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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del jueves, 3 de mayo del 2001
El Comentario
PortalTaurino.
EL GLISON El agua moja.
Además de obviamente mojar, también entorpece, muchas
actividades que desarrolla el ser humano simplemente no se pueden llevar a
cabo cuando el H2o se derrama sobre la corteza terrestre del planeta
llamado tierra (que se debiera llamar agua puesto que esta
mayoritariamente compuesto por ella).
Los festejos Taurinos son una de esas actividades que
supuestamente no se deben realizar bajo el agua. En ocasiones cuando
empieza a llover antes de que empiece el festejo, este ni siquiera
empieza, otras veces, se suspende reglamentariamente cuando ya se ha
matado el primer Toro o cuando los espadas lo juzgan pertinente. Pero eso
no sucede en la Feria de Sevilla cuando hay un Torero en el Ruedo que
busca el triunfo a toda costa y a quien apodan "El Juli". Tal
vez bajo otras circunstancias, en otra plaza, con otro publico, pero hoy
era imposible para alguien que no se deja ganar la pelea ni por Tlaloc, el
Dios Azteca de la lluvia.
Además, y lo digo por experiencia propia, Torear bajo la
lluvia tiene en oposición a las notorias circunstancias adversas algunas
que son favorables y positivas, todo lo que se haga bajo ella tendrá un
valor agregado que se multiplica a la potencia, cuando al aficionado
mojado y aterido se le recompensa por su aguante, este reacciona
recompensando la faena y a si mismo para poder convencer y convencerse de
que valió la pena el baño sin planificar.
"El Juli" echo pa´lante como un mítico guerrero
en medio de una batalla ancestral, si es bonito y emocionante Torear, lo
es mas, cuando se supone que no se puede.
PortalTaurino. MANUEL
VIERA. Torero, torero
Hablar de lo que no puede decirse a la persona a la que
uno querría decírselo se me hace imposible. Hay una parte de la vida del
torero en la que no se puede entrar, ni siquiera esbozando un simple análisis
para entender razones o comportamientos, y más si el torero es hombre
elusivo de su intimidad y selectivo de sus relaciones. Me he sentido mal
con las explicaciones de Morante tras su paso por Sevilla. La necesidad de
justificar su existencia en la plaza contrasta con la tristeza que se
desprende de algunos de sus comentarios. No es sorprendente que también
confiese duda en la excesiva responsabilidad adquirida por la fuerte presión
a la que le han sometido, y que le ha privado, quizás, de la
necesaria fusión entre el corazón y la cabeza. Ha habido, bien se nota,
alguna que otra poda por las alturas del escalafón en esta plaza, y no ha
sido, ni mucho menos, la de Morante. No es difícil, por otra parte,
suponer que con tal selección de figuras en cartel, los tendidos iban a
hervir. Sin embargo, nunca de la forma que aclamaron a un torero, todo
raza y valor, que se va a la cara del toro, levanta los brazos y clava
arriba, saliendo inmune de los dos astifinos pitones que le acariciaron el
pecho. No he visto un par con más verdad desde hace mucho tiempo, y después,
otro, mejor aún. Esta es la emoción que me gusta vivir en una tarde de
toros, aunque la lluvia rompiera a caer de forma maldita, y aunque
empapado estuviera, volví a sentir igual emoción cuando el mismo torero,
allí abajo, entre el agua y el toro, se jugara la vida quieto, impávido
e incomprensiblemente seguro. Julián López 'El Juli' salió de la plaza
al grito unánime de torero. A Espartaco le agradecieron el esfuerzo. Y a
Ponce se le apagó el triunfo cuando estaba en el camino de conseguirlo.
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Aspectos
legales de la Autoridad taurina |
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