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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del lunes, 30 de abril del 2001
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de Juan Pedro Domecq, buenos en general. 

Diestros: 

Incidencias: El matador José Tomás resultó corneado al entrar a matar su primer toro, lo que le impidió continuar la lidia. El parte médico señala: "Herida inciso contusa en cara anterior muslo izquierdo que penetra de lado externo a interno a través de tejido celular y aponeurosis saliendo por la cara inerna del mismo muslo. Contusión del aproximador mayor. se procede a la limpieza, hemostasia y sutura de los planos lesionados. Colocación de dos drenajes. pronóstico leve salvo complicación".

Entrada: Lleno hasta la bandera

Crónicas de la prensa:  PortalTaurino, El País, ABC, COPE, MarcLevie (en francés)


PortalTaurino. Francisco Mateos. ROMANCES DE VALENTÍA

La corrida han sido muchas cosas, pero, en positivo, me quedo
con lo que dice la copla, romances de valentía de dos toreros, Ortega Cano y José Tomás. Y dos toreros bien distintos. Por eso, la acepción de 'romance' le viene más al pelo a la inspiración e imaginación que ayer derrochó toreando Ortega Cano, y lo de 'valentía' a José Tomás, queriendo atropellar la razón, en un mano a mano entre el toro y él a ver quién puede más, que está desvirtuando, en ocasiones, el a ver quién torea mejor.

José Ortega Cano está en vena. Además de tener suficientes cualidades para triunfar, como lo ha demostrado tantas tardes durante tantos años, está queriendo, y especialmente en Sevilla. Se ha ido Curro y este torero, aunque no lo diga, quisiera coger ese hueco sevillano, imposible de rellenar, aunque José se vistiera muy en Curro, con un terno verde y azabache, parecido al que lució el Faraón jubilado hace dos años. La cuestión que interesa es cómo estuvo en función al astado que tenía delante. Y este primer toro de Juan Pedro fue noble y tuvo recorrido, mejor por el lado derecho. Ortega Cano corrió bien la muñeca, lo enganchó con el paño adelantado y lo llevó largo. Fue, como le gusta a Ortega en plazas como Sevilla, un romance de valentía, de toreo con empaque y embrujo y algunos detalles más exagerados, de cara a la galería, pero que son, incluso, necesarios en este torero singular. Con la diestra se sintió a gusto e inspirado. Mató de estocada y cortó una oreja.

El cuarto parecía que iba a servir, pero el poso de mansedumbre que escondía dentro le hizo que terminara 'rajándose' en las tablas. Tampoco el torero, que estuvo de más a menos, colaboró en esta ocasión con decisión. Sólo la primera tanda con la mano derecha tuvo la emoción necesaria.

Y en el último, el que mató por José Tomás, todo se diluyó muy pronto en la muleta, porque la tarde pesaba ya mucho. Pero, eso sí, se destapó en verónicas magistrales con el capote, de escándalo.

José Tomás volvía a Sevilla con la convicción de buscar su tercer
triunfo consecutivo en forma de puerta grande. Y a fe que casi lo
hubiera conseguido, porque el público estaba totalmente volcado con él. El juampedro que tuvo como primero de lote se dejó, con nobleza, y el torero, que ya se había lucido con capote, aunque con demasiados enganchones. La faena fue subiendo de tono y el torero también. Otra vez Sevilla volcada. En la estocada, cornada. No se miró, lo remató y recogió la oreja, y después, a la enfermería si un gesto de nada.

A Morante le costó una enormidad entrar en la corrida. Su primero, el tercero de la tarde, era noble pero molesto porque no terminaba de rematar el recorrido. Morante, además, estaba preocupadísimo por el estado del ruedo. No se centró nunca con él, desconfiado y sin pisar el terreno que debía; mojado, cierto es, pero es lo que había. Y nadie como él sabe que en Sevilla hay que hacer un esfuerzo. Además, con la espada estuvo ayer completamente frito. En este primero falló y dejó por fin media estocada tendida. Se empeñó en descabellar cuando debiera haber entrado con la espada y la demora estuvo a punto de costarle el segundo aviso.

En el quinto tampoco terminó de romperse con el animal. Se gustó, que es verdad, pero el toro era bueno, con el defecto de que no terminaba de rematar el viaje. Lo mejor fue la forma de bajarle la muleta en la faena y, sobre todo, la ligazón que le imprimió a los muletazos, perdiendo dos o tres pasitos para poder engarzar unos con otros. Pero, otra vez, con la espada estuvo hecho un pinchauvas.


El País. Joaquín Vidal.  Cogida leve de José Tomás
José Tomás iba a abrir por tercera vez consecutiva la puerta del Príncipe, estaba claro, pero sufrió una cogida y tanto él como el público sevillano se quedaron con las ganas. El percance, sólo leve para su fortuna, ocurrió al entrar a matar al segundo toro.

La faena de José Tomás a ese toro fue más valiente que artística. La calidad de su toreo llamó poco la atención mientras impresionaba la hierática disposición en los cites, el estoicismo con que aguantaba las embestidas.

Tampoco es que emocionara demasiado la faena porque el llamado toro sacó las hechuras de los novillos y las penurias locomotrices propias de los tullidos.

Ese toro y todos se caían. No disponíamos de contable mas podría asegurarse sin exagerar que ninguno se cayó menos de 20 veces.

Para que genere emociones el toreo hecho a unos toros que no tienen media torta hay que tirarse materialmente encima, comérselos con patatas, cosas así de raras.

José Tomás optó por hacer el poste, lo mismo en las gaoneras de un quite al primer toro como en las verónicas al segundo, si bien éstas, llenas de enganchones, resultaron trapaceras. Y, por supuesto, alardeó de quietud en el transcurso de la faena de muleta, iniciada mediante estatuarios y unas torerísimas trincherillas. Siguió por naturales y derechazos, volvió a los naturales, dilató excesivamente el trasteo y al final obtuvo las mayores ovaciones al cuajar nuevos derechazos de corto trazo e inverosímil ceñimiento.

La oreja no es que estuviera muy segura pero se la ganó al sufrir en el volapié una voltereta espantosa, incorporarse cual si nada hubiese sucedido y cobrar media estocada que bastó. José Tomás recibió la oreja de manos del alguacilillo, saludó al público que lo ovacionaba y se retiró por su pie a la enfermería.

Y, naturalmente sin quererlo, dio paso a lo que acabaría siendo una corrida inaguantable y absurda.

Más de las 10 de la noche eran cuando terminó aquella penitencia. A la hora de comienzo, siete de la tarde, chispeaba. Sólo por eso al presidente se le ocurrió parar la función después del paseillo y transcurrió media hora sin que supiese nadie si la iba a suspender. Finalmente, a las ocho menos veinticinco y pese a que no habían mejorado las circunstancias -al contrario: seguía lloviendo y el ruedo estaba peor- ordenó la salida del primer toro.

Cuando uno sospecha que no designan presidentes precisamente a los más listos de la peña, es por algo.

El primer toro padecía una invalidez que no le impidió mostrar rasgos de santidad cada vez que lograba mantenerse en pie. Y Ortega Cano aprovechó estas venturosas circunstancias para lancearlo de capa con arte y pasarlo por redondos y naturales dotados de gusto exquisito y acendrada torería. Ortega Cano hizo en este toro, al que le cortó la oreja, y en el cuarto, el toreo más auténtico de la tarde; las cosas como son.

Dada la insustancialidad de los animales, procedentes de la factoría Domecq, rama juampedro, especialista en toros artistas (de circo), las faenas carecían también de emoción y de enjundia, aunque Ortega Cano hizo lo que podía, el hombre.

Morante de la Puebla, por el contrario, dio muestras de una espantosa vulgaridad, lo mismo en su desaseada, desconfiada y avisada faena al primer toro que en la reiterativa e interminable al tullido quinto de la tarde, mal concluida con el acero, en la que llegó a oír dos avisos.

El público sevillano (o parte, al menos) está empeñado en que este paisano sea el torero emblemático de la Maestranza; pero que si quieres arroz..., no hay manera. Morante, de momento, no parece estar dispuesto a darle ese gusto.

En cambio el que se lo da y ha conseguido que le abra dos veces seguidas la mítica puerta del Príncipe es José Tomás. De Galapagar, por cierto. O sea, Madrid.


ABC. Fernando Carrasco. José Tomás sufrió una cornada

José Tomás sufrió una «herida incisocontusa en cara anterior del muslo izquierdo que penetra de lado externo a interno a través de tejido celular y aponeurosis saliendo por la cara interna del mismo muslo. Contusión del aproximador mayor, se procede a la limpieza hemostasia y sutura de los planos lesionados. Colocación de dos drenajes. Pronóstico leve salvo complicaciones». Según el doctor Vila, que intervino al torero de José Tomás —que cortó una oreja—, «la cornada es como un metisaca pero, afortunadamente, leve. Dentro de cinco días estará toreando».

También Ortega Cano logró un trofeo. Ortega, visiblemente emocionado al finalizar el festejo, tenía en primer lugar palabras de alabanza para el público sevillano. «Sevilla, a pesar de la lluvia y del tiempo que ha hecho, ha estado extraordinaria. Era un tarde complicada, parecía que iba a suspenderse el festejo y luego la plaza entera ha aguantado». El de Cartagena concluyó: «Me voy con muy buen sabor de esta Feria de Abril».

El tercer espada, Morante de la Puebla, dijo: «Se ha hecho un esfuerzo muy importante para no echar la tarde atrás. Por fortuna, aunque ha caída agua, hemos seguido adelante».


Cope. José Miguel Martín de Blas.  EL TOREO DELICIOSO

            Con una buena corrida de toros de Juan Pedro se celebró la corrida del lunes de feria. La expectación, por las nubes: es decir, muy mojada porque sobre Sevilla se desató una tormenta, y el comienzo de corrida se retrasó en una absurda media hora una vez roto el paseíllo. Que no lo hubieran hecho. Se cortaron dos orejas, hubo toreo del bueno, hubo sangre, hubo toros no aprovechados...

            Ortega Cano abrió la tarde, y se encontró con un toro de gran clase. Un toro noble y boyante con el que recreó el toreo de muñecas sueltas, de plasticidad, el toreo que es una delicia en sí mismo. Posiblemente fuese toro de más y mejor faena, pero lo cierto es que lo que hizo Ortega fue importantísimo, de una belleza impresionante. Cortó la oreja de ese toro y se dio una vuelta al ruedo de cronómetro, nuevamente. Prefiero acordarme de lo que hizo Ortega Cano que de lo que no hizo. El cuarto fue un toro astifino, pero sin remate en su cuajo (como muchos de la corrida). Y Ortega entró en quites incluso para replicar a Morante, como hiciera antes con José Tomás. Ese toro pesó mucho, midió, y cuando Ortega le sometió, se fue largo tras la muleta. Pero el de Juan Pedro hizo amagos de rajarse, y Ortega...le dejó rajarse. Era toro para mucho esfuerzo, y la cosa se había torcido. Algo no marchaba. Con el sexto, que mató por la cogida de José Tomás, fue bonito mientras duró: el toreo de capa, mecido, suave, decidido. Hubo garra y fibra en Ortega Cano. El toro tuvo celo de bravo en el caballo, pero José no estaba confiado con un toro que terminó a menos.

            José Tomás se llevó una oreja y una cornada. Pero no estuvo al nivel de su toreo, aunque sí de su épica. No se acopló de salida con el capote, aunque al primer toro le había hecho un quite ceñidísimo. Arrancó faena por estatuarios ligados a uno del desprecio y el de pecho. Hubo clamor. Pero cuando abrió faena hacia los medios, no sometió a un toro con genio, al que precisamente por eso, por no someterlo, le creció ese genio. El final de faena, a pies juntos, con media muleta, vertical, fue, por puro aguante, emocionante. José Tomás dejó al toro un poco a su aire, y en esa incertidumbre basó la faena. La voltereta, su frialdad para no dolerse y rematar al toro, y la forma solemne de irse a la enfermería a pie tras mostrar la oreja ya pertenecen al recuerdo del paso de José Tomás por Sevilla en el 2001.

            El de la Puebla apareció en un quite al segundo, forzadillo. Mejoró a la verónica con el tercero de la corrida, un toro que luego fue pésimamente lidiado, por cuadrilla y matador, todos en absentismo laboral. Con el toro mosqueado, con el torero también, se desarrolló la faena de muleta. Mal rato para Morante. Con el quinto de la corrida cambió el decorado. Morante, que se arrebujó a la verónica, vio interrumpido un quite por chicuelinas porque el toro, encelado, se fue al caballo. Un toro bravo. Un toro importante y en Sevilla. Y Morante se fue confiando poco a poco, metiendo al toro en el canasto poco a poco, hasta que la faena rompió en una tanda poderosa, artista, torera, con la mano derecha. Una tanda monumental de redondos monumentales. Pero la espada fue casi un juguete en manos de Morante. Perdió la oreja y ganó una ovación tras dos avisos.

Marc Levie. PAR LA PORTE DE L'INFIRMERIE.

Après deux sorties par la Porte du Prince, José Tomás quitte la feria de Séville par la porte de l'infirmerie. Sa blessure et son flegme, ainsi que les gestes toreros d'Ortega Cano, furent le plus remarquable d'une corrida décevante de Juan Pedro Domecq, célébrée en semi nocturne par un temps exécrable.

Le thermomètre a dégringolé en deux jours. Des trente degrés d'hier, d'une soirée douce au cours de laquelle les cinquante mille bombillas qui illuminent le Real de la feria furent allumées à minuit, le ciel s'obscurcit dans l'après-midi et peu après 18 heures, un orage de grêle fusilla le Paséo Colón. Des grêlons comme on en voit rarement. Même à Pau.

Pendant près d'une demi-heure, fut remise en question la célébration de la course, celle qui avait fait monter le plus haut les enchères de la revente des billets. Le public prit patience pendant trente minutes sous la pluie. Finalement, une éclaircie et… "pal'ante", dirent les toreros.

Le sol glissant est peut-être à l'origine de certaines glissades des toros et des appuis incertains des toreros. Mais le lot de Juan Pedro Domecq nous parut très fragile dans son ensemble et loin de démontrer la caste de celui combattu l'an dernier lors de cette même feria.

Le premier fut mal piqué, sans force et d'une grande docilité pour le torero. Comme c'est souvent le cas chez lui, José Ortega Cano tarda à se centrer et sa faena alla crescendo, comprenant d'excellents muletazos en obligeant l'animal vers le bas et l'intérieur. Une entière oblique libéra une oreille aimable. Très décidé tout au long de la soirée, Ortega toréa avec la cape exclusivement sur la corne gauche le quatrième, et répliqua par deux chicuelinas à un quite de Morante par véroniques dansées. La charge vibrante que laissait présager le Juan Pedro ne dura pas et la dizaine de passes possibles ne furent pas toutes saisies par le torero. Le toro se réfugia au barrière, se coucha au deuxième pinchazo, et on passe à la suite. Le meilleur d'Ortega Cano, et le plus torero de la corrida, fut sa réception du sixième avec la cape par de somptueuses véroniques au centre de la piste qui déclenchèrent la musique. Autre toro faible, victime d'une lidia longue et défectueuse et terminant sans race ni force, ce qui ne permit pas au maestro vétéran de conclure aussi bien qu'il n'avait commencé.

Pour la grande majorité du public, la principale attraction était, bien sûr, José Tomás. Rien à signaler avec la cape où toutes ses tentatives – aussi bien un quite brouillon par gaoneras au premier (rien à voir avec les gaoneras d'Abellán hier) que la réception du deuxième – furent vilainement accrochées. Mais la personnalité fascinante de Tomás masque tout cela. Il commença sa faena par une série de statuaires sans rectifier la position. Une faena qui eut, comme principal mérite, l'aguante sans faille. La première série à gauche, en plaçant d'emblée le toro au centre, fut accrochée. La deuxième liée de très près, dans un mouchoir. La meilleure fut la troisième, en prenant la main droite, avec plus d'amplitude et de limpidité. Deux passes dans le dos liées à une dernière série à droite eurent un grand impact, comme l'a toujours cette façon particulière de lier la dernière passe au pecho sur le fil du rasoir. Il enfonça entièrement l'épée en étant soulevé par la corne. S'accrochant à cette épée, il la retira du corps du toro, tomba au sol, se releva sans le moindre regard pour ses jambes. Ce type est vraiment d'une autre espèce. Nouvelle estocade, enfoncée à moitié, oreille sous le coup de l'émotion et passage à pied vers l'infirmerie, avec le pantalon inondé de sang, comme s'il allait subir une simple prise de sang…

Amère soirée pour Morante, qui joue une grande partie de sa temporada à Séville et dont l'envie et la décision ont supplanté ce soir la qualité du toréo et la lucidité. Sa faena au bon cinquième, s'éternisant en longueur, connut quelques très bons passages mais fut par trop inégale et de discutable stratégie. Il tua très mal à chaque fois.

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