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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del martes, 24 de abril del 2001
El Comentario

PortalTaurinoEL GLISON A cinco Toros tuvo que verles la cara Juan Bautista.

Independientemente de que se este preparado para ello al intentar Torear una corrida por si solo, por lo menos se esta mentalizado para ello, el que suceda de improviso y por causas distintas, es lógico que desconcentre al Torero que le ha tocado en suerte lidiar con el suceso y además le enfría los ánimos. A casi una corrida entera Juan Bautista vio salir por la puerta de Toriles y tuvo que gastar energía cada vez que se preparaba para salir del burladero a enfrentarles, para después esperar a que salieran los bueyes y regresaran a tres de ellos.

Es lógico que también la gente se canse y desespere y eso influye no solo en el turno del espada correspondiente, sino en el festejo en general, que trecho a trecho se fue haciendo largo y tedioso.

Los tres Toreros estuvieron dispuestos a conseguir el triunfo, tal vez  si acaso se remataban las tandas cuando el animo se empezaba a disparar hacia arriba, y aun y cuando eran bien recibidos los remates, uno o dos pases mas por tanda marca la diferencia entre lo correcto y lo excelso, ahora que solo los Toreros que están allá abajo saben cuando y porque se deben hacer las cosas, tal vez intuían que los Toros no darían ese extra, quedándose cortos o buscando las carnes.

El amor que dispensa la Maestranza hacia el Toro Bravo se demostró cabalmente al sufrir junto con el Astado que se rompió un pitón y despedirle con palmas cuando salió del ruedo, que bonito y que bien se  siente.


PortalTaurinoMANUEL VIERA  Interminable

En el toro prima la jerarquía inevitable que ponen a los consagrados por encima de los demás. Por muy buenas tardes de toros, o por excelentes triunfos conseguidos, de estos pocos se acuerdan. Siempre fue así, y así seguirá siendo. Es posible que sea un hábito más, o sea parte de las sustancias de las tradiciones que tanto priman en la Fiesta, por más que no se trate de lo mismo. Pero nada de extraño tiene que toreros que consiguieron destacados triunfos en esta plaza, ganándose con todo merecimiento el derecho a estar en el mismo escenario de éxito, repitan. 

Eugenio de Mora fue uno de los más destacados toreros del pasado ciclo, el premio, justo, ha sido volver, en ésta y próxima ocasión. No son carteles de relumbrón, ni de figuras, pero sí para demostrar algo más que algunas notas de clásico toreo en series lentas y plásticas, porque después volvió a la irregularidad que le caracterizó en muchas tardes de toros. Y así es difícil volver. La perfección de la suerte suprema le salva de un actuación que se quedó a medias. Abundando en lo dicho, el que tendrá que repetir es El Cid, que aprovechó la ocasión con muletazos, despaciosos y prolongados, la noble embestida de un buen toro y exprimió con calidad de buen torero el escaso recorrido del que cerraba el interminable festejo. Lástima que, otra vez, la espada no estuvo a tono con la muleta y desinflara un triunfo que le hubiese servido para algo más que volver a Sevilla. Y a la Maestranza vino después de su vulgar paso por San Miguel Juan Bautista. ¿Justo? Quizá primaran otros intereses. De todas formas, estuvo, con igual vulgaridad. 


Juan Moreno.  Diario de Andalucía. A puerta partía

No crean que el festejo de ayer fue mixto. No, no se ha dividido en dos el ruedo de la Maestranza para que en una mitad toreen novilleros y en la otra m atadores de toros. Simplemente sucedió que un caballo de picar rompió la puerta del callejón que da a la del Príncipe. A las ocho, tras un parón de un cuarto de hora, la tarde estaba rota, y al rato, entre un toro de El Pilar y un hombre de Salteras, El Cid, la arreglaron. El uno, con su nobleza, y el otro, con la espada y la muleta, aunque es con la tizona fue con lo que El Cid falló. En el cuarto de la tarde me estaba preguntando, ¿podrá estar a gusto una mujer bailando sevillanas con un 'soso', por muy tecnicamente bien que baile? De Mora mandó el toro al camión -esta temporada el desolladero no se utiliza- de una gran estocada. A las nueve y cuarto salió el tercer quinto. El primero fue devuelto tras una correcta interpretación de la normativa por el señor Fernández, aplicando el Artículo 33: el público tiene derecho a un espectáculo íntegro. El segundo quinto fue devuelto por impresentable. Y en el tercer quinto, el público pedía clemencia. ¡Gracias señor presidente por dejarlo en la plaza, que queremos Fiesta íntegra pero no nocturna! En el noveno, el público pedía justicia, caridad, clemencia.
¿Cómo terminó la corrida? No se pueden picar a los toros a favor de querencia por culpa de las puertas, no pueden salir sobreros
impresentables, o mejor dicho, no pueden aprobarse toros impresentables.
¿Cómo terminó todo? ¡A farolazos! Queremos volver a ver a El Cid, y no animales impresentables, que haberlos, los hubo.

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