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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del sábado, 29 de septiembre del 2001
Corrida de toros
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Toros de Núñez
del Cuvillo, de desigual presentación. Diestros:
- Ortega
Cano, silencio y silencio tras tres avisos.
- Espartaco, saludos
desde el tercio y vuelta al ruedo.
- Ponce, ovación
y silencio.
Entrada: lleno.
Incidencias: El festejo comenzó con treinta y cinco minutos de
retraso debido a la necesidad de acondicionar el ruedo, que estaba
embarrado por la lluvia caída hoy en Sevilla. Casi tres cuartos de plaza.
Ortega Cano fue asistido en la enfermería al resentirse de la lesión que
sufre en la rodilla derecha al entrar a matar por primera vez al cuarto de
la tarde.
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
Diario
de Sevilla, El País
PortalTaurino.
MANUEL VIERA. El mejor titular: Torero.
Sea como fuese, de lo que no hay duda es que estamos
ante uno de los toreros que han hecho historia en la más reciente
tauromaquia del pasado siglo. Y esa, quizá no otra, es la razón para que
Sevilla le despidiera con honores de maestro, de máxima figura, de
auténtico Torero. Lástima que el final de toda una trayectoria llena de
calidades, en los ruedos y fuera de ellos, no tuviera otra forma de
explicar su toreo que con la épica del corazón. Espartaco, que rezuma
verdad por los cuatro costados, se fue sin el triunfo soñado, sin duda,
pero seguro y feliz por el deber cumplido.
La tarde sólo tuvo la emotividad de la despedida. El
fracaso ganadero truncó ilusiones y entristeció el día, porque lo
lidiado ayer en la Maestranza eran animales más propios de matadero que
de plaza tan emblemática como la de Sevilla. Toros feos de hechuras, mal
presentados... y así resultaron mansos, parados, complicados, mulos en el
ruedo y sin una sola gota de casta. Claro que todavía son más los
elementos que se cargaron la corrida. La adversa climatología hizo que el
festejo comenzara con treinta y cinco minutos de retraso, tiempo que
tardaron la cuadrilla de areneros en recomponer el maltrecho ruedo
trabajando a destajo. Después, todo transcurrió de mal en peor. Toros
imposibles para un Ortega Cano mermado de facultades que pasó un
verdadero calvario durante la lidia de sus dos astados. El primero, que
huyó hasta de su sombra, no pudo darle ni un solo pase. Y al cuarto que
deambulo por la plaza en busca de una salida, le quisieron matar en varas
para dejarlo inerte en la muleta. Feo favor le hicieron al veterano
maestro que se vio incapaz de presentarle el engaño y de meterle la
espada al moribundo bruto. Aún antes debieron llegar los tres avisos del
Usía para así evitar el desagradable espectáculo y el mal trago al
torero.
Por su parte, Espartaco nada pudo hacer con el manso
segundo. El nuñezdelcuvillo le puso el triunfo imposible, y las ganas y
el esfuerzo de Juan se vieron truncadas por la complicada embestida. En el
cuarto, su último toro, quiso dejar atisbos de su indiscutible calidad.
Lanceó a pies juntos con soltura, y tras el emocionante brindis a la
cuadrilla y a Sevilla, se esforzó por torear a quien no tenía ni un solo
pase, pero ni uno. Espartaco optó entonces por meterse entre los pitones
en un afán de conseguir lo imposible, y para él fue la ovación más
fuerte, más larga, más sentida y más emocionante que jamás escuché en
la Maestranza.
No hubo más. Ponce tuvo iguales enemigos. Ni su primero
le anduvo, ni el que cerraba la infumable corrida le permitió un mínimo
de lucimiento.
Se fue Espatarco. Sé, que aún te dejarán los tuyos
coger los trastos para sentirte torero en una plaza de toros. De todas
formas, Juan, que seas irremediablemente feliz.
Diario de Sevilla.
LUIS NIETO. También los reyes se retiran
Hasta última hora, Espartaco estuvo a prueba. Era el
día grande de su despedida y en Sevilla llovió a cántaros durante toda
la mañana. Pero sucedió lo que merecía. Se cerraron las compuertas al
comienzo de la tarde y, con media hora de retraso para acondicionar el pésimo
estado del ruedo, echaron el paseíllo Ortega Cano, Espartaco y Enrique
Ponce. Ahí recibió la primera gran ovación de la tarde en un día en el
que estuvieron todos con él, desde un público sensible ante la efeméride
hasta sus propios compañeros, con emotivos brindis de Ortega y Ponce, que
incluso, en un detalle de suprema torería, le arrojó su montera desde la
bocana de un burladero, cuando el de Espartinas cerró una vuelta al ruedo
clamorosa y emotiva, que el público le solicitó de manera unánime como
reconocimiento a su intachable hoja de servicios.
Uno de los reyes del temple y el valor, cuyo trono lo ocupó
precisamente Ponce, se marcha a descansar. Porque también los monarcas,
los reyes del toreo se retiran.
El espectáculo, bajo el signo del adiós a Espartaco, naufragó en lo
artístico por una corrida de Núñez del Cuvillo, mansa y de pésimo
juego. Una mansada con peligro y complicaciones que hizo imposible el
lucimiento a los componentes de la terna. Y en ese naufragio, Espartaco y
Ponce, con profesionalidad y oficio se salvaron, entre tanto Ortega Cano,
que acudía con una lesión de rodilla, que se le acentuó al entrar a
matar a su primero, se ahogó en un mar de dudas hasta escuchar los tres
avisos. Tres avisos en Sevilla, donde triunfó la pasada Feria de Abril.
¿Le miró un tuerto a Ortega? No lo sé. Pero sí lo hizo el primero
de sus toros, Clavetuerto, negro mulato, bizco del izquierdo para más señas.
El cartagenero, que perdió el percal al querer fijarlo, se desentendió
en la salida, con una brega que asumió su peón Curro Cruz, entre
ovaciones. Al cornúpeta, que salió suelto, le dieron muy fuerte en
varas. El toro llegó pese a ello con fuerza, violencia y tendencia a
chiqueros. Ortega realizó un trasteo con apuros en las rayas, con dos
coladas soberanas y mató mal.
El cuarto, Guerrillero, le ganó también la batalla a Ortega, que
perdió el norte. También le zurraron la badana al huidizo y peligroso
animal, que se hizo el dueño de la situación, mientras el diestro, que
era el director de lidia, se inhibía. Después de perder varias veces la
muleta, se libró en la última de una cornada cantada, que quedó en un
achuchón en el glúteo. Impotente con los aceros, recibió los tres
avisos preceptivos y se marchó al callejón en medio de una sonora
bronca, apuntillando al toro Lebrija.
Ponce, por el contario, mantuvo el tipo en sus dos toros, tercero y
sexto. Al tecero lo lanceó sin molestar y realizó al marmolillo una
faena de aliño en las afueras, en un intento infructuoso de lucimiento
para matar de un bajonazo.
Con el sexto, manso y complicado, subió el tono. A pesar de que el
toro le avisó en varias ocasiones, el valenciano, con la cabeza fría,
pergeñó una faena serena, con cuajo, con entidad, en la que con
sobriedad demostró quién mandaba.
Y Espartaco se la jugó. Lo hizo como en sus comienzos. De hecho, como
en su debut en la Maestranza, como en su alternativa, llegó vestido de
blanco y oro. Y con ansias de un novel se arrimó..., mas con la
experiencia de un maestro.
Con el complicado segundo, que se despitonó en un derrote en un
burladero, estuvo aseado con el capote. Con este toro quedó vendido
Espartaco Chico al perder pie durante la brega y Joselito Gutiérrez se
jugó la barriga en dos espléndidos pares. Se mascaba miedo. Y antes del
fragor de la batalla con la franela, se le escuchó al propio Espartaco
decir “¡vaya regalo de despedida!”. Por el derecho le dio un gañafón
que le dio en un hombro. Por el izquierdo tuvo que esquivar varios
tornillazos. El público gritaba ¡”Mátalo ya!”; pero Espartaco
insistió hasta lo indecible para finiquitarlo eficazmente.
Al manso quinto, también con mucha guasa, lo toreó bien a la verónica,
con un par de lances a pies juntos de buena factura. Este último toro de
su carrera, Tortolito, lo brindó a su cuadrilla y al público. Como no
embestía salvo que fuera a cornada certera, se metió en los mismos
pitones, en un rabioso arrimón. Tras eso, el toro se entableró y quiso
echarse. Y al hilo de las tablas, el espada lo despachó.
Espartaco dio su última vuelta al ruedo en la Maestranza. Se santiguó.
Se marchó.Y si Felipe II se retiró a El Escorial o Carlos I a Yuste,
tras el deber cumplido, ¿por qué uno de los reyes toreros más
importantes del temple y el valor no se iba a retirar tras alcanzar la
gloria? .
El País.
ANTONIO LORCA.
Adiós a Espartaco
Sevilla, cielo encapotado y tarde entrada en aguas -la corrida comenzó
con 35 minutos de retraso-, recibió y despidió a Espartaco con el abrazo
cariñoso de una cerrada ovación. Dicen que todas las despedidas son
tristes, pero el torero lucía una abierta sonrisa cuando, noche cerrada
ya en la Maestranza, salía por su propio pie de la plaza sevillana.
Espartaco fue una tarde más el torero entregado de siempre, aunque los
toros de Núñez del Cuvillo no le ayudaron a cerrar con broche de oro su
brillante carrera. Su primero, un manso peligroso, se lo puso difícil de
entrada. El propio torero lo comentó en voz alta al tomar la muleta:
'Vaya regalo para la despedida'; al segundo pase le puso los pitones en el
hombro, y aunque la gente le pidió que lo matara, lo intentó en vano por
ambos lados.
El quinto, Tortolito de nombre, de 541 kilos de peso, lo brindó
a su cuadrilla y a Sevilla, pero tampoco colaboró al triunfo. Parado como
un buey, el torero se puso los pitones en la taleguilla, pero sólo pudo
demostrar una extraordinaria voluntad. Cuando el toro dobló, la música
sonó en honor del torero y lo acompañó durante la clamorosa vuelta al
ruedo que el público, puesto en pie, le obligó a dar en reconocimiento a
su trayectoria.
Espartaco se despidió, pero no se cortó la coleta. Lo cierto es que
este sevillano es ya un referente para las nuevas generaciones de quienes
pretenden alcanzar la gloria vestidos de luces. Pero, ¿quién ha sido
Espartaco? Pues no nació tocado por la exquisitez artística ni por el
pellizco genial; ni siquiera perteneció nunca a la llamada escuela
sevillana. La propia Sevilla, tan elitista siempre, nunca lo ha aceptado
como hijo suyo, aunque la entrega del torero le ha hecho merecedor del
respeto de todos los aficionados abrileños de esta tierra. Pero Espartaco
nació, sin embargo, con una inusitada capacidad de superación, con una férrea
voluntad de sacrificio y la ilusión suficiente para cambiar su futuro.
Espartaco parecía destinado a ser uno más, un pegapases moderno que a
punto estuvo de engrosar el escalafón de banderilleros, pero su afán
desmedido por el triunfo, su entrenamiento espartano y su olvido del mundo
terrenal le han convertido en figura, en dueño de la técnica más
depurada, del temple y la ligazón, en un lidiador seguro y en un torero
de contrastada personalidad. En otras palabras, en figura del toreo. Se le
pueden discutir sus cualidades artísticas, pero no su ansia de triunfo,
ni el lugar de honor que se ha ganado por méritos propios. No ha sido
sucesor de nadie sino de sí mismo. Es un maestro que ha sido partícipe
de la degradación de la época que le ha tocado vivir, pero maestro al
fin.
Ortega estuvo ausente toda latarde, fuera de la plaza y dominado por la
incompetencia. Le echaron al corral su segundo toro ante su impotencia
manifiesta para matarlo. Tampoco quiso ver a su primero, un manso
peligroso, que tapó sus grandes carencias. Ponce lo intentó, pero también
bailó con la más fea. Su primero no tuvo un solo pase. Algo más embistió
el sexto, que se colaba con peligrosidad. Se mostró voluntarioso y
seguro, y se acabó la presente historia.
La opinión de la terna: Espartaco, Enrique
Ponce.
Por Emilio
Trigo.
Espartaco.
“Nunca tendré palabras para
explicar lo que he sentido esta tarde”
Después de una corrida de estas
características, ¿se le queda a uno un sabor agridulce?
La corrida ha sido extraordinariamente mala, no
se puede calificar de otra forma. Ha sido una tristeza lo de mi amigo
Ortega y tengo que agradecérselo a los dos porque han hecho un gran
esfuerzo para estar aquí conmigo. Ninguno éramos partidarios de esta
corrida de toros hoy aquí pero yo estaba comprometido con la afición,
estaba comprometido con Sevilla y no podía hacer otra cosa.
A pesar de todo, Sevilla ha cumplido con su
torero.
Por supuesto. Me siento orgulloso de ser torero
de Sevilla, me siento orgulloso de ser de aquí y no tengo palabras
suficientes de agradecimiento para lo que Sevilla ha hecho conmigo hoy.
Nunca lo olvidaré, por eso me siento tan dichoso y tengo que dar las
gracias de todo corazón.
¿Qué ha sentido esta tarde?
Un sentimiento inexplicable, no tengo palabras ni
explicación para tanto agradecimiento que tengo que dar, a todo los
aficionados, a todos los ganaderos, a la prensa, a todos los toreros,
banderilleros... a todos en general porque sois los que habéis hecho
posible que yo haya cumplido y hecho realidad mi sueño
Enrique
Ponce.
“Ha sido una corrida de toros
imposible”
Ha sido una corrida de toros infumable, ¿no?
Imposible. Ha sido una pena sobre todo por el
día que era hoy, la despedida de una máxima figura de todos los tiempos
como es el maestro Espartaco. Es una lástima que se haya ido con este mal
sabor de boca y no haber podido cuajar un toro a gusto. Por mi parte,
vendré aquí otra Feria si Dios quiere para ver si puede ser. La verdad
es que ha sido una corrida de toros imposible, muy mala, que además
quería cogerte siempre.
El último, además, ha sido muy malo.
Ha sido tremendo. El toro por el lado izquierdo,
ni uno y por el derecho me ha pegado dos o tres coladas para cogerme.
Ha sido un bonito detalle el de tirarle la
montera a Espartaco al dar la vuelta al ruedo, como un aficionado más.
Sí, está claro que él se lo merece y son cosas
que en estos momentos hay que hacer, que salen del corazón, no por otra
cosa. Lo he hecho porque se despedía hoy un amigo y una máxima figura
del toreo.
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Aspectos
legales de la Autoridad taurina |
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