerdos y me he hecho una pregunta. ¿Qué ha heredado Rivera
Ordóñez, taurinamente hablando, aparte del fundón, de su padre y de su
abuelo? Probablemente mucho, pero da la impresión de que ya lo dilapidó
todo.
¡Qué repaso le hubieran pegado a los tres Ordóñez o
Paquirri! Dominguín hasta les hubiera reñido. Yo
que, evidentemente, no sé de esto, me he percatado a base de gastarme
dinerito y de fijarme que para dar muletazos que ‘lleguen’, o sea, de
categoría, hay que ponerse en el sitio, que Manuel Caballero y el señor
Rivera no lo han hecho. No se han puesto ni siquiera al filo del pitón, y
no es que lo diga yo, sino que lo han visto hasta por la tele. A Eugenio
de Mora, el sexto le marcó el camino y él, cuando lo vio, le echó valor
del de verdad, y no del que algunos llaman arrimones. Mis respetos para
todos, pero para usted, señor De Mora, ayer, más. ¿De luces? José
Antonio Carretero, Curro Molina y... José Ignacio Rodríguez. La
presidencia, como debe ser, desapercibida. Igual algún toro hubiera
podido ir a los corrales, pero el público agradeció que quedara en el
ruedo. Hoy salimos prontito.
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Aspectos
legales de la Autoridad taurina |
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